JMJ 17: Cristo nos ha salido al encuentro
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Reportajes de Secretariado para la Adolescencia y la Juventud

31/07/2016

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JMJ 17: Cristo nos ha salido al encuentro

De Zamora a Cracovia – Diario de la JMJ 17

La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia ha llegado a su fin. El grupo de peregrinos de la Diócesis de Zamora nos ofrece la última crónica de su viaje después de haber participado en la Misa presidida por el papa Francisco.

Cracovia, 31/07/16. Un día más en nuestra peregrinación, y no un día cualquiera: el último. Hoy se nos ha hecho corto el día; dormimos en el Campo de la Misericordia rodeados de cerca de tres millones de personas, y pronto el sol hizo su aparición y nos obligó a despertarnos.

Llegó el Papa y celebramos la Eucaristía en ese gran campo; Eucaristía que ponía fin a la JMJ 2016 en Cracovia. Dicen que cuando empiezas un camino nunca sabes lo que te deparará, nunca ves el final...

Hoy hemos visto el final de nuestro camino en peregrinación a Cracovia. Ponemos fin a 17 días de camino, de alegría, de compartir; atrás quedarán las largas horas en el autobús, las canciones, los bailes; y por siempre en nuestro recuerdo ya quedan las gentes con las que hemos vivido, compartido, con las que hemos rezado.

Ya en el autobús, camino de Berlín para coger el avión hasta Madrid, muchas son las cosas que se comparten, muchos recuerdos, emociones, sentimientos... y un mismo pensar: ha merecido la pena. Han merecido la pena el calor, las aglomeraciones de gente, las ampollas en los pies, el cansancio, los dolores de espalda, las horas de autobús... y todo porque Cristo en estos días nos ha salido al encuentro de nuestro camino.

Nuestra maleta pesa un poquito más que a la ida porque nos llevamos todo lo vivido, lo compartido, y todo lo rezado; juntos los jóvenes de todo el mundo unidos por una misma fe. Qué grande es el Señor, que se sirve de un hombre vestido de blanco, o de un francés, o de un italiano, o incluso de un americano para que nos encontremos con Él.

Con la batería de nuestra fe cargada, volvemos a casa, a compartir con los nuestros todo lo vivido y compartido, y a mantenernos firmes en la fe hasta la próxima carga de nuestra batería que nos mueve: la fe.

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

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