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San Ildefonso acoge el III Concierto por la Esperanza, con el Conservatorio Miguel Manzano
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11/03/2026

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San Ildefonso acoge el III Concierto por la Esperanza, con el Conservatorio Miguel Manzano

La Orquesta y el Coro del Conservatorio Profesional de Música Miguel Manzano ofrecerán el III Concierto por la Esperanza el próximo domingo 15 de marzo, a las 20.00 horas, en la iglesia de San Ildefonso de Zamora. La entrada será libre hasta completar aforo.

Esta propuesta forma parte del ciclo Conciertos por la Esperanza, promovido por la Diócesis de Zamora y la Fundación ZamorArte, en conexión con la exposición de Las Edades del Hombre.

El programa propondrá un recorrido por la historia de la música sacra, desde el clasicismo hasta la creación contemporánea, siguiendo un itinerario simbólico que transita desde la desesperanza hacia la esperanza, en sintonía con el mensaje que inspira también la exposición.

La primera parte del concierto reunirá obras vinculadas al final de la vida y a la dimensión espiritual del sufrimiento. Entre ellas se interpretarán el Ave Verum Corpus de Wolfgang Amadeus Mozart, el Anima Christi del compositor italiano Marco Frisina y el Pie Jesu del Réquiem de Gabriel Fauré.

El eje central del programa será el Cántico de Jean Racine, también de Fauré, que introducirá el mensaje que articula el concierto. A continuación se interpretarán dos piezas que evocan el dolor de María ante la cruz: un Stabat Mater de Giovanni Battista Pergolesi y el conocido Ave María atribuido durante años a Giulio Caccini, aunque realmente compuesto en el siglo XX por el músico ruso Vladimir Vavilov.

La parte final del programa se orientará hacia la esperanza con obras como The Ground, del compositor noruego Ola Gjeilo, y culminará con Benedicat vobis, atribuido a George Frideric Handel.

En el concierto participarán distintas agrupaciones formadas por alumnado del conservatorio, desde pequeños conjuntos instrumentales de cámara hasta formaciones más amplias, todas ellas dirigidas por profesorado del propio centro. Con esta propuesta, el conservatorio ofrecerá una panorámica del trabajo colectivo que se desarrolla en sus aulas y del talento de los jóvenes músicos que se están formando actualmente.

La actuación tendrá lugar en el interior de la iglesia de San Ildefonso, un espacio patrimonial cuya arquitectura y acústica favorecen la interpretación de música sacra y contribuyen a crear un ambiente especialmente adecuado para esta experiencia musical.

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Cinco días, 22 parroquias y decenas de encuentros han permitido al obispo, Fernando Valera, acercarse a la realidad humana, social y eclesial de la comarca de Alba. Desde Olmillos de Castro, primera parada en la mañana del miércoles, hasta la celebración conjunta que este domingo ha reunido en Carbajales de Alba las cruces procesionales de todas las comunidades, la visita pastoral ha dejado una misma imagen: la de una Iglesia rural pequeña en número, pero sostenida por la fidelidad de quienes continúan rezando, celebrando y cuidando la vida de sus pueblos. La visita pastoral regresaba a esta zona doce años después. No ha sido únicamente un recorrido por templos ni una revisión de necesidades materiales. En cada localidad se ha repetido, con las peculiaridades propias de cada comunidad, un esquema sencillo: acogida del obispo, oración, presentación de la historia y de la realidad actual de la parroquia, diálogo con los fieles y una palabra de Fernando Valera mirando hacia el futuro. Así, junto a la despoblación, el envejecimiento o la dificultad para conservar un patrimonio que supera muchas veces las posibilidades de comunidades muy pequeñas, han aparecido también la fidelidad de los mayores, el trabajo silencioso de quienes mantienen abiertas y cuidadas las iglesias, la riqueza de las devociones populares y, sobre todo, la necesidad de avanzar hacia una Iglesia en la que cada bautizado asuma su responsabilidad. Miércoles, 2 de septiembre | Alba Norte: comenzar escuchando