La identidad del sacerdote inicia el curso del clero de Zamora
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Reportajes de la Vicaría episcopal para el Ministerio Ordenado y los Ministerios Laicales

30/09/2013

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La identidad del sacerdote inicia el curso del clero de Zamora

Zamora, 30/09/13. Esta mañana han tenido lugar los actos de inauguración del curso 2013/14 de la formación permanente del clero de la Diócesis de Zamora. Han comenzado con el rezo de la Hora Intermedia, que ha presidido el obispo, Gregorio Martínez Sacristán, en la iglesia de San Andrés.

El objetivo: ser santos 

El obispo ha aprovechado la oración para dirigir unas palabras al más de medio centenar de sacerdotes que han participado en el encuentro. Los ha invitado a empezar la formación permanente “mirando a Dios, pidiéndole a él su ayuda y su gracia”. Ha explicado que “nuestro ministerio pertenece a la santidad de Dios”. Por eso, “que la formación permanente nos sirva para esto, para ser santos como él es santo”.

Señalando al documento sobre el que ha girado la jornada, Martínez Sacristán afirmó que “tenemos un Directorio que nos ha sido entregado por la Congregación para el Clero para todos los presbíteros, sobre nuestra vida y ministerio. Agradezco a Santiago Bohigues, que nos lo presenta hoy, y a todos los que han preparado los materiales de la formación permanente para este año”.

 

Además, el prelado pidió “que los tres grupos generacionales de sacerdotes que os reunís habitualmente, tengáis este documento como texto de referencia para la reflexión y el diálogo, la oración y la aplicación pastoral”.

 

Un nuevo documento

 

El encargado de dar la conferencia inaugural ha sido el sacerdote valenciano Santiago Bohigues, director del Secretariado de la Comisión Episcopal del Clero de la Conferencia Episcopal Española. Ha presentado la nueva edición del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros.

 

El ponente empezó invitando al clero diocesano a leer el Directorio “con una actitud humilde”, porque “no es un tratado completo de teología del sacerdocio, sino que busca ir a lo interno y, desde lo interno, plantear lo externo del sacerdote”, en nuestra sociedad secularizada y de activismo. “Lo fundamental del sacerdote no es ‘hacer ruido’, sino que nuestro ruido llegue al corazón y cambie a las personas”, señaló.

 

El Directorio, entonces, va a lo esencial del sacerdote, distribuyendo su contenido en tres partes: la identidad, la espiritualidad y la formación permanente. Este documento es una nueva edición, después de la que ya se publicó en 1994. El primero respondió a una petición expresa de numerosos obispos en el Sínodo de 1990.

 

Bohigues explicó que “desde 1994 hasta ahora ha habido grandes intervenciones de los Papas sobre los sacerdotes, tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI, sobre todo en el Año Sacerdotal”, por lo que se han incorporado esas aportaciones al documento, enriqueciéndolo mucho más.

 

Es un texto que “ayuda al sacerdote a ser santo en el mundo actual, evitando los peligros de ser profesionales de lo sagrado o de sólo tener actividades sociales. El Directorio va a lo propio y específico de este ministerio”. Acto seguido, el ponente explicó el proceso de elaboración del primer Directorio, y destacó los elementos más importantes de la edición actual.

 

Imposible vivir sin espiritualidad

 

“El sacerdocio no se puede vivir sin espiritualidad”, remarcó, refiriéndose a la primera parte del documento. “A menos espiritualidad, menos identidad. Lo que nosotros somos, no se puede vivir sin ayuda del Señor. ¿Qué es ser sacerdote? Es ser presencia de Cristo”. La identidad es responder a la pregunta: “¿tú qué dices de ti mismo? ¿De quién soy yo? ¿Cómo vivo lo que soy y lo que hago?”. Esto es lo que define a una persona.

 

“La gente sabe cuándo estás hablando en serio, y cuándo no; cuándo responde lo que vives a lo que crees, y cuándo no”, afirmó el ponente, desde su experiencia de párroco rural. “El sacerdocio es personificación sacramental de Cristo, su visibilización existencial”, y por eso hay que preguntarse si la relación con el Señor es lo central en la vida del cura. “¿Realmente yo doy la vida, me gasto y me desgasto por los demás? Porque a veces falta totalidad en la entrega del ministerio”.

