05/01/2014

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Iglesia en Zamora 180: Navidad y los más pobres

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Muy queridos amigos:

Los cristianos proseguimos viviendo el tiempo de la Navidad, con el propósito de acercarnos cada vez más al Niño que nace en las afueras de Belén, en el cual por la fe reconocemos que Dios ha tomado nuestra condición humana para así mostrarnos hasta dónde llega su amor por cada uno de los hombres, asemejándose a nosotros. Por la Navidad redescubrimos la voluntad de Dios: adentrarse plenamente en la vida humana, ya que Jesús es la presencia encarnada del Creador y Señor de todo, de modo que haciéndose uno de los nuestros Cristo está acercándose a cada ser humano, para que cada uno llegue a percibir que Dios lo siente y lo aprecia de modo incondicional.

Mirando a Jesús en su humildad de Belén se nos descubre la predilección de Dios por los débiles y marginados, lo cual implica que la Navidad ha de ser celebrada desde esta dinámica que marcará también toda la trayectoria humana de Cristo, de manera que en su palabra y en su actuar mostrará su preferencia por los hombres necesitados. Así la Navidad nos ayuda a redescubrir que el Hijo de Dios se ha hecho hombre en debilidad, es decir, que ha escogido voluntariamente este camino de vida en fragilidad y dependencia de los otros, para así enseñarnos y encaminarnos a tomarlo en nuestro propio itinerario vital y para llevarnos junto a cuantos se encuentran débiles.

Por eso acoger al Niño de Belén implica asumir sus preferencias, entre las cuales sobresale su solicitud por los hombres que se encuentran viviendo alguna experiencia de sufrimiento o que son objeto de cualquier tipo de injusticia, para acercarse con compasión hacia todos ellos a fin de que experimenten que alguien los está queriendo.

A partir de esta predilección de Jesús por los más vulnerables, los cristianos estamos llamados a revivir este movimiento amoroso de Cristo. Esto supone que la celebración de su Nacimiento nos impulse en nuestro compromiso de caridad hacia quienes nos están necesitando, ya que en cada uno de ellos descubrimos al Hijo de Dios. Por ello nos corresponde abrirnos a esta sensibilidad que Jesús nos muestra y nos reclama, dejándole y pidiéndole que nos conceda su mirada compasiva hacia aquellos que están carentes de lo imprescindible o de quienes han llegado a una vida desfigurada.

Esto supone que a todos los cristianos la Navidad nos está dirigiendo hacia aquellos hombres y mujeres en las variadas condiciones de marginación del presente, que pueden sernos cercanos, como es la experiencia dramática de abundantes hogares donde la carencia de trabajo de sus miembros les ha llevado a situaciones infrahumanas.

Sintámonos, por tanto, apremiados por el Niño de Belén a reconocer su apacible rostro en el de quienes están viviendo las experiencias de debilidad que contradicen la dignidad humana: como la de los abandonados, las personas sin techo, los niños gestados a quienes se les arranca la vida, los extranjeros rechazados, y así cada hombre o mujer afectados por la pobreza material y espiritual, ya que en todos ellos se nos da la oportunidad de cuidar y levantar una imagen viviente del Hijo de Dios y Señor nuestro.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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