Adolescencia y Juventud

27/03/2025

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III Retiro Bartimeo Zamora

Del viernes 4 de abril al domingo 6 de abril, el área de Pastoral Juvenil y Adolescencia organiza pla tercera edición del Retiro Bartimeo en nuestra diócesis. Esta iniciativa está dirigida a jóvenes nacidos en 2007 y 2008, invitándoles a participar de un "fin de semana diferente lleno de regalos únicos". Todos aquellos jóvenes interesados pueden apuntarse pinchando aquí para acceder al formulario de inscripción. El retiro, como en la anterior edición, tendrá lugar en la Casa fundacional del Amor de Dios en Toro. 

El retiro Bartimeo, según indican los promotores de la iniciativa, "pretende ayudar a que se den encuentros con Dios muy impactantes, pero también es verdad que muchos llegan a ellos después de haber pasado por mucho sufrimiento y con la vida difícil. Queremos que, este encuentro con el Señor, pueda ayudar a los jóvenes a darle un sentido nuevo a todo lo que vienen. El retiro está dirigido a jóvenes de 16 a 18 años, una edad en la que se pueden prevenir heridas, con el objetivo también de que se encuentren con otros jóvenes que buscan vivir en verdad, y se creen ahí amistades unidas por Cristo".

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La Diócesis inicia el curso pastoral con una llamada a la comunión, la esperanza y la misión
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La Diócesis de Zamora celebró este lunes la solemnidad de San Atilano, su primer obispo y patrono, con la apertura del nuevo curso pastoral, dedicado este año a la Eucaristía. La jornada comenzó en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso con la conferencia del sacerdote Tomás Durán y concluyó con la celebración eucarística presidida por el obispo, Fernando Valera.  Bajo el título «Los cristianos de Filipos escriben a la Iglesia de Zamora», Tomás Durán acercó a los asistentes a la primera comunidad europea evangelizada por san Pablo. Filipos era una ciudad plural, comercial y habitada por distintas creencias; también su comunidad cristiana atravesaba tensiones y divisiones. En la carta a los filipenses, explicó, Pablo conduce a los primeros cristianos hacia las fuentes de la fe y les propone una Iglesia que avanza, vive en misión y permanece abierta a la esperanza. La pregunta sobre cómo se sitúa la Iglesia en la sociedad de su tiempo sigue vigente. Durán la vinculó con los retos actuales de las comunidades: vivir la fe en una cultura plural y democrática, acercarse a las periferias de las ciudades y acompañar a los pueblos afectados por la despoblación. Frente a la tentación del aislamiento o de la división interna, subrayó que la comunión no consiste en ser uniformes, sino en acoger la diversidad y volver juntos a las fuentes que sostienen la vida cristiana: la Palabra, la Eucaristía y el señorío de Cristo. «Solo podemos avanzar coincidiendo los opuestos en las fuentes», afirmó. El sacerdote invitó también a dirigir la mirada hacia los signos de vida que están naciendo en la Iglesia del siglo XXI. Evocó la antigua orientación de la liturgia bautismal hacia Oriente, símbolo del sol naciente, para proponer una Iglesia que mira hacia la luz y acoge con simpatía la cultura actual, con el Concilio Vaticano II como brújula. La Eucaristía presidida por el obispo, Fernando Valera, recogió esta llamada a volver al centro de la vida cristiana. En su homilía, el obispo presentó a Jesús como el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y entrega la vida por ellas. Recordó que, según la tradición, San Atilano, de origen monacal, edificó la Iglesia con la oración, la caridad y una entrega infatigable; e invitó a la comunidad diocesana a seguir esa forma de servicio, permaneciendo junto a su pueblo también en los momentos de dificultad. Valera señaló que en la Iglesia que peregrina en Zamora nadie queda al margen: las personas mayores, las familias que luchan por tener un hogar y salir adelante, los sacerdotes entregados a su misión y quienes sufren pobreza, violencia o exclusión forman parte de la viña del Señor. «Nadie sobra», recordó. Al comenzar el curso, el obispo presentó la Eucaristía como fuente de comunión y envío: en el Pan de Vida, la Iglesia se reúne, supera los muros que la separan y recibe la fuerza para curar heridas y acompañar a quienes sufren. Finalmente, encomendó el camino diocesano a María Santísima y animó a cuidar la vida interior y la oración ante el Sagrario.   Homilía Obispo Fernando Valera
05/10/2026más info
La Diócesis de Zamora inicia un nuevo curso pastoral con la Eucaristía como centro de su misión
La Diócesis de Zamora inicia un nuevo curso pastoral con la Eucaristía como centro de su misión
Un centenar de representantes del clero, la vida consagrada y el laicado han participado en la Asamblea Diocesana, una jornada de reflexión y discernimiento que invita a construir una Iglesia viva, eucarística y samaritana. La diócesis de Zamora ha celebrado este sábado, 26 de septiembre, su Asamblea Diocesana, una jornada de encuentro, reflexión y discernimiento que marca el inicio del nuevo curso pastoral. La convocatoria ha reunido en el Colegio Medalla Milagrosa a cerca de un centenar de representantes de sacerdotes, religiosos y laicos, procedentes de las diferentes realidades territoriales y sectoriales de la Iglesia zamorana. La Asamblea ha dado continuidad al proceso sinodal que viene desarrollando la diócesis, situando este año la Eucaristía en el centro de su reflexión pastoral. El encuentro ha combinado tres comunicaciones, momentos de oración, espacios para el diálogo y una celebración eucarística presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera Sánchez. Una Iglesia que vuelve a echar las redes Tras la oración inicial, el obispo presentó su carta pastoral, titulada “La Eucaristía, epifanía del Espíritu que transforma el corazón”, en la que propone redescubrir este sacramento como fuente de renovación personal, comunitaria y misionera. Inspirándose en el capítulo 21 del Evangelio de san Juan, que relata el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos después de una noche de pesca infructuosa, Fernando Valera invitó a la comunidad diocesana a superar el cansancio, el desaliento y la tentación de contemplar el futuro desde el pesimismo. Como aquellos discípulos, también la Iglesia está llamada a escuchar nuevamente la voz del Señor y a echar las redes desde la confianza en su palabra. El obispo insistió en que la fragilidad y las dificultades no constituyen necesariamente un obstáculo para la misión, sino que pueden convertirse en oportunidades para renovar el encuentro con Cristo. En este sentido, animó a los participantes a recuperar la pasión por el Evangelio y a comprender que la transformación pastoral comienza por la conversión personal. La Eucaristía ocupó el centro de su intervención, presentada no solamente como celebración litúrgica, sino como una experiencia transformadora que debe prolongarse en la vida cotidiana. Celebrarla con dignidad, vivirla con profundidad y prolongarla en la caridad constituye el horizonte pastoral propuesto para este curso. Fernando Valera subrayó especialmente la dimensión social de la Eucaristía y recordó que la comunión con Cristo