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Dos direcciones diferentes

06 - julio - 2014

Dos direcciones diferentes

Domingo XIV del tiempo ordinario – Ciclo A

David Villalón

La Palabra de Dios de este domingo viene a plantearnos las cosas con radicalidad. El mundo va en una dirección muchas veces opuesta al camino de Dios. Y entonces, para creer en Dios, para seguirlo, ¿hay que salir del mundo? No, no es eso. En la primera lectura el profeta Zacarías anuncia la llegada del nuevo y definitivo rey a la ciudad. Pero no es un rey como los demás. Viene montado en un burro. No despliega su ejército para imponer su autoridad. Al contrario, destruye las armas para la guerra y con ello siembra la paz indestructible. Qué raro, ¿no? ¿Cómo iban a pensar en estar seguros con un rey de esas características? Es que ese rey es Cristo, que reina desde esos principios tan extraños a lo que estamos acostumbrados a vivir. Cristo es hombre y Dios, por eso nos enseña a reproducir en nuestra vida sus mismos planteamientos.

En la segunda lectura todavía es más claro que no podemos vivir como nos piden desde el mundo. Nos dice San Pablo: “Si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis”. Otro loco más, puedes estar pensando. Espera un poco, sigue leyendo. ¿Cómo te pide el mundo, la carne, que vivas? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Te dice que sólo con dinero podrás ser feliz, que sólo teniendo éxito encontrarás tu felicidad, que siendo el primero en todo podrás ser reconocido, respetado y tendrás bienestar. Pero para eso tienes que ser egoísta, soberbio, desconfiado, no tener escrúpulos ni remordimientos, pasar por lo que haga falta y por encima de quien sea para conseguir tus objetivos. Y más cosas que tú y yo sabemos y que no hace falta poner aquí. ¿Y haciendo todo eso eres feliz? Responde con sinceridad. El mundo te dice que siguiendo esos pasos al final encontrarás la felicidad, ¿es cierto? No lo es. No vivas engañado. Así no vas a poder ser feliz nunca. Vas a la muerte. A la muerte en vida.

Y entonces, ¿qué podemos hacer tú y yo? Lo primero atender las palabras de Cristo desde el evangelio de hoy: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Y después escuchar la propuesta que nos hace para hallar la felicidad. “Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”. Aquí está el secreto. Hay que ser sencillo y humilde para confiar en Cristo, llegar a la fe y alcanzar la felicidad de Dios. Esa felicidad sí es la auténtica, la que dura, la de verdad. Ya no quieren manipularnos, que seamos instrumentos para otros fines. Ya no somos algo, para Dios somos alguien, sujetos de su amor. No te ama a ti ni me ama a mí por lo que valemos. No. Nos ama porque sabe que podemos llegar a ser parecidos a Él y vivir con la alegría y la paz que vive Él. Inténtalo, confía.

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 6/07/14.

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