13/10/2013

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Iglesia en Zamora 174: Objetivo diocesano

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Muy queridos amigos:

Con el inicio de un nuevo Curso Pastoral nos fijamos, como Iglesia Diocesana, un Objetivo evangelizador conjunto, que para el presente se ha formulado así: “Renovar nuestra vida y nuestras comunidades cristianas”, y que pretende estar en continuidad con lo desarrollado el curso precedente. Por tanto queremos incidir, tanto a nivel personal como comunitario, en la renovación de nuestra identidad cristiana, la cual surge de la fe cuando es acogida y vivida con intensidad y coherencia.

Renovar nuestra vida pastoral significa que nos sentimos llamados a buscar nuevas expresiones por las que ser Iglesia en medio de la novedad de la cultura y sociedad actuales. Esto implica trabajar eclesialmente movidos por una doble fidelidad: a Dios que nos envía y a los hombres concretos a quienes somos enviados.

Con vistas a concretar esta renovación pastoral se nos proponen estas pistas: afinar la mirada para descubrir y reconocer en nuestra realidad concreta los dones de Dios; o sea, mantener una actitud constructiva y agradecida. Esto supone suplicarle a Dios que nos conceda mirar al mundo como Él lo mira: queriendo salvarlo. Así como implica cultivar una actitud de diálogo con todas las personas, tratando de comprender cuáles son sus valores, sus aspiraciones o donde buscan su felicidad, y al tiempo procurar presentar y ofrecer la propuesta de vida cristiana con sencillez y humildad.

Reconocemos que la renovación de nuestra vida se alcanza encontrándonos con el Señor Jesucristo, ya que en Él se nos ofrece la luz de Dios que ilumina toda la experiencia humana. Esto supone que debemos cultivar más el encuentro personal y comunitario con Cristo, de ahí la relevancia de propiciar tiempos de oración, así como la participación ferviente en la eucaristía dominical y la recepción de la reconciliación.

Además la renovación de la vida cristiana supone anunciar y completar dimensiones de la vida humana que aparecen hoy desvirtuadas, como el valor de toda vida humana, la comprensión de la afectividad y el amor, la esperanza tras el final de la vida terrena; y también promover un nuevo modelo de relaciones sociales basadas en la justicia social, la búsqueda de la Verdad y la primacía del bien común. Y todo esto acompañando a cada hombre y mujer, o sea, estando presentes en sus contextos vitales.

También renovaremos nuestro ser cristiano en la medida en que salgamos al encuentro de aquel que está en debilidad, sufrimiento o marginación; es decir, sentirnos enviados a las periferias existenciales del ser humano donde es más necesaria la presencia del amor cristiano. Esto nos compromete a desplegar con mayor intensidad la caridad con los más vulnerables, promoviendo en todas las realidades eclesiales el servicio de la caridad, que tiene una de sus expresiones en el voluntariado cristiano.

Como vemos este Objetivo, presentado aquí resumidamente, es muy sugerente y apropiado para nuestro presente, por ello os invito a apropiarlo, esforzándonos por concretarlo en la vida personal y en la de cada una de nuestras comunidades cristianas.

+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora

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