resulta inseparable del compromiso con quienes sufren. Desde esta perspectiva, invitó a construir comunidades capaces de reconocer a Cristo en los pobres, los enfermos, los ancianos y las personas que experimentan la soledad o el abandono. El obispo recordó que la Eucaristía no termina cuando los fieles abandonan el templo. Es precisamente entonces cuando comienza a hacerse visible en el servicio, la fraternidad y la entrega a los demás. La Iglesia zamorana está llamada, por tanto, a convertirse en una comunidad que, alimentada por el mismo pan, sea también pan partido para el mundo. Presencia, comunión y servicio: un itinerario para renovar la vida diocesana La segunda intervención estuvo a cargo del sacerdote José Alberto Sutil Lorenzo. Sutil ofreció una reflexión teológico-pastoral para profundizar en la carta del obispo a partir de tres dimensiones inseparables del misterio eucarístico: la presencia que se cree, la comunión que se celebra y el servicio que se vive. Sutil recordó que la Eucaristía constituye, ante todo, una experiencia de fe y de encuentro personal con Cristo. Desde esta perspectiva, insistió en la necesidad de recuperar la adoración y la capacidad de asombro ante un misterio que no depende de la iniciativa humana, sino del don gratuito de Dios. En relación con la dimensión comunitaria, explicó que la Eucaristía no solo alimenta individualmente a los creyentes, sino que construye la propia Iglesia. Esta realidad debe inspirar también la renovación de las estructuras diocesanas y la configuración de las unidades pastorales-eucarísticas, entendidas no como una mera respuesta administrativa a la despoblación, sino como una oportunidad para fortalecer la comunión y la corresponsabilidad. El sacerdote dedicó especial atención a la relación entre la Eucaristía y el servicio a los más necesitados, recordando que el misterio celebrado debe prolongarse necesariamente en la caridad. En este sentido, destacó que el desafío pastoral consiste en pasar de una fe centrada exclusivamente en el cumplimiento religioso a una experiencia cristiana que transforme la vida y genere comunidades abiertas, acogedoras y misioneras. Sutil también recurrió a la historia y al patrimonio religioso zamorano, con referencias a las Sagradas Formas de Cabañales y a la custodia procesional de la Catedral, para mostrar cómo la fe eucarística ha configurado durante siglos la identidad espiritual y cultural de la diócesis. Su intervención permitió situar el horizonte del plan pastoral trienal. El primer año, que ahora comienza, estará centrado especialmente en la relación personal con Cristo, bajo la invitación evangélica «Permaneced en mí». Los siguientes profundizarán en la comunión eclesial y en el servicio. Tres dimensiones de un mismo misterio que no pueden separarse: creer, celebrar y vivir la Eucaristía. Recuperar el asombro ante la celebración eucarística La tercera comunicación estuvo a cargo del sacerdote Narciso Jesús Lorenzo, quien centró su intervención en la celebración de la Eucaristía y en las actitudes que deben acompañar a quienes participan en ella. Su reflexión se dirigió especialmente a tres destinatarios: los ministros que presiden la Eucaristía, quienes desempeñan los diferentes ministerios litúrgicos y el conjunto de los fieles que integran la asamblea celebrante. Narciso Jesús Lorenzo invitó a regresar a las celebraciones eucarísticas desde el asombro, recuperando la conciencia del misterio que se celebra y evitando tanto la autorreferencialidad como el clericalismo, actitudes sobre las que advirtió reiteradamente el papa Francisco. Insistió también en la necesidad de cuidar la liturgia, recordando que nada debería quedar a merced de la improvisación o la arbitrariedad, puesto que en ella se manifiestan la fe y el lenguaje orante de toda la Iglesia. Asimismo, destacó que quienes desempeñan ministerios como el lectorado o el acolitado deben hacerlo con una actitud de auténtica piedad. La intervención puso de manifiesto la importancia de redescubrir el protagonismo de Cristo en la celebración eucarística. En relación con los presbíteros, recordó que, al revestirse y disponerse para presidir la celebración, están llamados a experimentar una identificación profunda con Cristo, expresada en las palabras de san Pablo: «No soy yo, es Cristo quien vive en mí». En cuanto a los fieles, subrayó que es el propio Cristo quien sale a su encuentro y los convoca a participar en el misterio eucarístico. Escuchar al Espíritu para caminar juntos Finalizadas las tres comunicaciones, los asistentes compartieron un tiempo de descanso y encuentro fraterno. A las doce del mediodía se retomó el programa con una oración animada por sor Concha, religiosa del Amor de Dios de Toro, que sirvió de preparación para uno de los momentos centrales de la jornada: la conversación en el Espíritu. Esta dinámica, característica del proceso sinodal, ofreció a los participantes la oportunidad de compartir sus reflexiones desde la escucha, la oración y el discernimiento comunitario. El objetivo fue favorecer un diálogo en el que las distintas sensibilidades y realidades de la diócesis pudieran reconocerse partícipes de una misma misión. Más allá de las reflexiones teológicas y pastorales desarrolladas durante la mañana, este espacio permitió trasladar a la experiencia concreta de los participantes la invitación a construir una Iglesia en la que la comunión, la participación y la corresponsabilidad sean elementos esenciales de su vida y de su acción evangelizadora. Una comunidad viva, eucarística y samaritana La Asamblea culminó con la celebración de la Eucaristía en la iglesia de San Torcuato, presidida por el obispo de Zamora. Durante su homilía, Fernando Valera recordó que es el corazón de Dios el que convoca a los creyentes, los abraza por medio del Espíritu y los invita a convertirse en una comunidad viva, eucarística y samaritana. El prelado señaló que las palabras de Jesús revelan el rostro de un Dios que es Padre y que no permanece indiferente ante las situaciones de sufrimiento. En un mundo en el que el mal convive con la belleza de la Palabra de Dios, Cristo se presenta como la respuesta divina a las heridas de la humanidad. Retomando algunas de las ideas fundamentales de su carta pastoral, insistió en que el encuentro con Cristo en la Eucaristía debe transformar la existencia de los creyentes y convertirlos en pan partido para los demás. En este sentido, recordó que uno de los grandes desafíos de la Asamblea es aprender a mirar con los ojos de Cristo a quienes más sufren, haciendo de la cercanía, la compasión y el servicio expresiones concretas de la fe. La celebración concluyó con una invocación a la Virgen María para que continúe acompañando a la Iglesia zamorana en este camino de discipulado y discernimiento. La jornada finalizó con una comida de fraternidad en el Seminario San Atilano, que permitió prolongar el encuentro y fortalecer los vínculos entre los participantes. Con esta Asamblea, la Diócesis de Zamora abre un nuevo curso pastoral con el propósito de seguir avanzando en la conversión personal y comunitaria, situando la Eucaristía como fuente de comunión, principio de renovación e impulso para una Iglesia comprometida con las necesidades de la sociedad.
