inicio.Organismos.Vicarías.Vicaría Episcopal de Pastoral
Vicaría Episcopal de Pastoral
Volver
Inicio y Equipo
Compartir

Vicaría Episcopal de Pastoral

La Vicaría de Pastoral se encarga de coordinar, alentar y promover la pastoral de los distintos sectores en la diócesis

Nuestro Equipo

Vicario episcopal: D. Luis-Fernando Toribio Viñuela

Plaza del Seminario, 2. 49003 Zamora
980 535 278
vicaria.pastoral@diocesisdezamora.es

Galerías Destacadas

Reportajes Destacados

Milagros Ciudad: “las cofradías tenemos necesidad de formación”
Milagros Ciudad: “las cofradías tenemos necesidad de formación”
Las XVI Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas a la religiosidad popular y la evangelización, concluyeron ayer con una ponencia de Milagros Ciudad Suárez, miembro del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, que explicó cómo debe ser el funcionamiento de estas asociaciones de fieles en los aspectos de formación, culto y caridad. Zamora, 27/01/18. El viernes terminaron las XVI Jornadas Diocesanas de Zamora, que se han celebrado estos días en el salón de actos del Colegio Divina Providencia (de las Siervas de San José) en la capital. Las tres conferencias han girado en torno al tema de “Religiosidad popular y evangelización”, y la clausura estuvo a cargo de Milagros Ciudad Suárez, que habló sobre los “Retos y dificultades de ser cofrade en un mundo secularizado”. Esta tercera ponencia fue precedida por la oración, dirigida por Fernando Toribio, vicario episcopal de Pastoral, y por la presentación de la ponente, a cargo de Javier Fresno, delegado diocesano para la Religiosidad Popular, que destacó el perfil de Milagros Ciudad, doctora en Historia de América por la Universidad de Sevilla y miembro de la Academia de la Historia de Guatemala. Entre sus estudios hay varios dedicados a la religiosidad popular. Fue la primera mujer en formar parte de la junta de gobierno de una cofradía en la capital andaluza. Desde 2008 fue consejera de hermandades sacramentales y ahora es consejera de hermandades de gloria del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla. Las cofradías son Iglesia La ponente partió del concepto de que “las hermandades somos Iglesia; los cofrades no somos católicos de segunda categoría como se pensó en algún momento... las hermandades participan en la construcción de un mundo basado en los valores del Reino de Dios”. Esto, explicó, se vive en el marco de “una sociedad profundamente secularizada”, cuyos rasgos detalló. “Los cofrades vivimos nuestro ser Iglesia desde una teología sencilla, desde la inserción anónima en la sociedad del siglo XXI, de una forma cercana, con un gran arraigo familiar, con una actitud generosa y solidaria”. Pero las cofradías “se tienen que adaptar a este tiempo, con sus luces y sombras. ¿Cómo? Siguiendo las líneas del Evangelio, ni más ni menos. En un mundo en el que los valores tradicionales han desaparecido o, al menos, cotizan a la baja”, dominando una mentalidad relativista –el “todo vale”, tanto en lo moral como en lo religioso– y el laicismo. Además de un individualismo y hedonismo que rompen todo esfuerzo y todo sacrificio. En la actualidad “lo religioso queda postergado a lo privado, y hay un anticatolicismo que afecta a la vida de las hermandades, a las que se quiere restringir en algunos lugares del sur”. Además, Milagros Ciudad aludió a la falta de oración, al desafío de la globalización, a la imposición de la ideología de género que desestructura la familia, y al mal uso de las redes sociales y los medios de comunicación. Doctrina Social de la Iglesia Para la ponente, “el mayor problema de las hermandades en este contexto es su fidelidad o no a la verdad del Evangelio y a sus valores. Tenemos que permanecer fieles a la identidad y misión de las hermandades, y ser cauce de espiritualidad y vida cristiana”. A este respectó, recordó como San Juan Pablo II habló en su visita al santuario de la Virgen del Rocío en 1993 de “purificarse del polvo del camino, y eso es lo que tenemos que aplicar en nuestras hermandades”. “La comunidad cristiana ofrece, en este mundo, la Doctrina Social de la Iglesia, que anuncia al hombre su dignidad y su vocación, de acuerdo con las exigencias de la justicia y la paz que vienen de Dios”, explicó. Y acto seguido, recomendó a los asistentes conocer y leer el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia. “Las hermandades deben tener conexión con esta Doctrina Social de la Iglesia, con unos vínculos profundos, de orden antropológico y evangélico. Porque el hombre que hay que evangelizar es alguien concreto, que tiene sus alegrías y sus problemas familiares, laborales... Si esta enseñanza la extrapolamos a nuestras hermandades, somos referentes privilegiados para afrontar las realidades sociales y mejorarlas, desde la convivencia fundamental con el hermano”, afirmó. De esto “debemos ser conscientes los que tenemos cargos en las cofradías. Tiene que haber un compromiso fuerte, no sólo sacar un paso a la calle. Hay un día a día”. E introdujo así el resto de la ponencia: “¿Cómo hacemos esto? Con tres pilares fundamentales: la formación, el culto y la caridad”, pilares que detalló a continuación. La urgencia de la formación ¿Cómo estamos de formación en nuestras hermandades? A esta cuestión, Milagros Ciudad contestó: “habrá de todo. Pero realmente, día a día, cada vez más las hermandades están convenciéndose de la necesidad de formar a los cofrades. Hay un sector que profesa una religión ‘light’, sin compromiso, sin práctica de los sacramentos... y así hay una cautela a la hora de proponer unas actividades formativas que exijan un compromiso. La vida cotidiana de la hermandad se centra mucho en las ‘comidillas’ cofrades, alentadas por algunos medios de comunicación. Cuando hay que dar otros valores que tiene la hermandad”. Los presidentes y hermanos mayores “deben ser conscientes de que la formación tiene que estar, con una persona responsable, que sea idónea, no de relleno, y que se dedique a los jóvenes y sepa conectar con ellos”. Esta formación “no puede ser impositiva, porque la gente desconecta enseguida, y porque debe ser un proceso de autotransformación de la persona, que debe convencerse de que, igual que no puede ponerse el traje de la primera comunión con el pasar de los años, tampoco puede quedarse con la formación de aquel momento infantil”. Es una tarea de “búsqueda y ofrecimiento de los valores que conforman la hermandad, ni más ni menos que el Evangelio”. Por ejemplo, señaló que “tenemos que enseñar a los jóvenes cofrades que cuando entran en el templo, antes de ir a ver las imágenes titulares, deben ir a orar al Santísimo”. Esta formación tiene que ser “un proceso que despliegue a la persona en todas sus dimensiones: cognitivas, afectivas y dinámicas. Esto nos lleva a una auténtica formación”. Porque, como reconoció Milagros Ciudad, “muchos jóvenes están faltos de un guía espiritual, necesitan una persona que los enganche en la movida de la hermandad, cuya vida no es triste ni aburrida. Todo esto sin un adoctrinamiento, porque el que está formado no está adoctrinado, sino que ha vivido un proceso de autotransformación”. “Las cofradías tenemos que concienciarnos de la necesidad de esta formación. Tenemos que salir a la calle, pero salir formados, lo que requiere de medios y hermanos comprometidos. Y a nivel local debería haber una línea de formación, en una labor continua y permanente. Las juntas de cofradías tienen que formar a formadores, semillas que germinan después en sus propias hermandades”, sugirió. Más allá del culto externo Como historiadora, la ponente recordó que “las hermandades nacieron como asociaciones laicas religiosas dedicadas al culto (a Dios) y a la ayuda (al hermano necesitado)”. Pero el punto del culto “debe ser auténtico. No podemos estar más pendientes de lo externo que del misterio que se está celebrando en nuestros cultos. Este culto interno está por delante y es preferente con respecto al culto externo, como una preparación espiritual del culto externo”. Citó al arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, que dice que las cofradías suponen un ingente potencial religioso y evangelizador. Por eso el Papa afirma que las hermandades son un tesoro, porque suponen un espacio de encuentro con Jesucristo. “Frente a esta sociedad actual, nuestras hermandades reivindican el culto público”. De hecho, reconoció, “las hermandades en el sur han supuesto un freno a la secularización”. “No es cierto que los cofrades no sepamos distinguir lo espiritual de lo folklórico, aunque haya de todo. Hay mucha gente que participa en las procesiones alabando a Dios y con una profunda preparación religiosa. No se puede achacar que esta religiosidad popular se quede sólo en lo exterior. No es malo que el cofrade goce, que tenga una experiencia sensorial positiva, pero debe ir más allá de lo puramente sensorial”, afirmó. Además, Milagros Ciudad subrayó que “las procesiones principales son las eucarísticas. Los fieles que adoran a Cristo presente en el Santísimo Sacramento recuerdan que esta presencia viene del sacrificio en el que está Dios. Cuando lo sacamos a la calle, damos testimonio de nuestra fe en la eucaristía, vaya poca o mucha gente... seguimos haciéndolo. La piedad que nos impulsa a los fieles a adorar la eucaristía lleva a vivir el misterio pascual”. Caridad, sin ser ONG La acción social de las cofradías y hermandades –o la caridad, como prefirió denominarla la ponente– “debe ser un testimonio evangelizador y basado en la Doctrina Social de la Iglesia. Porque en ésta tenemos los principios de reflexión, los criterios de juicio y las directrices de juicio para promover un humanismo integral y una justicia social. No vale sólo con dar de comer al hambriento, sino que hay que dar los instrumentos básicos para que esa persona se realice como ser humano”. Desde su experiencia, Milagros Ciudad explicó que “en Andalucía la caridad o acción social de las cofradías se ha incrementado muchísimo, sobre todo a raíz de la crisis, creando distintos tipos de caridad, siempre en la línea de la Doctrina Social de la Iglesia”. De esta forma se han creado economatos, bolsas de trabajo, iniciativas de orientación y formación laboral, enseñanza de idiomas... “Hay un compromiso social, típico en la Iglesia, donde se hace mucho más que las instituciones públicas, que deberían cubrir esas necesidades”, reconoció. “Nuestras hermandades son un claro ejemplo de esa acción social”, afirmó, pero advirtiendo de que “las hermandades no somos una ONG: sin la oración y la formación, si sólo hay caridad, lo estamos haciendo mal”. Y puso un ejemplo muy concreto: un encargado de caridad no puede faltar a los cultos de la hermandad, sino que debe organizarse para la ayuda a los necesitados. Recordó que, más allá de la ayuda material, “hay otro tipo de caridad, ante la miseria moral y espiritual de nuestra sociedad: la esclavitud contemporánea. Ante ella, el Evangelio es el verdadero antídoto, y hemos de atraer a esas personas anunciándoles el amor de Dios. Deben ver en el cofrade un guía y una persona a seguir. Si no... ¿para qué estamos las cofradías?”. Como conclusión, la ponente repasó los tres retos señalados: la formación, que debe ser un compromiso de todos los hermanos; la creación de una auténtica comunidad fraterna que viva los valores del Evangelio frente al egoísmo, al hedonismo y al individualismo; que el verdadero culto espiritual esté presente; y una vivencia de la caridad que puede cambiar completamente al hombre y a la mujer del siglo XXI. Al término de la conferencia, el vicario general de la Diócesis de Zamora, José Francisco Matías, clausuró las XVI Jornadas Diocesanas recapitulando lo dicho en los tres días, agradeciendo la asistencia de los ponentes y del público y reconociendo la hospitalidad de las Siervas de San José. Audio de la conferencia y galería fotográfica
27/01/2018más info
Eloy Bueno: “la piedad popular es, por definición, evangelizadora”
Eloy Bueno: “la piedad popular es, por definición, evangelizadora”
El jueves tuvo lugar la segunda conferencia de las Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas este año a la “Religiosidad popular y evangelización”. El ponente fue el teólogo burgalés Eloy Bueno de la Fuente, que presentó este tema según el Magisterio del papa Francisco. Zamora, 26/01/18. El segundo día de las XVI Jornadas Diocesanas de Zamora, que se celebran en el salón de actos del Colegio Divina Providencia (de las Siervas de San José), contó con la presencia de Eloy Bueno de la Fuente, sacerdote de la Archidiócesis de Burgos pero nacido en Casaseca de Campeán (Zamora). Doctor en Misionología y en Filosofía, es catedrático en la Facultad de Teología del Norte de España (sede de Burgos), donde también ha sido decano. Es autor de varios libros y de abundantes artículos de investigación. Tras el saludo y la oración inicial –a cargo del vicario de Pastoral, Fernando Toribio– y la presentación del ponente –hecha por Javier Fresno, delegado diocesano para la Religiosidad Popular–, Bueno comenzó su intervención refiriéndose al tema de la religiosidad popular como “algo que da vida a la Teología, que arranca de la biografía de las personas concretas”. Viendo la nutrida asistencia de la conferencia, comprobó que “es algo que toca el corazón”. Y así dio un repaso, en su conferencia, al tema de la piedad popular tal como aparece en el Magisterio del papa Francisco. Una mística popular “Podríamos decir que se ha producido la revancha de la piedad popular, porque la realidad se impone a las teorías: la experiencia creyente del pueblo cristiano”, afirmó. Una revancha, por cierto, acompañada por las sugerencias de los Papas y de diversos documentos eclesiales importantes. El ponente destacó, en este sentido, la exhortación de Pablo VI Evangelii nuntiandi (1985), que habla de la religiosidad popular como elemento de la acción evangelizadora de la Iglesia, o el Documento de Aparecida (2007), del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que habla incluso de una “mística popular”, ya que “la experiencia de fe del pueblo cristiano tiene un aspecto místico, estar juntos en una experiencia común con un Dios que acompaña a su pueblo peregrino”. Cuando Francisco revaloriza y pone en primer plano la piedad popular no se trata de algo novedoso, porque hay un trasfondo magisterial. Además, “él está en sintonía con el alma del pueblo latinoamericano”. Por eso, Eloy Bueno se preguntó: “esa experiencia de un contexto concreto, ¿es válido también para nuestra Europa, para Occidente? Tendremos que ir dando una respuesta. Yo creo que en gran medida sí, porque en el fondo, existe una sed espiritual que en algún punto tiene que encontrar respuesta”. Una realidad misionera La opción del papa Francisco es clara cuando le da a la piedad popular “una enorme prioridad como expresión cualificada de la vida de los discípulos misioneros. No decimos discípulos y misioneros, sino discípulos misioneros, porque el discípulo, o es misionero, o no es”. Por ello, “para el pontífice la piedad popular es, por definición, evangelizadora”. Cuando en la exhortación Evangelii gaudium (2013) explica quiénes son los responsables de la evangelización, dice que el protagonista es el pueblo cristiano, al que llama “el santo pueblo fiel de Dios”. Y una de sus primeras manifestaciones es la piedad popular. “La piedad popular es, para Francisco, un lugar teológico y antropológico. Si queremos preguntarnos cuál es el lugar donde podemos encontrar la experiencia humana más auténtica y radical, lo que el hombre cree, lo que espera y lo que le da experiencia de ser amado y capacidad de amar... sin duda es la piedad popular, que se encuentra en el principio de todo”, explicó el ponente. Y precisamente “ahí se ve la acción misionera espontánea del pueblo de Dios. No hay que pensarlo, programarlo, planificarlo... sino que brota con naturalidad. Hay que ir a la raíz, y la raíz se encuentra en la experiencia del santo pueblo fiel de Dios, que simplemente por existir, es evangelizadora y misionera”. La raíz en el bautismo ¿Qué hay en la piedad popular para que Francisco la ponga en el centro de atención?, se preguntó Eloy Bueno. “Lo primero de todo, es piedad, porque es una experiencia de Dios, una actitud filial ante un Dios que se siente cercano a través de la Virgen, los santos, personas concretas...”. En el fondo “es sentirse amado y capaz, por tanto, de amar. Esta experiencia teologal tiene su raíz en el bautismo”. El sacerdote destacó que en su Magisterio “el Papa da mucha importancia al bautismo, y así pone de relieve lo que nos une, previamente a cualquier tipo de diferencia. Si pensamos en la misión que la Iglesia tiene que realizar, o se plantea desde el bautismo, o queda bloqueada de raíz”. En este sentido, “podemos hablar de Francisco como un anticlerical convencido”. Una de las afirmaciones más atrevidas del Papa, según el ponente, “es que todo bautizado tiene lo que en Teología se denomina el ‘sensus fidei’, el sentido de la fe, porque ha recibido la unción del Santo, y ahí recibe un sentido innato, connatural de la fe, como un olfato para percibir qué quiere Dios o por dónde nos lleva. Incluso llega a decir que ese pueblo santo de Dios es infalible en el creer, por su profunda experiencia de Dios”. Francisco se fija en “la mística del pueblo, ese sentirse unidos en algo común... porque un pueblo surge como tal cuando es capaz de decir ‘nosotros’, con una experiencia de comunión. Un pueblo llamado por Dios, con una fe que se condensa en figuras personales, como la Virgen o algunos santos, que han realizado el ideal de la fe y de la vida cristiana”. Referencias humanas que “no se convierten en ídolos, porque están abriendo siempre el camino que remite a la paternidad de Dios. Así, la piedad popular se convierte en un diálogo personal, y podemos hablar de un protagonismo de los laicos, libres del clericalismo”. Según el Papa en Evangelii gaudium, “la liturgia es popular, no es algo para el pueblo, sino del pueblo, porque brota de la fe del pueblo. No se debe contraponer, entonces, la liturgia oficial a la vivencia del pueblo”. El ponente puso como ejemplo la realidad de los santuarios, donde la gente se siente acogida, y cómo sería bueno aprender en las parroquias de esta experiencia. El protagonismo del pueblo Si la piedad popular es popular, “el protagonista es el santo pueblo fiel de Dios porque nos enseña cómo se cree. Además, el Papa entiende la Iglesia como pueblo de pueblos, no una realidad abstracta, sino encarnada en los pueblos concretos con su cultura, su modo de sentir, de cantar, de rezar... Entonces, la fe vive de la savia más profunda de cada lugar, porque en cada lugar hay un tipo de cultura”. Eso, según detalló Eloy Bueno, “es un acto radicalmente misionero, el hecho de conseguir que la fe no quede en algo genérico, sino que el pueblo vaya inculturando la fe, dándole vida a la fe. Eso hace la fe cercana a la gente, por lo que se convierte en un acto completamente evangelizador. Dios se va introduciendo en el drama y en la trama de la historia, en las preocupaciones de la gente”. Y es un ejercicio de la catolicidad de la Iglesia, que es católica porque es diversa, no idénticamente igual. “Adquiere rostros, figuras y experiencias distintas, siendo todo esto obra del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que crea la diversidad es el mismo que orienta las diversidades hacia la armonía, porque Él es la armonía. Y hace que todos los pueblos se sientan reconciliados en el lugar común. En esa dinámica se manifiesta la creatividad del santo pueblo fiel de Dios, porque cada pueblo tiene su genio, su estilo, su talante...”. En cuanto al uso del término “pueblo”, el Papa habla, por un lado, de pueblo ‘nación’, y por otro, del pueblo pobre, sencillo y humilde, que tiene ese encuentro personal que se expresa a su estilo. “Estamos pensando en los creyentes, en los bautizados que viven la fe en sus aspectos concretos, más allá de una religiosidad puramente natural. La piedad popular tiene símbolos con rostro y con nombre, de manera que hay un encuentro personal”, explicó. Un pueblo peregrino Ese pueblo de Dios “tiene la gracia de la misionariedad, algo no añadido, sino que brota de lo más íntimo que es la inculturación de la fe en las circunstancias concretas”. Siempre hay un ponerse en camino, una experiencia de itinerario o peregrinación como imagen de la propia vida, un camino hecho con otros... ya que “no somos nómadas ni errantes, sino peregrinos con una meta y alguien que nos espera. Ahí está la idea de fe. Por eso el símbolo de la peregrinación es fundamental. Y es un modo de presencia pública, convirtiéndose en un signo misionero”. Cuando el papa Francisco habla de la Iglesia Madre “se refiere a ella como la que no pone requisitos, sino que está permanentemente abierta; y al hablar de la Iglesia como hospital de campaña la muestra como la que ofrece el primer auxilio, a través de cualquier bautizado, en una actitud permanente de invitación. Así, se da una síntesis vital, porque mi modo de vivir la fe va unido a mi modo de caminar con otros”. Finalmente, Eloy Bueno sintetizó las perspectivas y actitudes que indica el obispo de Roma para acercarse a la religiosidad popular. Por parte de los pastores de la Iglesia, hay que valorar a los ‘invisibles’ como protagonistas en el escenario del mundo. Además, Francisco llama a acercarse a la realidad de la piedad popular con la mirada del Buen Pastor, yendo al corazón del pueblo, y siendo capaces de ver la presencia de Dios y su acción en el pueblo, cuidando la fragilidad (dificultades, problemas, controversias, etc.), pero a la vez descubriendo sus potencialidades y capacidades, que la mirada contemplativa permite descubrir. Así será como podrán ‘santuarizarse’ las parroquias, reduciendo las aduanas en la Iglesia, estando siempre abierta a todos. Para que se vea que Dios va acompañando siempre al pueblo peregrino. Galería fotográfica
26/01/2018más info
Miguel Payá: “¿sirve la piedad popular para evangelizar hoy?”
Miguel Payá: “¿sirve la piedad popular para evangelizar hoy?”