La visita comenzó en Olmillos de Castro y continuó durante la mañana por Navianos de Alba y Perilla de Castro, donde el obispo presidió la Eucaristía. Por la tarde, el recorrido llevó a Fernando Valera hasta Santa Eufemia del Barco, Losilla de Alba y Marquiz de Alba. Era la primera de las seis jornadas previstas en esta fase de Alba. El repique de las campanas acompañó la llegada del obispo a unos pueblos en los que vecinos, responsables parroquiales y, en varios casos, alcaldes y concejales quisieron participar en la acogida. En Olmillos hubo tiempo también para acercarse a quienes representan la memoria viva de estas comunidades, como Manuela, de 96 años, y Teresa, de 100. A lo largo del día fueron apareciendo algunas de las cuestiones que atravesarían después toda la visita: la pérdida de población, el envejecimiento, la ausencia de relevo generacional y la preocupación por conservar los templos y sus bienes. Fernando Valera invitó a contemplar esta realidad sin resignación y recurrió a la imagen de la naturaleza que, después de un incendio, vuelve lentamente a regenerarse: también las comunidades cristianas están llamadas a buscar caminos nuevos sin renunciar a sus raíces. En cada templo, la presentación de la parroquia permitió mirar al pasado para comprender el presente y preguntarse por el futuro. En Losilla de Alba, por ejemplo, la atención se detuvo también en la riqueza de su patrimonio, con su retablo del siglo XVI y su cruz parroquial de platería zamorana. En Marquiz de Alba, última parada del día, la acogida adquirió un carácter especialmente expresivo, con alfombras rojas a la entrada y obras de temática religiosa preparadas para recibir al obispo. La primera jornada dejaba ya una de las enseñanzas que Fernando Valera repetiría durante los días siguientes: el valor de una comunidad cristiana no se mide exclusivamente por el número de personas que la integran. En cada pequeño pueblo permanece una parte de la Iglesia diocesana y, con ella, una historia de fe que merece ser escuchada, acompañada y cuidada.   Jueves, 3 de septiembre | Patrimonio, mayores y corresponsabilidad La segunda jornada fue una de las más intensas. El itinerario comenzó en Losacio, siguió por Vegalatrave y Losacinoy, ya por la tarde, condujo al obispo hasta Muga de Alba, Carbajales de Alba y Manzanal del Barco. En Losacio, Fernando Valera fue recibido por numerosos vecinos, junto al alcalde, Manuel Fernández Caballero, y los mayordomos vinculados a la Virgen del Puerto, una devoción profundamente arraigada en la localidad. Allí volvió a hacerse visible el contraste demográfico que afecta a la comarca: de una población que superaba ampliamente el medio millar de habitantes a mediados del siglo XX a una comunidad hoy muy reducida. El obispo recordó además el incendio de 2022, que llegó muy cerca de la ermita de la Virgen del Puerto sin alcanzarla, y agradeció el esfuerzo de quienes continúan manteniendo viva la parroquia. En Vegalatrave, historia y patrimonio ocuparon buena parte de la conversación. La fachada de inspiración neogótica del templo contrasta con el retablo barroco dedicado a San Lorenzo, cuya conservación continúa siendo uno de los retos de la parroquia. También se habló de las campanas y de la necesidad de seguir buscando fórmulas que hagan posible preservar un patrimonio que pertenece a la memoria religiosa y cultural del pueblo.La iglesia de Losacino estaba prácticamente llena para recibir al obispo. Allí se recordó la transformación experimentada por el pueblo con la construcción del salto de Ricobayo y el traslado de su ubicación durante el siglo XX. El cuidado del templo de San Pelayo mereció la felicitación de Fernando Valera, que volvió a animar a vivir el futuro desde la fe, la esperanza, el compromiso y la alegría. Uno de los encuentros patrimonialmente más significativos tuvo lugar en Muga de Alba. La iglesia de Santa Eulalia conserva unas singulares pinturas murales y decoraciones renacentistas recuperadas parcialmente a partir de 2018. El obispo pudo conocer también el sistema de conservación preventiva instalado para controlar parámetros como la temperatura, la humedad o la luminosidad. La comunidad aprovechó