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Mi gran noche

27 - marzo - 2016

Mi gran noche

David Villalón

Domingo de Pascua de Resurrección – Ciclo C

¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado! Éste es el grito de alegría que hoy debe resonar entre los cristianos de todo el mundo. El Crucificado por amor a nosotros ha resucitado de entre los muertos. “¿Y cómo ha sido este proceso, la resurrección de Cristo?” Vayamos al relato de los hechos, al evangelio de hoy. Llama la atención que no se describa el acontecimiento de la resurrección de Cristo. Todo se basa, en los primeros momentos, en unas cuantas señales. “Espera, espera”, ¿cómo que en señales?”. Sí, no conservamos ningún relato que detalle cómo fue la resurrección de Jesucristo. Hay señales, signos que fueron determinantes para aquellos primeros testigos. Por esos signos, por esas señales, llegaron a la fe. Creyeron desde esos primeros momentos que Cristo había resucitado. Luego, además, esas señales, esos signos, serán confirmados por un encuentro con la misma persona de Cristo resucitado.

“¿Y cuáles son esos signos, esas señales, que llevan a estos testigos a creer en la resurrección?”. La primera señal es la tumba vacía. Una tumba vigilada por soldados del imperio romano. Consistía en un hueco excavado en la roca. Sólo hay una entrada. Los discípulos no van a enfrentarse a los soldados porque, aunque quisieran, están en absoluta situación de inferioridad con respecto a ellos. Además las normas judías de pureza son muy estrictas respecto al contacto con los cadáveres. Un cadáver enterrado no se puede volver a tocar. La segunda señal son las vendas y el sudario que habían envuelto su cuerpo. Están allí. Si se hubiese tratado de un robo, se lo hubiesen llevado tal cual, sin perder tiempo. Al ver estas señales, los discípulos llegan a la fe. No es una fe en el vacío, en la nada, en el aire. Es una fe basada en signos y señales evidentes. Este el camino para creer.

Y esa fe transformó por completo su existencia. A partir de los signos y señales de Dios en tu vida, en la vida de los que te rodean, en la historia del mundo, puedes llegar tú también a la fe. No han visto a Cristo resucitado pero ya creen en él, ya tienen fe. Tú y yo tampoco lo hemos visto pero podemos creer en él. Por las señales y signos que vemos y que la Iglesia nos ayuda a descubrir. Signos y señales que a veces no sabemos qué sentido darles. La Iglesia nos auxilia para que acertemos a darles su auténtica interpretación. Por eso la experiencia de creer es personal y comunitaria a la vez. Y la fe de unos ayuda a la fe de los otros. Así ha sucedido desde la primera mañana de Pascua. Ellos se dejaron sorprender por la actuación de Dios en la resurrección, que les afectaba de lleno. A ellos y también a ti. Cristo muere por ti, Cristo resucita por ti. Busca las señales de la resurrección del Señor en tu vida y llegarás a la fe.

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 27/03/16.

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