El sacerdote y teólogo valenciano Miguel Payá fue el encargado de abrir las XVI Jornadas Diocesanas de Zamora, con una ponencia titulada “La piedad popular, cauce de evangelización”, en la que hizo un diagnóstico del catolicismo español y valoró el importante papel que debe tener la religiosidad popular en la nueva evangelización de la sociedad actual. Zamora, 25/01/18. En la tarde del miércoles comenzaron las XVI Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas a la “Religiosidad popular y evangelización”, en el salón de actos del Colegio Divina Providencia, de las Siervas de San José. Tras el inicio con la oración, dirigida por el vicario de Pastoral, Fernando Toribio, las palabras de inauguración estuvieron a cargo del vicario general, José Francisco Matías, que presentó las Jornadas haciendo un breve repaso de su historia, “a vivir más en plenitud nuestra vida cristiana y el compromiso con nuestra Iglesia diocesana, más viva y participativa”. Saludó a los presentes en nombre del obispo, Gregorio Martínez Sacristán, ausente, pero que se recupera “muy satisfactoriamente” según los médicos, un mes después de su operación de trasplante de riñón en Salamanca. El encargado de presentar al ponente fue Javier Fresno, delegado diocesano para la Religiosidad Popular. Miguel Payá Andrés es sacerdote diocesano de Valencia, donde ha sido formador del Seminario, capellán, delegado, vicario de Pastoral, canónigo y docente en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de la ciudad, donde ha ocupado la cátedra de Eclesiología y ha sido decano. También trabajó en la Conferencia Episcopal Española como director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Pastoral (cargo que actualmente ocupa el zamorano Juan Luis Martín Barrios). Y es autor de varias publicaciones de Teología y Pastoral. El catolicismo español El ponente confesó ser “un enamorado de la ciudad de Zamora” y mostró también su satisfacción por el tema de la conferencia. Y comenzó su intervención con esta pregunta: “¿sirve la piedad popular para evangelizar hoy?”. Zamora representa, cuando se habla de la Semana Santa, “la seriedad”, según dijo. Payá encabezó la primera parte de su conferencia con una frase bíblica: “Convertirá el desierto en jardín” (Is 51,3), con “el desierto en presente y el jardín en futuro”, ya que los católicos españoles ven el ocaso de la fe y de los valores católicos, con un ánimo pesimista y derrotista. Una actitud que “se basa en indicadores bastante claros e indiscutibles: el debilitamiento de las comunidades cristianas, la crisis de las instituciones educativas, la descalificación cultural del cristianismo y el ocaso de Dios”. Porque Dios –reconoció– ha perdido importancia en la vida personal de la gente y ha dejado de ser el punto de referencia para organizar la vida social y política. Todo ello “por el efecto adormecedor de una manera de vivir dominada por el materialismo, el hedonismo y el egoísmo”. Y cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay sitio para los demás, ya no se escucha a los pobres ni se deja espacio a Dios, como recuerda el papa Francisco. La pérdida de Dios siempre se revuelve contra el hombre, produciendo una cultura injusta, una economía sin rostro ni objetivo humanos, la exclusión de grandes masas... Por eso “tenemos la sensación de que en estas condiciones, el cristianismo va para atrás”. Y en esta desertificación espiritual, “¿cuál es la actitud de los cristianos? ¿La resignación? ¿La moral de derrota que da todo por perdido? ¿La cobardía del disimulo de la fe? ¿El abandono paulatino de las prácticas religiosas? Éstas son las actitudes más visibles y llamativas, que harían suponer que el cristianismo en nuestro país tiene los días contados”. Signos de esperanza “Pero... ¿es eso todo? No. En los lugares más insospechados y sin aparente conexión, se da una serie de fenómenos que muestra una realidad muy diferente. Están surgiendo una serie de iniciativas y fuerzas renovadoras en el catolicismo español en torno a la nueva evangelización”, explicó. La característica más sorprendente de este catolicismo renovador es la alegría, “que se experimenta como un regalo que fluye de tres experiencias de fe fundamentales”. A saber: el encuentro con la persona de Jesús, sentirse enviado por Él para comunicar su amor a otros, y la vivencia en una comunidad fraterna y misionera. “Estas tres experiencias están caracterizando y dando fuerza a todos los nuevos movimientos que están recreando el catolicismo español”. Un cristianismo que, “pese a ser una minoría social, no se acobarda ni se encierra ni teme a la humanidad, sino que sale al encuentro de las personas, metiéndose en la vida cotidiana y comprometiéndose con sus problemas, sobre todo con los que están en las periferias de la fe o de la exclusión social, que son la mayoría de la humanidad”. Y en este clima el cristiano quiere anunciar el tesoro escondido, el núcleo fundamental de la buena nueva. Una gran fuerza evangelizadora Miguel Payá regresó a la cuestión inicial: ¿sirve la piedad popular para evangelizar al mundo de hoy? El ponente recordó varios hechos llamativos, como que “las Iglesias de España son las que conservan un patrimonio más rico de piedad popular, y las asociaciones de fieles que mantienen la piedad popular están creciendo en número y en efectivos. Pero hay que preguntarse: ¿sirve esta fuerza para colaborar en la construcción del objetivo fundamental de la Iglesia, o constituye una rémora?”. Tras el Concilio Vaticano II en España “se puso en cuestión la validez actual de la religiosidad popular tradicional. A este ataque respondieron las Iglesias hispanoamericanas, herederas de nuestra religiosidad popular. Y los Papas enseñaron con toda claridad que la piedad popular, junto con las instituciones en las que se encarna y crece, es un componente esencial de la vida de la Iglesia y de su dinamismo misionero”. Según el sacerdote valenciano, el papa Francisco ha recogido en la exhortación Evangelii gaudium (2013) el Magisterio de los papas posconciliares sobre este tema, con unos puntos muy claros: el agente principal de la religiosidad popular es el Espíritu Santo (que es el alma de la Iglesia), la fe debe encarnarse en el genio de cada pueblo, la piedad popular es una manifestación propia de la cultura de los sencillos, es una realidad esencialmente misionera y un lugar teológico al que prestar atención para diseñar la nueva evangelización. “Estas afirmaciones del Papa obligan a replantear muchas cosas que se habían dicho sobre este tema”, señaló Payá. En cuanto a las realidades englobadas por el término “religiosidad popular”, el ponente habló de éstas: la celebración de los misterios de la pasión gloriosa de Cristo, la piedad mariana, la devoción a los santos, la celebración de los ciclos vitales, el culto a los difuntos, las fiestas, las procesiones, las peregrinaciones y romerías, y las prácticas devocionales y oracionales. Peligros que acechan Miguel Payá reiteró con otras palabras, la pregunta fundamental sobre las manifestaciones de la religiosidad popular: “¿pueden ser un elemento dinamizador, un cauce de formación cristiana y transmisión de valores cristianos, o son reliquias del pasado?”. Y llamó a “reconocer los grandes peligros que acechan: la descristianización de las personas y del ambiente social, la reducción a un fenómeno cultural o sociológico sin una vivencia profunda de la fe, o a simple folklore, y también el fuerte intento paganizador actual y el desprecio de las minorías cristianas”. Y su defensa eclesial de la piedad popular fue clara, una vez más, ante estos peligros ciertos: “no puede haber una evangelización seria del mundo actual sin tener en cuenta la forma de cristianismo más extendida y aún hoy con mayor poder de convocatoria. Tenemos que apoyarla, ayudarla a crecer y purificarse”. Una mirada positiva A la hora de pensar y actuar, Miguel Payá recordó los criterios fundamentales que ya dio Pablo VI en la exhortación Evangelii nuntiandi (1975), y que el papa Francisco repite. Por este orden: hay que amar la religiosidad popular, viéndola desde dentro; valorar sus dimensiones y contenidos; y purificarla de sus posibles desviaciones (que derive en magia, en superstición, en fiesta puramente exterior...). Por último, el ponente enunció algunas líneas principales necesarias para potenciar la religiosidad popular: formar en los contenidos de la fe cristiana (una catequesis de adultos bien dada, como hacen muy bien las hermandades andaluzas), educar para la liturgia y para la oración, ayudar a personalizar la fe como relación con Jesús, cultivar la dimensión comunitaria y eclesial en clave de unidad y acercamiento mutuo, y promover las grandes actitudes del Evangelio (el valor de la cruz, el amor a los pobres...). Audio de la conferencia y galería fotográfica
25/01/2018más info
Fernando del Castillo: “cada vez hay más aparatos, pero menos comunicación”
Fernando del Castillo: “cada vez hay más aparatos, pero menos comunicación”
Ayer concluyeron las XV Jornadas Diocesanas de Zamora, con una ponencia de Fernando del Castillo sobre la familia y las redes sociales. Este experto presentó los riesgos de las nuevas tecnologías y los desafíos educativos que suponen. Zamora, 28/01/17. El tercer ponente de las XV Jornadas Diocesanas de Zamora, dedicadas a la familia, fue Fernando del Castillo Palma, director de la Fundación Solidaridad Humana (Madrid). Este educador, terapeuta familiar y orientador presentó ayer en el salón de actos del Seminario San Atilano un tema de gran actualidad: la familia y las redes sociales. Habló de las dos caras de una moneda: “hay cosas buenas en las redes sociales, hay beneficios, no sólo tienen aspectos negativos”, y desgranó algunos de estos beneficios: información, comunicación, relación, conocimiento, ocio, etc. También detalló los riesgos: contenidos inapropiados, aislamiento, pérdida de intimidad, identidades ficticias, engaño, consumismo y adicción, suplantación de identidad, acoso, etc. Nuevas tecnologías: datos preocupantes Tomando los datos de diversos estudios realizados en nuestro país por entidades como Telefónica o la ONG Protégeles, señaló que “España es el país de la Unión Europea con mayor número de smartphones: 23 millones de dispositivos. El 87 % de la población lo tiene a mano las 24 horas al día, y el 80 % lo primero que hace por la mañana es cogerlo. Además, el 35 % de los españoles prefiere comunicarse por mensajes”. Por lo que, indicó, “cada vez hay más aparatos de comunicación, y cada vez hay menos comunicación”. Además, dijo, “el 21,3 % de los jóvenes españoles está en riesgo de convertirse en adicto a las nuevas tecnologías. El 30 % de los niños españoles de 10 años de edad tiene un teléfono móvil. A los 12 años, casi el 70 %, y a los 14 años el 83 %”. Para ilustrar lo que suponen las nuevas tecnologías en la vida diaria de la gente, proyectó un vídeo que ha elaborado su hijo Pedro del Castillo, estudiante de periodismo, y que está en su canal de Youtube “Las cosas como son”, sobre el WhatsApp. Después el conferenciante expuso algunos casos concretos de niños enganchados a las nuevas tecnologías, algo que repercute en su familia, sus estudios y sus relaciones. Distinguió entre tres tipos de relación con las nuevas tecnologías: uso, abuso (o uso inadecuado) y adicción. La adicción, una realidad También explicó los factores de riesgo que puede haber en lo personal, como la impulsividad, la disforia, la intolerancia a estímulos displacenteros físicos o psíquicos, la búsqueda incesante de nuevas sensaciones y una ineficaz forma de afrontar los problemas. “Puede generar más enganche que cualquier otra adicción, aunque nos pueda parecer que no hay problema”, afirmó. Fernando del Castillo se refirió, en concreto, al fenómeno de la pornografía en la red: “ahora sabemos que la pornografía online puede generar más dependencia que la cocaína. La pornografía está rompiendo muchos matrimonios y enganchando a muchos jóvenes, un tema tabú. Y si el sujeto está desestructurado, porque se ha roto en su parte neurálgica, que es la afectividad y la sexualidad, no es posible plantearse la vida como vocación”. Y añadió: “desde mi experiencia diaria como terapeuta, veo mucha adicción, sobre todo a ludopatía y sexopatía”. Además de los elementos personales, también hay factores de riesgo familiares: complicadas dinámicas familiares donde “los horarios laborales de ambos padres hacen que los niños pasen muchas horas solos, un tiempo que se malgasta en consumir de forma indiscriminada contenidos que en muchas ocasiones son inapropiados para los menores”. Y por último, están los problemas sociales: “el menor recibe la influencia de miles de mensajes auditivos y visuales que van modelando poderosamente su forma de pensar, sentir y manifestarse. El grupo de iguales empieza a tener una importancia cada vez mayor, por ello es fundamental que los padres fomenten en sus hijos la búsqueda de amigos que ejerzan en ellos una influencia positiva, sobre todo en casos de acoso, baja autoestima, etc.”. Formar para la libertad, no censurar Si el adolescente tiene en casa atención y cariño, y se favorece la socialización en diversos ámbitos: parroquias, asociaciones, etc., “no va a buscarlos fuera. Y no va a buscar apoyo en sectas o grupos violentos. El fenómeno sectario llega a la misma zona límbica del cerebro que las nuevas tecnologías: la captación emocional”. Por eso, insistió el ponente, “hay que ‘dejar ser’ a los hijos, que no son nuestros, sino que son de ellos mismos y de Dios”. En este momento educativo, “no se trata de censurar los aparatos, las nuevas tecnologías... sino que se trata de formar, de aprovechar todo esto para que sea una oportunidad. Se trata de educar para la libertad, para que sean libres, para que vuelen”. En esta línea, llamó a los padres a “replantearnos si realmente estamos dedicando el tiempo necesario a los hijos”. Expuso también varias formas actuales de acoso virtual, como el sexting, el grooming, el ciberacoso o ciberbullying, etc. “El 50 % de los menores en España sufren ciberacoso, según un estudio de la Universidad Miguel Hernández. Pero cada caso de estos chicos es un 100 % que requiere nuestra atención”, afirmó. Y recordó que “siempre hay una carencia afectiva: si un niño es querido por sus padres, no va a caer en estas redes. Hay que querer a los hijos”. Comentó además las consecuencias legales que tienen estas prácticas, sobre todo en torno a la ley de protección de datos y la ley de propiedad intelectual. Y el artículo 183 del Código Penal, que prevé penas para el ciberacoso a menores de 16 años. Añadió que los dos últimos Papas han ido por delante en todo esto, en cuanto a la prevención y actuación ante los casos de abusos sexuales a menores. Porque, recordó, “las nuevas tecnologías tienen estos dos peligros: la violencia y el sexo”. Pautas educativas y familiares Fernando del Castillo presentó a los asistentes una viñeta donde se podía leer: “Hijo, me gustaría pasar más tiempo contigo. ¿Me aceptas como amigo en Facebook y te sigo en Twitter?”. Y recordó la máxima del cardenal Cisneros: “fray ejemplo es el mejor predicador”. Y así, planteó que “los niños no obedecen: imitan. Hay que ver qué ejemplo damos los adultos, tenemos que hacer examen de conciencia, y desde ahí podremos plantear la educación y las normas de los hijos”. Explicó los factores de protección: trabajar las habilidades personales, como la autoestima, la asertividad y actitudes dialogantes (escucha y respeto). También las habilidades sociales, como hacer y aceptar cumplidos, hacer y rechazar peticiones, expresar desagrado o disgusto justificado, aceptar las quejas o críticas de los demás, iniciar, mantener y finalizar conversaciones, expresar opiniones personales y/o defender los propios derechos, disculparse o admitir ignorancia. Y educar para la solución de conflictos. “Hay mucha adicción, pero es una adicción blanca que te machaca físicamente, y por ello no hay conciencia de ello. Van a pasar años hasta que tomemos conciencia de lo que está suponiendo. Estamos en una gran ola de consumismo que nos está cosificando, y amamos más a los objetos que a las personas”, afirmó. También presentó algunas habilidades necesarias de comunicación familiar, ya que “dialogar no sólo es hablar, sino también escuchar. Hay que poner límites y normas, educando en razones. Es un tema de salud, no sólo moral: yo quiero que seas libre, que seas un chico saludable, y aunque todo el mundo lo haga, tú no. Hay conductas por las que no tenemos que pasar. Tú eres mi hijo, y no estoy de acuerdo con esto y con esto otro. Pero antes tendré yo que darle ejemplo”. Insistió en la necesidad de proponer “alternativas de ocio y tiempo libre, que sean gratificantes para ellos. Esto ofrece una oportunidad pastoral: hacer cosas para los jóvenes. Nos la jugamos en la familia y en los jóvenes: ¿dónde están los jóvenes que no vienen a la parroquia?”. Y concluyó diciendo que “la solución está en el amor y en la familia. El consumismo nos está machacando, y necesitamos familias con sujetos estables, no rotos”. Audio de la conferencia Galería fotográfica
28/01/2017más info
José Francisco Matías: “el bien de la familia es responsabilidad de todos los fieles”
José Francisco Matías: “el bien de la familia es responsabilidad de todos los fieles”
El vicario general de Zamora, José Francisco Matías, expuso ayer en las Jornadas Diocesanas las situaciones difíciles e irregulares de matrimonios y familias y la respuesta de la Iglesia. Zamora, 27/01/17. La segunda conferencia de las XV Jornadas Diocesanas, dedicadas este año a la familia, estuvo a cargo de José Francisco Matías Sampedro, vicario general y vicario judicial de la Diócesis de Zamora y párroco de San Ildefonso en la capital, con el título “Matrimonio y familia: situaciones difíciles e irregulares. Integración de la fragilidad”. El matrimonio: realidad natural y “elevación” religiosa Tras unas palabras introductorias en las que destacó el interés de la Iglesia por estar cerca de las familias que sufren experiencias traumáticas, desde el discernimiento y la misericordia, el ponente expuso la concepción católica del matrimonio, que “es una realidad natural. Hoy nadie pone en duda que el formar un matrimonio y una familia es uno de los derechos fundamentales del hombre. El matrimonio constituye la célula principal de la sociedad, y no puede no interesar al bien común, con el que colabora”. Por ello, insistió, no es un asunto meramente privado de los esposos, sino que tiene unos efectos sociales y jurídicos. Además, para los creyentes, “es una verdad de fe que el matrimonio es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo, algo que la Teología expresa con la imagen de la elevación del amor conyugal a la categoría de sacramento”. El vicario general planteó algunas cuestiones importantes para los pastores de la Iglesia: “¿se puede privar del derecho natural al matrimonio a aquellos bautizados que se acercan a la Iglesia diciendo no creer o sin relación con la Iglesia? ¿Y cómo se puede aceptar que su relación sea un matrimonio si no tienen fe? Esto es una cuestión a estudiar. Ya Benedicto XVI planteó la cuestión de si cualquier relación conyugal entre dos bautizados sería ipso facto matrimonio sacramental. Por ello ha de cuidarse la preparación”. El matrimonio es comunidad de vida y amor, porque es reflejo del amor entre Cristo y su Iglesia, y como dice el papa Francisco en la exhortación Amoris laetitia, “se realiza en la unión entre un varón y una mujer que se donan recíprocamente en un amor exclusivo y en libre fidelidad, que se pertenecen ante la muerte, consagrados por el sacramento que les confiere la gracia para constituirse en Iglesia doméstica y fermento de vida nueva para la sociedad”. Orientación y acompañamiento Según el Papa, tal como recordó José Francisco Matías, “otras formas de unión contradicen radicalmente este ideal, pero algunas lo realizan de modo parcial y análogo. Habrá que ver cómo las llevamos y las vertebramos hacia una entrega total”. Porque ciertamente “hay elementos positivos en situaciones que todavía no corresponden a lo que enseña la Iglesia. Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no molestar a la sensibilidad actual, o por moda, o por sentimientos de inferioridad. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar”. La actitud de la Iglesia no puede ser negativa ni autoritaria, sino creativa: “no podemos quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales. Ni imponer normas por la fuerza de la autoridad. Lo normativo sí, pero asumido en conciencia. Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, entendiendo y presentando las razones y motivaciones del matrimonio y la familia, sobre todo los propios matrimonios cristianos, que deben conocer y vivir esa realidad”. La familia, decisiva para la Iglesia y para el mundo “La familia es escuela del más rico humanismo”, según expresó el Concilio Vaticano II en la constitución Gaudium et spes. El ponente habló también de la dificultad de la relación entre tres generaciones: abuelos, padres e hijos. “La familia es la sociedad natural en la que el hombre y la mujer son llamados al don de sí y al don de la vida”. Y desde ella se construye la sociedad, porque en ella se viven “autoridad, estabilidad, vida de relaciones en el seno de la familia...”