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Feliz Navidad, pero de la buena
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Reportajes de Enseñanza

16/12/2014

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Feliz Navidad, pero de la buena

Recogemos aquí la carta que ha escrito para sus alumnos Rafael Ángel García Lozano, profesor del Colegio Medalla Milagrosa de la capital.

Probablemente recodéis que el pasado 22 de noviembre se produjo un atropello de tres niñas (esta fue la palabra utilizada por todos los medios de comunicación) en la carretera que une las localidades toledanas de Torrijos y Fuensalida. Eran las 7:25 de la mañana. El conductor invadió el carril y el arcén contrarios llevándose por delante a cinco menores, tres de las cuales fallecieron en el acto. El conductor dio positivo en las pruebas de alcoholemia, registrando una tasa de 0,26 miligramos por litro de aire espirado. Las reacciones fueron inmediatas. La sociedad entera gritó contra la imprudencia de un conductor borracho. Dos días más tarde el centro donde estudiaban las chicas guardó unos minutos de silencio en el patio de juegos, ante las miradas de cuantos estaban allí y de las cámaras de los medios de comunicación del país. Incluso los noticiarios alertaron de que algunos compañeros de estudios habían jurado vengarse de sus muertes linchando al conductor. Efectivamente fue una desgracia. Las menores tenían 12, 14 y 15 años.

Ciertamente un par de cosas me llamaron poderosamente la atención: La primera, la insistencia machacona en todos los medios de comunicación en referirse a las muchachas como niñas. No discuto que se pueda ser niña a los 15 años, pero yo me inclinaría por emplear las palabras púber o adolescente. En cualquier caso me llamó mucho la atención precisamente la insistencia en esa palabra, más cuando los mismos medios de comunicación emplean la palabra mujeres para personas de 15 años cuando la noticia tiene que ver con abortos ilegales. ¿Os habéis fijado alguna vez? Desde luego con 15 o 16 años el empleo de la palabra mujer resulta un poco forzada. La segunda cuestión, para mí más grave aún, fue constatar que nadie, repito, nadie hizo mención alguna sobre qué demonios hacían precisamente tres niñas solas por una carretera a las 7:25 de la mañana.

A veces insistimos en poner el remedio donde no está la causa de los males. Estamos en diciembre. Se acerca la Navidad. Desde este mismo sentido crítico al que este año nos anima el lema del colegio, hay muchas cosas que pensar, también sobre estos días. Desde luego, estaremos de vacaciones, disfrutaremos de cenas familiares, regalos… ¿Por qué? Sería buena pregunta para todos, ¿por qué?

Los cristianos celebramos el 25 de diciembre que Dios mismo ha querido compartir nuestra misma vida, con nuestras alegrías y problemas, con nuestras dificultades, fracasos y éxitos, haciéndose uno de nosotros. De este modo, metiéndose en nuestro pellejo, ha querido experimentar qué es ser hombre. Y, precisamente por ello, él mismo, que también es Dios, al hacerse de la misma realidad que nosotros, nos posibilita que podamos vivir como Dios. Es decir, Dios se hace como los hombres para que éstos puedan hacerse como Dios. Así de sencillo. Por esto las vacaciones de estos días, las cenas familiares, los regalos no supondrán nada si no los vivimos desde esta perspectiva. Simplemente serán consumo y más consumo. Una cena entrañable que queda sencillamente en eso, en muy poco diferente a la de cualquier cumpleaños que reúna a toda la familia. O los regalos de esa misma fiesta de cumpleaños.

Necesitamos mirar más allá, y ver por dónde van auténticamente los tiros. La Navidad será una farsa sin ese punto de vista. Tan parecido a las luces que adornan nuestras calles, ornamentadas con estrellas y copos de nieve, pero que han querido olvidar hasta en los adornos que estos días celebramos el nacimiento de quien cambió la existencia de medio mundo. O del mundo entero, el tuyo, si tú quieres. ¡Feliz Navidad!

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