su presencia para invitar formalmente a Fernando Valera a regresar en mayo de 2027, cuando se conmemorarán los 75 años de la cofradía de la Virgen de Fátima. Pero la visita pastoral quiso salir también de los templos. En Carbajales de Alba, Fernando Valera visitó la residencia de mayores, donde saludó personalmente a los residentes, compartió un momento de oración y bendijo a la comunidad. Entre ellos estaba Antonio, de 102 años. Después se acercó al centro de salud y a las instalaciones de Fundación Personas, donde usuarios y trabajadores lo recibieron con especial cariño y le mostraron parte del trabajo que realizan diariamente. Ya en la parroquia de Carbajales, la historia de la Virgen de Árboles, el patrimonio religioso, el bordado tradicional y la propia evolución demográfica de la localidad sirvieron para poner palabras a una realidad compartida por toda Alba. Ante ella, el obispo insistió en una de las principales claves pastorales de estos días: la disminución del número de sacerdotes no puede conducir a la desaparición de la vida comunitaria, sino que exige avanzar hacia nuevas formas de presencia y acompañamiento, con una participación creciente de los laicos, los diáconos permanentes, los futuros ministerios laicales y las comunidades evangelizadoras. La jornada concluyó en Manzanal del Barco, con el templo lleno para celebrar la Eucaristía. La memoria del antiguo pueblo, el río Esla, la histórica barca que dio nombre a la localidad y la evolución de su comunidad volvieron a unir pasado y presente. Después de la celebración hubo tiempo para el encuentro directo con los vecinos. Viernes, 4 de septiembre | Alba Sur: cada comunidad cuenta El viernes comenzó la visita a Alba Sur. Siete pueblos formaron parte del recorrido: Vide de Alba, El Castillo de Alba, Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro, Bermillo de Alba y Fonfría, donde la jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía. Si durante los días anteriores la despoblación había estado presente en muchas conversaciones, esta jornada permitió verla todavía con mayor claridad. En Vide de Alba, en torno a una docena de vecinos, algunos de ellos hijos del pueblo desplazados expresamente para la ocasión, esperaban al obispo junto al alcalde. El reducido número de asistentes no restó intensidad al encuentro. Los niños presentes preguntaron directamente a Fernando Valera por la misión de un obispo y por el sentido de la visita, mientras algunos de los mayores recuperaban fotografías antiguas que permitieron recorrer la memoria del pueblo y de su comunidad cristiana. La siguiente parada, El Castillo de Alba, hizo todavía más visible esa realidad. Apenas tres o cuatro personas mantienen allí su residencia habitual durante todo el año. La acogida fue, precisamente por ello, especialmente sencilla y significativa: el pequeño grupo se reunió en el templo para rezar y compartir un tiempo con el pastor de la diócesis. El recorrido prosiguió por Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro y Bermillo de Alba. En cada una de estas comunidades volvió a repetirse el diálogo entre raíces, realidad actual y futuro: la historia de las parroquias y sus devociones, el esfuerzo de los vecinos por conservar las iglesias y la pregunta inevitable sobre cómo mantener una presencia eclesial estable cuando las comunidades son cada vez más pequeñas. La Eucaristía celebrada en Fonfría cerró la jornada. No se trataba simplemente del último acto del día. La celebración eucarística ha sido uno de los hilos conductores de toda la visita y enlaza además con el objetivo pastoral que la diócesis quiere trabajar especialmente durante el próximo curso. En torno a la mesa del altar, comunidades diferentes se reconocen formando una misma Iglesia, más allá del tamaño de cada pueblo o de la frecuencia con la que un sacerdote pueda estar presente. Sábado, 5 de septiembre | De la devoción a la caridad y de la caridad a la Eucaristía La tarde del sábado estuvo dedicada a Carbajosa de Alba y Villalcampo. En Carbajosa, los vecinos acogieron con sencillez a Fernando Valera y compartieron con él su interés y preocupación por la recuperación del retablo parroquial, un proyecto