. Por ello, recalcó, “el bien de la familia es decisivo para el futuro de la Iglesia y del mundo. Por eso hay que prestar atención a las realidades concretas de las familias. Es una tarea de conocimiento artesanal, y es responsabilidad en cada Iglesia local desde el pastor –el obispo– hasta el último de los fieles”. Las realidades de las familias hoy son desafíos: “no podemos quedarnos en lamentos, sino que hay que despertar, como dice el papa Francisco, una creatividad misionera. Pero nos encontramos con que también por parte de los cristianos, se ha producido un oscurecimiento de los valores fundamentales de la familia”, algo que se ve, por ejemplo, en la facilidad de acceder al divorcio, también en los matrimonios canónicos. ¿Cuáles son las situaciones difíciles? El vicario general expuso una serie de situaciones familiares difíciles que plantean a la Iglesia una actitud y una acción determinadas. En primer lugar, los novios “que no dan el paso. Experiencias de relaciones a prueba, en las que se pone en entredicho la entrega en totalidad, la total donación de la propia persona al otro cónyuge. ‘Vamos a probarnos’. Sin embargo, el amor de Cristo a su Iglesia no fue así”. La segunda situación difícil es la de los “unidos con las así llamadas uniones de hecho. Uniones sin ningún vínculo reconocido civil o religiosamente”. José Francisco Matías desgranó algunos de los motivos: “la falta de formación, la falta de fe, la desconfianza en el futuro, las estrecheces económicas, una concepción de la libertad que rechaza todo vínculo jurídico y que se basa en los intereses, una actitud de desprecio o rechazo de la institución familiar, la mera búsqueda del placer, el pensar que las celebraciones son costosas... con voluntad de establecer un período de prueba, en muchas ocasiones, antes de contraer el matrimonio”. Se trata de “un reto a nivel social, al ser considerada una forma lícita de vivir juntos, equiparada para muchos al matrimonio. Tenemos que tener una palabra crítica ante esas situaciones”. También existe el “matrimonio a prueba o experimental. Hay un vínculo, pero se hace como experimento, algo que no debería hacerse entre personas. ¿Qué concepción hay del otro cuando el matrimonio es a prueba? ¿Qué compromiso hay? La Iglesia no puede admitir esto: el matrimonio entre dos bautizados es el símbolo real de la unión de Cristo a su Iglesia, que es fiel y para siempre”. Por ello, declaró, “un matrimonio concebido a prueba sería canónicamente nulo”. Otro caso sería el de los “católicos unidos con un matrimonio meramente civil, rechazando o difiriendo el religioso. La extensión de una mentalidad secularizada y el indiferentismo religioso llevan a tomar esta decisión. Algunos, para dejar la puerta abierta a la posibilidad de un futuro divorcio. Hay justificaciones de todo tipo”. Ante esta realidad, “la acción pastoral ha de hacer comprender la necesidad de coherencia entre la vida y la fe. Hay que ayudar a estas personas a regularizar su situación a la luz de los principios cristianos”. Por último, una situación que también se da es el recurso a la separación. “Hay situaciones en las que la convivencia matrimonial se hace prácticamente imposible. Debe considerarse como un remedio extremo, y desde los principios del Derecho Canónico, después de cualquier intento razonable de restablecer la convivencia, sin fruto”. El ponente recordó también que “la Iglesia admite la separación física de los esposos y el fin de la cohabitación, pero no dejan de ser esposos ni quedan libres para una nueva unión. Además, deben fijar bien cómo será la educación y el sustento de los hijos. Hay casos donde la separación es inevitable o incluso moralmente necesaria”, como señalaba Benedicto XVI. ¿Qué pasa con las situaciones irregulares? En cuanto a lo que la Iglesia entiende por irregularidad en la vivencia del matrimonio, José Francisco Matías se refirió en primer lugar a los divorciados civilmente y no casados de nuevo. Como se observa en el Evangelio, “Jesús insiste en la intención original del Creador, que quería un matrimonio indisoluble, y deroga la tolerancia que se había introducido entre los judíos, porque el divorcio es una ofensa grave a la ley natural, que atenta contra la alianza de salvación, de la cual el matrimonio sacramental es un signo, según el Catecismo”. En estos casos, señaló el ponente, “habrá que valorar y atender a quién ha provocado la situación y quién la sufre. Es distinto quien se ve injustamente abandonado que quien destruye un matrimonio por su pecado. Por eso es necesario conocer a la familia, acompañarla, ayudarla... y tener en cuenta siempre el cuidado de los hijos”. También habló de los divorciados civilmente y casados de nuevo. “Se ha extendido la idea de rehacer el matrimonio aunque sea de forma sólo civil. Hay que diferenciar entre los que se han esforzado por salvar su matrimonio, los que han sido abandonados, los que han roto el matrimonio, los que se casan de nuevo por causa de la educación de los hijos, los que están convencidos de que nunca fue válido su primer matrimonio...”. La cuestión de los hijos En todas las situaciones de ruptura de la relación matrimonial, “el hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, ni como un derecho. Sólo el hijo tiene verdaderos derechos: a ser el fruto del amor conyugal de sus padres, y a ser respetado como persona desde el momento de su concepción. Los hijos no pueden reducirse a una posesión caprichosa de los padres”. Porque, como lo prueba la realidad, “los niños son las víctimas inocentes de la situación, y no deben ser usados como rehenes que carguen el peso de la separación”. La Iglesia, “aunque comprenda las situaciones conflictivas que pueden atravesar los matrimonios, no puede dejar de ser voz de los que más sufren, que son los niños, muchas veces en silencio. La comunidad debe estar cercana a estas familias para poder tener una palabra con estos padres en situación irregular, y que no se sientan alejados de la vida comunitaria, como si estuvieran excomulgados”. Caminos de respuesta El vicario general recordó que el Papa utiliza cuatro sustantivos: acogida, acompañamiento, discernimiento e integración. En los contextos de fragilidad y de irregularidad, “la Iglesia no debe renunciar a proponer el proyecto del matrimonio, su ideal pleno. Hay que ir al máximo, a la utopía. La tibieza, cualquier forma de relativismo... serían una falta de fidelidad al evangelio y una falta de amor de la Iglesia hacia los jóvenes. Si no se hace, estamos no llevando a cabo el ideal del Evangelio, estamos siendo infieles”. “Hay que comprender las situaciones excepcionales, sin dejar de proponer lo que Jesús ofrece al ser humano”. Por eso se hace necesario un “esfuerzo pastoral para consolidar los matrimonios y así evitar las rupturas. Y acompañar con misericordia y paciencia las etapas de crecimiento de las personas. El Espíritu Santo derrama el bien en medio de la fragilidad, y la Iglesia ha de estar atenta a ello”. Las crisis matrimoniales, explicó, “frecuentemente se afrontan de un modo superficial. Por eso hacen falta paciencia, diálogo sincero, reconciliación y perdón, sacrificio, etc. Y se hace necesario un discernimiento particular para acompañar a los separados, divorciados... acogiendo el dolor de los que han sufrido injustamente la separación o se han visto obligados a separarse. Necesidad de una pastoral de la reconciliación y de la mediación, a través de centros especializados que habría que ofrecer en las diócesis, como los Centros de Orientación Familiar (COF)”. A los que viven sin casarse “hay que acercarse con discreción y respeto, allanándoles el camino hacia la regularización de su situación, haciéndoles comprender la riqueza humana y espiritual del matrimonio. Es el ejercicio de la caridad activa, que no es esperar a que nos lo pidan”. Además, “hay que alentar a las personas divorciadas que no se han vuelto a casar a encontrar en la eucaristía su alimento y sustento. Hay que hacerles sentir que son parte de la Iglesia y que no están excomulgadas: siempre integran la comunidad eclesial. Esto exige discernimiento y acompañamiento, evitando toda discriminación, alentando su participación, y desterrando morbo y chismorreos”. En este contexto, aclaró, “la comunidad no ve debilitarse su fe y su testimonio de la indisolubilidad al hacerse cargo de estas personas, sino que expresa su caridad”. Las nulidades matrimoniales José Francisco Matías, que también es vicario judicial de Zamora, explicó desde su experiencia en el Tribunal Eclesiástico el recurso a la solicitud de la nulidad del matrimonio. “La Iglesia no anula matrimonios, sino que declara que el matrimonio no existió. La declaración de nulidad es muy distinta del divorcio. Aquí no se dice que el matrimonio ha terminado, sino que no lo hubo”. En estos casos, se establece si el vínculo existía como válido desde el comienzo. Para ello hay que tener en cuenta los elementos esenciales del sacramento del matrimonio: unidad, fidelidad, indisolubilidad, el bien de los cónyuges y la apertura de la vida. “Si uno de los cónyuges excluye en el momento del consentimiento uno de estos elementos, el matrimonio será inválido. Pero esto hay que probarlo. La Iglesia no da las nulidades sin más ni más”. Además, señaló que debe haber una vinculación estrecha entre los tribunales eclesiásticos y la Pastoral Familiar y las parroquias. Es cosa de todos Frente a estas situaciones, por amor a la verdad, “los pastores están obligados a discernir bien las situaciones, algo que ya pidió Juan Pablo II. Hay que evitar los juicios que no tienen en cuenta la complejidad de las situaciones ni el sufrimiento. La Iglesia es Madre que acepta y ama, dice el papa Francisco, y se inclina hacia los pobres y alejados, que siguen incorporados a Cristo por el bautismo. A nosotros nos corresponde no considerarlos nunca extraños a la Iglesia, no excluirlos, sino dedicarnos a ellos con la mayor solicitud y caridad”. El ponente habló de la importancia del acceso a los COF, y tener siempre en cuenta, en primer lugar, la “intención de reconciliar a las partes”. También se refirió a la importancia de la formación de las conciencias: “la conciencia debe ser formada, es el deber moral mayor del hombre. La conciencia traduce la ley natural en la vivencia de la persona, en una continua conversión a la verdad y al bien. Esto hay que formarlo, no surge de forma espontánea”. “En toda situación difícil hay que hacer presente la verdad de Cristo, que es la gracia que nos hace libres. Es un momento de acercamiento a la persona en su situación concreta, aplicando la ley de gradualidad en su aproximación a la Iglesia. No supone adaptar la ley de Dios a la conciencia subjetiva de la persona, sino buscar el camino para cada uno. Nuestra tarea pastoral más importante con las familias es fortalecer el amor y sanar las heridas”, señaló. Misericordia, y no condena El camino de la Iglesia es “el de no condenar a nadie para siempre, el camino de la misericordia. La caridad verdadera siempre es inmerecida y gratuita. Hay que ver cómo sufre la gente a causa de su condición, integrando a todos, viendo la manera en que cada uno ha de participar en la vida eclesial. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio. Una participación más plena en la vida de la Iglesia. Buscar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento dentro de los propios límites. La finalidad es la integración, y eso es lo que ha de hacer la Iglesia”. La Iglesia entiende que “toda ruptura del vínculo matrimonial va contra la voluntad de Dios, pero es consciente también de la fragilidad de muchos de sus hijos. Iluminada por Jesucristo, mira con amor a los que participan de su vida de modo incompleto. Aunque siempre propone la perfección, la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado”. José Francisco Matías terminó su conferencia citando la parábola del buen samaritano, y aludiendo a cómo los pastores de la Iglesia y los agentes de pastoral pueden ser como el sacerdote y el levita, que pasan de largo de estas situaciones para no complicarse la vida. Por el contrario, dijo, en las situaciones descritas “se necesitan muchos buenos samaritanos que acompañen estas situaciones con la cercanía humana, la acogida y la oración”. Audio de la conferencia Galería fotográfica
27/01/2017más info
Olegario González de Cardedal: “escuela y familia son una realidad complementaria”
Olegario González de Cardedal: “escuela y familia son una realidad complementaria”
El teólogo Olegario González de Cardedal fue el primer ponente de las XV Jornadas Diocesanas de Zamora, que se iniciaron ayer en el Seminario San Atilano, con una conferencia titulada “Familia y educación. La tarea inexorable”. Zamora, 26/01/17. En la tarde de ayer, el teatro del Seminario San Atilano acogió el inicio de las XV Jornadas Diocesanas, dedicadas a la familia. El obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, fue el encargado de inaugurar este ciclo formativo. En sus palabras previas a la conferencia, “muy agradecido a los participantes”. El tema, recordó, “es la familia, nuestro objetivo pastoral diocesano, desde tres perspectivas: su función educativa, la fragilidad y las redes sociales”. Refiriéndose a la segunda de las ponencias, el prelado subrayó cómo el papa Francisco “invita a acompañar, atender y estar cerca de todas las debilidades y los defectos de las familias: la vejez, el paro, la ruptura, el divorcio, los hijos, la enfermedad... situaciones que necesitan que los cristianos prestemos atención”. Con respecto al ponente, destacó que ha sido profesor de muchos sacerdotes de la Diócesis de Zamora y agradeció su presencia. El conferenciante, Olegario González de Cardedal, es sacerdote de la Diócesis de Ávila nacido en 1934. Doctor en Teología por la Universidad de Múnich, es catedrático emérito de Cristología de la Universidad Pontificia de Salamanca y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Autor de numerosos libros y artículos, en 2011 recibió el Premio Ratzinger. El contexto de un problema González de Cardedal comenzó su intervención aludiendo a las perplejidades nuevas en nuestra sociedad, subrayadas por las últimas asambleas del Sínodo de los Obispos, dedicadas a la familia. En concreto se refirió a lo que señala el número 84 de la exhortación apostólica Amoris laetitia del papa Francisco: el desafío educativo. Según este teólogo, “tenemos la admirable realidad hoy de la unidad de la conciencia humana mundial: todos podemos ser conscientes de lo que le pasa al ser humano en nuestras antípodas, un logro. Todos somos hombres, todos somos iguales en derechos y dignidad, hombres y mujeres. Lo que la ciencia, la técnica y la medicina han logrado en el último siglo es algo admirable. Por eso una lectura del todo negativa de nuestra realidad no es justa. Nunca ha habido menos pobreza que ahora”. Recordó cómo, según el historiador Arnold J. Toynbee, “las civilizaciones no se hunden por eliminación desde el exterior, sino por suicido desde el interior”, es decir, por “la falta de confianza y de reflexión por parte de quienes las vivimos. Más decisivos que los desafíos son las respuestas que les vamos a dar, jugándonos la vida”. Olegario desgranó algunas realidades que desafían al tema familiar. “Un hecho mortal en Europa es la implosión demográfica, después de la explosión demográfica que sucedió después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy día nos encontramos con la terrible realidad de que Europa no tiene capacidad de engendrar viva para que pueda continuar. O crece o muere”. También habló de la caída de los matrimonios en sus diversas formas, debida al miedo al arraigo, a los vínculos, a engendrar... De la normalización de los abortos en el juicio social pasando de lo que es dar muerte a un ser humano a ser una operación estética. Y del aumento de las rupturas de los matrimonios, lo que llega a una situación de individualismo y narcisismo como caracterizadores de una cultura del espectáculo. En cuanto a la educación, se preguntó: “¿es posible la educación ante una doble amenaza: el puro positivismo tecnológico que sólo prepara profesionales, o la pura ideología dogmática, política o religiosa, que sólo busca adhesiones? ¿Qué espacio abierto queda para transmitir ideales que no sólo sean proclamas políticas y pensamiento que no sólo sea formación técnica? Ésta es la gran cuestión”. Además, el ambiente cultural dominante es el de “la modernidad líquida, la disolución de todo lo que era sólido. Nada permanece, todo es fugaz, incompleto, indefinido... todo se desvanece”. La autonomía y la alteridad del hombre La gran cuestión, subrayó, “es cómo estamos dispuestos a vivir nuestra vida: una autonomía desde el yo, o la alteridad como convicción de que se es hombre con los demás hombres, desde los demás hombres y para los demás hombres. La autonomía tiene que ser con dignidad moral, no subyacente a un egoísmo moral”. Según el teólogo abulense, “hay una tensión entre lo que el hombre puede y debe ser. Tanto en la educación como en la familia, la cuestión es si uno se abre al otro. El fallo en esto trae consigo el fracaso de la vida personal y, con ello, el fracaso de la felicidad. El hombre está remitido, condicionado, pendiente de los demás, comenzando por el propio nacimiento, con diferencia de los animales: el recién nacido moriría si otro ser humano no lo acogiera, protegiera y enseñara”. En este contexto, afirmó, “la educación da la mano al ser que llega a la vida para introducirla sin peligro en ella y para que pueda situarse ante ella realizando la propia misión. El hombre tiene que ser acompañado para ser persona, trascendiendo el orden de la naturaleza y el orden de la animalidad. La cultura es la palanca que permite a cada hombre ser libre y ser más allá de sus condicionamientos de origen”. Y comentó los diversos términos empleados en este campo, señalando sus notas peculiares: formación, educación e instrucción. “¿El educando es quien recibe pasivamente lo que otros ofrecen, o debe ser introducido en el método de aprendizaje? ¿Es capaz cada sujeto de descubrir por sí mismo cada uno de los logros, conquistas e inventos de la humanidad, dada la brevedad de la vida? Éste es el desafío de una vida”. Familia, escuela y sociedad, protagonistas de la educación Olegario González de Cardedal citó lo que, en palabras de la exhortación papal Amoris laetitia, es una “deconstrucción jurídica de la familia”. Así comenzó a explicar cómo se entrelazan las aportaciones de familia, escuela y sociedad para la educación de la persona, recordando también las palabras del teólogo alemán Hans Urs Von Balthasar: “sólo el amor es creíble”. En cuanto a la familia, repasó las nuevas comprensiones y realizaciones del matrimonio, cómo se han trastocado tareas de los cónyuges... “lo que trae consigo una remodelación de la situación jurídica, profesional y laboral de la mujer, para que pueda ser madre y profesional. No podemos reclamar sólo la maternidad o sólo la profesionalidad. Pero esto escapa a los matrimonios, y debe ser una cuestión social y política”. También han cambiado la situación de la educación en familia cuestiones como las familias monoparentales y las rupturas matrimoniales. El ponente fue claro al señalar que “los niños tienen derecho a un padre y a una madre. El cristianismo tiene una vocación de convivencia a la vez que de resistencia, porque lo que está aquí en juego es asegurar a las generaciones futuras la posibilidad de nacer en una familia”. En cuanto al gran tema de la ideología de género, afirmó que “para los cristianos hay realidades previas que no son manufacturables ni manipulables por nosotros. La afectividad no está abierta, sino orientada”. Y en una sociedad pluralista “tiene que respetarse esta concepción de la vida humana”. El desafío estriba en “cómo transmitir valores e ideales en una sociedad pluralista”. En cuanto a la escuela (considerándola desde el jardín de infancia hasta la universidad), el teólogo constató que ha habido un giro histórico, pasando de “ser un lugar de las minorías a una cuestión de masas. La cantidad ha repercutido sobre la calidad”. Un hecho nuevo es “el cambio de estatuto de los profesores, que antes eran la autoridad, y hoy sorprendentemente los padres están siempre en contra de los profesores y a favor de su propio hijo”. Otros datos que comentó Olegario fueron “la prevalencia de lo que los alumnos oyen fuera, la pérdida de un horizonte compartido por todos que permite afrontar las cuestiones de la vida, el rechazo visceral contra todo lo que se considera dogma, de modo que toda actitud coherente es rechazada como dogmática e inviable en una sociedad democrática”. Por ello, “la escuela se ha vuelto una realidad polivalente, cuando no ambigua, para el tema de los valores e ideales. ¿Quién va a tener autoridad moral? Sólo estas personas van a ser verdaderos educadores”. Una fe que ha pasado por la cultura y que se ha expresado en la cultura tiene credibilidad, explicó, como pasó en los primeros siglos del cristianismo. Y así, “la realidad de la escuela pone a los padres ante nuevas tareas, por lo que se enseña o no se muestra. Nada o casi nada de lo que se transmita en el orden religioso en la escuela adquiere credibilidad si no se encuentra reflejado, vivido en la familia, en los padres”. En cuanto a la sociedad, el ponente afirmó que hoy es “el primer protagonista de la educación, ya que a través de grandes medios de información escribe, oculta, magnifica o crea la realidad. Se crean noticias falsas y surgen problemas: no sabemos a veces qué ha pasado. La sociedad se convierte en un monstruo, y hay que enfrentarse a ella con mucho saber y con mucha dignidad moral”. Habló de la cultura del espectáculo, la preocupación por estar al día... lo que lleva a votar a unos u otros partidos, a comprar unos u otros productos, a afiliarnos a unos u otros movimientos... Y puso un ejemplo: “hoy la cultura tiene en Europa la misión de liberar a las mujeres musulmanas del imperialismo que rige en su casa. ¿Cómo hacer esa liberación sin desarraigo de su historia, sin traspasarlos a otra cultura que no es la suya? Ésta es una de las grandes cuestiones que Europa no tiene resuelta, porque ha desarrollado una razón sin fe, mientras que el islam ha cultivado una religión sin dimensión crítica alguna. En este choque no sabemos qué va a pasar, porque ninguno tiene verdadera flexibilidad para el diálogo”. Familia y educación cristiana Tras un breve repaso a varias cuestiones afrontadas por la exhortación Amoris laetitia del papa Francisco, González de Cardedal explicó que “la transmisión de la fe debe ir unida a la transmisión y desarrollo de la vida personal, algo que comienza con el bautismo y su realidad de gracia. La gracia del bautismo opera en la persona, y la iniciación cristiana se lleva a cabo en el hogar. Ser cristiano es una forma de vida, que incluye el obrar, pensar, relacionarse... En el hogar creyente deben estar los signos, los sacramentos, la relación... en conexión con la vida de la Iglesia”. Una familia, insistió, “no es un núcleo cerrado, sino una célula, una Iglesia doméstica. Se es cristiano libremente, pero no por libre, al margen de la realidad eclesial. Hay que ser, sentirse Iglesia. Nunca ha existido un cristianismo sin Iglesia, y si ha existido, no ha perdurado”. Y sólo así, “con esta determinación interior del hogar, hay educación cristiana. La doctrina es secundaria con respecto a la vida vivida. Una educación cristiana engloba aquellos saberes sobre la historia, el tiempo y el lugar en el que se vive. Debemos ser los mejores ciudadanos”. Habló también del papel de grupos, parroquias, asociaciones, movimientos... “que integren a los individuos en una fe celebrada, orada, compartida y defendida. De otra forma, el cristiano quedará en una sociedad que es pagana y da por superado el hecho cristiano”. Estos grupos “tienen que cultivar la comunión eclesial, porque si no se hace así, el pluralismo en la Iglesia hará que tales grupos se conviertan en sectas y terminen enfrentándose entre sí, independientemente de su carácter conservador o progresista”. Frente a reduccionismos simplistas y consignas ideológicas, afirmó que “hay que luchar para que haya una escuela pública cada vez mejor, y luchar por la libertad de enseñanza, lo que permite la escuela católica”. También explicó que “escuela y hogar no son alternativa, sino realidad complementaria, para preparar a los hijos para estar gozosamente presentes en la sociedad, buscando una mayor paz y esperanza”. El papel de la sociedad civil En el turno de preguntas, entre otras cosas llamó a “ejercer la función de la sociedad civil, no dejar todo en manos de los poderes públicos. ¿Cómo es posible que la Alemania de los años 30 acabara fascinada por un personaje como Hitler y que no reaccionara? La sociedad civil debe objetar, criticar y crear realidades propias. Un ejemplo han sido Las Edades del Hombre, hechas por parte de la Iglesia”. En la democracia, señaló, “nadie va a perseguir a la Iglesia por defender su concepción de la familia, aunque es verdad que nos hostigarán hasta el límite, hasta con querellas”. Pero también se preguntó: “¿la sociedad va a permanecer tan insensible sin percatarse de que sin familia no hay sociedad amorosamente vivible? ¿A qué límite tenemos que llegar para darnos cuenta?”. Y llamó a defender a los niños futuros “para que tengan derecho a nacer de un padre y una madre, que es la forma de ser hombre”. Sus últimas palabras fueron de exhortación a los oyentes a leer la exhortación Amoris laetitia del papa Francisco. Audio de la conferencia Galería fotográfica
