31/03/2013

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Iglesia en Zamora 163: Cristo ha resucitado

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Muy queridos amigos:

Con la alegría de los apóstoles hoy proclamamos: ¡Jesucristo ha resucitado! Ésta es la noticia más decisiva que los creyentes en Jesús seguimos anunciando, celebrando y viviendo, no sólo este día tan festivo, Domingo de Pascua, sino durante todo el Tiempo Pascual, y también a lo largo de todos los días de nuestra vida.

Nos hemos acercado durante las jornadas precedentes a los acontecimientos más densos de la vida de Jesús. En los cuales Él ha percibido el oscuro panorama que se estaba tramando sobre su persona, lo ha asumido conscientemente y ha comprendido su final dramático como una ofrenda personal para rescatar del mal a todos los hombres.

Con fe agradecida hemos visto a Cristo levantado en la cruz, a donde ha sido llevado por la perfidia de los hombres de todos los tiempos con el propósito de querer excluir a Dios de la experiencia humana. Dejando a Jesús allí clavado hemos pensado engreídamente haberlo derrotado, consiguiendo así nuestro engrandecimiento. Pero el Padre Dios no permaneció indiferente ante aquel injusto crucificado, sino que actuó de un modo imprevisto, ya que desde la misma muerte de Jesús lo ha llenado de una vida nueva, definitiva, gloriosa y perdurable: la vida resucitada. Por ello Jesús ya no está bajo el dominio de la muerte, sino que vive en la existencia amorosa de Dios.

Por ello la acción resucitadora de Dios exaltando a Cristo muerto como Señor se convierte en el hecho más significativo de la obra que Dios viene realizando a favor de los hombres desde la Creación. Es decir, constituye la clave desde la que comprender a Dios mismo, así como donde conocer su designio en bien de sus criaturas. Por ello la Resurrección de Jesús es el núcleo de la fe de los cristianos, de modo que desvaneciéndose o cuestionándose la verdad de este hecho todo el conjunto del mensaje cristiano queda sin fundamento. Por ello la necesidad de centrar continuamente la experiencia de fe, a nivel personal y comunitario, a partir de la Resurrección de Cristo.

Así la fe en la Resurrección nos desvela el auténtico rostro de Dios, ya que en ella queda manifiesto que Dios es el Padre, fuente de la vida y rescatador de los débiles, debido a que a Jesús lo ha colmado de vida y lo ha levantado de su humillación.

Además creer en la Resurrección conlleva reconocer que Jesús es realmente el Hijo amado del Padre, ya que al rescatarlo de la muerte está corroborando que cuanto anunció y realizó durante su vida terrenal eran la palabra y la acción del mismo Dios. O sea, está otorgando credibilidad definitiva a Jesús y legitimando la fe en su persona.

Gracias a la Resurrección también se descubre la auténtica identidad humana, ya que el Resucitado constituye la máxima realización del hombre, y en Él se nos abre la posibilidad para que cada hombre participe de su filiación divina. Esto supone que, creyendo en Jesús y viviendo como nos enseña, estamos ya haciendo presente el Reino de Dios. Así celebrar la Resurrección nos lleva renovar nuestra adhesión a Cristo, viviéndola junto a toda la Iglesia. Por ello con aprecio os digo: ¡Feliz y Santa Pascua!

+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora

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