26/09/2026más info
La Asamblea Diocesana abre este sábado un nuevo camino pastoral centrado en la Eucaristía
La Asamblea Diocesana abre este sábado un nuevo camino pastoral centrado en la Eucaristía
  La Diócesis de Zamora celebra este sábado, 26 de septiembre, en el colegio Medalla Milagrosa de Zamora una nueva Asamblea Diocesana. El encuentro reunirá a sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos procedentes de los distintos arciprestazgos, parroquias, delegaciones y realidades eclesiales para compartir las orientaciones del curso pastoral 2026-2027. La Asamblea dará continuidad al proceso de escucha, discernimiento y participación desarrollado por la Iglesia zamorana durante los últimos cursos. Las anteriores convocatorias han permitido avanzar hacia una diócesis más sinodal, corresponsable y misionera, con la participación de representantes de los diferentes territorios y ámbitos pastorales. El obispo, Fernando Valera, presentará la carta pastoral titulada La Eucaristía, epifanía del Espíritu que transforma el corazón. En ella propone a la comunidad diocesana recorrer un itinerario espiritual inspirado en el relato evangélico de la pesca en el lago de Tiberíades, pasando de la oscuridad y el cansancio de las “redes vacías” a la confianza renovada en la palabra de Cristo. La Eucaristía será el eje del nuevo Plan Pastoral Diocesano, concebido como un camino de tres años. Su objetivo general es renovar la vida de la diócesis desde el encuentro personal con Jesucristo, la construcción de comunidades evangelizadoras y el compromiso con los más pobres. El primero de estos tres cursos estará marcado por el lema «Permaneced en mí» (Jn 15,4) y se centrará en la Eucaristía como encuentro con Cristo que transforma la vida. Entre las líneas de acción propuestas se encuentran la formación sobre el misterio eucarístico, el cuidado de las celebraciones litúrgicas, la preparación de los agentes pastorales, el fortalecimiento de los centros eucarísticos y la promoción de espacios de oración, adoración y acompañamiento espiritual. El segundo pondrá el acento en la Eucaristía como fundamento de la comunidad cristiana, especialmente en el contexto de las unidades pastorales y de la colaboración entre parroquias. El tercer curso estará orientado a traducir la celebración eucarística en misión, caridad y servicio, recordando que la comunión con Cristo conduce necesariamente al encuentro con las personas más vulnerables. Durante la Asamblea también se dará a conocer la programación elaborada por las delegaciones episcopales de Comunión Fraterna; Evangelización; Cultura, Patrimonio y Sociedad; y Misión Samaritana. El documento recoge los objetivos de las diferentes áreas pastorales, las propuestas de formación y el calendario de actividades previsto para todo el curso. La nueva planificación incorpora las orientaciones nacidas de las asambleas diocesanas celebradas desde 2023, del camino sinodal de la Iglesia, del Congreso de Vocaciones y de la Asamblea de la Iglesia en Castilla. Entre sus prioridades aparecen la corresponsabilidad del laicado, la atención pastoral al mundo rural, la renovación de la catequesis, el acompañamiento de jóvenes y familias, la cultura vocacional, la comunicación, la conservación del patrimonio y la atención a las personas que sufren situaciones de pobreza, enfermedad, soledad o exclusión. La Asamblea Diocesana vuelve a convertirse así en el punto de encuentro de las distintas vocaciones, territorios y sensibilidades de la Iglesia de Zamora. Una jornada para comenzar el nuevo curso desde la oración, la comunión y la responsabilidad compartida, con la Eucaristía como fuente de la vida eclesial y punto de partida para la misión.   PROGRAMA 9:45 h. Acogida en el Colegio Medalla Milagrosa de Zamora 10:00 h. Hora Intermedia 10:15 h. Intervención de nuestro obispo D. Fernando 10:45 h. Intervención de José Alberto Sutil 11:10 h. Intervención de Narciso-Lorenzo Leal  11:30 h. Descanso 12:00 h. Oración 12:20 h. Conversación en el Espíritu por grupos 13:30 h. Celebrar la Eucaristía 14:15 h. Comida
21/09/2026más info
La Pastoral Familiar de Zamora prepara un nuevo curso de encuentros y formación
La Pastoral Familiar de Zamora prepara un nuevo curso de encuentros y formación
El Área de Pastoral Familiar de la Diócesis de Zamora prepara un nuevo curso de actividades dirigidas a novios, matrimonios y familias. La propuesta reúne espacios de preparación para el matrimonio, oración y convivencia, con el propósito de acompañar a las familias en las distintas etapas de su vida.  Los cursos prematrimoniales, ofrecidos en distintos formatos, ayudarán a las parejas a prepararse para la celebración del sacramento del matrimonio. El área pastoral prevé también un encuentro anual de matrimonios recién casados: una jornada de acción de gracias y convivencia que busca favorecer su participación en la vida parroquial y en los movimientos familiares de la Iglesia.  A estas iniciativas se suma Betania, un encuentro diocesano de familias que se celebrará trimestralmente en distintas parroquias. Será un espacio abierto a todas las familias para compartir la oración, la formación y la convivencia en un ambiente festivo. El programa incluirá asimismo actividades con motivo de la Semana de la Familia y la Jornada por la Vida, en sintonía con las propuestas de la Conferencia Episcopal Española. 