25/01/2017más info
Lorenzo Trujillo: “la familia es el lugar de aprendizaje de la misericordia”
Lorenzo Trujillo: “la familia es el lugar de aprendizaje de la misericordia”
La última de las ponencias de las XIV Jornadas Diocesanas de Zamora estuvo a cargo de Lorenzo Trujillo, sacerdote diocesano de Ciudad Real, que explicó cómo la afectividad es la pista de aterrizaje de la misericordia, ésta se aprende en la familia a través de la filiación, y de esta manera la familia puede transformar la sociedad desde la misericordia. Zamora, 30/01/16. Ayer terminaron en Zamora las XIV Jornadas Diocesanas que comenzaron el miércoles pasado, dedicadas a “La familia en el Año de la Misericordia”, y que han contado con gran participación de laicos, sacerdotes y consagrados que se han reunido durante tres días en el salón de actos del Seminario San Atilano para escuchar las ponencias. La puerta de la afectividad El encargado de la conferencia de la tarde de ayer fue el sacerdote Lorenzo Trujillo, delegado diocesano para la Formación de Ciudad Real, y que durante mucho tiempo fue rector del Seminario de aquella Diócesis. Explicó que “la gracia de Dios tiene que tener siempre una realidad en la que enganchar”. Y cuando hablamos de la misericordia, futo de la caridad divina, “engancha con lo que Dios ha creado en el interior del hombre: la afectividad, que va más allá de los sentimientos, que tiene que ver con ser afectados. La afectividad es la ventana por donde entra la caridad divina, y por ello es la puerta de la misericordia”. Si la misericordia es acercarse al que padece miseria, explicó el sacerdote, “entonces no nace de la inteligencia ni de la voluntad... se refiere siempre a un ser que tiene déficit, que falla en la verdad, en la bondad o en la belleza. Por eso nace en la afectividad, en algo mucho más hondo”. También afirmó que “desde hace 50 años estamos viviendo una revolución en la afectividad, en los sentimientos. Uno de los puntos clave es que lo que antes era íntimo, privado, cosa de familia, cubierto por el pudor, ahora se convierte en algo público y que se quiere dar a conocer”. Esto, señaló, trae consigo “un cambio muy fuerte, que consiste en sacar lo íntimo a la calle. Esto tiene un aspecto muy bueno: caen las hipocresías y las corrupciones morales que se callaban”. Sin embargo, también “tiene un peligro, porque es como la erupción de un volcán. La salida de los afectos en tromba arrastra también algo que la educación había orientado: las emociones primarias que compartimos con los animales. La educación era la cubierta que había creado el pudor para que pudiéramos convivir... acabando con esto, por la vía de los afectos, las emociones animales se apoderan del hombre”. La importancia de ser hijos Según explicó Lorenzo Trujillo, “el primer botón de la afectividad, la puerta de entrada, es la filiación. Todos somos hijos, y Cristo también era hijo, con una genética, en donde venía todo lo de sus antepasados. Ser hijos es ser agradecidos, saber que la historia no empieza conmigo: yo soy un receptor de algo, lo modifico y lo transmito”. En la familia se comprueba que “si la filiación se pierde y se deteriora, la convivencia es muy difícil. Hemos sido creados a imagen del Hijo de Dios para ser hijos de Dios”. Pero ahora estamos en una crisis de la filiación, y por ello “la maternidad está en crisis”. El ponente dijo con claridad: “yo sueño con una ciudad en la que haya más niños que perros”. Señaló que “la familia hoy sufre, con divorcios generalizados, lo que hace que los hijos no sean criados como hijos”. Hablando de las bodas, Trujillo dijo que ahora “se ve que los amigos son los protagonistas, desplazando a la familia. Se trata de la familia nocturna de las personas, no de su familia carnal, que está en crisis”. De esta manera, alertó, “la misericordia peligra, y puede quedarse sin pista de aterrizaje. La afectividad puede sufrir graves trastornos con resultados impredecibles y destructivos. Toda persona con corazón, sensatez y cultura siente que esto es un desafío, la gran tarea de nuestra generación”. El matrimonio no es fruto de la misericordia El sacerdote dedicó un segundo momento de la ponencia a explicar cómo “la familia es el lugar de aprendizaje de la misericordia”. Sin embargo, aclaró que “el matrimonio no se realiza por misericordia, sino por atracción y amor erótico. En el enamoramiento se percibe la grandeza del otro, no sus miserias. Claro, el matrimonio tiene la dificultad del tiempo: por un lado es nuestro amigo, y queremos prolongarlo, pero también es nuestro enemigo, porque llegan la rutina y el aburrimiento. Si no tenemos cuidado, el tiempo nos derrota: no sólo físicamente, sino anímicamente”. En este tiempo “sí hay novedad: cuando el amor erótico pasa por momentos de decaimiento, tiene que intervenir la misericordia, en forma de perdón. Es importantísima: cuando alguien nos perdona, elimina un tipo de pasado y nos abre a un futuro. El perdón es como un nacer de nuevo. Dios no da amnistías, porque en este caso el criminal sigue siéndolo. Perdonar es recrear. Cuando el amor humano cae en un bache, la misericordia es capaz de reconstruir y regenerar”. Por eso “el matrimonio no es efecto de la misericordia, uno no puede casarse porque se apiada de otra persona”. Aunque “a lo largo de un matrimonio, si no hay misericordia, es muy difícil que se mantenga el amor”. La primera visión de la miseria y de la fragilidad la tenemos de la gente que tenemos más cerca, aquellas personas con las que vivimos, y de las que conocemos sus mentiras... Por ello, “la misericordia descubre una nueva dignidad, unos nuevos valores. Cuando se ama en esa situación, se está resucitando al otro. Es costoso, y a veces cuesta la vida, pero es real”. Padres, hijos y abuelos La misericordia no solamente es entre los esposos, señaló Lorenzo Trujillo, sino también entre padres e hijos. “El ejercicio de la ternura de los padres hacia los hijos pequeños es un aprendizaje de misericordia. Y si no se degrada la relación, los hijos van aprendiendo la misericordia de sus padres”. Ser hijos es “ir aprendiendo la misericordia compadeciéndose de los padres. La compasión no es una ofensa cuando nace del amor. Y no digamos los abuelos. Una familia que no ejercite la ternura hacia los abuelos está eliminando la filiación de sus hijos. Si hay abuelos, hay hijos. La relación de los abuelos con los nietos es un tipo de paternidad y de ternura muy especial”. Los abuelos, afirmó, “son imprescindibles para el matrimonio y la misericordia, y para que la filiación, el sentimiento de hijos, no se pierda. Y para que los abuelos aprendan a recuperar su ser hijos, obedeciendo a sus hijos cuando les toca. La vida está tan bien hecha por Dios, que si la viviéramos correctamente, la misma vida nos educaría en la misericordia desde el núcleo del amor familiar”. Lorenzo Trujillo aconsejó, en este contexto, que los matrimonios jóvenes participen “en las asociaciones matrimoniales y familiares como la segunda forma para recuperar el parentesco, que es muy importante. Eso lo notan los hijos y los nietos, es algo que los protege. Esos parientes y amigos son un apoyo esencial de misericordia. La reunión de matrimonios es uno de los actos de misericordia familiares más productivos”. Desde los cursillos prematrimoniales habría que aconsejar esto, porque “la familia hoy necesita un entorno, ya que hoy las familias están dispersas”. La familia, más allá de sí misma La familia hoy se puede cerrar sobre sí misma, pero el mundo está ahí fuera, tal como recordó el ponente, mirando a la actualidad y a la historia. “La familia endogámica es la creadora de la tribu y el clan, y destruye la ciudad. La ciudad cristiana medieval, heredera de la ‘polis’ griega y de la ‘civitas’ romana, tiene la plaza como lugar de encuentro de todos”. De hecho, recordó cómo ell principal problema de algunos países africanos para acceder a una política libre es la endogamia de las tribus. Esto pervive en Occidente en las mafias, que funcionan con su “pseudo-familia”, y también se da en los partidos políticos. “La familia abre a la misericordia ejercida más allá de la familia, y a eso nos empuja la fe. Esa apertura a todos de Dios puede crear un cristianismo de fronteras muy difuminadas. ¿Quién es cristiano? No puedo poner fronteras, porque Dios es más grande que todo eso. La familia, educadora en la misericordia, tiene que convertirse en una familia misericordiosa desde el momento del matrimonio. La mesa familiar es una mesa abierta”, explicó. Dentro del proyecto familiar “hay que pensar qué se hace por los demás, qué se hace para que la ciudad sea humana, para que los poderes no se apoderen de todo... La familia tiene que construir la ciudad. La unidad humana principal no es el Estado ni la autonomía, sino la ciudad, donde se convive en libertad, el ayuntamiento o ‘ajuntamiento’. La familia no se puede quedar en sí misma”. La familia, imagen de Dios “Yo también nací en Belén”, dijo de repente, y enseguida aclaró: “pero mi pesebre fue una pila bautismal, de la que me cogió el Padre para decirme que soy su hijo amado. Hemos sido adoptados por Dios, y nuestra vida debe responder a eso. La familia humana debe ser reflejo de la familia divina, la Trinidad, que es una única sustancia en tres amores o personas. El Padre se vacía de sí engendrando al Hijo, el Hijo se vacía de sí entregándose, y el Espíritu lleva el amor entre ellos”. Si la familia sigue el camino de maduración, “será un icono de la familia divina. A lo mejor los miembros de la familia no lo notan, pero están sembrando en el mundo a la Santísima Trinidad. La casa de la familia es el templo de la Santísima Trinidad, y la mesa es el altar de Dios, y el lecho, y el despacho, y las habitaciones aunque estén vacías porque ya falta alguno”. La familia es una vocación, y en el fondo “una vocación es una demasía, es un exceso, algo que viene del Espíritu Santo, que es una exageración. No tiene vocación el que cumple sus deberes con cuidado, sino el que inventa deberes para darse el gusto de cumplirlos, como decía Gregorio Marañón. La vocación es la forma en la que uno se entrega, en la que uno deja de ser para que otros sean. Cada uno a su manera, como Dios lo llama”. Lorenzo Trujillo concluyó su intervención mostrando su deseo de que “el Señor nos conceda despertar a esta forma de ser, a este estilo, a este don de Dios que va más allá de unas obras de misericordia. Es algo que se aprende en la vida y que a veces uno traiciona. Es un año para experimentar el perdón y transmitirlo, para generar misericordia, hasta donde Dios quiera y como Dios quiera. No nos faltará la ayuda del Señor. Estamos en un tiempo crucial en el desenvolvimiento de la historia contemporánea. Nunca ha habido más experiencias que hoy: el Señor está llamando a la puerta. Hay peligros, pero Dios está entrando; dejémoslo entrar en la familia con la misericordia en la mano”. Clausura de las Jornadas Diocesanas Al terminar la conferencia, el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, subió al escenario para agradecer al ponente su presencia, además de la aportación de los dos ponentes anteriores, y agradeció la asistencia de los zamoranos. Explicitó su intención de que “lo que aquí han sembrado los ponentes quede en nosotros y fructifique para bien de nuestra Iglesia diocesana. Hay todavía campo y posibilidades que nosotros no entendemos ni esperamos, pero Dios actúa. Dejad que Dios actúe a través de vosotros”. Galería fotográfica
30/01/2016más info
Federico Aznar: “la reforma de las nulidades no ha cambiado la doctrina sobre el matrimonio”
Federico Aznar: “la reforma de las nulidades no ha cambiado la doctrina sobre el matrimonio”
El segundo invitado a las Jornadas Diocesanas de Zamora, el canonista Federico Aznar, expuso el sentido y los detalles de la reforma de los procesos de declaración de nulidad matrimonial que el papa Francisco ha promovido con dos documentos que se hicieron públicos el pasado mes de septiembre. Zamora, 29/01/16. Ayer continuaron en el salón de actos del Seminario San Atilano las XIV Jornadas Diocesanas de Zamora, con una ponencia del sacerdote Federico R. Aznar Gil, catedrático de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca, y nombrado recientemente promotor de justicia y defensor del vínculo en la Diócesis de Zamora, que abordó “La reforma del proceso canónico para la declaración de nulidad del matrimonio”. Una idea apropiada de la nulidad El experto comenzó su intervención afirmando que “el proceso canónico de nulidad matrimonial, tanto dentro como fuera de la comunidad católica, es visto de una forma negativa, como algo difícil de entender... dándose también una confusión entre nulidad y divorcio”. Además, señaló, “se ve como algo formalista, largo y económicamente costoso. Porque la información que se tiene viene de los medios de comunicación, que vincula estas actuaciones con la gente rica y famosa”. Otra idea errónea es que se trata de “algo alejado de la pastoral diocesana”. Otras confusiones se refieren al uso de los términos: anulación, nulidad... “Se trata de comprobar si el matrimonio, cuando se celebró, reunía los requisitos para su validez”. Este proceso, entonces, “consiste en averiguar si se daban esos requisitos en el momento en que se celebró el matrimonio”. Para la Iglesia, “si no ha habido consentimiento válido a la hora de contraer matrimonio, el matrimonio es inválido siempre, y no importa el tiempo que haya transcurrido o si hay hijos”. Las causas de nulidad son múltiples, y los fue detallando el profesor Aznar: “los requisitos canónicos relativos a los impedimentos, a la capacidad de las personas...”. Los motivos en la actualidad para iniciar estos procesos son que uno se siente cristiano, creyente, y por ello le importa la fe. Por eso, explicó, ha descendido tanto el número de solicitudes. El porqué de una reforma Según el ponente, la reciente reforma promovida por el papa Francisco “no ha cambiado el concepto del matrimonio ni de la indisolubilidad, sino que ha eliminado ciertos trámites y ha agilizado el proceso para que sea más rápido y eficaz”. Esta idea no sólo es del pontífice actual, sino que se ha manifestado en el Sínodo de los obispos. Y “una preocupación de la Iglesia actual es la situación de los fieles que se han separado y se vuelven a casar por lo civil, quedando en una situación irregular en la Iglesia, ya que se les niega los sacramentos de la penitencia y la eucaristía”. Por ello se ha planteado como una de las vías de solución la nulidad matrimonial, y los Papas han insistido en facilitar el acceso a los tribunales de estos fieles. “Es lo que Francisco llama la conversión pastoral de las estructuras eclesiásticas. Se pretende facilitar el acceso de estos fieles a los tribunales eclesiásticos”, dijo el ponente. Sin embargo, “no se trata de rebajar la declaración de nulidad. Los requisitos siguen siendo los mismos. Se pretende acercar a los fieles este proceso, haciéndolo más ágil y menos formalista, gratuito e insertado en la actividad pastoral de la Iglesia, buscando normalizar la situación eclesial de estos fieles”. El canonista ofreció algunos datos estadísticos sobre el matrimonio en España, donde ya las uniones civiles superan a las canónicas, se ha extendido la convivencia prematrimonial y las uniones de hecho, etc. Puso algunos ejemplos de casos de nulidad matrimonial de épocas anteriores, mostrando el contraste con la situación actual. Elementos fundamentales de la reforma En líneas generales, Federico Aznar subrayó dos aspectos: por un lado, “el Papa pone de manifiesto que el juez de la Diócesis es el obispo”. Por otro lado, destaca la “preocupación pastoral por eliminar los obstáculos que impiden a los fieles acercarse al tribunal eclesiástico para que la Iglesia pueda decir una palabra sobre la verdad de su matrimonio”. De esta manera Francisco ha respondido a los deseos de los padres sinodales. Yendo a los detalles concretos, el ponente volvió a referirse a “la responsabilidad del obispo diocesano, responsable de la potestad judicial de la Diócesis”. La nueva reforma “le da amplias facultades en la configuración del tribunal”. Un tribunal eclesiástico que, por otro lado, “tiene que ser próximo a los fieles”, no una realidad de apariencia inaccesible. Además, se ofrecen varias posibilidades de crear tribunal. Porque la realidad es que “el problema es poder tener un tribunal diocesano propio, formado por tres jueces clérigos, el obispo puede buscar un tribunal cercano o hacer un tribunal interdiocesano”. Y no sólo eso, sino que “se permite que el tribunal tenga un juez clérigo y los otros dos jueces sean laicos, varones o mujeres. Si no fuera posible, podría haber un juez único (clérigo), con asesores laicos”. En la nueva ordenación del tema, el Papa insiste en la formación, preparación y dedicación de los miembros del tribunal. También es un aspecto importante “el asesoramiento pastoral y judicial de los fieles, ayudándoles a hacer la investigación. Esto implica en primer lugar al párroco propio, que debería conocer las circunstancias del matrimonio concreto, o al sacerdote que ofició el sacramento”. Por eso se habla de “estructuras como los COF (Centros de Orientación Familiar) u oficinas específicas para asesorar gratuitamente al fiel y ayudarle a preparar la demanda de nulidad. Este servicio debe proporcionarse también en el tribunal”. Agilidad, eficacia y gratuidad Federico Aznar afirmó que con la reforma “se han agilizado enormemente los procesos”. Y, además, “está el tema de la gratuidad como tal”. Explicó que en los costes hay que distinguir las tasas que cobra el tribunal y lo que cobran los letrados, abogados, etc. “Hay que tener en cuenta que el proceso de nulidad matrimonial trae consigo unos costes. Las personas que trabajan en ello han de tener una remuneración adecuada si queremos que los procesos se hagan bien. Teniendo en cuenta que los fieles nunca deben ser apartados de solicitarlo por razones económicas, y por ello existe la asistencia jurídica gratuita”. En esto el ponente expresó su opinión personal: “los fieles han de tener conciencia de su corresponsabilidad en el sostenimiento económico de la Iglesia, según sus posibilidades. Dicho esto, la comunidad diocesana debería hacerse cargo de estos procesos, de forma progresiva, buscando los recursos para ello”. Para terminar, el profesor Aznar apuntó dos normas novedosas. La primera de ellas es la abolición de la doble sentencia conforme, “ya que hasta ahora hacían falta dos sentencias de nulidad conformes para que fuera ejecutiva la decisión. No tenía mucho sentido, si la causa estaba bien instruida. Basta con una sentencia afirmativa sobre la nulidad del matrimonio para que sea firme y efectiva si no es recurrida, aunque el tribunal puede rechazar los recursos si se ve que sólo tienen intención dilatoria”. De hecho, añadió, “en el tribunal archidiocesano de Zaragoza he intervenido en casi 3.000 causas de nulidad, y en el 95 % de los casos lo que hacíamos era confirmar la decisión del tribunal de primera instancia”. La otra novedad: el processus brevior o proceso más breve, que se introduce ahora. “Hay causas en los que la nulidad es clara, y la sentencia puede dictarla el obispo directamente”, señaló. Con esto, en conclusión, se pretende conseguir que con el proceso de declaración de nulidad, la potestad judicial eclesiástica se vea más integrada en la pastoral de la Diócesis. Galería fotográfica
29/01/2016más info
Carmen Peña: “el Sínodo ha llamado a un acompañamiento paciente de las familias”
Carmen Peña: “el Sínodo ha llamado a un acompañamiento paciente de las familias”
