02/02/2014

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Iglesia en Zamora 182: Jornada de la Vida Consagrada

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Muy queridos amigos:

Con toda la Iglesia celebramos este día la Fiesta de la Presentación de Jesucristo en el Templo, en la cual rememoramos aquel pasaje evangélico en el cual los esposos, José y María, acuden al Templo de Jerusalén para ofrecer a Dios a su hijo primogénito: el niño Jesús, conforme la ley del pueblo judío, al que ellos pertenecen. Por este gesto Jesús es llevado hasta el Santuario central de la piedad hebrea, en donde simbólicamente es entregado a Dios, comenzando a verificarse que la vida entera de Cristo estará dedicada íntegramente a cumplir la voluntad de su Padre Dios.

Con su Presentación en el Templo se testimonia que Jesús es el Consagrado de Dios para desarrollar una misión salvadora a favor de su pueblo y de los hombres de todos los pueblos, ya que en su persona convergen la Antigua y la Nueva Alianza.

Reconociendo a Jesús como quien ha sido consagrado para hacer presente a Dios en medio de la vida de los hombres, encuentra su sentido que en esta Fiesta haya sido fijada la Jornada de la Vida Consagrada, que es una de las vocaciones del ser cristiano con la que el Señor Jesús enriquece a su Iglesia para así seguir realizando su obra por medio de los consagrados. Por tanto, la Vida Consagrada encuentra su identidad en referencia con la donación plena de Jesús al Padre para ejercitar la misión confiada. O sea, que los cristianos que han asumido este modo peculiar de seguimiento del Señor están llamados, sobre todo, a la entrega íntegra y definitiva de su existencia a Dios para vivir imitando a su Hijo. Así los consagrados se caracterizan por reproducir radicalmente en su vida el modo propio de vida que desarrolló el Señor en su existencia terrena; o sea, estos consejos evangélicos: la castidad, la pobreza y la obediencia.

Con esta Jornada de la Vida Consagrada todos los cristianos redescubrimos la belleza de la entera consagración a Dios, ya que en ella se refleja la capacidad iluminadora y transformadora del Señor, de tal modo que modela la vida de numerosos creyentes haciéndolos reflejo de su luz en medio de la historia. Por eso hoy le agradecemos a Dios que continúe suscitando a hombres y mujeres que nos dirigen esta llamada profética: aceptar la primacía de Dios, ya que sirviéndole a Él viven gozosos.

Por ello la misión primordial de los consagrados conlleva: ser los creyentes que nos remiten a Dios, de modo que su presencia en la comunidad cristiana y enviados al mundo, nos sirve de orientación para caminar, como ellos, buscando esforzada y gozosamente a Dios. En verdad nos sentimos agraciados por la abundante presencia de consagrados en nuestra Iglesia Diocesana, ya que ellos nos testimonian la vitalidad de su vocación. A la que nos muestran su gran diversidad: los sacerdotes religiosos y los religiosos hermanos, las monjas de vida contemplativa, las religiosas de vida activa, presentes en múltiples ámbitos de la vida pastoral o el servicio caritativo, y también los miembros de los institutos seculares. Por nuestra parte le pedimos a Dios que los consagrados sigan viviendo alegres, fervorosos y serviciales dentro de nuestra Iglesia.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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