20 - septiembre - 2019

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El obispo pide a los sacerdotes que vivan en

17 - abril - 2019

El obispo pide a los sacerdotes que vivan en "comunión y fraternidad"

El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, ha presidido esta mañana de Miércoles Santo la Misa Crismal donde ha recordado a los sacerdotes: “Mirad lo que tenéis: vuestros hermanos sacerdotes y vuestro obispo”. Martínez Sacristán les ha indicado que en esta eucaristía se invita a los presbíteros a “vivir en comunión” entre ellos y también “a sentir el latido de la comunión diocesana”.

 

Zamora, 17/04/2019. Esta mañana ha tenido lugar en la Catedral de Zamora la Misa Crismal, presidida por el obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, y concelebrada por la mayor parte del clero de la Iglesia local, que después de la homilía ha renovado las promesas de su ordenación sacerdotal. Además, el prelado ha bendecido el óleo de los enfermos y el óleo de los catecúmenos, y ha consagrado el Santo Crisma.

 

En su homilía, incidió en la “fraternidad y comunión” en la que han de vivir los sacerdotes y añadió que esta eucaristía ha de servir para “hacer diócesis”. En la Misa Crismal “sentís el latido de la comunión diocesana, la fraternidad con los hermanos”.

 

Por otro lado, afirmó que “el futuro está en manos de Dios” y que ni el obispo ni los presbíteros “sabemos adónde vamos” porque solo Dios tiene la respuesta. De esta forma, les urgió a que confiaran y estuvieran con el Señor y mientras tanto: “tengamos sentimientos de comunión y fraternidad”.

 

Otro aspecto que destacó el prelado zamorano es la condición de “enviados y elegidos”, Martínez Sacristán se refirió a la Primera Lectura de la eucaristía donde se apelaba a la condición de los sacerdotes como “ministros de Dios”. Dijo el obispo que los sacerdotes han de ser testigos y ministros, pero no han de caer en “el peligro de ser funcionarios del Señor, sino que tienen que ser militantes”.

 

El obispo finalizó su homilía pidiendo que la celebración de la Misa Crismal “nos ayude a todos como testigos del evangelio, de la misión del Señor...En medio de nuestro pueblo”.

Estructura de la Misa Crismal

En la Misa Crismal, después de la homilía del obispo, el clero renueva públicamente ante el pueblo de Dios las promesas de su ordenación presbiteral. Tras una invitación a ese momento por parte del obispo, les pregunta tres veces a los sacerdotes presentes por su voluntad de ser fieles al ministerio recibido, y ellos responden las tres veces: “sí, quiero”. Seguidamente, invita al resto de fieles a rezar por sus ministros, recibiendo por respuesta: “Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos”.

 

El momento posterior de esta eucaristía consiste en que el obispo consagra el Santo Crisma y bendice los óleos de los catecúmenos (empleado en el bautismo y en sus ritos preparatorios) y de los enfermos (empleado en la unción de los enfermos), de ahí el nombre de “Misa Crismal”.

 

La palabra “crisma” proviene del término griego chrisma, que significa unción (y por ello Cristo significa ungido, Mesías). Así se llama al aceite y bálsamo mezclados que el obispo consagra este Miércoles Santo por la mañana, y que servirá para ungir a los nuevos bautizados, signar a los confirmados y ordenar a sacerdotes y obispos.

 

Varios ministros y fieles se acercan en procesión, desde el coro de la Catedral hasta el presbiterio, llevando tres ánforas con los óleos. En primer lugar, el obispo bendice el óleo de los enfermos, “para que cuantos sean ungidos con él sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores”.

 

A continuación hace lo mismo con el óleo de los catecúmenos, pidiendo a Dios que éstos, los que se preparan para recibir el bautismo, “vivan más hondamente el evangelio de Cristo, emprendan animosos la tarea cristiana y, admitidos entre tus hijos de adopción, gocen de la alegría de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia”.

 

Por último, en el interior del ánfora con el óleo preparado para el Santo Crisma, el obispo vierte un frasco de perfume y, a continuación, sopla sobre la boca del ánfora, tras haber invitado a los fieles presentes a rezar para que los que sean ungidos con él “sientan interiormente la unción de la bondad divina y sean dignos de los frutos de la redención”. Después, con las manos extendidas, pronuncia una larga oración de consagración, que en un momento concreto cuenta con la participación de todos los sacerdotes concelebrantes, que extienden la mano derecha hacia el Crisma en silencio.

 

Galería: http://www.diocesisdezamora.es/galerias/misa-crismal-72-T4

 

 

 

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