14/09/2026más info
Fernando Valera culmina en Alba cinco días de visita pastoral, escucha y esperanza
Fernando Valera culmina en Alba cinco días de visita pastoral, escucha y esperanza
Cinco días, 22 parroquias y decenas de encuentros han permitido al obispo, Fernando Valera, acercarse a la realidad humana, social y eclesial de la comarca de Alba. Desde Olmillos de Castro, primera parada en la mañana del miércoles, hasta la celebración conjunta que este domingo ha reunido en Carbajales de Alba las cruces procesionales de todas las comunidades, la visita pastoral ha dejado una misma imagen: la de una Iglesia rural pequeña en número, pero sostenida por la fidelidad de quienes continúan rezando, celebrando y cuidando la vida de sus pueblos. La visita pastoral regresaba a esta zona doce años después. No ha sido únicamente un recorrido por templos ni una revisión de necesidades materiales. En cada localidad se ha repetido, con las peculiaridades propias de cada comunidad, un esquema sencillo: acogida del obispo, oración, presentación de la historia y de la realidad actual de la parroquia, diálogo con los fieles y una palabra de Fernando Valera mirando hacia el futuro. Así, junto a la despoblación, el envejecimiento o la dificultad para conservar un patrimonio que supera muchas veces las posibilidades de comunidades muy pequeñas, han aparecido también la fidelidad de los mayores, el trabajo silencioso de quienes mantienen abiertas y cuidadas las iglesias, la riqueza de las devociones populares y, sobre todo, la necesidad de avanzar hacia una Iglesia en la que cada bautizado asuma su responsabilidad. Miércoles, 2 de septiembre | Alba Norte: comenzar escuchando La visita comenzó en Olmillos de Castro y continuó durante la mañana por Navianos de Alba y Perilla de Castro, donde el obispo presidió la Eucaristía. Por la tarde, el recorrido llevó a Fernando Valera hasta Santa Eufemia del Barco, Losilla de Alba y Marquiz de Alba. Era la primera de las seis jornadas previstas en esta fase de Alba. El repique de las campanas acompañó la llegada del obispo a unos pueblos en los que vecinos, responsables parroquiales y, en varios casos, alcaldes y concejales quisieron participar en la acogida. En Olmillos hubo tiempo también para acercarse a quienes representan la memoria viva de estas comunidades, como Manuela, de 96 años, y Teresa, de 100. A lo largo del día fueron apareciendo algunas de las cuestiones que atravesarían después toda la visita: la pérdida de población, el envejecimiento, la ausencia de relevo generacional y la preocupación por conservar los templos y sus bienes. Fernando Valera invitó a contemplar esta realidad sin resignación y recurrió a la imagen de la naturaleza que, después de un incendio, vuelve lentamente a regenerarse: también las comunidades cristianas están llamadas a buscar caminos nuevos sin renunciar a sus raíces. En cada templo, la presentación de la parroquia permitió mirar al pasado para comprender el presente y preguntarse por el futuro. En Losilla de Alba, por ejemplo, la atención se detuvo también en la riqueza de su patrimonio, con su retablo del siglo XVI y su cruz parroquial de platería zamorana. En Marquiz de Alba, última parada del día, la acogida adquirió un carácter especialmente expresivo, con alfombras rojas a la entrada y obras de temática religiosa preparadas para recibir al obispo. La primera jornada dejaba ya una de las enseñanzas que Fernando Valera repetiría durante los días siguientes: el valor de una comunidad cristiana no se mide exclusivamente por el número de personas que la integran. En cada pequeño pueblo permanece una parte de la Iglesia diocesana y, con ella, una historia de fe que merece ser escuchada, acompañada y cuidada.   Jueves, 3 de septiembre | Patrimonio, mayores y corresponsabilidad La segunda jornada fue una de las más intensas. El itinerario comenzó en Losacio, siguió por Vegalatrave y Losacinoy, ya por la tarde, condujo al obispo hasta Muga de Alba, Carbajales de Alba y Manzanal del Barco. En Losacio, Fernando Valera fue recibido por numerosos vecinos, junto al alcalde, Manuel Fernández Caballero, y los mayordomos vinculados a la Virgen del Puerto, una devoción profundamente arraigada en la localidad. Allí volvió a hacerse visible el contraste demográfico que afecta a la comarca: de una población que superaba ampliamente el medio millar de habitantes a mediados del siglo XX a una comunidad hoy muy reducida. El obispo recordó además el incendio de 2022, que llegó muy cerca de la ermita de la Virgen del Puerto sin alcanzarla, y agradeció el esfuerzo de quienes continúan manteniendo viva la parroquia. En Vegalatrave, historia y patrimonio ocuparon buena parte de la conversación. La fachada de inspiración neogótica del templo contrasta con el retablo barroco dedicado a San Lorenzo, cuya conservación continúa siendo uno de los retos de la parroquia. También se habló de las campanas y de la necesidad de seguir buscando fórmulas que hagan posible preservar un patrimonio que pertenece a la memoria religiosa y cultural del pueblo.La iglesia de Losacino estaba prácticamente llena para recibir al obispo. Allí se recordó la transformación experimentada por el pueblo con la construcción del salto de Ricobayo y el traslado de su ubicación durante el siglo XX. El cuidado del templo de San Pelayo mereció la felicitación de Fernando Valera, que volvió a animar a vivir el futuro desde la fe, la esperanza, el compromiso y la alegría. Uno de los encuentros patrimonialmente más significativos tuvo lugar en Muga de Alba. La iglesia de Santa Eulalia conserva unas singulares pinturas murales y decoraciones renacentistas recuperadas parcialmente a partir de 2018. El obispo pudo conocer también el sistema de conservación preventiva instalado para controlar parámetros como la temperatura, la humedad o la luminosidad. La comunidad aprovechó su presencia para invitar formalmente a Fernando Valera a regresar en mayo de 2027, cuando se conmemorarán los 75 años de la cofradía de la Virgen de Fátima. Pero la visita