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Don Rogelio Prieto publica sus memorias: "Comienzo a escribir una pequeña historia".
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16/08/2021

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Don Rogelio Prieto publica sus memorias: "Comienzo a escribir una pequeña historia".

Don Rogelio es uno de esos curas que bien merece una entrevista. Su larga trayectoria y su buen hacer pastoral serían razones más que suficientes para ello, pero nos hemos topado con una excusa perfecta para charlar con él un rato. Y es que, además del afecto personal que le profeso -fue mi párroco y puente hacia el seminario-, don Rogelio ha escrito un libro. Se titula “Comienzo a escribir una pequeña historia”. A lo largo de sus páginas ha querido recoger sus vivencias y compartirlas con cuantos quieran acercarse a una época que debe ser recordada. No por ser ni mejor, ni peor que la nuestra, pero sí porque está llena de vida y de entrega apostólica.

Le agradezco mucho su disposición. No accede a la entrevista por vanagloria personal, más bien lo hace por seguir sirviendo a la Iglesia a la que ama. Don Rogelio tiene mucho futuro, pero en esta entrevista queremos más bien acercarnos a su experiencia sacerdotal, para que los que recogemos pastoralmente su testigo sepamos de dónde venimos y nos descubramos insertos en un pueblo que camina desde hace siglos, que no debe olvidar sus raíces si quiere dar fruto.

Buenos días D. Rogelio, vamos a empezar por lo fácil. Si tuvieras que definirte brevemente ¿Quién dirías que eres?

Soy un sacerdote que ha intentado vivir su vocación ayudado por la gracia de Dios y hacer realidad el lema de su sacerdocio: “Impendam y superimpendam” (Me gastaré y me desgastaré).

En tu libro reflejas con detalle los momentos más importantes de tu vida. Hablas con un cariño extraordinario de tus pueblos, de tu familia, del paso por el seminario y de tu vida sacerdotal. Vamos a detenernos en esta última etapa y te vamos a pedir que nos cuentes cuáles han sido los momentos más relevantes de tu vida como sacerdote. 

Es una pregunta difícil de contestar. Toda la vida sacerdotal es un momento importante. Han sido muchos.  Vivir en el seno de una familia llena de paz y armonía. Mi entrada en el seminario, “si no voy al Seminario, no estudio”. Los años de Salamanca que me abrieron a la universalidad. ¡Cómo olvidar mi ordenación sacerdotal, mi primera misa con la participación de todo el pueblo! Los dos meses de Benavente, “mi luna de miel”. Toro y los jóvenes que llenaron mi vida. La muerte de Susi, que supo el día en el que iba a morir. Los dos años de Superior en el Seminario Mayor, duros y difíciles, con el traslado del Seminario a Salamanca. La Residencia Colegio Menor San Atilano, presente aún ahora mismo en mis sueños. La parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, tan querida por mí que la llevo en mis entrañas. Son momentos, todos ellos llenos de vida y de ilusión, que se van deslizando en el libro, donde la “Caritas Pastoralis” ha marcado cada paso dado.

En las últimas décadas has vivido en primera persona cambios eclesiales de mucha envergadura ¿Cómo ves hoy la Iglesia desde dentro y hacia dónde te gustaría que caminase?

Miro siempre a la Iglesia como madre a quien adoro y amo.  He entregado mi vida a ella a través de la diócesis. Los cambios han sido profundos. Decía S. Juan XXIII al anunciar el Concilio Vaticano II: “la dejaremos sin mancha ni arruga”. Momentos fuertes los vividos, llenos de ilusión y de vida.  Hubo desviaciones fuertes que llevaron el Concilio por sendas llenas de maleza. Decía el Beato Pablo VI que el Concilio había sido como una gran riada. Las aguas rompieron los cauces. Había que encauzarlas. 

Quizá hoy habrá que encauzarlas de nuevo. La Iglesia ha perdido vigor. Ha perdido su dimensión misionera. La Iglesia necesita pastores que encaucen las nuevas aguas que brotan del mismo manantial, Cristo.  Él ha de ser el centro, el alfa y la omega del Universo.  La Iglesia ha de evangelizar.  Es su misión. No podemos encerrarnos en las sacristías.

A finales de siglo XVIII se decía: “Pan y Catecismo”. Quizá se ha olvidado esta segunda parte.  Su misión es “Id por todos los pueblos y anunciad el evangelio”. Quizá la estamos olvidando. No le estamos dando cancha al mandato de “Haced esto en conmemoración mía”. La eucaristía ha de ser el motor de todo apostolado. La “Caritas Pastoralis!” ha de brotar de ella, surge de ella.

Fuiste profesor y director de la residencia y colegio San Atilano, también vicario de enseñanza ¿Cuál crees que es el papel que la Iglesia debe jugar en el mundo de la educación?

Es un campo que no se debe abandonar. La importancia se la dan los que la atacan. Me da mucha tristeza cada colegio de la Iglesia que se cierra.  Recuerdo las marchas a Madrid en mis tiempos de vicario para protestar contra las leyes de enseñanza. Tiene tanta importancia que es el campo más atacado. La enseñanza es de gran calidad en los colegios de la Iglesia, pero, quizá se ha olvidado el carácter cristiano, su ideario. Los colegios religiosos han de estar entroncados en la diócesis, no pueden ser islas en medio de la diócesis.

Hoy eres responsable de la pastoral diocesana con los mayores ¿Qué papel juegan estos en la evangelización de los niños y jóvenes?

