14/04/2013

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Iglesia en Zamora 164: vocaciones

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Muy queridos amigos:

Continuamos viviendo el gozo de este tiempo de Pascua, en el cual acrecentamos nuestra fe en Cristo el Resucitado, que está presente en su Iglesia para alentarla en su misión: anunciar al Dios de la Vida, y en este ambiente pascual el próximo domingo se celebrará la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

Para esta jornada se nos propone centrarnos en esta afirmación: “Las vocaciones, signo de la esperanza fundada sobre la fe”. Con esta expresión se busca que lleguemos a redescubrir la mutua vinculación entre la fe y la esperanza en el surgimiento de nuevas vocaciones de especial consagración para el servicio de las comunidades cristianas.

Los cristianos somos hombres de fe y esperanza ya que hemos reconocido al Dios fiel, el cual ha sellado una alianza de amor con todos los hombres a través de la Pascua de Jesucristo. Por eso experimentamos lo reconfortante que es fiarse de Dios en toda circunstancia, ya que Él mantiene su fidelidad a pesar de nuestros abandonos.

Cultivamos nuestra esperanza en la fidelidad de Dios a través de nuestra relación creyente con el Señor Jesús, de modo que la vida cristiana ha de ser un progresivo itinerario de adhesión a Aquel que nos llamado y nos sigue amando por ser fiel. Esto lo experimentamos, sobre todo, a través de una abundante y confiada práctica de la oración, dialogando con Dios. Por ello, en esta relación de intimidad orante con Cristo, es como descubrimos la vocación que Él nos dirige personalmente a cada uno. Así cada cristiano cimentará su vida sobre la fe en el Señor, quien además le robustezca su esperanza, al saberse guiado y sostenido por Él para que asuma y realice su voluntad.

Gracias a la fidelidad del Señor a su Pueblo podemos estar convencidos que continúa acompañándolo a través de las diversas vocaciones que Él mismo sigue suscitando entre sus discípulos. Ya que Cristo, también en la actualidad, dirige su llamada a algunos de sus fieles para que lo sigan en el ministerio sacerdotal o la vida consagrada. A través de las vocaciones sacerdotales y consagradas, el Señor está reavivando la esperanza en todos los hombres, de tal modo que cada uno de los llamados por Él queda constituido en un signo reconocible que muestra y propone la prioridad de Dios, invitando a que sea tenido por cada uno como el centro de su vida.

Sintamos, así, la relevancia de cultivar la plegaria por las vocaciones de especial consagración, fundados en la confianza de que Dios continúa llamando a algunos de nosotros para ser “signos” que acercan su esperanza a todos nuestros contemporáneos.

Por eso nos corresponde desarrollar ampliamente la oración por las vocaciones, a nivel personal y grupal, en todas nuestras parroquias, comunidades y asociaciones de fieles. En este sentido debemos habituar a los niños y jóvenes de los procesos de formación cristiana a que, realizando asiduamente esta plegaria vocacional, lleguen a plantearse en primera persona cuál es la voluntad de Cristo sobre su vida, y al tiempo ayudarles para que se muestren dispuestos a responderle con decisión y perseverancia.

+ Gregorio Martínez Sacristán, Obispo de Zamora

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