Comunicación

19/07/2021

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Descanso y compasión

Por José Alberto Sutil Lorenzo

Seguimos con la lectura continua del evangelio según san Marcos, y el evangelio que se nos ofrece en este domingo nos ofrece dos partes bien diferenciadas.

Por una parte, el Señor invita a los apóstoles a descansar después de la fatiga de la misión. Por otra parte, la muchedumbre interrumpe ese descanso del Señor y de los suyos, hecho que conmueve al Señor y hace que se ponga a enseñarles muchas cosas. A veces podemos pensar que somos los últimos de Filipinas, que la Iglesia está muy mal, que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Pero ya san Beda el Venerable, un monje benedictino inglés que vivió a caballo entre los siglos VII y VIII escribió lo siguiente: “Venid aparte a un lugar solitario, para descansar un poco. Este cansancio de los que enseñaban y el ardor de los que se dejaban instruir muestra aquí cuán feliz se era en aquel tiempo. ¡Ay si la providencia de Dios hiciera lo mismo en nuestra época, y una gran multitud de fieles se abalanzara alrededor de los ministros de su Palabra para escucharlos, incluso sin dejarles tiempo para recuperar fuerzas!”. Y esto nos lleva a preguntarnos si realmente tenemos hambre de Dios, de su Palabra, de los sacramentos, de su gracia, porque este mismo Jesús del que nos habla el evangelio es con el que nos podemos encontrar vivo a través de la vida de la Iglesia.

La misma indicación nos sugiere el hecho de que la gente vaya corriendo al lugar que Jesús y los apóstoles habían elegido para descansar. El hecho es que lo que parecía que iba a ser una jornada de tranquilo descanso se convierte en una oportunidad más para que Cristo muestre su compasión de buen pastor al encontrarse el Señor con aquella multitud que precisamente andaba como ovejas que no tenían pastor.

Y esta es otra pregunta para nuestra vida: si dejamos que Cristo sea nuestro pastor, quien nos apaciente, quien nos conduzca, si nos dejamos llevar por él, o por el contrario somos más bien modorros y nos alejamos del rebaño.

Terminemos con otra reflexión. Puede ser que nos suceda como al Señor, que tengamos previsto descansar y ¡“nos molesten”! Podemos hacer entonces como santa Teresita de Lisieux, que cuando disponía de tiempo libre se decía para sí misma: “elijo que me «molesten»”. Así, si alguien venía a verla o solicitaba su ayuda, era lo que había elegido, y si no, ¡también! Entrelacemos descanso y compasión a ejemplo del Señor.

 

 

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