Son y han de ser los principales evangelizadores, transmisores de la fe. Como dice el Papa: “Es importante que los abuelos se encuentren con los nietos y que los nietos se encuentren con los abuelos, porque –como dice el profeta Joel- los abuelos ante los nietos soñarán, tendrán ilusiones, grandes deseos, y los jóvenes, tomando fuerza de los abuelos, irán hacia adelante, profetizarán”.

Los abuelos están presentes en nuestras parroquias, llenan los bancos de nuestras iglesias. No los dejemos a un lado. Ellos son las raíces profundas de la fe. El futuro también está en sus manos.

Como reconoces en tu libro, te ha gustado siempre escribir y hoy nos ofreces “Comienzo a escribir una pequeña historia”. ¿Qué encontrarán los lectores en este libro?

Es verdad, me ha gustado siempre escribir. Tengo mi diario de los dos últimos cursos de Salamanca, de los años de Toro, algo del Colegio y sobre todo la “Hoja Parroquial” desde el año 84 que llegué a la parroquia. Respondo con palabras del prólogo de Juan Manuel de Prada: “Existen en estas memorias dos partes bien diferenciadas, aunque de ambas podríamos extraer un factor común, que es el que destaca ampliamente e impregna todos y cada uno de los sucesos que se narran. Dicho factor común es el amor: amor a su familia y en especial a sus padres; y amor por lo que ha significado el motivo de su vida, el sacerdocio, la vocación inquebrantable que escuchó y atendió, haciendo de su vida una donación constante”. Encontrarán la vida de un sacerdote.

¿Por qué crees que puede ser interesante leer este libro?

Cada uno sacará sus conclusiones. Son muchas las que estoy oyendo. Reflejo en el libro unos años de la vida de la diócesis, de la misma Iglesia y de la vida de un sacerdote que ha intentado, ayudado por la gracia de Dios, “te basta mi gracia”, vivir su sacerdocio. Los otros han estado siempre muy presentes. Dios no ha estado ausente.

Prologa el libro una figura de talla internacional como Juan Manuel de Prada ¿Cuál es la relación que te une a él?

Una relación de verdadera y fuerte amistad. Se nota en el prólogo y en el libro donde inserto unos artículos de él. Lo conocí en el Grupo Pascua, era un adolescente, y, sobre todo, cuando llegué a la parroquia. Fue catequista.  He estado muy presente en su vida. La amistad siempre ha sido fuerte y lo es ahora. Si él me estima, iba a decir, yo más. Creo que es un pensador cristiano, difícil de encontrar en estos tiempos. ¡Qué pena que no sea más aprovechado en los campos eclesiales!

Tu libro se puede adquirir en la sacristía de la parroquia de Lourdes a cambio de un donativo que has querido destinar al Comedor Social de Tarabuco ¿Por qué precisamente a este proyecto?

Don Juan María Uriarte, en la visita pastoral, nos recomendó que la parroquia llevara a cabo un proyecto social y como las Misioneras de la Providencia, desde su llegada a Zamora, habían estado muy unidas a la parroquia, especialmente en el campo de la catequesis y de los jóvenes, decidimos hacerlo con uno de sus proyectos en Tarabuco -Bolivia-. Allí atienden a unos trescientos niños en su comedor social, para muchos la única comida al día. La parroquia se hizo cargo mandándole un donativo fuerte cada año. Personalmente les he ayudado y creí necesario hacerlo con aportaciones de este libro. Ya les he mandado mil euros. Manos Unidas y Caritas sabemos cuál es su misión. Una pequeña ayuda no le vendrá mal.

Ahora estás jubilado ¿A qué dedicas el tiempo?

Sigo celebrando misa en la parroquia y ayudando en lo que me necesita. Como me ha gustado escribir, un buen medio de comunicación, repaso lo mucho escrito, unos cuantos miles de archivos. Quiero sacar un pequeño libro sobre la Eucaristía, y otros proyectos que están en mi mente.

Acabamos ya la entrevista, pero me gustaría que pidieras un deseo para los próximos años.

Una diócesis llena de vida, no encerrada en sí misma, abierta a los grandes interrogantes y problemas de la sociedad. Capaz de darle respuesta desde la fe. “Pan y Catecismo”. No olvidemos su dimensión evangelizadora. Benedicto XVI decía queEstamos llamados a anunciar y encarnar un mensaje de esperanza en un mundo en el que egocentrismo, avidez, violencia y cinismo parecen sofocar muy a menudo el crecimiento frágil de la gracia en el corazón”.  No son tiempos fáciles, pero hay que evangelizar, evangelizar y evangelizar…

Don Rogelio, muchas gracias por tus respuestas que demuestran que sigues en la trinchera, que atesoras una rica experiencia humana, que eres un hombre de Dios y que sigues apasionado con la tarea evangelizadora.  Te deseamos que sigas trabajando con ilusión. Y escribiendo.

Ojalá esta iniciativa siga alimentando la esperanza de los que en alguna ocasión hemos estado cerca, de los que sin haber tenido esa oportunidad quieran conocer una época de nuestra iglesia diocesana y, de manera especial, de aquellos bolivianos de Tarabuco que se beneficiarán con este gesto que te honra.

Nos despedimos, no sin antes invitar a todos los que hayan leído esta entrevista a que se acerquen a la sacristía de la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes. Allí podrán conseguir estas memorias, que son las tuyas, pero también las memorias de ese Pueblo de Dios que peregrina en Zamora que ha tenido la suerte de tenerte como cura. Gracias, Don Rogelio, muchas gracias.

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