La profesora de Derecho Canónico Carmen Peña ha sido la primera ponente en las XIV Jornadas Diocesanas de Zamora, presentando las líneas principales de las dos asambleas del Sínodo de los Obispos que han abordado recientemente la relación de la Iglesia con la familia. Zamora, 28/01/16. En la tarde de ayer comenzaron en el salón de actos del Seminario San Atilano las XIV Jornadas Diocesanas de Zamora, que este año llevan por título “La familia en el Año de la Misericordia”. El encuentro, en el que participaron laicos, consagrados y sacerdotes, se inició con una oración por la familia que dirigió el vicario de Pastoral, Fernando Toribio. Las palabras de la inauguración corrieron a cargo del obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, que destacó la importancia de los dos temas que vertebra esta edición de las Jornadas Diocesanas. “Deseo que estos dos temas os sirvan a vosotros y a vuestras parroquias y comunidades”, dijo el prelado a los asistentes, “para que la Iglesia de Zamora siga adelante en el Señor, rica en misericordia y en gracia”. Agradeció la disponibilidad de los tres ponentes, “personas de cierta altura y nivel”. De hecho, destacó, “tenemos esta tarde entre nosotros a alguien que ha participado en el Sínodo, así que nos lo trae de primera mano”. Y es que la primera conferencia corrió a cargo de Carmen Peña García, profesora de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia Comillas y consultora en el Sínodo para la Familia que se ha celebrado en el pasado mes de octubre en Roma. Un Sínodo novedoso y con gran repercusión Con el título “El Sínodo de la Familia: aportaciones y retos”, la ponente resumió los aspectos principales de esta asamblea de obispos de todo el mundo, que “concluyó un camino de reflexión eclesial de dos años, con una notable repercusión mediática y eclesial”. Recordó que “el Sínodo es una reunión de obispos con carácter consultivo y no legislativo, ya que su función es asesorar al Papa”. “Este Sínodo ha abordado un tema de singular trascendencia para las personas y para las comunidades cristianas. Sus propuestas y debates han revitalizado esta temática, tanto entre especialistas (teólogos, canonistas...) como a nivel de agentes pastorales, movimientos, parroquias... que han puesto a la familia en el centro de la atención eclesial”, destacó. El Papa convocó este Sínodo de una forma singular, ya que lo hizo en dos convocatorias: una extraordinaria y otra ordinaria (en los años 2014 y 2015). “Me parece un gran acierto haber hecho esto, ya que el Sínodo ha tocado una cuestión de gran importancia, dando tiempo para madurar las ideas, profundizar en las cuestiones más complejas... y para que el Espíritu ilumine a su Iglesia”. Otra característica que destacó del Sínodo es “la profunda renovación en el modo de actuar, involucrando al mayor número de fieles, por ejemplo con la publicación del cuestionario previo, con el que se invitó a participar a todos los fieles en los trabajos preparatorios”. Lo que ha permitido tener muchas aportaciones y percepciones “que han enriquecido la redacción de los documentos iniciales”. Por eso ha sido “una dinámica muy participada y novedosa”. Una Iglesia que se revisa Más que un Sínodo sobre la familia “ha sido un Sínodo sobre la Iglesia en su relación con la familia y las familias”, para que “desde la mirada amorosa y la escucha atenta pueda hacer una revisión profunda e incluso autocrítica de su propia praxis pastoral”, no un mero juicio externo o una revisión sociológica. Teniendo en cuenta que “las familias son las primeras evangelizadoras”. Carmen Peña expresó su satisfacción por haber podido participar en la asamblea sinodal y contó algunos detalles de su funcionamiento interno y su desarrollo. Ella participó en calidad de experta o auditora. De los dos documentos finales del Sínodo la ponente extrajo la conclusión de haberse dado una progresión y “una línea clara de unión entre las dos asambleas, abriendo valiosas vías de reflexión pastoral, de actuación y cambio de actitudes”. Una mirada profética y esperanzada De estos documentos, culminación de los trabajos sinodales, la canonista destacó algunos rasgos principales. Lo primero que subrayó fue “una preocupación real por estar muy cercanos a la situación real de las familias en sus diócesis”, algo que responde a “intervenciones de los obispos muy pegadas a la realidad, al terreno, nada teóricas”. Ahí se ve que “hay claramente una descripción de denuncia social, una denuncia profética, un compromiso por la justicia”, ya que se cuestionan algunos elementos culturales peligrosos para la familia, además de algunas injusticias socioeconómicas que amenazan a la institución familiar. Esto supone “una llamada a implicarnos para cambiar esa situación”, también en la promoción de leyes que defiendan a las familias y a las personas. Además, la mirada es esperanzada, “una mirada que quiere destacar lo positivo de las nuevas realidades familiares, y cómo puede servirnos para que se desarrollen y tengan una mayor presencia, llevando al final a una evangelización de la sociedad”. Entre estos elementos positivos, una marcada presencia de “la promoción de la dignidad de la mujer, en la cual la Iglesia puede ser una voz profética”. Se destaca también “la revalorización del papel de la mujer dentro de la vida eclesial”. Entre estas cuestiones positivas, los documentos sinodales señalan “la formulación de los papeles de la mujer y del varón dentro de la familia”, con una reflexión sobre este último: cuál debe ser el papel del varón en la vida familiar, la educación de los hijos, etc. “El papel del varón se ha redimensionado para bien”, afirmó Peña García. Todo ello son “luces de la familia actual que la Iglesia lógicamente acoge y promueve”. También apuntó al “desarrollo afectivo de los jóvenes” como un elemento fundamental, algo que se aprende en la familia, que es “el espacio pedagógico primario, el núcleo primordial de socialización, de aprender a amar y sentirse amado”. Junto con esto, también hay una labor en las parroquias, escuelas, movimientos... “un amplio campo para formar a los jóvenes en la afectividad, el compromiso y los valores. Aquí nos jugamos mucho”. La familia, imagen del amor del Dios Trinidad Otra idea que se resalta en los documentos es la centralidad del amor en la vida matrimonial y familiar: “la familia aparece como icono del Dios amor, de la Trinidad, fuente del amor mutuo en las personas”. Se trata, pues, de una “revalorización teológica de la familia misma, no sólo del matrimonio, una clave que puede permitir una fundamentación teológica más fuerte que la que se ha hecho hasta ahora sobre la familia”. Además, el Sínodo ha querido “mostrar la belleza de la vocación matrimonial y familiar, que responde a la vocación de la persona”, lo que exige un cambio del lenguaje, ya que “la belleza no se explica, sino que se muestra”. De esta forma, son las familias las que tienen que mostrar la belleza de su opción y de su vocación. Se trata de “un reto importante, que nos exige una renovación del lenguaje, que en ocasiones no es significativo para los jóvenes”. Formar y acompañar matrimonios En esta línea, afirmó Carmen Peña, se insistió en un planteamiento más vocacional en la formación para el matrimonio. Por eso la ponente se fijó en la importancia de los cursos prematrimoniales y de lo que deben suponer como proceso catequético, insertados en la pastoral juvenil. “Esto va a exigir no sólo una renovación profunda de la preparación inmediata para el matrimonio, sino que se haga un camino de formación remota, donde además del sacerdote debe haber familias que acompañen”. Otra idea importante del Sínodo es la del acompañamiento “a todas las familias”, más allá de la pastoral de preparación de los sacramentos. “Hay que acompañar a los jóvenes no sólo en la formación para el matrimonio, sino también cuando ya se han casado, ayudándolos en sus dificultades, en su progresión en su vida de fe y de familia”. Son las otras familias y los otros matrimonios los que deben encargarse de esto, saliendo del ensimismamiento. Un acompañamiento que “es particularmente importante en los momentos de crisis”, y que “exige que centremos nuestros esfuerzos en la prevención del fracaso matrimonial”. En ocasiones esto supondrá una intervención más profesional, con “vías de mediación y orientación para tratar los conflictos antes de que sea demasiado tarde”. Por ello la ponente destacó la importancia del trabajo de los Centros de Orientación Familiar (COF). Salir al encuentro de las situaciones de ruptura Y si a pesar de todos los esfuerzos se produce la ruptura conyugar definitiva, es necesario “buscar caminos pastorales nuevos para salir al encuentro de estas situaciones y fragilidades”, algo que ha tenido una presencia muy relevante en el Sínodo. Esto ha de hacerse “desde un acompañamiento paciente, desde una escucha sanadora, desde el respeto, lo que supone un cuidadoso discernimiento de las situaciones, sabiendo que son muy variadas”. Se ha insistido en el Sínodo en que “la misericordia no se opone a la verdad del evangelio, y no supone una rebaja en la doctrina”. El acompañamiento se ha de hacer desde la conciencia de que “la Iglesia no es una aduana, sino una madre que acoge, cargando sobre sí a las personas heridas”. Por ello, destacó Carmen Peña, “no se puede confrontar misericordia y evangelio”. Recordó que las personas divorciadas civilmente que no han vuelto a casarse, no están en una situación irregular, sino que “pueden ser testigos de la fidelidad conyugal, por lo que pueden participar en los sacramentos, incluida la eucaristía, y pueden participar en la vida de las comunidades e incluso tener responsabilidades”. Los divorciados vueltos a casar Más delicada y compleja es la situación de los divorciados vueltos a casar o con una unión de hecho, ante lo que “hay que hacer un discernimiento atento, evitando todo lenguaje discriminatorio, promoviendo su participación en la vida de la Iglesia”, pero sabiendo que se trata de una situación objetivamente irregular. “Estos fieles no están excomulgados, pueden y deben participar en la vida de la Iglesia y educar en la fe a sus hijos”. Por ello el Sínodo “ha llamado a la revisión de las posibilidades de participación de estos fieles en la vida de la Iglesia, haciendo un cuidadoso discernimiento”. Junto a la clave del acompañamiento, la otra importante es “la integración de estas personas en la Iglesia”, viendo que la responsabilidad de las personas no es la misma en todos los casos. Otra cuestión que destacó la ponente, como canonista, es que en esta pastoral de los divorciados vueltos a casar “hay que buscar caminos nuevos, pero es importante hacer uso de los remedios clásicos que existen, como el estudio de la posible nulidad del primer matrimonio”, aunque hubo aspectos críticos, como la agilización de los procesos canónicos. Por eso un fruto adelantado del Sínodo ha sido la reforma de los procesos de nulidad, ordenada por el papa Francisco, “algo que redimensiona el papel del obispo como juez de la diócesis y la función del tribunal eclesiástico en la pastoral, dando respuesta a las situaciones dolorosas de las personas”. En definitiva, concluyó Carmen Peña, “esta dinámica del Sínodo en dos años, sus documentos y las decisiones posteriores, abren nuevas vías de trabajo en favor de las familias, posibilidades pastorales y líneas de profundización. Es importante desarrollar con creatividad, con prudencia y con sentido pastoral acciones que ayuden a aplicar las intuiciones del Sínodo ante las necesidades de la familia en el mundo actual, en la situación española y en la Diócesis de Zamora, lo que requerirá audacia y trabajo. Nos jugamos mucho en el tema de la familia, tanto en la Iglesia como en la sociedad”. Galería fotográfica
28/01/2016más info
Comienza el Jubileo de la Misericordia
Comienza el Jubileo de la Misericordia
El papa Francisco ha convocado para el año 2016 el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, dirigiendo la mirada de la Iglesia y del mundo al amor de Dios. Repasamos los actos principales de un tiempo de gracia que comienza el 8 de diciembre en roma y el día 13 en Zamora. Zamora, 6/12/15. El pasado 13 de marzo el papa Francisco anunció la convocatoria del Jubileo de la Misericordia, que comenzará en Roma el próximo 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, y terminará el 20 de noviembre de 2016, solemnidad de Cristo Rey. En las diócesis se abrirá el 13 de diciembre y se concluirá el domingo anterior a la clausura universal. Durante la celebración penitencial de Cuaresma en la Basílica de San Pedro, que fue cuando se hizo público el anuncio, el pontífice se refirió a la Iglesia como la casa que recibe a todos y a ninguno rechaza. Francisco recordó que las puertas de la Iglesia “permanecen abiertas, para que quienes son tocados por la gracia, puedan encontrar la certeza de su perdón”. La apertura del próximo Jubileo adquiere un significado especial ya que tendrá lugar en el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, ocurrida en 1965. Será por tanto un impulso para que la Iglesia continúe la obra iniciada con el Vaticano II. Durante el Jubileo las lecturas para los domingos del tiempo ordinario serán tomadas del Evangelio de Lucas, conocido como “el evangelista de la misericordia”. Dante lo definía como “narrador de la mansedumbre de Cristo”. Son bien conocidas las parábolas de la misericordia presentes en este Evangelio: la oveja perdida, la moneda extraviada, el padre misericordioso. Antiguamente, para los hebreos el Jubileo era un año declarado santo cada 50 años, y durante el cual se debía restituir la igualdad a todos los hijos de Israel, ofreciendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. A los ricos, en cambio, el año jubilar les recordaba que llegaría el tiempo en el que los esclavos israelitas, llegados a ser nuevamente iguales a ellos, podrían reivindicar sus derechos. “La justicia, según la ley de Israel, consistía sobre todo en la protección de los débiles”, recordaba Juan Pablo II. La Iglesia católica inició la tradición del Año Santo con el papa Bonifacio VIII, en el año 1300. Este Pontífice previó la realización de un jubileo cada siglo. Desde el año 1475 –para permitir a cada generación vivir al menos un Año Santo– el Jubileo ordinario comenzó a espaciarse al ritmo de cada 25 años. Un jubileo extraordinario, en cambio, se proclama con ocasión de un acontecimiento de particular importancia. Los Años Santos ordinarios celebrados hasta hoy han sido 26. El último fue el Jubileo del año 2000. Con el Jubileo de la Misericordia, el Papa Francisco pone al centro de la atención el Dios misericordioso que invita a todos a volver hacia Él. El encuentro con Él inspira la virtud de la misericordia.   El Jubileo en Zamora La Diócesis de Zamora tendrá, a lo largo del Jubileo de la Misericordia, un variado programa de actos y eventos. Además de todos los que se puedan realizar en todas las realidades eclesiales, están previstos los siguientes encuentros: INAUGURACIÓN Domingo 13 de diciembre a las 17,30 h.:?apertura de la Puerta Santa en la Catedral de Zamora. Representantes de todos los arciprestazgos comenzarán con el obispo en la iglesia de San Ildefonso, yendo en procesión hasta la Catedral, donde se celebrará la Misa estacional. El resto de fieles esperará a la comitiva en la Catedral, preparándose espiritualmente para el acontecimiento con música y oración. JUBILEO DE LA VIDA CONSAGRADA Se celebrará en Zamora el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, día en el que se clausura el Año de la Vida Consagrada. 24 HORAS PARA EL SEÑOR Entre los días 4 y 5 de marzo se volverá a celebrar el evento de “24 Horas para el Señor” en Zamora, Benavente y Toro. SACERDOTES Algunos miembros del clero de la Diócesis viajarán a Roma para participar con el Papa en el Jubileo de los?Sacerdotes del 1 al 3 de junio. ENFERMOS Jubileo diocesano de los enfermos el 12 de junio en la Catedral. JÓVENES Algunos jóvenes de la Diócesis participarán en la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Cracovia del 27 al 31 de julio. CATEQUISTAS Algunos catequistas de la Diócesis viajarán a Roma para participar con el Papa en el Jubileo de los Catequistas el 25 de septiembre. CLAUSURA Domingo 13 de noviembre en la Catedral, con el cierre de la?Puerta Santa. Además, los arciprestazgos organizarán actos significativos de misericordia que contarán con la presencia del obispo, y que se irán anunciando oportunamente.   Jesucristo, rostro de la misericordia de Dios El pasado 11 de abril, el papa Francisco firmó la bula Misericordiae vultus, con la que convocaba oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Comienza afirmando que “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret”. El obispo de Roma señala que “siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”. Después de repasar cómo encarna Jesús la misericordia, el Papa dice que “la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo”. Por ello, insiste, “la Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona”. Vale la pena leer esta bula, que está íntegra en Internet y se puede comprar en la Librería Diocesana.
06/12/2015más info
¿Qué hacemos con la familia?
¿Qué hacemos con la familia?
RESUMEN DEL OBJETIVO PASTORAL DIOCESANO PARA EL CURSO 2015/16 La familia es fundamental en la vida de la iglesia y de la sociedad. Por eso el obispo la ha propuesto como objetivo pastoral diocesano para este curso. Aquí lo resumimos. 1. VOCACIÓN AL MATRIMONIO Y LA FAMILIA Dios llama a cada persona a encontrarse con Él y a hacerlo en una forma particular y concreta. Es lo que llamamos, ordinariamente, vocación. Por otro lado, al mirar los sacramentos, comprendemos con claridad que el matrimonio es el medio por el que Dios hace presente de forma sacramental en nuestra realidad su amor esponsal por los hombres, su fidelidad al mundo.?Si Dios llama a un hombre y a una mujer a ser sacramento de su amor en el mundo y hace de ello un sacramento de misión, es evidente que podemos hablar de vocación matrimonial, llamada específica de Dios para realizar una misión en este mundo, en la Iglesia. Por eso debemos... a. En el itinerario de la fe, descubrir la vocación al matrimonio, y, desde él, a la familia. Es importante, en el itinerario de la fe de cada persona, descubrir el sentido de la propia vida, qué quiere Dios para mí, qué espera de mí. Nuestra sociedad no tiene esta conciencia del matrimonio, pero, en muchas ocasiones, tampoco los cristianos que se acercan al sacramento. b. Suscitar y acompañar el “deseo de familia” que está inserto en el corazón de cada persona. El sacramento del matrimonio viene a insertar profundamente en Cristo lo que ya estaba insertado en el orden de la creación. El hombre ha sido creado para amar y ser amado y sólo en el amor encuentra el adecuado desarrollo de su vida y sólo desde el amor puede llegar a su plenitud. En la cruz de Cristo hemos descubierto con toda claridad cómo es ese amor que da la vida: un amor que se entrega, un amor que busca el bien del otro, un amor que se pone al servicio. 2. MISIÓN DE LA FAMILIA EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO Toda vocación es para una misión. Y la misión de la familia, en la Iglesia y en la sociedad, es fundamental. En ella nacemos a la vida, en ella crecemos y nos hacemos personas libres y responsables. Por eso nos fijamos en... a. Qué significa ser “iglesia doméstica”, descubrir la presencia de Dios en la vida de la familia, cómo la acompaña, cómo confía en ella, qué espera de ella. La familia es santuario en el que Dios se hace presente, hogar en el que Él habita. Esto significa que es un espacio primordial en el que Dios sale a nuestro encuentro. b. La familia como objeto y sujeto de la pastoral eclesial. Esta tarea es una tarea de toda la Iglesia en su conjunto, de sacerdotes, de consagrados y de las familias cristianas. c. La familia junto a otras familias. La vida cotidiana de la familia se desarrolla en diferentes etapas y en cada etapa se van encontrando, de forma natural, las familias que están en situaciones similares. De aquí surgen relaciones y muchas veces se necesita sentirse escuchado y comprendido por personas que están viviendo lo mismo. Aprovechemos esta relación natural también en nuestras comunidades cristianas. 3. DIVERSAS SITUACIONES EN LA VIDA DE LA FAMILIA La vocación y misión de la familia pasa por situaciones y etapas muy diversas y es ese tejido diverso y plural el que construye la comunidad social y la comunidad cristiana. Planteamos algunas pistas para distintos momentos de esta vida familiar. a. La preparación para el matrimonio y la familia. Comienza en el primer instante de la vida, pues es el “irse haciendo persona” y el “irse haciendo cristiano” lo que prepara una manera u otra de ser y estar en las relaciones de pareja. Pero hay momentos de singular importancia que orientan decisivamente el proyecto familiar: - Preparación lejana. Acompañar las relaciones chico/chica en la adolescencia y primera juventud. - Preparación inmediata. Proponer el evangelio de la familia a los novios que se preparara para la boda. b. Primeros pasos en la vida del matrimonio. Iniciar una nueva vida siempre requiere un tiempo de adaptación, de descubrimientos, de alegrías y tensiones. Es bueno que los esposos sientan la cercanía necesaria. De forma particular cuando vienen los hijos, toda la vida cambia, todo es nuevo y son momentos especialmente intensos en la vida de un matrimonio. Dios también está presente de forma particular en esos momentos fuertes de la vida. c. La familia en el proceso de la Iniciación Cristiana. La Iniciación Cristiana es el proceso por el que una persona llega a ser cristiano. Se inicia en los primeros instantes de la existencia, tiene su punto de partida sacramental con el Bautismo y se va realizando en el día a día según el niño va creciendo hasta que se culmina cuando sacramentalmente se participa en la Eucaristía de la comunidad después de haber recibido el Espíritu Santo en la Confirmación. d. La familia en el día a día. Fuera de los procesos catequéticos y de los encuentros puntuales, la familia crece y se desarrolla en el día a día. No son muchas las ofertas que tenemos para que encuentren en la Iglesia un espacio para encontrarse, para acudir en momentos de necesidad concreta. Y, sin embargo, la familia sigue siendo la célula fundamental de la vida de la Iglesia y de la sociedad, la Iglesia doméstica en la que el Señor quiere hacerse presente y acompañar a todos sus miembros en el devenir de sus vidas. 4. RETOS Y HERIDAS EN LA FAMILIA Conocemos el ideal de la familia, pero lo cierto es que la familia concreta camina entre las luces y sombras de la vida cotidiana, con sus gozos y esperanzas, con sus tristezas y sus angustias. Cada época tiene sus facilidades y sus dificultades propias y la nuestra también. Mencionamos algunos de los retos que hoy tienen que afrontar muchas familias: a. Conciliación entre la vida laboral y familiar. A veces supone un verdadero equilibrio inestable de combinación de horarios, posibilidades y recursos.?Aquí hay que incorporar también, en las familias que así lo buscan y desean, el despertar y el crecimiento religioso de los hijos y el alimento cotidiano de la vida de fe de la familia. b. El enfermo, el anciano, la pérdida de un ser querido. En la vida de la familia, la enfermedad o la ancianidad que necesita una atención particular, se hace presente. A todos también nos toca, en algún momento, inexorablemente, la muerte de alguien querido. c. Las heridas de la crisis económica. La crisis ha cambiado el paisaje de nuestras comunidades. Han aumentado entre nosotros las situaciones de precariedad, los abuelos que se han tenido que implicar más en el sostenimiento de los hijos y nietos, los jóvenes que han tenido que emigrar para poder buscarse un futuro. d. Familias monoparentales, dificultades en la fertilidad, familias rotas. Hay muchas familias monoparentales, fruto de diferentes situaciones: madres solteras, viudedad temprana, ruptura o abandono de la familia quedando los hijos a cargo de uno de los cónyuges, adopciones por parte de una persona en particular. Mencionamos también la situación, frecuente en nuestros días, de dificultades en la fertilidad, lo que genera en muchas ocasiones sufrimientos y búsquedas. Por desgracia, hay un porcentaje muy elevado de familias que fracasan en su proyecto matrimonial. Nadie desea esto. Cuando una pareja inicia el camino del matrimonio lo hace con el deseo y la esperanza de la estabilidad. Por eso cada ruptura es muy dolorosa, para los que la sufren y para sus entornos familiares, de forma muy especial para los hijos. De las rupturas se originan muchas veces situaciones de soledad, de incomprensión en el entorno más cercano, de sentimiento de fracaso, de culpabilidad, de dificultades añadidas en la situación y las reacciones de los hijos… En algunos casos, los posteriores proyectos matrimoniales que se ponen en marcha generan una situación irregular en la vida de la Iglesia que se vive con dolor. Documento completo del objetivo diocesano (PDF)
