Reportajes de Secretariado para la Adolescencia y la Juventud

19/03/2018

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Envia2.0

El pasado sábado 17 de marzo se celebró en Muga de Sayago el encuentro diocesano de adolescentes, con la participación de chicos y chicas de 12 a 16 años. Publicamos la crónica que ha elaborado Gabriel Carlos Ramos.

Zamora, 19/03/18. Tras varios meses de preparación, de muchas reuniones, de lluvias de ideas, de puestas en común… llegó el día del encuentro diocesano de adolescentes. Los secretariados diocesanos para la Adolescencia y Juventud y Pastoral Vocacional y la Delegación Diocesana de Catequesis organizamos este encuentro, al que pusimos el nombre de ENVIA2.0. El encuentro ha tenido lugar en Muga de Sayago, a mi parecer muy acertado, pues es bueno dar la importancia a los núcleos rurales en estos encuentros.

Todo empezó a las 11, con un festival de bienvenida, en el que contamos con una joven promesa, el DJ Pablo, que nos amenizó la llegada y las presentaciones de los diferentes grupos que acudieron al encuentro. Tras la bienvenida vino una pequeña explicación de por qué se ha elegido el nombre de ENVIA2.0; llegando a la conclusión de que estamos llamados a ser discípulos, que son los héroes 2.0, unos héroes renovados, diferentes, adaptados a nuestro tiempo… con el ejemplo de los héroes 1.0: los santos. Dios nos ha elegido, nos llama a ser discípulos, y nos encomienda una misión: somos enviados.

Tras esta pequeña explicación, comenzaron los talleres, cuatro en total. Dichos talleres fueron muy variados, e iban orientados a poder ser discípulos-misioneros en nuestro tiempo: el primero de ellos abordó cómo ser misionero en las redes sociales, hubo otro sobre música cristiana vocacional, otro de manualidades, en el cual hicimos un dado con retos o compromisos para vivir en casa, y el último taller, que fue más práctico, consistió en una pequeña experiencia de voluntariado en la residencia de ancianos de Muga.

Tras los talleres comimos todos juntos, y después tuvimos un maratón de baile, en el cual pudimos darlo todo bailando. Y después vino el mago Julio, que nos dejó con la boca abierta con sus trucos. Rematamos el día con una pequeña oración en la que pudimos sentirnos miembros de una familia que va más allá de la parroquial… la familia diocesana.

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