Comunicación

17/10/2021

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Amar y servir

Domingo 17, XXIX T.O

‘El Hijo del Hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos’(Mc 10,45)

En las lecturas de los domingos anteriores Jesús ha ido instruyendo a los discípulos a propósito de los más diversos temas (los niños, el divorcio, la riqueza, etc.). En el de hoy da su última gran enseñanza antes de subir a Jerusalén para la pasión. ¿Qué piensa Jesús? El relato hay situarlo en el tercer anuncio de la Pasión y Resurrección. Jesús repite una vez más a los discípulos que los sumos sacerdotes y los escribas lo condenarán a muerte, lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, le escupirán, azotarán y matarán.

A continuación, se muestra la incomprensión una vez más de los Apóstoles. En este caso Santiago y Juan, puesto que mientras ellos quieren garantizarse el triunfo: “sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda”, Jesús les habla del sufrimiento. Para ellos, lo importante es subir. No queda claro si entendieron lo que les dijo Jesús sobre su cáliz y su bautismo, pero responden que están dispuestos a lo que sea. Entonces Jesús, en un segundo paso, les echa un jarro de agua fría diciéndoles que, aunque beban el cáliz, eso no les garantizará los primeros puestos. Están ya reservados, no se dice para quién.

Lógicamente en el relato los otros discípulos se indignan y Jesús para que no caigan en esa tentación les expone la enseñanza capital: “el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”. En la comunidad cristiana debe darse un cambio de valores absoluto.

En el fondo Jesús trata de hacerles ver que servir es un camino que supone pasar por la cruz hasta dar la vida.  Tenemos el ejemplo de los 127 mártires de Córdoba que fueron Beatificados ayer. No son mártires de la Guerra Civil sino cristianos que dieron la vida por Cristo. Los mártires son «hombres y mujeres de carne y hueso que han salido a amar. La pregunta es si estamos dispuestos a amar sirviendo o seguir mirándonos a nosotros mismos.  En el mundo de hoy hay ateos que son confesantes porque son libres para servir y creyentes incrédulos que no mueven un dedo para nada. Los discípulos del Evangelio ponían objeciones y me temo que la enseñanza de Jesús ha calado muy poco en la Iglesia después de veinte siglos y en ella se sigue dando un choque de ambiciones al más alto nivel. Esta es la realidad que tenemos que asumir para que con la gracia de Dios sigamos respondiendo a los retos que el mundo de hoy nos plantea.

Manuel San Miguel

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