pastoral quiso salir también de los templos. En Carbajales de Alba, Fernando Valera visitó la residencia de mayores, donde saludó personalmente a los residentes, compartió un momento de oración y bendijo a la comunidad. Entre ellos estaba Antonio, de 102 años. Después se acercó al centro de salud y a las instalaciones de Fundación Personas, donde usuarios y trabajadores lo recibieron con especial cariño y le mostraron parte del trabajo que realizan diariamente. Ya en la parroquia de Carbajales, la historia de la Virgen de Árboles, el patrimonio religioso, el bordado tradicional y la propia evolución demográfica de la localidad sirvieron para poner palabras a una realidad compartida por toda Alba. Ante ella, el obispo insistió en una de las principales claves pastorales de estos días: la disminución del número de sacerdotes no puede conducir a la desaparición de la vida comunitaria, sino que exige avanzar hacia nuevas formas de presencia y acompañamiento, con una participación creciente de los laicos, los diáconos permanentes, los futuros ministerios laicales y las comunidades evangelizadoras. La jornada concluyó en Manzanal del Barco, con el templo lleno para celebrar la Eucaristía. La memoria del antiguo pueblo, el río Esla, la histórica barca que dio nombre a la localidad y la evolución de su comunidad volvieron a unir pasado y presente. Después de la celebración hubo tiempo para el encuentro directo con los vecinos. Viernes, 4 de septiembre | Alba Sur: cada comunidad cuenta El viernes comenzó la visita a Alba Sur. Siete pueblos formaron parte del recorrido: Vide de Alba, El Castillo de Alba, Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro, Bermillo de Alba y Fonfría, donde la jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía. Si durante los días anteriores la despoblación había estado presente en muchas conversaciones, esta jornada permitió verla todavía con mayor claridad. En Vide de Alba, en torno a una docena de vecinos, algunos de ellos hijos del pueblo desplazados expresamente para la ocasión, esperaban al obispo junto al alcalde. El reducido número de asistentes no restó intensidad al encuentro. Los niños presentes preguntaron directamente a Fernando Valera por la misión de un obispo y por el sentido de la visita, mientras algunos de los mayores recuperaban fotografías antiguas que permitieron recorrer la memoria del pueblo y de su comunidad cristiana. La siguiente parada, El Castillo de Alba, hizo todavía más visible esa realidad. Apenas tres o cuatro personas mantienen allí su residencia habitual durante todo el año. La acogida fue, precisamente por ello, especialmente sencilla y significativa: el pequeño grupo se reunió en el templo para rezar y compartir un tiempo con el pastor de la diócesis. El recorrido prosiguió por Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro y Bermillo de Alba. En cada una de estas comunidades volvió a repetirse el diálogo entre raíces, realidad actual y futuro: la historia de las parroquias y sus devociones, el esfuerzo de los vecinos por conservar las iglesias y la pregunta inevitable sobre cómo mantener una presencia eclesial estable cuando las comunidades son cada vez más pequeñas. La Eucaristía celebrada en Fonfría cerró la jornada. No se trataba simplemente del último acto del día. La celebración eucarística ha sido uno de los hilos conductores de toda la visita y enlaza además con el objetivo pastoral que la diócesis quiere trabajar especialmente durante el próximo curso. En torno a la mesa del altar, comunidades diferentes se reconocen formando una misma Iglesia, más allá del tamaño de cada pueblo o de la frecuencia con la que un sacerdote pueda estar presente. Sábado, 5 de septiembre | De la devoción a la caridad y de la caridad a la Eucaristía La tarde del sábado estuvo dedicada a Carbajosa de Alba y Villalcampo. En Carbajosa, los vecinos acogieron con sencillez a Fernando Valera y compartieron con él su interés y preocupación por la recuperación del retablo parroquial, un proyecto en el que la propia comunidad viene trabajando. Una vez más, el patrimonio apareció durante la visita no únicamente como una cuestión económica o artística, sino como parte de la historia de fe recibida de las generaciones anteriores y que corresponde transmitir a las siguientes. Antes de llegar a Villalcampo, la comitiva realizó una parada en la ermita de la Virgen de la Encarnación, situada entre ambas localidades. Las mayordomas recibieron allí al obispo y le explicaron la profunda devoción que existe en la zona hacia esta advocación mariana, una de las conocidas popularmente como las «Siete Hermanas». El encuentro concluyó con el rezo de la Salve. Desde la ermita, Fernando Valera se dirigió a la residencia de mayores Virgen de la Encarnación, donde saludó a los residentes y compartió con ellos unos momentos antes de trasladarse a la parroquia de San Lorenzo de Villalcampopara presidir la Eucaristía. Ermita, residencia y parroquia dibujaron así, casi sin pretenderlo, una síntesis de la vida cristiana que ha atravesado toda la visita: la devoción que alimenta la fe, la atención a las personas —especialmente a los mayores— que la convierte en caridad y la Eucaristía que reúne de nuevo a la comunidad. Domingo, 6 de septiembre | Veintidós cruces para una sola Iglesia La última jornada comenzó en San Pedro de las Cuevas, una de las parroquias más pequeñas de la diócesis. El pueblo cuenta con apenas una decena de habitantes censados y todavía menos permanecen en él durante el invierno. Sin embargo, alrededor de una docena de personas se reunió para recibir al obispo, algunas llegadas expresamente desde fuera. Fue un encuentro sencillo en una localidad enclavada junto al Esla y rodeada por un paisaje que forma parte inseparable de su identidad. En el interior del pequeño templo, Fernando Valera compartió la oración con los vecinos, contempló algunos de sus bienes religiosos y volvió a explicar el sentido de la visita pastoral: encontrarse personalmente con el Pueblo de Dios, también —y quizá