03/08/2026
Vega de Villalobos rinde homenaje a don Abelardo Febrero por toda una vida de entrega sacerdotal
La parroquia de San Román, en Vega de Villalobos, acogió este domingo un emotivo homenaje a su párroco, don Abelardo Febrero Fernández, en reconocimiento a toda una vida dedicada al servicio de la Iglesia y de las comunidades que ha acompañado pastoralmente. A sus 93 años, don Abelardo continúa ejerciendo su ministerio sacerdotal, desplazándose cada semana para celebrar la Eucaristía y atender a los fieles de varios pueblos de la diócesis.
El acto, celebrado tras la misa dominical y organizado por la plataforma Salvemos Nuestra Torre junto a un grupo de vecinos, reunió a numerosos feligreses que quisieron expresar su gratitud a quien forma parte de la historia reciente de la localidad. La sorpresa fue absoluta para el sacerdote, que, al comenzar el homenaje, bromeó pensando que el pueblo se disponía a anunciarle un sustituto.
Aunque no pudo asistir por motivos de agenda, el obispo, Fernando Valera, quiso hacerse presente a través de una carta leída durante el acto. En ella manifestó su “reconocimiento y acción de gracias a Dios” por la trayectoria vocacional, pastoral y espiritual de don Abelardo.
“Gracias por los años dedicados al servicio del Reino de Dios en esta Iglesia que peregrina en Zamora. Gracias por responder un día al don y ministerio recibido, gracias por renovar ese sí constante en los pueblos donde ejerces tu solicitud pastoral”, expresó el prelado.
El obispo destacó también la disponibilidad y cercanía del sacerdote a lo largo de los años: “Te agradezco profundamente tu disponibilidad y generosidad haciendo camino con tu pueblo, Iglesia que camina en comunión. Gracias porque en la Eucaristía diaria y en el servicio a nuestra Iglesia haces cercano el misterio de la gracia, la presencia del Resucitado y la fuerza del Espíritu Santo”.
Finalmente, encomendó su ministerio al Señor y a la Virgen María para que “el Espíritu Santo siga siendo el alma de tu sacerdocio” y concluyó con una sencilla invocación: “Dios te bendiga, don Abelardo”.
Un sacerdote profundamente unido a Vega
Don Abelardo llegó por primera vez a Vega de Villalobos en 1962. Tras desempeñar posteriormente su ministerio en otras parroquias, regresó a la localidad una vez alcanzada la jubilación para hacerse nuevamente cargo de la atención pastoral, evitando que el pueblo quedara sin sacerdote.
Durante el homenaje, los vecinos recordaron su cercanía y capacidad para acompañar a varias generaciones. Subrayaron especialmente su empeño por acercar la Iglesia a los jóvenes ya en los años sesenta, impulsando actividades, excursiones, grupos de teatro y encuentros que marcaron la vida del municipio. También evocaron su implicación en la vida social del pueblo, donde llegó a ser el alma del equipo de fútbol local.
Los asistentes destacaron que, pese a su avanzada edad, don Abelardo continúa recorriendo los pueblos para celebrar la misa, visitar a los enfermos y acompañar a las familias en los momentos más importantes de su vida.
Un reconocimiento lleno de gratitud
El homenaje consistió en la lectura de la carta del obispo, unas palabras de representantes de la plataforma Salvemos Nuestra Torre y la entrega de varios obsequios: un ramo de flores, un cuadro con fotografías de sus primeros años como párroco en Vega y una placa de agradecimiento por su entrega pastoral. El coro parroquial puso el broche musical interpretando las canciones Vaso Nuevo y Trovador.
Visiblemente emocionado, don Abelardo agradeció el cariño recibido y recordó con sencillez sus primeros años de ministerio en Vega, cuando acompañaba a los jóvenes del pueblo en sus actividades para permanecer cerca de ellos. “Siempre he procurado buscar el bien de la comunidad”, señaló, al tiempo que pidió disculpas por los posibles errores cometidos durante tantos años de servicio.
Antes de concluir, dirigió unas palabras de reconocimiento a los vecinos: “Gracias… No sé si lo merecía. Lo estáis haciendo muy bien”.
El homenaje se convirtió así en una acción de gracias compartida por una vida sacerdotal marcada por la fidelidad, la cercanía y la entrega cotidiana al servicio del Evangelio y de la Iglesia de Zamora.







