6 - diciembre - 2019

DON GREGORIO MARTÍNEZ SACRISTÁN

Documentos - Cartas

Un mundo nuevo: proyecto mío y nuestro (Manos Unidas 2014)

09 - febrero - 2014

Un mundo nuevo: proyecto mío y nuestro (Manos Unidas 2014)

CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE ZAMORA EN LA CAMPAÑA 2014 DE MANOS UNIDAS

Muy queridos hermanos en el Señor Jesucristo:

Impulsada por su propósito de aportar cada día más aliento y bienes para los hombres más vulnerables, Manos Unidas emprende una nueva Campaña con la que alcanzar sus objetivos que este año quieren estar marcados por el anhelo expresado en este lema: “Un mundo nuevo, proyecto común”, con el que todos nos identificamos. Con este anhelo Manos Unidas pretende encaminarnos hacia la fraternidad universal, que es el horizonte esencial para que avancemos hacia la creación de condiciones de desarrollo integral en todos los pueblos de la tierra. Lo cual requiere estar sostenido en estos principios fundamentales: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Además la presente Campaña de Manos Unidas se inserta dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre los cuales se quiere incidir en el que procura “fomentar una alianza mundial para el desarrollo”, que sólo se alcanzará en la medida que se den relaciones que reconozcan y posibiliten la fraternidad de todos los hombres. Por ello Manos Unidas se propone desarrollar todo su trabajo con el fin de que se avance en el reconocimiento de la fraternidad de toda la humanidad para impulsar la implicación de todos en el desarrollo global. Así sólo se progresará en la consecución del desarrollo cuando se camine desde la responsabilidad y del compromiso de todos para que los derechos humanos sean cumplidos, se atiendan los servicios básicos de salud y educación, se garantice la alimentación y se proteja el medio ambiente.

Nuestro mundo actual, como bien conocemos, se encuentra inmerso en la dinámica de la globalización, que debiera posibilitar que todos los hombres y mujeres pudieran acceder a los bienes básicos y se lograra la superación de las injusticias. Pero realmente esto no se ha conseguido aún, de tal manera que permanecen carencias fundamentales, fruto de injusticias, así como se han reconfigurado las desigualdades entre los hombres. Además se ha desarrollado un mundo marcado por la interdependencia, en el cual se reconocen cuatro maneras diferentes de estar o de vivir:

Por un lado, el mundo de los pobres estructuralmente crónicos: las personas que llevan tiempo sumidos en múltiples carencias, que pueden ser cerca de dos mil millones de seres humanos. Por otro, el mundo individualista de la comodidad y la satisfacción: las personas que tienen acceso con abundancia a condiciones básicas de vida, y controlan mayoritariamente la economía, la información, la política y la cultura. Por otro, el mundo de la violencia activa y latente: donde están presentes el terrorismo y la violencia organizada, la trata de personas, la explotación de las personas o la esclavitud laboral. Y por otro, el mundo receptivo a gestos y signos de esperanza; ya que son muchos quienes tratan de superar la resignación que inmoviliza, generando iniciativas de compromiso a favor del bien común, desarrolladas por numerosos voluntarios, por instituciones solidarias, y por movimientos y redes sociales; todos los cuales apuestan y se implican por un mundo mejor, y que están presentes en el Norte y en el Sur.

Para hacer frente a las grandes carencias y deficiencias que persisten en nuestro mundo es necesario decidirse por buscar un nuevo modelo de desarrollo que sea humano, con vistas a ir construyendo un mundo nuevo que sea más justo y equitativo. Esto conlleva asumir un nuevo modelo de desarrollo integral y sostenible que ha de estar caracterizado por ser un proceso en el que cada persona crezca en la conciencia de su dignidad, igualdad y responsabilidad para gestionar la propia vida y cuidar la vida de los otros desde la verdad, la justicia, la paz y el amor. Este proceso se realizará en todas las dimensiones de la vida social: educación, economía, cultura y espiritualidad; y promoviendo procesos que potencien la solidaridad y la donación generosa de los individuos y las comunidades. Además ha de beneficiar a todos y cada uno de los hombres, con preferencia a los más pobres. Así como ha de ser viable para las personas de hoy y de mañana; por lo tanto, un desarrollo que salvaguarda los bienes comunes y los administra con responsabilidad, pensando en el presente y en el futuro.

Para alcanzar el objetivo que Manos Unidas se plantea en esta Campaña está firmemente enraizada en la convicción que es Dios, quien primera y fielmente, se ha propuesto, así como nos está capacitando y exigiendo a todos los hombres, este proyecto: un mundo nuevo en que se extienda a todos la fraternidad entre los hombres y entre los pueblos. Esto se concreta para esta Organización Católica: continuar trabajando a favor del desarrollo integral y sostenible, centrándose en tres ámbitos que procuran el bien común: la defensa de los derechos humanos, la atención a las personas y comunidades más vulnerables y la creación de espacios de diálogo entre las culturas.

Por lo cual Manos Unidas nos invita a asumir que sólo iremos generando “un mundo nuevo” en la medida que este anhelo constituya y sea ya acogido comprometidamente como un “proyecto común”, o sea, aunando y compartiendo esfuerzos personales y colectivos. Para esto nos alienta y nos propone involucrarnos expresamente en bien de la fraternidad, es decir, de la creación y el cultivo de relaciones humanas. Esto supone que a nivel personal: desterremos la “lógica del interés” y cultivemos la “lógica del don”; promovamos la cultura del “cuidado del otro”, frente a la insensibilidad frente al sufrimiento ajeno; apoyemos el consumo austero y solidario, frenando la cultura del consumo compulsivo y superfluo; cambiemos la excusa resignada: “no puedo cambiar el mundo”, por la decisión “puedo hacer lo que está en mi mano” en los más diversos ámbitos de nuestra vida; promovamos actitudes de acogida, cooperación, diálogo y respeto, frente a la tendencia a la competitividad y el conflicto; fomentemos la “cultura de la vida” y la familia, frente a la fractura social y el individualismo; salvaguardemos el carácter trascendente de la persona; y antepongamos la lógica de los derechos humanos fundamentales, los deberes y la responsabilidad, a la lógica del individualismo, los derechos particulares y las apetencias inmediatas.

Reconocemos que con todas estas propuestas sí que se construye un mundo nuevo, por ello sintámonos interpelados a asociarnos al llamamiento de Manos Unidas, asumiendo sus iniciativas, lo cual significa implicarnos generosamente con ella para que su proyecto lo vivamos como algo propio a través de nuestra colaboración particular.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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