03/02/2013

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Iglesia en Zamora 159: Jornada de la Vida Consagrada

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Muy queridos amigos:

Ayer la Iglesia celebraba la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo con la cual se rememora el momento de la infancia de Jesús por el cual fue llevado ante los sacerdotes judíos para ser consagrado a Dios, con ello el Hijo de Dios se injertaba y asumía la piedad del pueblo de Israel en el que nació y al que perteneció. En esta Fiesta de la Presentación se ha asociado la Jornada de la Vida Consagrada, por la que se quiere destacar la relevancia y el significado de todos los cristianos que, respondiendo a la llamada de Dios, se han consagrado por entero y de por vida a Dios para de este modo identificarse más plenamente con la vida y la misión de Cristo.

Podemos alegrarnos de la diversidad de expresiones que la vida consagrada ha ido desarrollando a lo largo de la historia de la Iglesia, de manera que en la actualidad encontramos una variedad admirable de formas de consagración, tanto a nivel de los hombres como de las mujeres, lo cual refleja la atracción y la riqueza de esta vida.

Como distintivo de la vida consagrada descubrimos la entrega de toda la persona al Señor tratando de hacer presente y revivir el itinerario humano vivido por el Hijo de Dios. Así en la vida consagrada destaca la profesión y la vivencia de los tres votos: la castidad, la pobreza y la obediencia, a semejanza del modo de vida de Jesucristo. Por ello los consagrados, en cuanto entregados enteramente a Dios, están desarrollando con radicalidad la orientación más esencial de todo cristiano: el reconocimiento de la primacía de Dios, de modo que cada consagrado ha abandonado incondicional y confiadamente su existencia al Señor para vivir primordialmente según su voluntad.

Por eso los consagrados pueden ser considerados como “signos” vivos de la presencia del Señor Resucitado en el seno y para bien de la Iglesia, y también en medio y al servicio de la sociedad. Así su vida, modelada a semejanza de la de Jesús, está remitiendo y orientando hacia Dios, de modo que a través de ellos pueda ser reconocido. A la vez su vida está visibilizando que el Señor continúa presente entre nosotros, ya que hay muchos consagrados, hombres y mujeres, que procuran revivir plenamente las actitudes, sentimientos y comportamientos del mismo Jesús hacia Dios y el prójimo.

Nos sentimos agraciados por la abundante y variada presencia de consagrados en nuestra Iglesia Diocesana, de modo que nos corresponde comprender y valorar más intensamente su identidad peculiar dentro del conjunto del Pueblo de Dios. Por lo cual le agradecemos al Señor que continúe haciéndose presente en medio y para el crecimiento de nuestra comunidad diocesana a través de nuestros consagrados y consagradas. A la vez le rogamos a Dios que cada uno de los consagrados y cada una de sus comunidades, viviendo en fidelidad al carisma peculiar de su propia Orden, Congregación o Instituto, sean cada día más “signos” íntegros, ilusionados y semejantes a Jesús, consagrado por entero a corresponder al amor del Padre Dios. Y a todos los consagrados les alentamos a seguir ayudándonos a percibir el Centro clave de su ser.

+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora

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