en el que la propia comunidad viene trabajando. Una vez más, el patrimonio apareció durante la visita no únicamente como una cuestión económica o artística, sino como parte de la historia de fe recibida de las generaciones anteriores y que corresponde transmitir a las siguientes. Antes de llegar a Villalcampo, la comitiva realizó una parada en la ermita de la Virgen de la Encarnación, situada entre ambas localidades. Las mayordomas recibieron allí al obispo y le explicaron la profunda devoción que existe en la zona hacia esta advocación mariana, una de las conocidas popularmente como las «Siete Hermanas». El encuentro concluyó con el rezo de la Salve. Desde la ermita, Fernando Valera se dirigió a la residencia de mayores Virgen de la Encarnación, donde saludó a los residentes y compartió con ellos unos momentos antes de trasladarse a la parroquia de San Lorenzo de Villalcampopara presidir la Eucaristía. Ermita, residencia y parroquia dibujaron así, casi sin pretenderlo, una síntesis de la vida cristiana que ha atravesado toda la visita: la devoción que alimenta la fe, la atención a las personas —especialmente a los mayores— que la convierte en caridad y la Eucaristía que reúne de nuevo a la comunidad. Domingo, 6 de septiembre | Veintidós cruces para una sola Iglesia La última jornada comenzó en San Pedro de las Cuevas, una de las parroquias más pequeñas de la diócesis. El pueblo cuenta con apenas una decena de habitantes censados y todavía menos permanecen en él durante el invierno. Sin embargo, alrededor de una docena de personas se reunió para recibir al obispo, algunas llegadas expresamente desde fuera. Fue un encuentro sencillo en una localidad enclavada junto al Esla y rodeada por un paisaje que forma parte inseparable de su identidad. En el interior del pequeño templo, Fernando Valera compartió la oración con los vecinos, contempló algunos de sus bienes religiosos y volvió a explicar el sentido de la visita pastoral: encontrarse personalmente con el Pueblo de Dios, también —y quizá especialmente— allí donde ese pueblo está formado por muy pocas personas. Desde San Pedro de las Cuevas, la jornada regresó a Carbajales de Alba, convertida esta vez en punto de encuentro de las 22 parroquias visitadas durante estos días. Antes de la celebración, Fernando Valera fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde, Roberto Fuentes Gervás, y miembros de la corporación municipal. Tras unas palabras de bienvenida y la bendición del obispo, comenzó el recorrido hacia la iglesia. Una flauta y un tamboril, interpretados por un vecino ataviado con el traje tradicional, encabezaron el camino de autoridades y representantes eclesiales. En el templo esperaba la imagen que resumiría toda la visita: las 22 cruces procesionales de las parroquias de Alba Norte y Alba Sur. Una a una entraron en procesión mientras la iglesia, completamente llena, recibía a fieles llegados desde los distintos pueblos. Las cruces ocuparon los primeros bancos formando lo que el párroco, Ángel Carretero, describió como un auténtico «bosque de cruces», signo de esperanza para la Iglesia que peregrina en esta tierra. Ángel Carretero y el vicario parroquial, Agustín Crespo Casado, fueron nombrando una a una las comunidades. Al escuchar el nombre de cada parroquia, su cruz era levantada. Comunidades de diez, treinta, cien o varios centenares de habitantes quedaban así situadas en un mismo plano: distintas en su historia y en su realidad, pero pertenecientes a una única Iglesia. Fernando Valera resumió en la homilía lo vivido durante estos cinco días. Visiblemente emocionado en algún momento, explicó que la visita pastoral constituye uno de los momentos más importantes y hermosos del ministerio de un obispo. Desde la Palabra de Dios proclamada este domingo volvió a insistir en la corresponsabilidad en la vida de las comunidades cristianas, en la corrección fraterna y, por encima de todo, en el amor como signo distintivo del discípulo de Cristo. Hubo también palabras de agradecimiento para los sacerdotes, para quienes colaboran diariamente en las parroquias, para los representantes municipales y para todos los que han abierto las puertas de sus pueblos durante