22 - enero - 2020

Delegación de Medios de Comunicación Social

Noticias de Interés

 
 
Ni la NASA

03 - mayo - 2015

Ni la NASA

Ángel Carretero Martín

La vez pasada quise resaltar el hecho extraordinario de que algo muy importante tuvo que suceder a los discípulos de Jesús, tras su muerte en la cruz, para que se obrara un cambio tan radical en ellos que les hiciera pasar de la huida, la dispersión, el miedo y la tristeza a la reunión, el coraje y la alegría contagiosa y desbordante. Ese algo no es otra cosa que al que creían muerto se lo encontraron vivo; y que si su causa continúa a lo largo de estos dos milenios es precisamente porque Él vive y sigue animando, fortaleciendo, dándose de forma real, trascendiendo nuestras coordenadas espaciales y temporales.

Cuando los cristianos decimos que Cristo vive no lo pensamos de la misma forma en que nosotros vivimos este peregrinar terreno. Cuando hablamos de resurrección no estamos pensando en que su cadáver fuese reanimado de la misma forma que lo fue el caso tan conocido de su amigo Lázaro. Podríamos decir que a este último se le concedió una especie de prórroga para morir volviendo a la vida de antes; Jesús, en cambio, "ya no muere" (Rom 6, 9) porque no ha vuelto a esta vida terrena sino que ha "entrado en su gloria" (Lc 24, 26). Si Lázaro necesitó que le quitaran las vendas para moverse, el Resucitado ni siquiera tenía que abrir las puertas para presentarse en medio de sus discípulos tal y como lo narran los relatos evangélicos. Si Lázaro fue perfectamente identificable tras su "resurrección", Jesús fue difícilmente reconocible por los suyos tras su resurrección. No podía ser de otro modo. Lo mismo nos hubiera sucedido a nosotros si tenemos en cuenta que no se trata de un cuerpo físico que impresione nuestra retina; se trata de la impresión del corazón creyente capaz de "palparle" cuando Él se hace presente. Santo Tomás de Aquino lo explica diciendo que los apóstoles vieron a Cristo tras la resurrección no con los ojos del cuerpo, sino con los "ojos de la fe".

De ahí que las apariciones del Resucitado no fueran públicas (como si lo fue, por ejemplo, su crucifixión), sino que solo se apareció a los creyentes tal y como resalta el Nuevo Testamento (Hch 10, 41). El mismo Cristo ya lo anunció a los suyos antes de morir: "Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis" (Jn 14, 19). Nos hace bien meditar una y otra vez, en este tiempo de Pascua, sobre la resurrección de Cristo sabiendo que conocerla equivale a creerla, si se quiere ser verdadero cristiano. De hecho, en aquella mañana de la resurrección, aunque dentro del sepulcro se hubiera instalado el mejor y más sofisticado laboratorio de la NASA no hubiera podido detectar nada ante la falta de fe.

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 3/05/15.

De interés general

Horario de misas

Horario de misas

Consulte los horarios de misa a las que puede asistir en la Diócesis…

Obispado de Zamora. Puerta del Obispo, Nº 2 - C.P.: 49001 - Zamora (España) Teléfono: 980 53 18 02 / Fax: 980 50 90 82 Email: info@diocesisdezamora.es
Casa de la Iglesia - Seminario. Plaza del Seminario, Nº 2 - C.P.: 49003 - Zamora (España) Teléfono: 980 53 52 78