02/03/2014

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Iglesia en Zamora 184: Cuaresma

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Muy queridos amigos:

Para el próximo miércoles comienza el tiempo de la Cuaresma, que, como bien conocemos todos los cristianos, está orientado a prepararnos para celebrar con autenticidad lo más central de nuestra fe: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesucristo, por ello nos corresponde vivirlo con intensidad. Así, con el propósito de ayudaros a celebrar cristianamente esta ya inminente Cuaresma, os recordaré algunas de sus claves o integrantes más destacados, para que este tiempo nos lleve a unirnos más fuertemente a Cristo, que en su Pascua se ha entregado por todos nosotros.

Una de las imágenes definitorias de la Cuaresma es la del “camino”; es decir, es un itinerario espiritual y práctico que se nos invita a recorrer a cada creyente para llegar hasta una meta: el abrazo de Dios. Así la Cuaresma propiamente es seguir con más radicalidad el camino hacia la vida verdadera que es Cristo. Por ello el protagonista fundamental del recorrido cuaresmal es el Señor Jesús que se ha acercado al vivir humano mostrándose como el verdadero y posible “camino” que cada hombre ha de transitar para alcanzar la felicidad y la salvación. Lo cual se realiza en el encuentro con Cristo, para conocerlo mejor, quererlo más y seguirlo con todas las consecuencias.

Así la Cuaresma nos ofrece múltiples oportunidades para cultivar este encuentro con el Señor, para que se regenere nuestra amistad con Él que pudiera estar debilitada por la fragilidad y el pecado humanos o por habernos habituado a una vida cristiana mediocre o acomodada. De ahí que el camino cuaresmal nos permitirá retomar nuestra adhesión a Cristo, acercándonos a los textos evangélicos que describen su itinerario.

Nuestro encuentro con Cristo no se desarrolla de un modo aislado, sino junto a cuantos han escuchado su invitación y han decidido seguirlo, por ello la experiencia cuaresmal no es un caminar individualista. Por el contrario, es un camino comunitario con muchos viandantes, ya que es el camino eclesial. Esto implica que, gracias a la Iglesia y unidos a ella, podremos avanzar vigorosos en las exigencias y renuncias que supone el fiel y perseverante seguimiento del Señor, por ello debemos acoger los abundantes medios espirituales que la comunidad cristiana nos propone en este tiempo.

Además la Cuaresma no sólo nos encamina a acoger la llamada apremiante de Cristo a la conversión filial al Dios vivo y verdadero, fruto del encuentro personal con el Señor, sino que también nos abre y nos dirige hacia el encuentro fraternal con el prójimo, sobre todo, con el más necesitado y vulnerable. Así la piedad amorosa y confiada hacia Dios está requiriendo su expresión en el ejercicio de la caridad con cada ser humano que está sufriendo o vive marginado. Sólo viviéndola así la Cuaresma nos irá identificando más íntegramente con el Señor, que caminó viviendo enteramente centrado en su Padre Dios y desviviéndose hasta dar la vida por cuantos necesitamos su amor, fortaleza y misericordia. Por ello dispongámonos a aprovechar abundantemente los dones y las acciones que Cristo nos ofrezca en esta Cuaresma a través de su Iglesia.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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