 

El sacerdote también “es siervo”, aunque a veces quiere ir por libre, y por eso “hay que amar mucho para dejarse atar, porque Cristo se dejó atar”. Y el sacerdote “es esposo, y como el esposo es con su esposa, así lo es el sacerdote con su parroquia”. El presbítero es también el hombre de la comunión, en su unión con el obispo, con el resto del presbiterio y con la comunidad encomendada.

 

¿Enamorados de Cristo?

 

Cristo ha de ser el centro de la vida afectiva del sacerdote, y “por eso hemos de preguntarnos: ¿realmente Cristo es el centro de tu vida, o estás en otras cosas? ¿Tú estás enamorado de Cristo? ¿Cuánto tiempo le dedicas al día, a la semana?”. Los curas han de vivir desde la Palabra de Dios y los sacramentos, sobre todo los de la penitencia y la eucaristía. La centralidad de la eucaristía, la frecuencia de la confesión… hace posible la caridad pastoral. “Si en lo que haces vives lo que eres, todo en tu vida será amor, caridad pastoral”.

 

También explicó la importancia de la austeridad de vida, la obediencia a la Iglesia y la vivencia del celibato como actitudes imprescindibles en la vida presbiteral, que “dan una disponibilidad tremenda del sacerdote a la gente. La gente ‘toma posesión’ del sacerdote, gracias a la realidad del celibato”.

 

La formación permanente, una necesidad

 

Santiago Bohigues dijo que este tema no se limita a unas charlas puntuales. “La formación permanente es la maduración de la persona entera, y en ella nos lo jugamos todo: fecundidad o esterilidad. A veces se cree que la formación es cosa del Seminario. Pero no es algo de unos años, sino de toda la vida”. También señaló que “la esperanza es saber que el mejor día de mi vida aún está por llegar, según el cardenal Carlos Amigo. Los sacerdotes debemos ser ahora los hombres de la esperanza, en un mundo que la necesita tanto”.

 

En cuanto a la formación humana, “los sacerdotes somos hijos de nuestro tiempo, y tenemos unas luces y unas sombras. Por ejemplo, a veces estamos enganchados a Internet y a los medios, lo que afecta a nuestra entrega al pueblo de Dios. Hay que ser moderados en el uso de estos instrumentos”. Cristo recupera a los sacerdotes desde su centralidad en la vida.

 

También es imprescindible la formación espiritual, abriendo el corazón, configurarse con Cristo y vivir sus mismos sentimientos. Y el Directorio comenta “los medios para la maduración integral de los sacerdotes: plan de vida, dirección espiritual, charlas formativas, encuentros y reuniones sacerdotales, ejercicios espirituales y retiros”. El documento señala que “es urgente salir de nuestros individualismos y compartir nuestra vida. Porque el individualismo nos mata. Cuando necesites ayuda, pide ayuda”.

 

El ponente comentó las indicaciones que hace el Directorio para los sacerdotes en sus primeros años de ministerio, y también para los presbíteros en edades avanzadas y en situaciones especiales. “Lo importante no es el mucho hacer, sino ser santo en lo que haces”, dijo.

 

Materiales para el curso

 

El vicario de Pastoral, Fernando Toribio, fue el encargado de presentar los diversos materiales impresos entregados a los sacerdotes. El primer librito, novedoso, es el de los santos y beatos de la Diócesis de Zamora, elaborado con motivo del Año de la Fe para “que conozcamos quiénes son nuestros santos, que tengamos acceso a ellos y los difundamos”.

 

También se les dio a los sacerdotes el libro de la Programación Diocesana del curso 2013/14, donde se detallan las programaciones de los diversos organismos diocesanos y el calendario anual. Y se detuvo algo más en el libro con los materiales de la formación permanente del clero, con “una oferta de formación intelectual vinculada al objetivo pastoral diocesano”, como se viene haciendo desde hace unos años. En cada arciprestazgo se trabajan estos temas con periodicidad mensual.

 

Hay una continuidad con el curso pastoral anterior, y sigue el objetivo pastoral diocesano que se ha titulado “Renovar nuestra vida y nuestras comunidades cristianas”. La primera novedad es que la redacción de los temas formativos se ha hecho en equipo, aunque finalmente cada apartado lo haya redactado una persona, desde los criterios y el diálogo previos. Dos laicos y una religiosa contemplativa han participado, dándoles “una frescura particular” a los temas de formación, según el vicario.

 

 

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