especialmente— allí donde ese pueblo está formado por muy pocas personas. Desde San Pedro de las Cuevas, la jornada regresó a Carbajales de Alba, convertida esta vez en punto de encuentro de las 22 parroquias visitadas durante estos días. Antes de la celebración, Fernando Valera fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde, Roberto Fuentes Gervás, y miembros de la corporación municipal. Tras unas palabras de bienvenida y la bendición del obispo, comenzó el recorrido hacia la iglesia. Una flauta y un tamboril, interpretados por un vecino ataviado con el traje tradicional, encabezaron el camino de autoridades y representantes eclesiales. En el templo esperaba la imagen que resumiría toda la visita: las 22 cruces procesionales de las parroquias de Alba Norte y Alba Sur. Una a una entraron en procesión mientras la iglesia, completamente llena, recibía a fieles llegados desde los distintos pueblos. Las cruces ocuparon los primeros bancos formando lo que el párroco, Ángel Carretero, describió como un auténtico «bosque de cruces», signo de esperanza para la Iglesia que peregrina en esta tierra. Ángel Carretero y el vicario parroquial, Agustín Crespo Casado, fueron nombrando una a una las comunidades. Al escuchar el nombre de cada parroquia, su cruz era levantada. Comunidades de diez, treinta, cien o varios centenares de habitantes quedaban así situadas en un mismo plano: distintas en su historia y en su realidad, pero pertenecientes a una única Iglesia. Fernando Valera resumió en la homilía lo vivido durante estos cinco días. Visiblemente emocionado en algún momento, explicó que la visita pastoral constituye uno de los momentos más importantes y hermosos del ministerio de un obispo. Desde la Palabra de Dios proclamada este domingo volvió a insistir en la corresponsabilidad en la vida de las comunidades cristianas, en la corrección fraterna y, por encima de todo, en el amor como signo distintivo del discípulo de Cristo. Hubo también palabras de agradecimiento para los sacerdotes, para quienes colaboran diariamente en las parroquias, para los representantes municipales y para todos los que han abierto las puertas de sus pueblos durante estas jornadas. El encuentro continuó después de la Eucaristía con un tiempo de convivencia. El salón cedido por el Ayuntamiento y la propia plaza acogieron a numerosos asistentes antes de despedir al obispo con un nuevo aplauso. Una visita que no termina al marcharse el obispo Con la celebración de Carbajales concluye la visita pastoral a las 22 parroquias de Alba, pero no el camino abierto durante estos días ni la visita al conjunto del arciprestazgo de Aliste-Alba, que continuará posteriormente por las comunidades de Aliste. Lo sucedido desde el miércoles deja preguntas que no terminan con la marcha del obispo. Cómo transmitir la fe cuando apenas quedan niños; cómo acompañar comunidades muy dispersas; cómo conservar un patrimonio construido para pueblos que tuvieron muchos más habitantes; cómo afrontar la reducción del número de sacerdotes; y, especialmente, cómo hacer efectiva la responsabilidad que nace del Bautismo para que la vida de la Iglesia no dependa exclusivamente del sacerdote. Pero la visita ha dejado también respuestas. Están en quienes siguen abriendo cada semana las puertas de una iglesia aunque sean pocos; en quienes limpian, preparan las flores, leen, cantan o custodian las llaves; en las mayordomas y cofradías que mantienen las devociones recibidas; en quienes regresaron estos días a sus pueblos para encontrarse con el obispo; en los mayores que conservan la memoria y en los niños que todavía preguntan. Alba ha mostrado durante cinco días sus dificultades, pero también una fe que permanece. Y las 22 cruces reunidas este domingo en Carbajales han ofrecido quizá la mejor catequesis de toda la visita: ninguna de estas pequeñas parroquias camina sola.   HOMILÍA DEL OBISPO EN LA MISA ESTACIONAL DE LA VISITA PASTORAL A LA COMARCA DE ALBA   Hermanos y hermanas de la querida zona de Alba, ¡paz y bien en el Señor! Concluir esta visita pastoral es, ante todo, dar gracias a Dios por el latido vivo de nuestras comunidades, por vuestra fe sencilla, por vuestras manos abiertas y acogedoras. Al caminar por vuestros pueblos, por vuestros caminos de arraigo y esperanza, he palpado esa Iglesia cercana que no teme mostrar el rostro amoroso de Dios. La Palabra que hoy nos regala el Señor nos muestra la belleza y el desafío de la caridad fraterna, esa que brota directamente del misterio insondable de la Trinidad: un Dios que es comunión, amor entregado y derramado. San Pablo nos lo recuerda con la fuerza de la verdad: toda la Ley encuentra su plenitud en un solo mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no es una teoría bonita para los días de fiesta; es el suelo sagrado donde pisa nuestra convivencia diaria en los pueblos de esta tierra de Alba. Y Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos lleva de la mano a lo concreto, a la carne de nuestras relaciones. Nos habla de la corrección fraterna. ¡Qué fácil es hablar por detrás y qué difícil es mirar a los ojos con amor! El Señor nos enseña un camino limpio y valiente: si tu hermano falla, ve y habla con él a solas. No para ajustar cuentas, no para alimentar el orgullo herido, sino movidos por la urgencia del amor. Como nos recordaba san Agustín con tanta agudeza: “el que ofende ya se ha hecho una herida grave a sí mismo”. ¿Cómo vamos a mirar hacia otro lado? Tú puedes olvidar la ofensa que te hicieron, pero jamás puedes ser indiferente ante la herida que desgarra el alma de tu hermano. Esta responsabilidad recíproca es el termómetro de nuestra madurez cristiana. La corrección fraterna, vivida con esa gradualidad que nos marca Jesús —primero a solas, después con testigos, finalmente en el corazón de la comunidad—, no es exclusión, es el grito desesperado y tierno de la misericordia que busca rescatar al que se pierde. Requiere, es verdad, una inmensa humildad, la misma sencillez de corazón que caracteriza a esta tierra noble y trabajadora. Nadie está libre de caer; por eso todos necesitamos ser corregidos y todos estamos llamados a ser custodios de la fe y de la vida del otro. A este tejido fino de la caridad se une el milagro de la oración en común. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La oración en la intimidad del hogar es indispensable, sí, pero el Señor nos pide que nos ejercitemos en la sinfonía de la concordia. Una comunidad desunida es una contradicción viva del Dios Trinitario. Ejercitarnos en la oración comunitaria es afinar nuestros corazones para que suenen al unísono, formando un solo acorde de alabanza y súplica que sube al cielo. La visita pastoral ha sido, ante todo, un ejercicio de cercanía y de escucha. No se trata únicamente de conocer templos, estructuras o necesidades materiales, sino de entrar en contacto con la vida concreta de cada comunidad: rezar juntos, celebrar la fe, escuchar vuestras dificultades y esperanzas y animar a quienes, muchas veces en poblaciones pequeñas y envejecidas, continúan sosteniendo con fidelidad la vida cristiana. Durante estas jornadas ha habido momentos de oración y celebración de la eucaristía, encuentros con las comunidades parroquiales, con sus responsables y con los alcaldes. Muy entrañable han sido las visitas a personas mayores o enfermas que no pueden participar habitualmente en la vida de la parroquia. Para mí este tiempo ha supuesto la experiencia del pastor que se acerca, escucha y acompaña. También la oportunidad para agradecer el compromiso de sacerdotes, diáconos permanentes, laicos y comunidades que, en medio de las dificultades propias del mundo rural, siguen buscando nuevas formas de vivir, compartir y transmitir la fe. Esta visita pastoral a la comarca de Alba es el soplo fresco del Espíritu que enciende de nuevo el compromiso en vuestras parroquias y nos invita a vivir la Eucaristía como “fuente y culmen de la vida cristiana”. Que María santísima, Madre de la Iglesia, aquí Ntra. Sra. de Árboles y en tantas advocaciones de la zona, interceda por nosotros. Que ella nos enseñe a corregir con amor, a orar con un solo corazón y a caminar juntos por los senderos de la historia sabiendo que, en medio de nuestras fragilidades, Él está aquí, habitando nuestra comunión. Que Dios os bendiga.    
07/09/2026más info
Visita pastoral al arciprestazgo de Aliste Alba
Visita pastoral al arciprestazgo de Aliste Alba
El obispo de Zamora, Fernando Valera, inicia este miércoles, 2 de septiembre, una nueva etapa de su visita pastoral a la diócesis, que durante los próximos meses estará centrada en el arciprestazgo de Aliste-Alba, comenzando por las comunidades cristianas de la zona de Alba.  Fue hace doce años cuando se produjo la última visita pastoral a este arciprestazgo que, a lo largo de este primer trimestre, será recorrido por el obispo para conocer de primera mano su realidad, compartir tiempo con sus sacerdotes y agentes de pastoral y, sobre todo, encontrarse con las personas que mantienen viva la presencia de la Iglesia en estos pueblos. La visita pastoral es, ante todo, un ejercicio de cercanía y de escucha. No se trata únicamente de conocer templos, estructuras o necesidades materiales, sino de entrar en contacto con la vida concreta de cada comunidad: rezar juntos, celebrar la fe, escuchar sus dificultades y esperanzas y animar a quienes, muchas veces en poblaciones pequeñas y envejecidas, continúan sosteniendo con fidelidad la vida cristiana. Durante estas jornadas habrá momentos de oración y celebración de la eucaristía, encuentros con las comunidades parroquiales y con sus responsables y, siempre que sea posible, visitas a personas mayores o enfermas que no pueden participar habitualmente en la vida de la parroquia. Fernando Valera quiere que su presencia en Alba y posteriormente en Aliste sea, especialmente, la presencia de un pastor que se acerca, escucha y acompaña. Una oportunidad también para agradecer el compromiso de sacerdotes, diáconos permanentes, laicos y comunidades que, en medio de las dificultades propias del mundo rural, siguen buscando nuevas formas de vivir, compartir y transmitir la fe. La visita permitirá además al obispo conocer mejor esta parte de la diócesis y compartir con sus habitantes sus inquietudes, sus necesidades y también la riqueza humana y cristiana que permanece viva en cada uno de sus pueblos.
02/09/2026más info
Nuevos nombramientos pastorales en la diócesis de Zamora
Nuevos nombramientos pastorales en la diócesis de Zamora
El obispo, Fernando Valera, ha realizado una serie de nombramientos pastorales que afectan a los siete arciprestazgos de la diócesis, a diferentes parroquias, a varias cofradías y hermandades de la ciudad de Zamora y al Cabildo Catedral. Los nombramientos responden al objetivo de continuar avanzando hacia «una Iglesia de escucha recíproca, en la cual cada uno tiene algo que aprender», donde unos escuchan a otros y todos permanecen atentos al Espíritu Santo, como recoge la constitución apostólica Praedicate Evangelium.   Responsables de los siete arciprestazgos El obispo ha nombrado a José Alberto Sutil Lorenzo, arcipreste de Aliste-Alba; Francisco Ortega Vicente Rodríguez, arcipreste de Benavente-Tierra de Campos; César Salvador Gallego, arcipreste de El Pan; Juan José Carbajo Cobos, arcipreste de Sayago; Manuel Iglesias Martín, arcipreste de Toro-La Guareña; José Luis Miranda Domínguez, arcipreste de El Vino; y Héctor Galán Calvo, arcipreste de Zamora-Ciudad.   Arciprestazgo de Aliste-Alba José Alberto Sutil Lorenzo ha sido nombrado párroco de las parroquias que conforman la UAP de Valer: Bercianos de Aliste, Domez, Flores, Fradellos, Gallegos del Río y Puercas. Teófilo Nieto Vicente cesa como párroco de estas comunidades. Asimismo, José Alberto Sutil será moderador de la cura pastoral de las parroquias de Fornillos de Aliste, Arcillera, Brandilanes, Castro de Alcañices, Ceadea, Moveros y Samir de los Caños, donde cesa como párroco Pablo Cisneros Cisneros. El diácono permanente José Ramón Pérez Diego ha sido nombrado cooperador, responsable pastoral y administrador parroquial de las parroquias de Fornillos de Aliste, Arcillera, Brandilanes, Castro de Alcañices, Ceadea, Moveros y Samir de los Caños.   