Religiosidad Popular

08/12/2021

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Las circunstancias históricas del voto de la Inmaculada

“La Villa de Villalpando y su tierra” aparecen ya documentadas en 1002, poco después de su repoblación. Posteriormente se convierte en una población fortificada de frontera entre los reinos de León y Castilla. En 1466, ya desaparecida su función defensiva, la Villa se encuentra en manos de los Fernández de Velasco, Condestables de Castilla.

Hay entonces sobre la Villa una múltiple amenaza: de un lado la epidemia de peste, que azota toda Europa, y las malas cosechas; de otro lado las crisis políticas, en un periodo especialmente turbulento en la Corona de Castilla. Los nobles están divididos; un grupo, entre ellos los conde-duques de Benavente y los Enríquez, señores de Medina de Rioseco, quieren derrocar a Enrique IV y proclaman rey a su hermano, el infante Alfonso, en la llamada “farsa de Ávila” (1465). Villalpando está en medio de ambas poblaciones y depende de los Condestables, que permanecen fieles al rey Enrique.

En ese momento tan crítico, Villalpando y su tierra miran al cielo e invocan la protección de la Virgen María. Se comprometen solemnemente a mantener el culto a la Virgen, como ya se venía haciendo y “para siempre jamás”.

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