estas jornadas. El encuentro continuó después de la Eucaristía con un tiempo de convivencia. El salón cedido por el Ayuntamiento y la propia plaza acogieron a numerosos asistentes antes de despedir al obispo con un nuevo aplauso. Una visita que no termina al marcharse el obispo Con la celebración de Carbajales concluye la visita pastoral a las 22 parroquias de Alba, pero no el camino abierto durante estos días ni la visita al conjunto del arciprestazgo de Aliste-Alba, que continuará posteriormente por las comunidades de Aliste. Lo sucedido desde el miércoles deja preguntas que no terminan con la marcha del obispo. Cómo transmitir la fe cuando apenas quedan niños; cómo acompañar comunidades muy dispersas; cómo conservar un patrimonio construido para pueblos que tuvieron muchos más habitantes; cómo afrontar la reducción del número de sacerdotes; y, especialmente, cómo hacer efectiva la responsabilidad que nace del Bautismo para que la vida de la Iglesia no dependa exclusivamente del sacerdote. Pero la visita ha dejado también respuestas. Están en quienes siguen abriendo cada semana las puertas de una iglesia aunque sean pocos; en quienes limpian, preparan las flores, leen, cantan o custodian las llaves; en las mayordomas y cofradías que mantienen las devociones recibidas; en quienes regresaron estos días a sus pueblos para encontrarse con el obispo; en los mayores que conservan la memoria y en los niños que todavía preguntan. Alba ha mostrado durante cinco días sus dificultades, pero también una fe que permanece. Y las 22 cruces reunidas este domingo en Carbajales han ofrecido quizá la mejor catequesis de toda la visita: ninguna de estas pequeñas parroquias camina sola.   HOMILÍA DEL OBISPO EN LA MISA ESTACIONAL DE LA VISITA PASTORAL A LA COMARCA DE ALBA   Hermanos y hermanas de la querida zona de Alba, ¡paz y bien en el Señor! Concluir esta visita pastoral es, ante todo, dar gracias a Dios por el latido vivo de nuestras comunidades, por vuestra fe sencilla, por vuestras manos abiertas y acogedoras. Al caminar por vuestros pueblos, por vuestros caminos de arraigo y esperanza, he palpado esa Iglesia cercana que no teme mostrar el rostro amoroso de Dios. La Palabra que hoy nos regala el Señor nos muestra la belleza y el desafío de la caridad fraterna, esa que brota directamente del misterio insondable de la Trinidad: un Dios que es comunión, amor entregado y derramado. San Pablo nos lo recuerda con la fuerza de la verdad: toda la Ley encuentra su plenitud en un solo mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no es una teoría bonita para los días de fiesta; es el suelo sagrado donde pisa nuestra convivencia diaria en los pueblos de esta tierra de Alba. Y Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos lleva de la mano a lo concreto, a la carne de nuestras relaciones. Nos habla de la corrección fraterna. ¡Qué fácil es hablar por detrás y qué difícil es mirar a los ojos con amor! El Señor nos enseña un camino limpio y valiente: si tu hermano falla, ve y habla con él a solas. No para ajustar cuentas, no para alimentar el orgullo herido, sino movidos por la urgencia del amor. Como nos recordaba san Agustín con tanta agudeza: “el que ofende ya se ha hecho una herida grave a sí mismo”. ¿Cómo vamos a mirar hacia otro lado? Tú puedes olvidar la ofensa que te hicieron, pero jamás puedes ser indiferente ante la herida que desgarra el alma de tu hermano. Esta responsabilidad recíproca es el termómetro de nuestra madurez cristiana. La corrección fraterna, vivida con esa gradualidad que nos marca Jesús —primero a solas, después con testigos, finalmente en el corazón de la comunidad—, no es exclusión, es el grito desesperado y tierno de la misericordia que busca rescatar al que se pierde. Requiere, es verdad, una inmensa humildad, la misma sencillez de corazón que caracteriza a esta tierra noble y trabajadora. Nadie está libre de caer; por eso todos necesitamos ser corregidos y todos estamos llamados a ser custodios de la fe y de la vida del otro. A este tejido fino de la caridad se une el milagro de la oración en común. