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¿Defraudados?

11 - diciembre - 2016

¿Defraudados?

Manuel San Miguel Salvador

Domingo III de Adviento – Ciclo A

En muchas ocasiones es necesario hablar claro, aunque no sea políticamente correcto. Esto es lo que el Evangelio de hoy nos propone. La pregunta de Juan, que estaba en la cárcel, sobra: ¿eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Esta cuestión no encaja cuando sabemos que Juan había dicho que él no era digno de desatarle las sandalias o no había oído la voz del cielo: “éste es mi Hijo amado: escuchadle”. Entonces Juan... ¿conocía a Jesús o no?

El profeta Isaías el domingo pasado utilizaba las imágenes del lobo pastando con el cordero, o la pantera tumbada con el cabrito. Mateo hoy presenta a los ciegos, sordos, cojos, inválidos, leprosos que serán curados. ¿Cómo interpretar este lenguaje bíblico cuando sabemos que hoy muchos otros colectivos siguen siendo objeto de marginación? El texto quiere decir que la llegada del Reino tendrá consecuencias para todos, pero sobre todo para los más desfavorecidos, los que habían perdido toda esperanza. Quiere decir que el que acoja el Reino saldrá de la dinámica de la opresión y entrará en la dinámica del servicio. Ésta es la actitud que nos cuestiona en un mundo de sálvese quien pueda.

Ni Juan ni los apóstoles estaban capacitados para entender a Jesús. Su figura no se ajusta al Mesías que ellos esperaban. Jesús rompe todos los moldes, desbarata todas las expectativas. Lo que aporta va en la dirección contraria de lo que esperaban. No viene a imponer nada. Su actitud de no-violencia, de no defenderse de los enemigos, de no destruir al adversario, escandaliza a todos, incluido a Pedro. No sólo no viene a imponer “justicia” sino que acepta la injusticia en su propia carne. De ahí la frase final de Jesús: “y dichoso el que no se escandalice de mí”.

En contra de lo que solemos pensar, la inmensa mayoría de las miserias humanas no están a la vista. Todos estamos rodeados de carencias, más importantes que las estrictamente vitales como pueden ser alimento y vestido. La falta de alimento me puede matar biológicamente, pero la falta de amor (activo o pasivo) me mata como ser humano, y eso es mucho más grave. Todos necesitamos ayuda de los demás en mil aspectos que ni siquiera queremos reconocer. Pero también yo puedo ayudar a todos los seres humanos que encuentro en mi camino. Cada uno necesitará algo distinto, pero puedo estar seguro de que todos esperan algo de mí. Entraré en la dinámica del Adviento cuando haga presente el Reino, no defraudando al que espera algo de mí. Por lo tanto, el primer objetivo será el de librarme de mi propia inhumanidad y descubrir qué es lo que el Evangelio espera de mí.

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 11/12/16.

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