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Zamora se aferra a la esperanza para despedir a José Ángel Rivera
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26/02/2026

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Zamora se aferra a la esperanza para despedir a José Ángel Rivera

Minutos antes de las cuatro de la tarde, el tañer grave y pausado de las campanas de San Ildefonso comenzó a extenderse por la ciudad recordando ese lenguaje antiguo de una Iglesia que anuncia que uno de sus hijos había partido hacia el Padre, en este caso un sacerdote muy querido, José Ángel Rivera de las Heras.

Media hora después, a las 16:30, daba comienzo la celebración exequial. Sacerdotes, fieles de San Frontis, amigos, investigadores, antiguos alumnos, cofrades y representantes de la vida cultural y política zamorana llenaban cada rincón. Toda la comunidad cristiana, visiblemente emocionada, despedía a un sacerdote que había entregado más de 35 años de su vida al ministerio y al servicio del patrimonio religioso de Zamora y de Castilla y León.

El obispo en su homilía habló con el corazón. Recordó el último encuentro que mantuvo con José Ángel en el hospital: “La última vez que le visité, nos despedimos con un abrazo y después me cogió la mano y besó el anillo del Obispo. El signo de su madre y mi esposa, la Iglesia de Zamora. Algo entrañable que guardo en el corazón como un tesoro”. Y añadió, citando a san Cipriano: “Nadie puede tener a Dios por Padre, si no tiene a la Iglesia por Madre”.

Fernando Valera quiso interpretar el sufrimiento en clave de esperanza. “Tengo para mí que las verdades de la fe se hacen verdad en nuestra vida cuando pasan por nuestra propia carne. Y, por ello, se pone delante de nosotros lo que significa el escándalo y la necedad de la cruz de Jesucristo”.

Con solemnidad, el obispo puso nombre al vacío que quedaba: “Hoy, la familia de nuestro hermano José Ángel pierde a uno de los suyos. Hoy, la comunidad parroquial de San Frontis queda huérfana de uno de sus pastores. Hoy, el presbiterio de Zamora siente la marcha repentina e insospechada de uno de los suyos. Hoy, la comunidad académica de historiadores del arte se queda sin uno de sus mejores exponentes. Hoy, el obispo de Zamora se muestra, una vez más, dolido en el alma por la pérdida irreparable de uno de sus hijos”.

No fue un discurso de consuelo fácil. Fue una proclamación firme: “No es el feeling humano el que nos une… no es la coincidencia ideológica… no es la obediencia ciega… Hermanos presbíteros, es Jesucristo. Es su misterio, su Pasión, su muerte. Es su vida y su gloria. Es su evangelio y el Espíritu el que nos une”.

En el silencio del templo Monseñor Valera pronunció palabras que sostienen en la prueba: “Nosotros seguimos aquí no por nuestras fuerzas, no por nuestras ideas, no por nuestros empeños… nosotros seguimos aquí por pura gracia, hoy, aquí y ahora, seguimos diciendo Sí al SEÑOR”. Y añadió: “Con las contrariedades y con los sinsentidos, con los desiertos que nos atraviesan, con las tentaciones en carne viva, con el cadáver de nuestro hermano aquí delante… queremos proclamar públicamente y una vez más un canto al SALVADOR”.

José Ángel dedicó su vida a estudiar y difundir la belleza del arte sacro. Publicó innumerables obras, comisarió exposiciones, diseñó museos y escribió catálogos, y durante décadas estuvo al frente de la Delegación de Patrimonio. Supo leer en la piedra, en la madera y en el lienzo una catequesis permanente. Por eso las palabras del obispo adquirieron una fuerza especial: “Hoy proclamamos y confesamos al Dios del bien y de la belleza a la que tantas páginas dedicó nuestro hermano. Hoy él ha vivido en su cuerpo lo que hace poco escribió como texto: la belleza del crucificado”.

El pastor de la diócesis lo expresó con claridad: “José Ángel ha sido un regalo para esta diócesis… Su legado permanecerá en sus escritos, en su tarea al frente de la Delegación de Patrimonio durante décadas, en sus investigaciones y en su ministerio durante más de 35 años”. Y añadió algo que quedó grabado en la memoria de todos: “La diócesis de Zamora y José Ángel están y estarán en deuda permanente y recíproca”.

Hubo también una exhortación dirigida a los sacerdotes: “Nuestro don ministerial… es ser corderos débiles y vulnerables, como el cordero que da la vida”. Y el prelado hizo también una invitación a dejarse transformar por la gracia: “Es tiempo de salvación, dejemos que Dios entre en nosotros… Pase lo que pase, querido hermano, que te encuentren en el bien”.

La homilía concluyó con una oración confiada: “Tú que fuiste el pastor que tantas y tantas veces soportaste el dolor de los otros sobre tu vida, déjate llevar y guiar en los hombros del Buen Pastor… Que la esperanza de María a la que serviste y acompañaste tantas veces, te envuelva con su manto, y sea ella la que te lleve a la luz eterna”.

Zamora llora su pérdida. Pero, sostenida por la fe, proclama que la última palabra no es la muerte. José Ángel Rivera de las Heras descansa ya en el Señor al que sirvió con inteligencia, pasión y una vida entregada. Descanse en paz, descanse en Dios.

(Imágenes cedidas por La Opinión de Zamora)

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