11/10/2015más info
Los consagrados de Zamora, “una vida derramada sin escatimar nada”
Los consagrados de Zamora, “una vida derramada sin escatimar nada”
Dos religiosos de la Diócesis de Zamora, la hermana Almudena Prieto y el hermano Justino Santiago, fueron los encargados de presentar en las XIII Jornadas Diocesanas la actualidad y la identidad de la vida consagrada en esta Iglesia local, su misión y sus desafíos. Zamora, 31/01/15. Ayer concluyeron las XIII Jornadas Diocesanas de Zamora, que han reunido en el salón de actos del Seminario San Atilano durante tres días a fieles procedentes de las parroquias, Seminario, Cáritas, institutos religiosos, movimientos, asociaciones y cofradías en torno a dos temas nucleares en la reflexión eclesial actual: los desafíos de la familia y el Año de la Vida Consagrada. El tercer y último día de las Jornadas contó con una ponencia titulada “La vida consagrada en Zamora”, que estuvo a cargo de dos religiosos: Justino Santiago, hermano menesiano, natural de Reinosa, que fue superior provincial de su instituto entre 2003 y 2007 y desde entonces está en Zamora, donde es director del Centro Menesiano ZamoraJoven; y Almudena Prieto, sierva de San José, nacida en Zaragoza, que ha estado 16 años en la ciudad. “Son dos consagrados de la Diócesis, así que son zamoranos de adopción”, señaló al presentarlos el vicario de Pastoral, Fernando Toribio, que se refirió a los “más de 400 consagrados que viven su vocación entre nosotros”. Acto seguido, tuvo lugar la oración, que fue compartida por todos los asistentes. Perfume, vela, semillas “Somos gente con una vida que merece la pena, gente con un sueño que merece la vida”, afirmó la hermana Almudena antes de proyectar un vídeo titulado “Gente consagrada”. A continuación, presentaron tres símbolos representativos de la consagración: un frasco de perfume, una vela y unas semillas. “Entrega sin medida, derroche… simbolizados por la unción de Betania, cuando María unge los pies de Jesús con un perfume que costaba el sueldo de todo un año”, señaló Justino. Y dos religiosas distribuyeron perfume por el salón de actos. En segundo lugar, “la vela, que representa a la vida consagrada, que va ardiendo e iluminando, gastándose a lo largo del tiempo… una entrega esperanzada, para alumbrar y dar la vida. Ojalá que donde haya un religioso haya una referencia para las personas cercanas y una luz para su camino”. Por eso, explicó, sobre la mesa de la conferencia estaba una vela encendida. La última de las imágenes es la de las semillas que, según dijo el menesiano, “nos recuerda que tenemos que hacer todo como si dependiera de nosotros, pero confiando porque todo depende de Dios. Hay que dejar que la semilla dé su fruto, después de haber trabajado. Nosotros no podemos hacer que la semilla germine”. Unas religiosas repartieron pequeñas bolsas de semillas entre los asistentes. ¿Cuántos? ¿Dónde? ¿Dónde está la vida consagrada en Zamora? ¿Desde dónde está? ¿Quiénes la forman? A estas cuestiones respondieron los ponentes. “Existe vida contemplativa en Zamora desde 1229, y las últimas consagradas en venir lo hicieron en 2011”, afirmó la Sierva de San José, y repasó todas las localidades de la Diócesis donde hay comunidades religiosas, que en total reúnen a 437 consagrados. “¿Qué peso social tenemos los religiosos en este momento? Hay que ser como la levadura en la masa, como el grano de mostaza… y así estamos presentes en 28 instituciones. Con una media de edad de 70 años. La hermana más joven tiene 28 años y pertenece a las Benedictinas, y la mayor tiene 94”, dijo. En la Diócesis de Zamora hay, además, 4 institutos seculares: Cruzados y Cruzadas de Santa María, Alianza en Jesús por María y Voluntarias de Don Bosco. Después del nacimiento de las grandes órdenes contemplativas, en los siglos XIX y XX fue la explosión de la vida religiosa activa, de la que también repasó las cifras. El decálogo de la identidad El hermano Justino habló de la vocación como primer término fundamental en la vida consagrada, “una experiencia de atracción por la que Dios llama a alguien a un estado o estilo de vida. Una llamada que parte de un encuentro”. Y citó al papa Francisco, que en la exhortación apostólica Evangelii gaudium habla del aumento de fidelidad a la vocación recibida como fundamento de toda renovación. La segunda palabra explicada fue “carisma”. Después, la oración, desde la escucha de la Palabra de Dios, la eucaristía como centro de la comunidad, la oración comunitaria y la Liturgia de las Horas, además de la oración personal. La cuarta palabra: “comunidad”, que es clave, “la manera en la que nos relacionamos con los demás, una fraternidad mística contemplativa que sabe mirar la grandeza sagrada del prójimo y busca la felicidad de los demás”. La quinta palabra fue “pasión”. No basta con leer y meditar a Cristo, sino que hay que vivir desde Él. El siguiente término, “gratuidad”. “¿Para qué sirve la vida consagrada?, se preguntan algunos. ¿No es un despilfarro de energía humana? Y el ungüento precioso derramado es símbolo de la sobreabundancia de gratuidad, una vida derramada sin escatimar nada”. La séptima palabra fue “felices”. “Nuestra alegría es la de estar con Jesús, con quien siempre nace y renace la alegría, como nos dice el Papa. Ojo con encerrarse y perder la alegría”. La octava: “disponibilidad”. “Un consagrado es una persona ligera de equipaje… hemos entregado todo para estar libres y disponibles para lo que el Señor quiera. Es lo nuclear de nuestra vida como consagrados, es el sentido profundo de nuestros votos”, dijo Justino. La novena palabra: “esperanza”, “una esperanza que se levanta en medio de las incertidumbres que compartimos con nuestros contemporáneos. Para Dios nada hay imposible”. Francisco “nos recuerda que encontraremos la vida dando la vida, y la esperanza, dando la esperanza”. Por último, el término “familia religiosa” o carismática, que incluye a los laicos que comparten la misma misión desde su ser laical. Los campos de la misión y los desafíos Los ponentes expusieron los ámbitos en los que están implicados los religiosos de la Diócesis de Zamora. Comenzando por la educación (con más de 5.000 alumnos en los diversos colegios de los institutos de vida consagrada), siguiendo por los ancianos, el mundo juvenil, la realidad rural, el trabajo con la mujer, las tareas de protección (sobre todo con los menores), la sanidad, la colaboración en la misión pastoral de la Iglesia, el acompañamiento de los últimos… y terminando por el imprescindible carisma de la contemplación, “la oración que sostiene nuestra vida”. Un tercer decálogo que comentaron Almudena y Santiago fue el de los desafíos, que empiezan por la alegría: “que las personas que nos encuentran no vean en nosotros caras tristes, sino la alegría de sabernos queridos por el Señor y cuidados por Él”. El segundo desafío, la comunión. Al tercer desafío lo llamaron “inter”, refiriéndose a la intercongregacionalidad, intergeneracionalidad e internacionalidad, característicos hoy, cada vez más, de la vida consagrada. La cuarta palabra es “fronteras”, algo característico de las presencias concretas de la vida consagrada: refugiados, pobres, anuncio creativo, iniciación a la oración… es el desafío de salir constantemente hacia las periferias, como dice el papa Francisco. La quinta palabra es “comunicar”, algo necesario en este tiempo, también evangelizando el continente digital. El sexto desafío lo denominaron “oasis-faro”, aludiendo a ser faro de la gente con la que caminan los consagrados, a veces delante, a veces al lado y a veces por detrás. Y “que nuestras comunidades y monasterios sean oasis donde los sedientos puedan acudir a beber”. La séptima palabra fue “vocaciones”, y el menesiano pidió un trabajo conjunto en este ámbito. Un octavo desafío lo constituyen los “laicos”, con la adhesión de fieles laicos asociados a los institutos religiosos. La novena palabra: “ternura”, algo a lo que llama permanentemente el pontífice actual. Por fin, el desafío de confiar en la “providencia”. Y para terminar, los religiosos ponentes se refirieron a la Virgen María, icono de la vida consagrada, sobre todo en el momento de la Anunciación. Agradecimiento del obispo El obispo, Gregorio Martínez Sacristán, clausuró las XIII Jornadas Diocesanas agradeciendo “a todos la participación y la presencia”. Sobre todo quiso “agradecer a los religiosos lo que hemos hecho, porque la Diócesis ha hablado de vosotros, os ha presentado a vosotros… ¿por qué? Porque sois la Iglesia de Dios que peregrina en Zamora”. El prelado insistió en que “no hay dos Iglesias, la vuestra y la nuestra, sino una única Iglesia, la del Señor, que camina con todos. Esto hay que agradecerlo, y sentirnos gozosos de haberlo podido vivir, escuchar y conservar todo esto en el corazón”. El obispo añadió su deseo de “que lo que hemos oído estos días aquí ahora quede en el fondo del corazón para darle vueltas. Entonces habremos asimilado realmente lo que hemos recibido. Os agradezco enormemente la presencia y la venida, a pesar de las dificultades del tiempo y de la lejanía de los lugares. Hemos hecho una experiencia de Iglesia gozosa y que nos llena el corazón. Demos gracias a Dios porque es grande con nosotros y nos invita a que le respondamos generosamente”.   Audio de la ponencia Galería fotográfica
31/01/2015más info
Jesús Sanz: “los consagrados recuerdan palabras olvidadas y gracia traicionada”
Jesús Sanz: “los consagrados recuerdan palabras olvidadas y gracia traicionada”
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, presentó en las XIII Jornadas Diocesanas de Zamora el sentido y la identidad de la vida consagrada en la Iglesia y en el mundo, especialmente desde la designación de este año como Año de la Vida Consagrada por parte del papa Francisco. Zamora, 30/01/15. El segundo día de las XIII Jornadas Diocesanas de Zamora contó ayer, jueves 29, con la presencia de Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo, cuya ponencia llevaba por título “La vida consagrada en la Iglesia”. Antes, el vicario de Pastoral, Fernando Toribio, había dirigido la oración compuesta por el papa Francisco para el Año de la Vida Consagrada. La presentación del ponente corrió a cargo del obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, que compartió con los asistentes la alegría y el agradecimiento por contar con el arzobispo ovetense en estas Jornadas. “Es también religioso, porque antes de ser obispo era franciscano”, añadió. Más tarde el interpelado apostilló que sigue siéndolo. Monseñor Sanz comenzó su intervención recordando cómo Juan Pablo II, en la exhortación Vita consecrata, “revitalizó el nexo entre la Iglesia y la vocación consagrada, como algo que afecta al pueblo de Dios”. Así, la vida consagrada forma parte de la esencia de la Iglesia, y su fidelidad repercute en el resto de los fieles. “Hablamos de algo profundamente eclesial, algo que nos afecta a todos, no algo prescindible o secundario, sino algo que afecta a la santidad de la Iglesia”. De ahí que el papa Francisco haya querido dedicarle todo un Año conmemorativo a la vida consagrada. “Con este motivo podemos profundizar, con asombro, en la novedad que se nos propone mirar. Quiere que miremos a Santa Teresa de Jesús, nuestra santa abulense, pero también a la vocación cristiana que representa la vida consagrada en general”, afirmó el arzobispo. Habló del sentido de las comunidades contemplativas, que “nos recuerdan desde el silencio del claustro la presencia de Dios”, de los institutos de vida activa “que salen a los caminos del mundo” junto a tantas personas en los más diversos ámbitos de la educación, la misión, la caridad, etc. “Hay siempre un nombre de un hombre o de una mujer que dio origen a cada una de estas realidades”, y desgranó una pequeña letanía de santos fundadores. “Cuántos hombres se encontraron con Jesús quedaron prendados y prendidos de alguna palabra del Maestro. Sus vidas fueron testimonio de esa palabra de la que fueron constituidos portavoces, y de esa belleza de la que fueron constituidos portadores. Así fueron naciendo en el tiempo los distintos caminos religiosos con su espiritualidad concreta”, señaló. Una triple mirada: pasado, presente y futuro El papa Francisco nos propone tres formas de mirar a la vida consagrada. En primer lugar, la mirada al pasado, “que debe ser la de la gratitud y del saber pedir perdón. Un corazón agradecido no quiere olvidar jamás, y por eso sabe las cosas por las que debe pedir perdón, y las cosas por las que debe dar gracias... una mirada agradecida y perdonadora”. En segundo lugar, una mirada al futuro, “que no debe quedar en la incertidumbre ante un mañana que se ve difícil. Sin embargo, no puede ser otra que la de la esperanza, desde el acompañamiento por el Señor de la historia”. La tercera mirada es la del momento presente… “no en la mediocridad ni en la frustración aburrida. Sólo descubre con verdad humilde el presente quien lo mira apasionadamente, descubriendo en él las señales que Dios nos deja, para que nos sintamos acompañados y para marcarnos el camino”. “Agradecer el pasado, acoger el futuro esperanzados y vivir apasionados el momento presente”, resumió Jesús Sanz. “Los religiosos tienen que aprender a mirar de estas tres maneras, pero es algo que a todos los cristianos nos incumbe, para entender el regalo que supone para la Iglesia y para la humanidad el don de la vida consagrada”. Ante el desafío del eclipse de Dios “Estamos ante un paisaje cultural diferente al de épocas anteriores. Ni mejor ni peor: el que nos toca vivir”, constató el prelado. “Lenta pero inexorablemente, se ha ido recurriendo un camino entre la crisis y la fascinación ante Dios. Dios ha perdido la centralidad que tenía, y de esta manera el hombre ha perdido su puesto en la creación, lo que dificulta ahora su propio entendimiento. Una cierta amnesia, como decía Benedicto XVI”. De esta forma, “la vida consagrada está llamada vocacionalmente a salir al encuentro de este reto: anunciar a Dios en un paisaje que ha eclipsado su presencia. Es la expresión del amor cristiano, que se hace gesto, se hace texto y transforma el contexto en que le toca vivir”. En esta época, según el ponente, se suscitan importantes cuestiones existenciales: “¿Dios es un extraño, algo temible, algo ajeno al hombre, un intruso, un rival… o, por el contrario, un amigo? ¿Es un antagonista o alguien de quien podemos fiarnos? Para responder a estos dilemas, podemos acudir al testimonio de la conciencia de la Iglesia a través de los siglos. Y lo que sabemos de Dios es lo que Dios nos ha contado”. La vida consagrada tiene una llamada especial en este paisaje: “se nos reclama a una nueva evangelización en la que la vida consagrada tiene su propio protagonismo, para narrar con obras y palabras la belleza de la fe. Cabe introducir el protagonismo salvador de Dios, que nos sigue reclamando volver a empezar. La vida consagrada, como expresión de la actuación incesante del Espíritu del Señor, se inscribe en esta urgencia de la Iglesia contemporánea”. El papel de los fundadores “La misión de la vida consagrada es hacer visible y audible a Jesucristo en la historia. Los santos fundadores fueron personas que quisieron recuperar y rescatar palabras olvidadas del Evangelio. En cada generación cristiana olvidamos o traicionamos las palabras del Señor, y Dios no se resigna a esto. Un carisma que nace en la Iglesia es una ‘recordación’ que Dios nos grita. El Espíritu llama a un hombre o a una mujer para que recupere para esa generación lo que se está olvidando o traicionando. Es la respuesta de Dios al reto de cada tramo de la historia”, afirmó. “La vida consagrada viene a ser una parábola viva del amor de Dios en todas las encrucijadas”, dijo el arzobispo de Oviedo. Y así, los consagrados son los sucesores de sus fundadores, y “pueden ofrecernos a todos nosotros el testimonio de la presencia de Dios a la que se consagran. Son personas consagradas a alguien. En estos tiempos recios, como decía Santa Teresa, sólo cabe ser amigos fuertes de Dios”. Por eso llamó a vivir “una espiritualidad personal que nace del encuentro con un Dios vivo que sabe quién soy, dónde vivo y cuáles son mis circunstancias. Dios es así de cercano. Sin ser Gran Hermano, Dios sabe todos estos datos. Es un Dios que se hace encontradizo para que yo le pertenezca”. De hecho, la consagración “expresa una historia de pertenencia. Se han encontrado con Dios. Si no, ¿qué hacen en un convento? Es el primer testimonio del Dios amor que se deriva del encuentro con Él. Una pertenencia que debe ser avivada en la oración personal, en la adoración, en el tiempo dedicado gratuitamente a estar sencillamente con Él. Una verdadera escuela de pertenencia al ‘Tú’ del Señor”. Los consagrados “son también testigos de la nueva humanidad, porque aman a quienes Dios ama. El ser incompletos nos abre al don de los hermanos, para ser para ellos humildemente un don. Aunque nuestro mundo no funciona así, ya que no se reconoce al otro como un ‘tú’”. Hay dos lacras que destruyen la comunión fraterna, según el papa Francisco: el encerramiento en la propia comodidad y la tristeza que termina en la enfermedad de la acedia, que hace que la fe se desgaste y degenere en mezquindad. Los pobres, destinatarios primeros Además, “los consagrados son testigos de la utopía cristiana. La consagración nos envía con una buena nueva que contar, con un mundo nuevo que seguir construyendo desde el Reino de Dios en medio de las periferias, encrucijadas y fronteras que tienen que ver con cada carisma particular. Este mundo tiene muchas cosas bellas, pero también tiene heridas y está inacabado. Hay fracasos derivados de tantas pretensiones que Elliot definía como el culto a los ídolos del dinero, del sexo y del poder”. Y a este mundo hay que anunciarle la buena nueva que genera esperanza. Como recordó el prelado ovetense, “cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: anunciar el Reino a los pobres y enfermos, despreciados y olvidados. No caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Los pobres son los destinatarios privilegiados de la acción del Señor. La misión nos pone, por tanto, por delante la dimensión teologal de la esperanza. Dios no lo ha hecho todo de una vez para siempre, y debemos ser colaboradores suyos para con nuestros hermanos”. Y así, “Dios, el hombre y el mundo no son realidades contrapuestas que rivalizan entre sí. Desde cada carisma, los consagrados hacen un mundo nuevo que responda al viejo proyecto de la creación de Dios. Un Dios al que se consagran unos hermanos que Dios pone a su lado y un mundo al que transforman desde las palabras olvidadas que en ellos se recuerda y desde la gracia traicionada que en ellos se vuelve a contemplar”. Audio de la ponencia Galería fotográfica
30/01/2015más info
Ricardo Blázquez: “el futuro de la humanidad pasa por la familia; no es una opción”
Ricardo Blázquez: “el futuro de la humanidad pasa por la familia; no es una opción”
El arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ha sido el primer ponente de las XIII Jornadas Diocesanas de Zamora. Además de explicar algunos detalles de la reflexión eclesial en torno a la familia en el Sínodo de los Obispos, compartió con los asistentes sus primeras impresiones después de ser elegido cardenal por el papa Francisco. Zamora, 29/01/15. Las XIII Jornadas Diocesanas de Zamora comenzaron en la tarde de ayer, miércoles 28 de enero, con la oración por el Sínodo compuesta por el papa Francisco, que leyó el vicario de Pastoral, Fernando Toribio. El obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, dirigió a los asistentes que abarrotaban el salón de actos del Seminario San Atilano unas palabras de inauguración de las Jornadas, explicando la temática escogida para este año: “la vida consagrada y el Sínodo sobre la familia que ya ha tenido su primera parte y que continuará este año. En torno a ello hemos articulado las tres ponencias de estos días”. Nuevo cardenal: colaborador estrecho del Papa Monseñor Martínez Sacristán agradeció al ponente, Ricardo Blázquez Pérez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, su presencia y participación en las Jornadas, y pidió un aplauso para él, como arzobispo metropolitano que preside la provincia eclesiástica de la que forma parte Zamora y como “cardenal electo de la Santa Iglesia Católica. Que su elección sea para bien de nuestra Iglesia y para gloria de Dios”. Monseñor Blázquez comenzó su intervención mostrando su deseo de “que el Señor me conceda la gracia de cumplir la misión nueva que el Papa me confía. No sé en qué va a consistir el trabajo que me pida. Cardenal significa la colaboración particular con el Papa”. Explicó la etimología de “cardenal”, que viene de la palabra latina cardo, quicio o gozne. Significa estar “incardinado en la Diócesis de Roma, y por eso el Papa entrega el título de una parroquia de Roma”, aunque aún no sabe qué título le asignará Francisco. “Para mí ha sido una sorpresa; yo no sabía nada de nada. El Papa nos sorprende. Volviendo de una celebración de la eucaristía en una residencia de ancianos el domingo 4 de enero, conecté la radio y me encontré con esta sorpresa. Lo he recibido con gratitud, como un signo de confianza, y como un estímulo más para colaborar lealmente con el Papa, que preside el colegio de los obispos y el de los cardenales”, señaló. Un Sínodo providencial La decisión del pontífice de escoger la situación del matrimonio y de la familia en nuestro tiempo como el tema de reflexión en una doble convocatoria del Sínodo de los Obispos “no sólo fue acertada, sino providencial”. En cuanto a la primera asamblea, la extraordinaria, celebrada el pasado mes de octubre de 2014, explicó algunos detalles de su celebración y de su contenido. La asamblea ordinaria tendrá lugar durante el mes de octubre próximo, y desde España irán el arzobispo de Madrid, el obispo de Bilbao y el arzobispo de Valladolid. El prelado explicó que “nosotros no estudiamos la familia desde el punto de vista sociológico o cultural, sino desde el punto de vista evangelizador. Es como si la familia nos interrogara, preguntándonos: en esta coyuntura, ¿qué podemos hacer respondiendo a la voluntad del Señor en el campo de la familia?”