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La oración en la intimidad del hogar es indispensable, sí, pero el Señor nos pide que nos ejercitemos en la sinfonía de la concordia. Una comunidad desunida es una contradicción viva del Dios Trinitario. Ejercitarnos en la oración comunitaria es afinar nuestros corazones para que suenen al unísono, formando un solo acorde de alabanza y súplica que sube al cielo. La visita pastoral ha sido, ante todo, un ejercicio de cercanía y de escucha. No se trata únicamente de conocer templos, estructuras o necesidades materiales, sino de entrar en contacto con la vida concreta de cada comunidad: rezar juntos, celebrar la fe, escuchar vuestras dificultades y esperanzas y animar a quienes, muchas veces en poblaciones pequeñas y envejecidas, continúan sosteniendo con fidelidad la vida cristiana. Durante estas jornadas ha habido momentos de oración y celebración de la eucaristía, encuentros con las comunidades parroquiales, con sus responsables y con los alcaldes. Muy entrañable han sido las visitas a personas mayores o enfermas que no pueden participar habitualmente en la vida de la parroquia. Para mí este tiempo ha supuesto la experiencia del pastor que se acerca, escucha y acompaña. También la oportunidad para agradecer el compromiso de sacerdotes, diáconos permanentes, laicos y comunidades que, en medio de las dificultades propias del mundo rural, siguen buscando nuevas formas de vivir, compartir y transmitir la fe. Esta visita pastoral a la comarca de Alba es el soplo fresco del Espíritu que enciende de nuevo el compromiso en vuestras parroquias y nos invita a vivir la Eucaristía como “fuente y culmen de la vida cristiana”. Que María santísima, Madre de la Iglesia, aquí Ntra. Sra. de Árboles y en tantas advocaciones de la zona, interceda por nosotros. Que ella nos enseñe a corregir con amor, a orar con un solo corazón y a caminar juntos por los senderos de la historia sabiendo que, en medio de nuestras fragilidades, Él está aquí, habitando nuestra comunión. Que Dios os bendiga.    
07/09/2026más info
La Catedral de Zamora retoma el culto tras la celebración de EsperanZa
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La Catedral de Zamora ha acogido este domingo 28 de junio la primera Eucaristía tras la celebración de EsperanZa, la muestra de Las Edades del Hombre que durante los últimos meses ha tenido como sede el principal templo diocesano. La celebración, presidida por el obispo, Fernando Valera, ha supuesto la vuelta de las celebraciones litúrgicas a la Santa Iglesia Catedral del Salvador, en una Eucaristía retransmitida en directo por Televisión Castilla y León y acompañada musicalmente por el Coro Sacro Jerónimo Aguado. Al inicio de su homilía, Valera ha dirigido un saludo especial a quienes seguían la celebración a través de la televisión, “especialmente los mayores y los enfermos”, y ha subrayado el significado de este regreso: “Hoy retomamos las celebraciones litúrgicas de esta Santa Iglesia Catedral del Salvador de Zamora, este lugar donde late el corazón de esta Diócesis”. A partir del Evangelio de san Mateo, el obispo ha invitado a redescubrir la centralidad de Cristo en la vida cristiana, recordando que el Señor no pide frialdad ni distancia respecto a los afectos humanos, sino ponerlo a Él en el centro del corazón. “Solo cuando Jesús ocupa el centro del corazón, nuestros amores humanos se purifican y se vuelven más verdaderos”, ha señalado. En este sentido, el prelado ha insistido en la necesidad de vivir una fe sencilla, honesta y unificada, alejada de toda doblez. “No es perfección absoluta lo que nos pide el Señor, Él conoce nuestra debilidad, sabe que somos una Iglesia de barro y límites. Lo que Jesús nos pide es humildad para reconocer el error y un corazón sencillo”, ha expresado. La homilía ha puesto también el acento en la dimensión misionera de toda la comunidad cristiana. El obispo ha recordado que anunciar el Evangelio no es tarea reservada a unos pocos, sino misión compartida por todo el pueblo de Dios: “Cuanto más cerca estamos de Jesús, más amamos a nuestro pueblo; y cuanto más cerca estamos de nuestro pueblo, más tocamos las llagas abiertas de Jesús”. Durante la celebración, la Catedral de Zamora ha tenido además presentes a las víctimas y afectados por el terremoto de Venezuela. Fernando Valera ha pedido poner ante el Señor “a los que han muerto, los desaparecidos, los heridos, todos los que buscan a sus seres queridos”, calificando esta tragedia como “una llaga que sangra en la solidaridad de todos”. La celebración ha concluido con una mirada a María, evocando la imagen de la Virgen de la Majestad, esculpida en piedra en la Catedral. A ella ha encomendado el obispo el camino de la Iglesia diocesana, pidiendo la gracia de ser “libres, alegres y auténticos misioneros del Evangelio” en la vida cotidiana y en el servicio a los demás. Homilía completa
