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Descubre a Dios

08 - junio - 2014

Descubre a Dios

Solemnidad de Pentecostés – 8 de junio

David Villalón

A los cincuenta días de la Pascua y a los diez días de la Ascensión del Señor, culminamos hoy este tiempo con la solemnidad de Pentecostés. Jesucristo ya no está físicamente entre nosotros. Su cuerpo de hombre ha sido transformado en la Resurrección para poder participar de la gloria del cielo. Y por eso supera las condiciones de espacio y tiempo de este mundo. Ahora estará en la realidad de Dios. Pero no quiere decir que ya no le interesemos los hombres y mujeres de este mundo. Ni mucho menos. Ha dado su vida por nosotros, lo ha dado todo por nosotros; hasta su propia Madre quiere que sea también la nuestra. Por eso jamás podrá desentenderse de nosotros, de cada uno de nosotros. Si crees que a Dios, a su Hijo Jesucristo tú no le importas, tú no le interesas, tú no cuentas para ellos, estás absolutamente confundido y engañado, completamente equivocado.

Jesucristo ya sabe de tus pecados, ya sabe de tus olvidos hacia Dios, de tus enfados con Él, de tus desprecios, de tus desplantes, de tus rechazos hacia Él. Ni con todas estas actitudes contra Él, deja Jesucristo de amarte con todas sus fuerzas. Te ama con la misma intensidad que al más creyente. Pero, ¿cómo es posible? Para ti y para mí es incomprensible, pero es que estamos hablando de algo que hace Dios, que es mucho más grande que tú y que yo. Dios no actúa como nosotros. En Dios Padre, en su Hijo Jesucristo no hay lugar para el rencor, para el odio, para la selección de afectos (“quiero sólo a los que me quieren”, esto en Dios no existe).

¿Y cómo seré capaz de descubrir, recibir, acoger, ese amor de Dios por mí? ¿Cómo lo experimento? Aquí entra en juego el Espíritu Santo que envían el Padre y el Hijo a tu vida. Él te hace descubrir el amor de Dios, identificarlo en tu vida, ver sus señales, reparar en todas las manifestaciones de Dios, las veces en las que el Señor ha intervenido en tu vida. Esto lo hace posible el Espíritu Santo, que es Dios, como el Padre y el Hijo. Fíjate, los apóstoles sólo salen anunciar el amor de Dios al mundo y a los hombres, el Evangelio de Cristo, después de haber recibido al Espíritu Santo, el día de Pentecostés. El Espíritu se lo ha mostrado todo claramente. El Espíritu les ha hecho comprender. Pues el mismo Espíritu, el único Espíritu, es el que Dios Padre y su Hijo Jesucristo envían a tu vida y a la mía, a toda la Iglesia. Se derrama sobre ellos cuando están juntos, formando la comunidad de sus discípulos. Por eso es en la Iglesia donde también tú puedes recibirlo: para comprenderlo todo, para conocer al Señor, para tener su paz, para vivir de otra manera, para liberarte de todos tus pecados que te esclavizan. Acude al encuentro de este Espíritu Santo que te lo haga ver todo con mayor claridad.

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 8/06/14.

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