. Después de haber desbrozado el terreno y haber visto las situaciones de la familia en los diversos lugares de la Iglesia en el mundo, el Sínodo de los Obispos continúa mostrando que “la unidad de la Iglesia no es monolítica, sino diversificada, unidad en la pluralidad”. Así se acentúa la comunión eclesial y el respeto que debemos a las diversas situaciones. El Papa nos pidió hablar con libertad y escuchar con libertad, “recomendaciones muy importantes siempre, sobre todo cuando los grupos de la Iglesia se reúnen para tratar cuestiones concretas”. “Hay que expresarse con respeto, pero con claridad, diciendo lo que pensamos”, afirmó Blázquez. También se refirió al cuestionario amplio cuyas respuestas sirvieron como base a la reflexión de la primera asamblea del Sínodo. Después de ella se publicó la relación final, con total transparencia en cuanto a los votos de cada uno de sus párrafos. “En el Sínodo ninguno nos hemos pegado, pero cada uno decía lo que creía oportuno. Unos acentúan una dimensión, y otros, otra”, señaló. La familia: una vocación preciosísima El arzobispo de Valladolid dijo que “en el seno de nuestra familia hemos sido concebidos, gestados y esperados. Ser esperados es muy importante: no somos un engorro. Hemos sido recibidos, nuestros padres nos han cuidado… ya podemos comprender cuántos desvelos, gozos e inquietudes supone ser esposos y familia. Es una vocación cristiana preciosísima. La familia tiene un sentido en el plan de Dios”. Refiriéndose a la relación final del Sínodo, recordó que, a pesar de lo que se haya podido decir, “nadie pone en cuestión la doctrina católica sobre el matrimonio y la familia”. Ahora, con un nuevo cuestionario adjunto a la relación, se pone a disposición de todos para que se pueda participar, y esto constituirá las bases para la segunda asamblea sinodal. Ahora “nos encontramos entre las dos asambleas”. El tema de la asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos será “La vocación y la misión del matrimonio y la familia en la Iglesia y en el mundo de hoy”. La familia, señaló Ricardo Blázquez, “es una de las instituciones que más ha sufrido las transformaciones de la sociedad y la cultura actual. Cambios muy profundos, también con legislaciones que a veces han incidido de forma amenazante sobre la identidad de la familia”. En cuanto a la definición que hace la Iglesia, “la familia es la unión por amor, no por conveniencia, estable, irrevocable, de un varón y de una mujer para la mutua complementariedad, para la transmisión de la vida y la educación de la vida. Los hijos son un don precioso de Dios”. Por eso, “el ámbito adecuado a la dignidad de la persona para entrar en el mundo es el ámbito creado por los esposos en el calor del hogar en la mutua entrega”. Se refirió de forma negativa a fenómenos como los matrimonios de conveniencia y, sobre todo, la violencia doméstica, a la que calificó de “terrible”. Mostró su tristeza por la fragilidad de “la estabilidad matrimonial a pocos años de la unión. Puede haber crisis, pero no quiere decir una derrota, sino ocasión de crecimiento y purificación. Porque el matrimonio no es de color de rosa, y pasa por todas las estaciones… el que haya invierno no es negativo. Son momentos de prueba en los que la fidelidad debe ser purificada, acendrada”. La familia, además, “es uno de los bienes más preciosos de la humanidad”. En este sentido, el Sínodo ha sido una oportunidad, su convocatoria doble, para las familias, “para pensar sobre este tesoro, protegerlo como oro en paño y defenderlo. Trae consigo cruz y gozo pascual”. Monseñor Blázquez fue repasando también las líneas fundamentales de lo tratado después de las preguntas planteadas en la asamblea sinodal por Peter Erdo, arzobispo de Budapest. Interrogantes de la Iglesia El ponente desgranó las cuestiones más importantes que se plantea la Iglesia, preocupada por el bien de la familia, célula fundamental de la sociedad: “¿Por qué ha descendido el número de matrimonios cristianos? En algunos lugares de España no es un descenso, sino un desplome. ¿Por qué ha crecido tanto el número de jóvenes que conviven? Son preguntas que nos interrogan como Iglesia y como sociedad”. También se refirió a la cuestión de la igualdad entre varón y mujer: “¿Qué sentido tiene hablar de vocación en la familia? Ya en el Génesis vemos la llamada de Dios a la familia… y una diferencia entre varón y mujer que no es en dignidad. El varón realiza su condición humana cuando más varón es, y lo mismo la mujer. No es uno el paradigma para el otro. Nos cuesta entender que hay diferencias que no atentan en absoluto contra la igualdad, porque son diferencias fundadas en la condición humana dentro de la misma dignidad. La igualdad en el matrimonio no es porque dos sean mujeres o porque dos sean varones, sino que es igualdad en la dignidad, cada uno con la vocación que Dios le ha concedido de esposa y esposo”. Uno de los problemas graves del desempleo juvenil viene porque “se resiente la constitución de la familia como hogar en la sociedad. No somos simplemente individuos, sino que vivimos en familia, en relación. ¿Qué sería nuestra vida sin la familia? ¿Y cómo van a crear una familia nuestros jóvenes, que buscan sin encontrarlo un empleo digno y estable, con esa precariedad y el horizonte tan incierto?”. A veces se ha hablado de “desinstitucionalización” del matrimonio, señaló el arzobispo: “es la unión de dos personas con un sentimiento, pero es también una institución que vertebra la sociedad. Y a veces se quiere señalar que la configuración del matrimonio y la familia se trata de algo individual y privado. Sin embargo, el matrimonio existe como tal, no lo creamos a nuestro antojo”. Jóvenes, matrimonio y familia Otra pregunta que lanzó el ponente fue: “¿Por qué huyen los jóvenes de un compromiso institucional como el matrimonio? Lo que no se edifica sobre la verdad, al final termina flaqueando, fallando, vacila y se tambalea”. También lanzó una reflexión sobre el pluralismo actual: “se habla de modelos de familia, como si fuera una pasarela: usted es de los de antes, etc. ¿Hay familia constituida por dos varones o por dos mujeres? Es distinto de que sea una forma estable de convivencia. Y sabemos las dificultades que tenemos con la legislación”. Frente a esto, señaló de forma clara y contundente: “el futuro de la humanidad pasa por la familia. No es una opción: pasa por la familia”. Y añadió una cuestión más: “¿Por qué el matrimonio cristiano ha perdido el atractivo de ser una opción para nuestros jóvenes? En los cursillos prematrimoniales no podemos olvidar tratar lo que está en el fondo: la fe. El matrimonio es un sacramento de fe. Yo confío en que la próxima asamblea del Sínodo pueda ayudarnos a avanzar. Tratamos cuestiones fundamentales en nuestra vida como cristianos y ciudadanos”. El presidente de la Conferencia Episcopal Española llamó a la serenidad a la comunidad cristiana: “que tengamos, en medio de estos vientos contrarios que pueden soplar, una travesía serena, y nos aclaremos. También tenemos que defendernos con la verdad del Evangelio: esto no puede ser por esto. Vivimos en una sociedad plural, no podemos imponer el matrimonio cristiano. Sí el matrimonio como bien de la humanidad”. Indisolubilidad, divorcio, uniones homosexuales Como es natural, en el diálogo posterior a la ponencia, algunas preguntas dirigidas a Ricardo Blázquez plantearon la cuestión de la admisión a la comunión de los creyentes divorciados y unidos de nuevo a otra persona. Dejó claro que “en el Sínodo no se planteó la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio, que es algo que no podemos tocar, que la Iglesia no puede cambiar. Sí se habló sobre las situaciones en las que uno, sin culpa, ha sido abandonado por su cónyuge, y si sería posible repensar el acceso a la comunión sacramental”. Para demostrarlo, leyó directamente el número 52 de la relación del Sínodo, en el que, como recordó, “se plantea la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar accedan o no a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía”. En torno a este tema, “hubo diversidad de opiniones, tal como señala el documento. Por los votos, puede verse que esta cuestión está sin decidir, y yo tampoco puedo hacerlo”, dijo el ponente cuando fue preguntado directamente por si los divorciados que han contraído una nueva unión pueden comulgar o no. Por otra parte, “tampoco se planteaba el matrimonio entre homosexuales, que no lo hay, sino en qué forma se puede acercar la comunidad cristiana a las personas en esa situación concreta”. Audio de la ponencia Galería fotográfica
29/01/2015más info
Conversión pastoral y misionera
Conversión pastoral y misionera
SÍNTESIS DEL OBJETIVO PASTORAL DIOCESANO PARA EL CURSO 2014/15 La Diócesis de Zamora cuenta, como cada nuevo curso pastoral, con un documento que sirve como marco y orientación para todas las acciones de los fieles, consagrados y sacerdotes. Presentamos aquí lo más destacado. Zamora, 12/10/14. El objetivo pastoral diocesano para este nuevo curso pastoral tiene como título “Conversión pastoral y misionera en la vida de la Diócesis”, y está pensado en continuidad con el del año 2013/14, “Renovar nuestra vida y nuestras comunidades cristianas”. En el fondo está la llamada del papa Francisco a ponernos en camino en esta conversión, tarea de toda la Iglesia. 1. Una inaplazable renovación eclesial  El Papa llama a la renovación misionera y, para que se dé entre nosotros, es necesaria una espiritualidad misionera que vaya más allá de una búsqueda de espacios personales de autonomía, más allá de confundir la oración con un simple “bienestar interior”, más allá de un complejo de inferioridad ante la sociedad, más allá de un desencanto ante la falta de fecundidad de nuestra vida… Se nos invita a rencontrar nuestra identidad más profunda en la entrega a los demás, a descubrir la riqueza del don que hemos recibido con la fe y la vida cristiana para ofrecer con alegría ese mismo don a nuestro mundo, a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a aquellos con los que convivimos. Para ser “sal y luz” es necesario asumir la diferencia específica, lo que Dios nos ha regalado para que sea nuestra aportación, nuestro enriquecimiento concreto en la sociedad de la que formamos parte. Y?esa espiritualidad misionera se alimenta desde la esperanza. Se nos invita a tener una mirada creyente capaz de reconocer la luz, los brotes de la gracia, la acción del Espíritu, los signos de la sed de Dios presentes en nuestro mundo. Las dificultades del camino han de descubrirse, desde la perspectiva de la fe, creyendo en la presencia y la acción del Espíritu Santo en nuestro mundo, como oportunidades, como espacios y tiempos que nos invitan a una renovada presencia, a la alegre oferta de la esperanza que nace de la fe. 2. Pastoral en conversión Dice el Papa que no pueden quedar las cosas como están. Para avanzar por este camino de conversión es necesario estar firmemente enraizados en Cristo y, desde ahí, abiertos a los hermanos. Se nos invita a superar el individualismo, también en lo espiritual, en los caminos para encontrar a Dios, en la forma de hacer pastoral. Se nos invita a no cansarnos nunca de optar por la fraternidad. Es tentación para la vida cristiana particular: yo me entiendo con Dios, y es tentación para la vida pastoral: yo me organizo en mi parroquia, en mi movimiento, en mi grupo concreto. En Cristo se inauguran unas nuevas relaciones de fraternidad que tienen la vocación de cambiar el mundo, también de renovar la Iglesia. Además, desde las nuevas relaciones establecidas en Cristo, desde la fraternidad, será posible encontrar una nueva vitalidad, porque a veces aparecemos cansados, insatisfechos, no encajados en nuestra propia vida de evangelizadores. Es una fuerte invitación al realismo pastoral. Hacer solamente todo lo que podemos, entrando hasta el fondo en lo que significa la misión, entregándonos sin reservas, pero, exactamente eso, lo que podemos. No debemos soñar imposibles, ni dejarnos paralizar. 3. Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar La conversión ha de concretarse en actitudes que moldeen al evangelizador. Ésa es la más profunda renovación, la que invita a la conversión personal del llamado a ser testigo del Señor. Francisco nos propone cinco verbos fundamentales. “Primerear” es tomar la iniciativa en la salida hacia los que están lejos, hacia los excluidos. “Involucrarse”?supone meterse en la vida de los demás, tocar la carne sufriente de Cristo en las personas. “Acompañar”, porque es necesaria la espera, el aguante, la paciencia al lado de la gente. “Fructificar” es una exigencia, porque Jesús quiere que su Iglesia sea fecunda. “Festejar”:?el anuncio alegre del Evangelio se hace belleza en la liturgia, fuente de todo impulso de amor. Estas cinco actitudes que nos propone el Papa serán posibles si buscamos la gloria de Dios en lugar del bienestar personal, si superamos la mundanidad. Nuestra historia de Iglesia es gloriosa por ser historia de sacrificios, de esperanza, de lucha cotidiana, de vida deshilachada en el servicio, de constancia en el trabajo que cansa. Se nos invita a no centrarnos en nosotros mismos, ya sea personalmente, ya sea en nuestra propia parroquia o movimiento. A que el Evangelio sea el centro de la vida de la Iglesia y eso significa que vuelva a ser el anuncio gozoso de la Buena Noticia para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, en sus realidades concretas, lo que significa la presencia de la Iglesia en esas realidades, las relaciones salvíficas que permitan ese anuncio, la salida al encuentro del otro para ofrecerles el tesoro que hemos encontrado: a Cristo nuestro Señor, no otra cosa. El camino más realista para construir estas propuestas de renovación que nos hace el Papa pasa por crecer en comunión, en el amor fraterno. Tomar conciencia de pertenecer a la gran familia de Dios, a la Iglesia, en su rica diversidad. A alegrarnos con los frutos ajenos, que son de todos, a sentirnos navegando en la misma barca, y, por tanto, nunca solos.  Éste es el testimonio que el mundo espera, el que el mundo necesita: ¡Mirad cómo se aman! De esa forma podrán creer que el Señor Resucitado sigue vivo, en medio de nosotros.
12/10/2014más info
Emilio Justo: “la fe es un encuentro que abre un nuevo horizonte”
Emilio Justo: “la fe es un encuentro que abre un nuevo horizonte”
Las XII Jornadas Diocesanas de Zamora han concluido con una conferencia de Emilio José Justo, párroco de Peñausende, en la que ha trazado las líneas fundamentales de la primera encíclica de Francisco, Lumen fidei (la luz de la fe). Zamora, 31/01/14. Hoy se ha celebrado la tercera conferencia de las XII Jornadas Diocesanas. Después de una ponencia del obispo diocesano, Gregorio Martínez Sacristán, el miércoles 29, y de la intervención de la profesora María Teresa Compte Grau ayer, la clausura ha estado a cargo del sacerdote diocesano Emilio José Justo, párroco de Peñausende, que ha hablado sobre “La luz de la fe. Líneas fundamentales de la encíclica Lumen fidei”. Emilio José Justo Domínguez, natural de Bretó (1977), fue ordenado en Villarrín de Campos en 2003. Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca, después de desempeñar el ministerio sacerdotal en el Seminario Menor San Atilano, en Carbajales de Alba y otros pueblos, se desplazó a Bonn, en cuya Universidad ha obtenido el doctorado en Teología. A su vuelta se ha hecho cargo de Peñausende y otras siete parroquias del arciprestazgo de Sayago. Ha publicado recientemente el libro Libertad liberadora. La luz, entre la poesía y la liturgia “La luz es una realidad básica del mundo y de nuestra vida. Es muy difícil de definir, pero todos sabemos lo que es. Frente a la oscuridad, se refiere a lo positivo, a la alegría, al bien, a la verdad y a la belleza”, comenzó diciendo, además de explicar los diversos usos de esta metáfora. “Y donde hay luz, hay más alegría, se abre la posibilidad de hacer un camino y tenemos la fuerza para hacerlo”. También citó al poeta zamorano Claudio Rodríguez, en los primeros versos de Don de la ebriedad: “Siempre la claridad viene del cielo; es un don: no se halla entre las cosas sino muy por encima, y las ocupa haciendo de ello vida y labor propias”. Siempre llega como un don, como una bendición que nos ensancha el alma. Emilio Justo señaló a continuación el papel de la luz en la liturgia cristiana: toda la asamblea mira al sol, que representa a Jesucristo que viene a salvar el mundo. Y, por otro lado, el rito del lucernario en la vigilia pascual, con el cirio que representa a Jesucristo resucitado, que vence a las tinieblas y las ilumina. El mismo Jesús dice ser la luz en un contexto bien determinado, y cuando se transfigura, resplandece. “Jesús es la luz del mundo porque, siendo el Hijo de Dios, trae la vida y la salvación a los hombres y a toda la creación”, afirmó el ponente, y aparece en los textos evangélicos curando a ciegos: “la luz simboliza la vida, y la ceguera representa las tinieblas del pecado”. Jesús ilumina a los ciegos para que puedan verlo y, así, puedan creer. El ser humano, la fe y la razón Esto lleva a la pregunta: ¿qué es la fe? “En el lenguaje común la fe se contrapone al ver y al saber. El que ve no cree, y el que sabe tampoco cree”, explicó, y así la gente se refiere a la fe como un conocimiento deficitario o como una opinión. En la modernidad se ha dado una contraposición entre el saber y el creer, marginando la fe al desplazarla al ámbito de la opinión, la imaginación… o incluso hasta llegar a considerarla como una invención. Al que cree se le abre un horizonte nuevo, pero no abandona la razón. La fe da razones, y desde la razón humana pueden comprenderse la experiencia y el conocimiento de la fe. La fe supone la razón común a todos los hombres y la libertad. Además, recordó el ponente, “la fe forma parte de la normalidad de las relaciones humanas, y así nos fiamos de personas que saben más que nosotros en la vida cotidiana, o de las personas que nos quieren y nos cuidan”. El encuentro personal con Dios ¿Y qué pasa con la fe religiosa? En este momento, Emilio Justo citó un texto central de la encíclica, en el número 4, que define la fe, y explicó: “se trata de una relación en la que Dios muestra su amor hacia el hombre, y el hombre participa de la comunión con Dios”. En cuanto a la importancia del documento, el ponente señaló que “esta encíclica culmina un proceso histórico de reflexión sobre la fe”, e indicó sus hitos principales. De esta manera, Francisco insiste en lo central de la fe: “la fe es un encuentro, una relación con Jesucristo, que abre un nuevo horizonte”. La fe tiene un carácter personal, es confianza, fiarse de Dios, que es fiel y cumple sus promesas. Y es un camino a recorrer, como el camino del pueblo de Israel desde la esclavitud de Egipto hasta la tierra prometida, apartándose de la idolatría, que “es considerar a Dios como un objeto, y es obra de nuestras manos… en el fondo uno se pone a sí mismo en el centro”. Frente a esto, la conversión es el encuentro con el Dios vivo y verdadero, “con todo lo que tiene de novedad y de riesgo. Dios tiene un rostro y una palabra, y por eso me puede llamar y me puede interpelar”. Este encuentro tiene lugar en Jesucristo, en quien se hace presente Dios con un amor que llega a dar la vida por sus amigos. “Por eso podemos confiarnos a él, que ha vencido a la muerte; es un amor que vence al mal y al pecado, es eficaz y concreto”. “Según el Papa, los órganos de la fe son ver, oír y tocar”, explicó el ponente. “Se trata de conocer personalmente a Jesús, lo que significa verlo, escucharlo y tocarlo”, tal como aparece en la primera carta de San Juan. El que cree está en sintonía con Jesús, y la fe nos viene por la escucha de la Palabra. El Papa habla del conocimiento y de la verdad, y “la verdad está relacionada con el amor, porque la fe nace del encuentro con el amor de Dios. No hay amor auténtico si no hay verdad”, afirmó. Y el amor conlleva un conocimiento, que hace descubrir realidades desconocidas hasta entonces. “El que ama, conoce con una mayor profundidad, y el que ha sido tocado por Dios, recibe una luz nueva para conocerlo a Él. La fe da nueva luz”. El “nosotros” de la fe Hay otra cuestión importante en la encíclica: la relación entre la fe personal y la fe de la Iglesia. “La fe es una fuerza de comunión y una fuerza de fraternidad”, dijo. La persona vive siempre en relación, y esto se conjuga con el ser personal, libre e individual. “La comunión no limita a la persona, sino que la potencia y la enriquece, la hace más persona. Necesitamos la alteridad, la relación con los otros. Como dice el Papa, el yo se abre al nosotros, sin dejar de ser yo”. Por eso “el creyente participa en el nosotros de Dios, porque Dios es comunión trinitaria, y es introducido en el nosotros de la Iglesia”. La vida de la fe tiene lugar dentro de la comunión de la Iglesia, entablando relaciones vivas y concretas que ensanchan el yo personal. “Esto se muestra en el gesto litúrgico de la profesión de fe, y decimos ‘creo’ porque asumimos el nosotros de la fe eclesial, en comunión con todos”. Por el bautismo el creyente es introducido en el misterio del amor de Dios y en el misterio de la comunión de la Iglesia. Es un don, “porque Dios se acerca a nosotros, y por eso somos creyentes y tenemos fe”. Y así el bautismo significa una vida nueva para el creyente. El paso siguiente es el testimonio: “la fe se transmite por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama”. Cristo ha hecho a sus discípulos partícipes de su misión. “A través de nosotros, los cristianos, puede llegar la luz de Cristo al mundo. Es verdad que para algunas personas los creyentes podemos llegar a ser un obstáculo para creer, o un escándalo”. Ante esto, señaló, “por un lado, la oscuridad que tiene la Iglesia es porque nosotros ponemos pecado en la Iglesia, y esto supone para nosotros una llamada a la conversión. Y, por otro lado, nos llama a la humildad. Sólo en la Iglesia, por pobre o débil que pueda ser, por esta comunión, e donde podemos recibir la luz de Cristo”. ¿Para qué la luz de la fe? Queda una cuestión pendiente: “si la luz de la fe nos ilumina, ¿dónde nos ilumina? En primer lugar, en el propio camino personal, en la vida concreta”. La fe permite ver el sentido de la historia y el sentido de la historia personal, descubriendo el plan de Dios sobre el mundo y sobre la propia vida. Además, se trata de una luz para ver a Jesús y para conocer el misterio de Dios. “La fe nos hace sensibles para las cosas de Dios y nos permite conocerlo realmente; hace que la Escritura sea significativa y en ella nos hable Dios mismo; hace viva nuestra oración personal y significativa la liturgia; nos hace sensibles para encontrar a Cristo en los más pobres y para comprometernos en la sociedad”. La fe ilumina también la vida familiar: “sólo es posible prometer un amor para siempre si se sostiene en un plan que sobrepasa nuestros planes individuales, que es el plan del amor de Dios”. Y la fe ilumina el sufrimiento humano, “dando consuelo y fortaleza para afrontar las pruebas, el sufrimiento y el dolor, porque supone la presencia de Alguien que nos acompaña en el camino”. En conclusión, “la luz de la fe es Jesús mismo, que está presente, acompaña y ama al creyente. Al final se trata de la luz que el amor de Dios ha introducido en el mundo”. Galería fotográfica Audio de la conferencia
31/01/2014más info
María Teresa Compte: “en el amor nos jugamos la radicalidad de nuestra fe”
María Teresa Compte: “en el amor nos jugamos la radicalidad de nuestra fe”
