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¡Vaya cruz!

31 - agosto - 2014

¡Vaya cruz!

Domingo XXII del tiempo ordinario – Ciclo A

David Villalón

Jesucristo es impactante. Termina de elogiar a Pedro porque lo ha identificado como el Mesías, el Hijo del Dios vivo, y ahora dice que debe sufrir y padecer mucho, ser ejecutado y resucitar al tercer día. ¡Qué extraño! ¿Un Mesías que experimenta el dolor, la humillación y la muerte? Aquello no entraba en la cabeza de Pedro y por eso se lleva aparte a Cristo y lo riñe. Sí, lo riñe. Pero Jesús responde a Pedro en público, para que todos lo escuchen. “Quítate de mi vista, Satanás. Tú piensas como los hombres, no como Dios” (Mt 16,23). Cristo no se enfrenta a Pedro, se enfrenta al demonio, a Satanás. Jesucristo busca la salvación del mundo, que todos podamos alcanzar la auténtica felicidad, la verdadera alegría, la vida plena en la gloria de Dios. Pero el demonio intenta que Cristo no logre su objetivo, es decir, que no culmine su misión redentora, que no nos salve del poder del mal, de la muerte y del mismo demonio, que busca siempre nuestra ruina, que no podamos superar este mundo, que nunca seamos felices ni vivamos en paz. Y para ello engaña a Pedro, como nos engaña a ti y a mí tantas veces. “Lo de Dios no sirve”. “Si tienes fe, aunque sea poca, vivirás amargado, triste”. “Deja de creer en cuentos para niños, sal de la Iglesia, arranca a Cristo –o lo que te quede de fe– de tu vida”. “Vive para el mundo, por el mundo”. “En las cosas del mundo, en las actitudes y formas de vivir del mundo, encontrarás tu salvación”. “Dios te destruye”. Con estas y otras expresiones, nuestro enemigo busca sacarnos de la senda de la Iglesia, de Cristo, para que caigamos en sus manos. Él nos odia y no parará hasta eliminar todo rastro de nuestra dignidad personal.

¿Y, entonces, qué hacemos? Ir junto a Cristo, que nos ama, que desea nuestra felicidad, que nos devuelve todo lo que el mundo nos ha arrebatado. “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). ¡Vaya desilusión! ¿Cargar con la cruz? Sí, cargar con la cruz que te ha dado el mundo, nunca Jesucristo. Si te la hubiese dado Cristo, se la podrías devolver, la podrías rechazar y librarte de ella, pero no es posible. La cruz te la da el mundo. Cristo te ayuda a llevarla, a que no estés desesperado, a asumirla. ¿Cómo, qué dices? Sí, que integres todo lo que te cuesta de tu vida, lo que no entiendes, lo que te hace sufrir, lo que te gustaría cambiar y no sabes cómo hacerlo. Todo eso es tu cruz y el mundo te la pone para que mueras bajo su peso pero Dios te ayuda a integrarla para que vivas. “Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).

Publicado en La Opinión-El Correo de Zamora, 31/08/14.

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