26/10/2014

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Iglesia en Zamora 197: beatificación de Pablo VI

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Muy queridos amigos:

A finales de septiembre de 1897 nacía, en la localidad de Concesio, muy cercana a Brescia (Italia), el niño Giovanni Battista Montini, que sesenta y cinco años después, aceptando su elección para el ministerio petrino, tomaría por nombre Pablo VI, y al cual el Papa Francisco ha declarado beato el pasado domingo.

Muchos de nosotros aún recordamos su rostro sereno, su gran finura personal, y sus luminosas enseñanzas, con las cuales enriqueció la Tradición eclesial. Por ello, al tiempo que le agradecemos a Dios por este nuevo beato, nos acercamos a su vida.

Giovanni Battista Montini vivió su niñez, adolescencia y juventud en Brescia, en donde realizó los estudios primarios, descubrió la vocación sacerdotal, formándose en el Seminario, y recibiendo la ordenación sacerdotal en dicha ciudad en 1920. Pronto se trasladó a Roma para continuar estudiando en las universidades Pontificia Gregoriana, la Academia Pontificia, y la Universidad “La Sapienza” de Roma, ingresando en el servicio diplomático de la Santa Sede en 1923. A partir de este momento iniciará una prolongada trayectoria al servicio de la Curia vaticana durante tres décadas, en las cuales colaborará muy directamente con los Pontífices Pío XI y Pío XII, ya que en 1937 es nombrado sustituto de la Secretaría de Estado. En esta alta responsabilidad servirá con esmero hasta que en 1954 es designado Arzobispo de Milán, desarrollando allí una intensa vida pastoral, y en 1958 el Papa San Juan XXIII lo crea Cardenal.

Tras la muerte de este Pontífice, el 21 de junio de 1963, es elegido nuevo Papa. Iniciando el ministerio petrino decidirá continuar y llevar a término el Concilio Ecuménico Vaticano II que su predecesor había convocado y abierto. Así será Pablo VI quien guíe personalmente con sabiduría, firmeza y prudencia el desarrollo de este Concilio, quien promulgue todos sus documentos, y quien se entregue con todas sus fuerzas a su aplicación. Entre los frutos conciliares promovidos por este Papa están la reforma litúrgica, la renovación de la vida eclesial y el avance del diálogo ecuménico.

Este gran Papa inicia una renovada presencia pontificia a lo ancho del mundo, ya que realizó diversos viajes apostólicos, con un significado de encuentro y universalidad, por ejemplo, a Tierra Santa, la India, y la ONU. De su legado reconocemos su amor apasionado y su servicio perseverante y testimonial a la Iglesia, procurando que creciera en lo que consideraba sus “pensamientos” predominantes: identidad, renovación y diálogo. Así lo reflejó en su primera encíclica Eclessiam suam. También resaltamos las encíclicas Humanae vitae, texto profético sobre la procreación humana responsable, y Populorum progressio, llamamiento a un desarrollo integral. Y la exhortación Evangelii nuntiandi, guía magistral para la evangelización.

Tras quince abnegados años de pontificado, concluía su vida a comienzos de agosto de 1978 en Castelgandolfo. Hoy, ya toda la Iglesia, rememorando su inmensa entrega, le podemos rendir culto y suplicarle que la continúe amando y sirviendo.

+ Gregorio Martínez Sacristán

Obispo de Zamora

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