La segunda ponencia de las XII Jornadas Diocesanas de Zamora ha estado a cargo de María Teresa Compte, directora del Máster de Doctrina Social de la Iglesia de la UPSA, que ha mostrado cómo el centro de la acción de la Iglesia ha de ser amar al mundo como lo ama a Dios, teniendo en cuenta a los que menos tienen. Zamora, 30/01/14. Esta tarde ha tenido lugar la segunda conferencia de las XII Jornadas Diocesanas. Después de que ayer las abriera el obispo con una ponencia sobre la transmisión de la fe, el turno hoy ha sido de María Teresa Compte Grau, que fue presentada por Eustaquio Martínez, vicario episcopal de Asuntos Económicos y Sociales. María Teresa Compte Grau, profesora de Moral Social en la Universidad Pontificia de Salamanca (en su campus de Madrid), es la directora del Máster de Doctrina Social de la Iglesia de este centro académico, y colabora habitualmente con la programación sociorreligiosa de la Cadena COPE. Su ponencia llevaba por título “Criterios para la reconstrucción de la sociedad desde la justicia y el amor”. La profesora inició su intervención con una cita de San Juan de Ávila sobre el amor de Dios, y de ahí pasó a la primera encíclica de Benedicto XVI, Deus caritas est, señalando algunas pistas para la renovación de la vida cristiana, basadas precisamente en la gratuidad del amor de Dios con sus criaturas. “Porque hemos conocido ese amor, hemos creído”, y así “el amor deja de ser para nosotros un mandamiento para ser una respuesta al amor de Dios que sale a nuestro encuentro”. El rechazo del amor de Dios En el libro El drama del humanismo ateo, el teólogo Henri de Lubac subrayaba cómo saberse creado por Dios hace que el hombre pueda vivir con alegría, porque descubre la grandeza de ser creado. Según la ponente, en 2005, cuando el Papa publicó una encíclica al amor de Dios, fue tomado en vano. “¿Qué veía Benedicto XVI en la Iglesia para poner el amor en el centro de la nueva evangelización?”, se preguntó. “El hombre ha dejado de conmoverse, decía De Lubac. ¿Qué le pasa al mundo, que detesta este amor de Dios al hombre? En las formas actuales de increencia hay algo nuevo: el hombre de hoy cree necesario eliminar a Dios para recuperar su libertad, desvinculándose de su relación con él. No se trata de que Dios no sea necesario, sino que se confronta la dignidad del hombre con la muerte de Dios”, afirmó Compte Grau. Y así, dijo también que “el mayor problema de nuestro mundo no es la Iglesia, no somos nosotros, sino Dios. No digo que los creyentes no estemos necesitados de una reforma seria y responsable, pero lo central es la cuestión de Dios”. El humanismo hoy “se sostiene en una visión antropocéntrica y prometeica absolutamente distinta a la mirada del hombre al Creador”. En la Biblia leemos que “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza. Esto es el fundamento teológico último en el que sostiene el sistema moral de referencia de la Iglesia. Esta verdad, que para nosotros es sublime, es un objeto de burla para nuestro mundo, que se ríe, desprecia y persigue al cristianismo porque se ríe, desprecia y persigue a Dios”. Importancia de la Doctrina Social de la Iglesia Por eso la Iglesia, según los últimos pontífices, “ha de usar un lenguaje idóneo para predicar el nombre de Dios, y ese lenguaje es el de la Doctrina Social de la Iglesia”. Así, “vivimos en un mundo fascinado por los medios, con una nueva manera de entender al hombre, que es el asiento de una cultura en la que el hombre cree no poder ser hombre más que si Dios no es Dios”. A esto respondió ya Pablo VI llamando humanismo integral al que cuenta con Dios: “el humanismo exclusivo es un humanismo inhumano. Por eso sólo hay un humanismo verdadero: el que se abre a lo absoluto”. También Juan Pablo II habló de esto en su encíclica Redemptor hominis. “No podemos mirar al hombre si no miramos a Dios”, resumió la ponente. “Benedicto XVI ha hecho del amor de Dios el eje central de la nueva evangelización”, afirmó. “¿Hay mejor prueba que merezca nuestra confianza? Dios nos ama de manera radical de forma que ni Dios ni el hombre dejemos de ser lo que somos. El vínculo del amor nos compromete, pero no nos hace menos libres. Dios se ha comprometido por nosotros, pero su opción radical por cada uno no le lleva a poseernos, sino a perdonarnos, en una relación creativa”. Caridad y justicia, unidas “Por eso el papa Francisco nos puede decir que la Iglesia tiene que ser pobre y humilde, porque así se comporta Dios”, y de esta forma los cristianos “entendemos amar al hombre como caridad y no como filantropía”. Y María Teresa Compte añadió: “hablamos de un amor encarnado en cuya difusión nos jugamos la radicalidad de nuestra fe. El amor es la fuerza creadora que hace posible la entrega incondicional, y exige la justicia, porque hace que nos empeñemos por darle al hombre lo que le corresponde justamente por ser hombre. Quien ama a los demás con caridad es justo con ellos. La justicia es inseparable de la caridad”. Y “éste es el corazón de la fe cristiana”, afirmó. “Dios es un amante con toda la pasión de un verdadero amor. Y lo definitivo en la evangelización de lo social es el amor, que la Iglesia tiene que poner en el centro de la cuestión social”. De esta manera hay que poner a Dios en el centro de las cuestiones sociales, y esto es precisamente la evangelización. “No hay dicotomía entre la evangelización y la promoción humana, porque ambas nos hablan del compromiso de Dios para con el hombre”. “El amor de Dios es gratuito, pero no frívolo, y por eso hablamos del deber de dar amor. ¿Hay algo más radical que el criterio práctico del amor? Aquí se sostiene la operatividad práctica de la fe cristiana, que nace de un encuentro amoroso”, dijo la ponente. “Esto nos lleva a vivir con un mayor compromiso en el mundo en el que vivimos”. Opción prioritaria por los pobres “La misión de la Iglesia en el mundo no es justificar las estructuras establecidas”, afirmó, porque “la radicalidad evangélica lleva a la primacía de la caridad en la Iglesia y en el mundo, lo que se traduce en la prioridad de los pobres y su defensa”. Es lo que se refleja claramente en la reciente exhortación del papa Francisco Evangelii gaudium, algunos de cuyos aspectos recordó la ponente. El pontífice en este documento llama a “recrear lugares donde se viva la fe en Cristo muerto y resucitado para orientar al bien y a la belleza nuestras elecciones”. Galería fotográfica Audios de las Jornadas
30/01/2014más info
Obispo de Zamora: “la misión corresponde a todos los cristianos”
Obispo de Zamora: “la misión corresponde a todos los cristianos”
Gregorio Martínez Sacristán, obispo de Zamora, ha sido el encargado de inaugurar las XII Jornadas Diocesanas de Zamora con una ponencia sobre la transmisión de la fe en la Iglesia actual, centrándose en sus ámbitos fundamentales: la familia, la parroquia y la escuela católica. Zamora, 29/01/14. En la tarde de hoy han comenzado las XII Jornadas Diocesanas de Zamora, que bajo el título de “Renovar nuestra vida cristiana” han congregado a laicos, religiosos y sacerdotes de toda la Diócesis que han llenado el salón de actos del Seminario San Atilano. El encargado de presentar las Jornadas fue el vicario de pastoral, Fernando Toribio, que también dirigió la oración inicial a la Virgen María, tomada del papa Francisco, pidiendo volver “a una Iglesia orante y penitente… una Iglesia sierva, humilde y fraterna”. La primera ponencia estuvo a cargo del obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, que abordó el tema de “La transmisión de la fe: familia, parroquia y escuela”. En su intervención señaló que “el acento hay que ponerlo en la transmisión de la fe como urgencia y como necesidad imperiosa en este momento para todos nosotros. Debemos renovarnos en un anuncio y un testimonio explícito y serio de nuestra fe”. Anunciar a Jesucristo en una cultura pagana Explicó que los obispos españoles, en su último Plan de Pastoral, señalan que “la cultura occidental se aleja de la fe cristiana y camina hacia un humanismo inmanentista… se da una situación de un nuevo paganismo. El Dios vivo es apartado de la vida diaria, mientras que los ídolos se adueñan de ella”. El mayor desafío para la Iglesia, según monseñor Martínez Sacristán, es “la secularización interna, un problema de casa, que afecta a la transmisión de la fe a las nuevas generaciones”. Las cuestiones fundamentales que hay que tener en cuenta a la hora de transmisión de la fe son tres, dijo el obispo, y pasó a detallarlas. En primer lugar, “el anuncio explícito de Jesucristo, en medio de un ambiente cultural light, con la tentación del relativismo y el pluralismo. El anuncio de la fe no puede quedar reducido a un conjunto de palabras difusas, ritos estériles o propuestas simples de solidaridad. Esto no funciona si no hay un anuncio directo del nombre de Cristo”. Por eso llamó a “dar a conocer a Jesucristo en su vida y en su misterio. El mensaje central es la muerte y resurrección de Jesús. Si no se acoge este anuncio y no se le da la adhesión del corazón, no se es verdaderamente cristiano”. Ya que “Jesucristo es el camino y la mediación ineludible para llegar a Dios Padre”, como muestra la fe cristiana. La palabra clave de la predicación es el Reino de Dios, “que es Dios mismo. Quiere decir: Dios existe, Dios vive, Dios actúa en el mundo. Por eso la evangelización tiene que hablar de Dios, tiene que anunciar al Dios verdadero. Es preciso poner a Dios como centro y anuncio de toda la pastoral”, anunciándolo “con un lenguaje fresco y vital”. Dios “es alguien que se mezcla, se entremezcla con nosotros”, no es alguien lejano. Llamados a la conversión Junto a esto está la llamada a la conversión, que “sigue resonando mediante la evangelización en la Iglesia”. Es necesario un cambio de vida, una transformación de la mente y del corazón, y “el hombre encuentra la verdad sobre Dios, sobre el hombre mismo y sobre el destino que le espera. La fe da origen a un proceso de conversión que dura toda la vida”. Por eso el cristiano “tiene que transmitir aquello que ha recibido”. Por la fe, el hombre entiende de una forma nueva toda la realidad, se fía de la Palabra de Dios y la cumple. “La fe es un don de Dios que se recibe en la Iglesia; siendo un acto personal, no es un acto solitario y aislado. Nadie puede creer solo, al igual que nadie ha recibido la fe por sí solo. Decir ‘yo creo’ equivale a decir ‘yo creo en la fe de la Iglesia’”. Para esta tarea, la Iglesia cuenta con la acción del Espíritu Santo. “Él es quien hace posible que la buena noticia alcance los confines de la tierra”, señaló el prelado. Y es una misión para toda la Iglesia, un pueblo sacerdotal con conciencia misionera. “La misión corresponde a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a todas las instituciones y asociaciones eclesiales”, dijo. El testimonio misionero es lo que da una idea de la salud de la propia fe, añadió. En una situación como la actual “es necesario que la Iglesia asuma como tarea prioritaria la fundamentación y el fortalecimiento de la fe de los bautizados, y la iniciación cristiana de los no bautizados”. Como decía Juan Pablo II, “éste es el momento de la fe, de la oración, del diálogo con Dios, para abrir el corazón a la acción de la gracia y permitir a Cristo que su Palabra entre en nosotros”. La Iglesia realiza la transmisión de la fe “a través de toda su vida, pero de forma especial lo hace en la iniciación cristiana. Un cristiano no nace, se hace, como decía Tertuliano”. Por eso, monseñor Martínez Sacristán destacó la importancia de la catequesis, un pilar básico para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones de niños y jóvenes. Testimonio: la caridad, corazón de la Iglesia Por eso hay que fortalecer la fe de los educadores cristianos: catequistas, profesores de Religión y familias. “La transmisión de la fe implica siempre la transmisión del estilo de vida cristiano, y por eso es necesario que las comunidades vivan esto. No consiste sólo en pronunciar la Palabra escrita, sino también mostrarla encarnada y visible en la vida de los cristianos. No sólo transmitimos la fe por lo que decimos, sino también, y sobre todo, por lo que somos y como vivimos”. Éste es el tercer factor que subrayó el prelado. El testimonio de vida de los cristianos es primordial, como recordaba Pablo VI en la exhortación Evangelii nuntiandi. “La caridad es el corazón de la Iglesia”, señaló también monseñor Martínez Sacristán. “Hay que mirar bien cómo ha de ir dirigida a los más pobres y desfavorecidos”. La familia: lugar insustituible En cuanto a los lugares de la transmisión de la fe (familia, escuela católica y parroquia), el obispo señaló “el carácter insustituible de la familia como ámbito de transmisión de la fe, como Iglesia doméstica, con una misión reconocida como un auténtico ministerio, ya que es camino de fe y escuela de seguidores de Jesucristo”. “La familia cristiana no puede renunciar a su misión de educar en la fe a sus miembros. La atención pastoral de la familia ha de ser un objetivo prioritario de la Iglesia”, subrayó. Se refirió concretamente al testimonio de los padres, que han de transmitir al niño la fe “desde los primerísimos momentos”. Además, llamó a la responsabilidad de los sacerdotes, que han de acompañar esta tarea con iniciativas como la catequesis de adultos. Parroquia y escuela La parroquia, por su parte, “es un espacio eminente para la transmisión de la fe, porque es el lugar donde se nace y se crece en la fe, como pueblo de Dios. Los sacerdotes, religiosos y las personas implicadas en la pastoral parroquial deben favorecer esa iniciación cristiana”, señaló. La escuela católica “sirve a la formación integral de los niños, adolescentes y jóvenes, por lo que ha de ayudar en la educación de la fe. Cuando cumple su misión, se convierte en un ámbito relevante para la transmisión de la fe. Se convierte en mediación eclesial privilegiada cuando está en comunión con la Iglesia diocesana”. Además, el obispo afirmó que “los colegios católicos, si son para algo, son para esto. Si no, mejor que no existan. Porque fueron fundados para esto. Hoy deben significarse así. Son una mediación de primer orden para la transmisión de la fe. Por eso deben realizar su tarea no aisladamente, no como algo separado del resto, sino como formando parte de una Iglesia particular en la que están presentes y realizando la misión que el Señor les ha confiado”. Los colegios, por eso, “tienen un futuro inmenso. ¿Las parroquias sólo? No. Los colegios también, como lugar, si son realmente así”. Dentro de la escuela católica, “la enseñanza religiosa escolar es parte de su tarea educativa y el fundamento de su existencia. La clase de Religión en los centros públicos de enseñanza es un derecho que asiste a los padres y alumnos, y un deber de las autoridades públicas. La misión de la transmisión de la fe en la escuela, sea confesional o no, debe hacerse siempre en comunión con la Iglesia y con el obispo diocesano, cuidando el acompañamiento del profesorado”. Los profesores de Religión “están al servicio de la transmisión de la fe; su cometido específico tiene como finalidad la presentación del mensaje cristiano en diálogo con la cultura en la que vive el alumno. Su fidelidad es doble: al mensaje que la Iglesia le entrega y a los destinatarios a quienes sirve, que a su vez tienen derecho a conocer lo que la Iglesia enseña en fe y moral”. En cuanto a los profesores en los centros públicos, “deben recordar que por la naturaleza misma de lo que explican y en atención a sus alumnos, aunque no sean creyentes, tienen derecho a recibir fielmente lo que la Iglesia enseña sobre Dios, la historia de la salvación, el mundo y el hombre”. Trabajar en comunión El obispo hizo, además, una llamada al trabajo en comunión. “La transmisión de la fe no puede hacerse cada uno por su cuenta o mirando de perfil al otro, sino en comunión, en coordinación y en complementariedad. Además de venir exigido por el Dios al que servimos, hoy es una necesidad imperiosa para nosotros”, afirmó. Para ser testigos del Señor hoy, “la palabra y la vida de los cristianos ha de estar impregnada del impulso de los orígenes, el ardor de la predicación apostólica… hemos de revivir en nosotros el sentimiento de San Pablo: ¡ay de mí si no predico el evangelio! En la Iglesia vivimos, expresamos y celebramos la fe, y somos responsables de la misión de la evangelización, que ha de ser compartida por todos sus miembros”. A veces existen insuficiencias y dificultades, “pero se trata siempre de una experiencia gozosa y alentadora, que nos mantiene fieles al mandato del Señor aquí y ahora, y abre caminos nuevos para las generaciones de cristianos. Entre las contradicciones, pecados, debilidades y desánimos, el Señor viene a nuestro encuentro y nos precede en nuestra acción”. Galería fotográfica Audios de las Jornadas
29/01/2014más info
Obispo de Zamora: “nuestra fuerza no somos nosotros; es el Señor”
Obispo de Zamora: “nuestra fuerza no somos nosotros; es el Señor”
Presentamos a continuación el resumen de la homilía pronunciada por el obispo de Zamora en la inauguración del curso pastoral 2013/14 con la fiesta de San Atilano.   Zamora, 5/10/13. Hoy a mediodía el obispo de Zamora, Gregorio Martínez Sacristán, ha presidido la eucaristía solemne de la fiesta de San Atilano, primer obispo y patrón de la Diócesis de Zamora, en la iglesia que custodia sus restos junto a los de San Ildefonso. El templo ha quedado pequeño para albergar a una nutrida representación del clero diocesano, los institutos de vida consagrada e institutos seculares, asociaciones de fieles y cofradías y laicos de muy diversa procedencia.   Después de escuchar en la proclamación del Evangelio la llamada de Cristo a ser sal de la tierra y luz del mundo, el obispo ha saludado a los presentes y ha comenzado su homilía señalando que “un año más, nos reunimos a los pies de los sagrados restos de nuestros patronos Atilano e Ildefonso” en el inicio del nuevo curso pastoral.   “Así reunidos expresamos mejor que en cualquier otro momento nuestra propia identidad”, subrayó. Identidad “que nos ha revelado la Palabra del Señor: somos una comunidad de hermanos nacida de la Pascua, con la misión de salir al mundo y anunciar el Evangelio”.   Para vivir así como Iglesia afirmó la necesidad de una “actitud humilde, suplicante al Señor nuestro Dios, porque nosotros solos ni somos ni valemos, y las circunstancias que nos rodean son pobres y humildes, no grandilocuentes ni para tirar cohetes. El Señor, reuniéndonos esta mañana, nos invita a mirarlo a él, y a reconocer en él la fuerza, la gracia, la valentía que hemos de tener todos nosotros como Iglesia que somos”.   Salir a las periferias   El Señor nos invita una vez más, explicó, “a salir de nosotros mismos, a no vivir en repliegue ni tampoco por inanición o aburrimiento… salir de nosotros mismos y de nuestros lugares habituales. Nos invita a ser sal y luz en medio del mundo. Para eso tendremos que salir a buscar las periferias existenciales de los hombres y estar allí. Particularmente en los rostros de los adolescentes recién confirmados para acompañarlos en el desarrollo de su vida cristiana hasta que estén plenamente incorporados a la comunión de la Iglesia”.   Monseñor Martínez Sacristán exhortó a “salir hacia lo profano, lo lejano, lo perdido, lo herido entre nosotros. Tiene que haber un interés especial por mezclarse con los hermanos, sean quienes fueren, como nos lo recuerda el Papa desde que fue elegido. Seremos buenos hijos de la Iglesia si lo incorporamos en nuestro ser y en nuestro hacer”.   Salir, estar… “pero sin el rostro de Cristo, sin su figura, sin su experiencia, esas salidas nuestras se convertirán en algo que no merecerá la pena, nos buscaremos sólo a nosotros mismos y nos perderemos. Por eso, Cristo debe ser el principio y el fin de toda nuestra vida, de nuestra renovación personal y de las comunidades cristianas a las que pertenecemos. ¡Cristo siempre! Dejamos de ser un grupo específico en la sociedad cuando Cristo es sustituido por nosotros, por nuestras cosas”.   Hay que salir con una actitud fundamental, añadió el obispo: “la de la conversión, con el corazón triturado por el Señor. Os invito a que cambiemos nuestras actitudes personales, pastorales y comunitarias. Es lo único que podemos hacer, es lo mejor que podemos hacer, es lo que está a nuestro alcance. De esto Dios nos pedirá cuentas, del cambio del corazón”.   Valentía en tiempos difíciles   Sin embargo, hay que tener en cuenta las dificultades y la realidad actual, y por eso es más urgente la conversión personal y comunitaria: “a esto tenemos que sentirnos invitados, y a esto tenemos que invitar a los otros cuando salgamos. Estamos en momentos de particular dificultad en Zamora. Debemos cambiar todos el chip, porque estamos en una situación de pobreza absoluta de medios humanos”. Dicho esto, monseñor Martínez Sacristán afirmó: “desde que llevo aquí se han muerto 70 sacerdotes y se han ordenado 11. Sed conscientes del desajuste”.   “Mucha fuerza, mucha valentía, mucha paciencia… esto es lo que hay que tener”. Y entonces el obispo se dirigió a los que habían acudido en gran número para celebrar su envío como agentes de pastoral: “valentía para los catequistas y para los profesores de Religión, en medio de las dificultades. No nos pongamos nerviosos, el Señor nos ha llamado en una época pobre, deficiente, y hay que asumirlo, con humildad y con gozo. Nuestra fuerza no somos nosotros; es el Señor. Ya nos sacará de aquí. El Señor saca a su pueblo de las dificultades”.   Al final, reiteró una recomendación especial a los profesores de Religión y a los catequistas, “que hoy vais a renovar vuestra misión en la Iglesia, desde vuestro bautismo. Renovadla poniendo vuestro corazón en Dios, poniendo vuestra alma a punto de energía, de alegría, de mantenerse de pie en las dificultades… Dad testimonio frente a los demás. Que el envío que hoy recibís de mi parte como cabeza de esta Iglesia lo viváis fraternal y comunitariamente. Si os falta la valentía, la conversión, la comunión… no sois nada. Sois alguien importante en nuestra Iglesia porque sois estas cosas”.   Para terminar su homilía, el prelado leyó una frase del papa emérito Benedicto XVI, para “que sea meditada. Éste también es mi deseo para toda la Iglesia en Zamora. Que nos acompañen nuestros hermanos santos, y la Virgen María, nuestra Madre”. También tuvo, posteriormente, un saludo especial para los seminaristas, presentes en la celebración.   Al finalizar la eucaristía el obispo dirigió el rito de envío de los catequistas, y también la entrega de la “missio” canónica a los profesores de Enseñanza Religiosa Escolar. En ambos casos, algunos representantes de los dos colectivos recibieron oficialmente la encomienda eclesial de manos del obispo representando a sus compañeros.  
05/10/2013más info
Subir
Lo sentimos, no hemos encontrado ningún resultado para su criterio de búsqueda.