Comunicación

26/02/2024

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Toda fila tiene, o debería tener, una meta

Se acerca la Semana Santa y una de las cosas que lleva consigo este tiempo, curiosamente, son las filas. En estas próximas semanas haremos filas y colas para distintas cosas, la pregunta que surge entonces es si tenemos claro hacia donde va nuestra fila y por qué la estamos haciendo, porque si hiciésemos una fila para no llegar a ningún sitio, estaríamos perdiendo el tiempo.

Estos días aparecían en prensa alguna que otra cola en las sedes de las cofradías para recoger nuevos medallones, velas o hachones. Hacemos la fila, con lo que conlleva de tiempo y paciencia, de romper nuestras rutinas, de tener que adaptarnos a los horarios de las cofradías porque nos mueve un deseo fuerte. Queremos salir en las procesiones, queremos conseguir nuestra túnica, queremos conservar nuestro banzo.Llegará la Semana Santa y las filas se harán para salir en la procesión. El huerto del Espíritu Santo, los jardines de la catedral, las inmediaciones de la Plaza Mayor, el Seminario o la iglesia de san Vicente acogerán las filas de hermanos. Primero en el caos del recuentro y la llegada, pero luego en el orden perfecto para recorrer las calles. Está claro que todos los que dejan de estar ese rato con su familia y amigos para salir en la procesión quieren ponerse andar. Hacemos la fila para salir a la calle, para hacer el recorrido, para acompañar los pasos, nadie duda que en la fila se quiere salir en procesión.

¿Y no esperan los que se apostan en filas pacientemente durante varias horas para ver pasar la procesión? En esa espera se aguarda algo importante, se mantiene la fila a pie firme sostenida en el recuerdo de tantos que nos llevaron, de tantos que nos acompañaron, y de aquella ilusión infantil, porque “ya llega la procesión”. Hacemos fila sabiendo que algo viene, y no algo corriente, sino algo que justifica la espera y el esfuerzo, algo que esperamos que nos llene el corazón.

Hacemos fila por un deseo, hacemos fila para salir, hacemos fila para esperar ¿Pero tiene sentido hacer fila sin que el deseo se cumpla, sin que llegamos al destino, sin que llegue al que esperamos? La respuesta es un no rotundo. Por eso, es tiempo de poner nombre a la meta. Deseamos que se nos llene el corazón, salimos a anunciar la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, porque a él es a quien esperamos. Ojalá en estos días lo busquemos, lo acompañemos y, sobre todo, lo esperemos. Él no sólo es la meta, sino la respuesta a todas nuestras inquietudes.

Javier Prieto

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