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JMJ 8: La fe y el amor no tienen fronteras
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Reportajes de Adolescencia y Juventud

22/07/2016

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JMJ 8: La fe y el amor no tienen fronteras

De Zamora a Cracovia – Diario de la JMJ 8

El primer grupo de zamoranos continúa con los Días en la Diócesis de Lezno (Polonia), el encuentro familiar y eclesial previo al a Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia. Mientras tanto, el grupo neocatecumenal hace misión en las calles de Budapest, y el otro contingente de Zamora ha llegado al centro de Europa. Publicamos la crónica de María Rodríguez, de la parroquia de San Torcuato, y las fotos de los tres grupos.

Lezno, 22/07/16. La acogida de nuestras familias ha llegado hasta tal punto que nos han querido hacer partícipes de su historia, dándonos a conocer sus raíces, incluyendo a sus seres queridos que ya no están con nosotros.

El día comienza fuerte, con pistoletazo de salida para comenzar “el juego de la ciudad” (gymkana) por grupos y con un largo kilometraje de pruebas hasta llegar al centro de Lezno, donde, al acabar exhaustos de caminar como buenos españoles, nos hemos venido arriba y hemos bailado todos juntos canciones populares españolas hasta que nuestras acompañantes polacas no han dudado en unirse a nuestro ritmo y cantar “Duele el corazón”.

Con el paso de las pruebas del juego nos hemos ido acercando sonrisa tras sonrisa polacos y españoles hasta tal punto que se han atrevido a pronunciar el famoso trabalenguas: “tres tristes tigres comen trigo en un trigal”.

Entre tanta risa hemos llegado al final del juego y con él, la esperada comida en grupo, donde nos hemos reunido con los demás grupos y subgrupos españoles. Tras la comida hemos tenido la eucaristía. Más tarde hemos tenido tiempo libre en el cual no hemos dudado en descansar un poco los pies en una terracita polaca.

Después nos han ofrecido un concierto en la plaza del ayuntamiento y como no recordar que los zamoranos y los cacereños nos hemos dejado las cuerdas vocales cantando y bailando las canciones (entre ellas halleluja) liderados por la alegria de Gaby y otros de nuestro grupo.

Hacia las 22 horas hemos llegado a casa, donde como es de esperar el recibimiento ha sido increíble; donde les hemos entregado los detalles preparados para la ocasión y ellos nos los han devuelto con creces. Y sus palabras de agradecimiento y cercanía no han sido menos que un: esperamos que esto no sea un adiós, sino un hasta luego.

Y una vez más se demuestra que la fe y el amor no tienen fronteras. Y que la dificultad del lenguaje nunca será un impedimento para ello.

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