Arciprestazgo de El Pan César Salvador Gallego ha sido nombrado párroco in solidum y moderador de las parroquias de Arquillinos, Pajares de Lampreana, Montamarta, Fontanillas de Castro, Piedrahita de Castro y San Cebrián de Castro. Matías Pérez Diego cesa como párroco de estas comunidades. Enrique Alonso Silván ejercerá como párroco in solidum Párroco de las parroquias de Arquillinos, Pajares de Lampreana, Montamarta, Fontanillas de Castro, Piedrahita de Castro y San Cebrián de Castro. Por otra parte, Charles Ifeanyi Anene será moderador de la cura pastoral de la parroquia de Monfarracinos, donde cesa como párroco Fernando Toribio Viñuela, y de las parroquias de Cubillos y Torres del Carrizal, en las que cesa Manuel San Miguel Salvador. El diácono permanente Miguel Ángel Conejo Gutiérrez ha sido nombrado cooperador, responsable pastoral y administrador parroquial de Monfarracinos, Moreruela de los Infanzones, Cubillos y Torres del Carrizal. Asimismo, Fernando Toribio Viñuela ha sido nombrado colaborador de la parroquia de Monfarracinos.   Arciprestazgo de Toro-La Guareña Magno Alfonzo Villacrés Vallejo ha sido nombrado administrador parroquial de Fuentesaúco, Cañizal, El Maderal, Olmo de la Guareña, Vallesa de la Guareña, Villaescusa y Villamor de los Escuderos.   Arciprestazgo de El Vino Jean Jacques Ngeleji Fumiathu ha sido nombrado moderador de la cura pastoral de las parroquias de Jambrina y Peleas de Abajo. Agustín Chillón Calvo cesa como párroco de ambas comunidades. Sor Rosario Rodríguez Martínez, religiosa del Amor de Dios, será cooperadora, responsable pastoral y administradora parroquial de estas dos parroquias.   Arciprestazgo de Zamora-Ciudad Millán Núñez Ossorio ha sido nombrado párroco de San José Obrero, responsabilidad que compaginará con sus demás cargos. Manuel San Miguel Salvador cesa como párroco de esta comunidad. José María Diego Pascual será párroco in solidum y moderador de las parroquias de San Frontis y Carrascal. Manuel San Miguel Salvador ha sido nombrado párroco de María Auxiliadora y de Nuestra Señora del Pilar de Villagodio, y continuará como párroco de Moreruela. José María Diego Pascual cesa como párroco de María Auxiliadora y Nuestra Señora del Pilar. Además, Enrique Alonso Silván será colaborador de las parroquias de San Juan y Santa María de la Horta, mientras que Agustín Chillón Calvo ejercerá como colaborador en San Torcuato.   Capellanes de cofradías y hermandades Los nombramientos afectan también al acompañamiento pastoral de varias cofradías y hermandades de la ciudad de Zamora. Florencio Gago Rodríguez ha sido nombrado capellán de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída; César Salvador Gallego, de la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras; Esteban Vicente Hernández, de la Real Cofradía del Santo Entierro; José María Diego Pascual, de la Cofradía de Jesús del Vía Crucis; y Enrique Alonso Silván, de la Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo del Amparo.   Nuevo canónigo de la Catedral El prelado ha nombrado también a Millán Núñez Ossorio canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Zamora. Las personas designadas asumirán las atribuciones y facultades propias de sus respectivos oficios pastorales, de acuerdo con lo establecido en el Código de Derecho Canónico. La toma de posesión tendrá lugar durante la primera quincena de septiembre de 2026.  
15/07/2026más info
El Consejo Pastoral Diocesano inicia su andadura al servicio de la misión en Zamora
El Consejo Pastoral Diocesano inicia su andadura al servicio de la misión en Zamora
La diócesis de Zamora ha constituido oficialmente el Consejo Pastoral Diocesano, un órgano llamado a convertirse en espacio de escucha, discernimiento y corresponsabilidad para toda la Iglesia diocesana. La creación de este consejo es fruto del proceso de participación desarrollado durante los últimos años a través de las asambleas diocesanas, las consultas realizadas en los arciprestazgos y el trabajo del Consejo Presbiteral. Su finalidad es favorecer la escucha mutua entre laicos, consagrados y ministros ordenados para discernir juntos los caminos que el Espíritu Santo señala a la Iglesia que peregrina en Zamora. Durante el acto de constitución, el obispo, Fernando Valera, subrayó que el Consejo Pastoral Diocesano «no es algo estructural o burocrático, sino un acontecimiento espiritual», llamado a ser expresión concreta de una Iglesia que camina unida y busca responder con fidelidad a los desafíos de la evangelización. El obispo recordó que el Espíritu Santo es quien impulsa el «caminar juntos», edificando la comunión entre los creyentes y haciendo posible que cada vocación y ministerio encuentre su lugar dentro de la unidad del Pueblo de Dios. En este sentido, destacó la importancia de cultivar actitudes de escucha, comprensión y reconciliación, evitando aquellas formas de división que debilitan la vida eclesial. Asimismo, señaló que este nuevo órgano debe convertirse en una auténtica «caja de resonancia» del sentir de todos los bautizados de la diócesis, capaz de tejer redes entre los distintos arciprestazgos, realidades pastorales y ámbitos de acción evangelizadora. Su misión será favorecer la comunión y la coordinación pastoral para que las iniciativas diocesanas respondan a un proyecto común inspirado por el Espíritu. Entre sus tareas estará también la reflexión y evaluación de la acción pastoral de la diócesis, revisando estructuras, métodos y actividades para que continúen respondiendo a una Iglesia eucarística, sinodal, orante y misionera. Con la constitución del Consejo Pastoral Diocesano, la diócesis de Zamora da un nuevo paso en el camino de la sinodalidad, fortaleciendo los cauces de participación y discernimiento comunitario al servicio de la misión evangelizadora.
19/06/2026más info
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