28/06/2026más info
Zamora clausura ‘EsperanZa’ como un impulso de futuro para el territorio
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La Catedral de Zamora acogió este lunes, 4 de mayo, el acto de clausura de EsperanZa, la XXVIII edición de Las Edades del Hombre, celebrada en la ciudad desde el pasado mes de octubre y desarrollada en la Santa Iglesia Catedral y las iglesias de San Cipriano y el Carmen de San Isidoro. Durante su intervención, el obispo, Fernando Valera, subrayó que este momento no debía entenderse únicamente como el final de una exposición, sino como la acogida agradecida de “algo maravilloso que ha ocurrido entre nosotros”. En su intervención recordó el origen del proyecto, vinculado al impacto de los incendios en la Sierra de la Culebra: “Allí, donde parecía que solo quedaban cenizas, empezó a nacer casi en silencio una palabra y un proyecto: esperanza”. El obispo destacó que quienes han visitado Zamora “lo han hecho para dialogar con el arte, para sumergir su alma en la belleza y dejarse interpelar”, poniendo de relieve la capacidad del patrimonio para suscitar preguntas profundas y abrir caminos de interioridad. Asimismo, quiso agradecer expresamente el trabajo conjunto que ha hecho posible esta edición, subrayando el papel de la Fundación Las Edades del Hombre, las administraciones públicas y los numerosos profesionales y voluntarios implicados. Mons. Valera reconoció también la presencia institucional en el acto, con la participación del vicepresidente de la Fundación Las Edades del Hombre, Mons. Mikel Garciandía, y del consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Castilla y León, Gonzalo Santonja, a quienes agradeció su respaldo desde el inicio del proyecto. En este contexto, puso en valor el modo de trabajo compartido que ha sostenido la iniciativa: “Cuando se dialoga, cuando se suman esfuerzos, cuando se piensa en las personas y en las dificultades de nuestros territorios, las cosas suceden”. Igualmente, tuvo palabras de gratitud para el Cabildo Catedral, la Fundación ZamorArte —por su apuesta por acercar la belleza del Evangelio a los jóvenes a través del Laboratorio EsperanZa— y el conjunto de instituciones que han apoyado la muestra. “Hoy más que cerrar, abrimos”, afirmó el obispo, invitando a dar continuidad al camino iniciado. “Zamora no está condenada a resistir, sino llamada a crear oportunidades y futuro”, añadió. La clausura de EsperanZa deja en Zamora una experiencia que ha unido fe, arte y colaboración institucional, proyectando el valor del patrimonio como motor cultural y también como fuente de sentido. “Esta tierra no es solo memoria; es promesa y es futuro”, concluyó Mons. Valera, felicitando a todos los que han hecho posible esta edición.
04/05/2026más info
Benavente celebra la Veguilla con una llamada a ser bálsamo y esperanza
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Benavente vive este lunes 13 de abril el día grande de la Veguilla, las fiestas patronales en honor de la Virgen de la Vega. La jornada reúne algunos de los momentos más arraigados para la ciudad, como el tradicional reparto del pan de la Veguilla, el repique de campanas, la procesión de la patrona, la ofrenda floral y la misa solemne presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera, en la iglesia de Santa María del Azogue. En su homilía, el obispo ha puesto el acento en la dimensión pascual de esta fiesta mariana y en la cercanía maternal de la Virgen. “Esta mañana, nuestra alegría pascual tiene un nombre entrañable: la Virgen de la Veguilla”, ha afirmado al comienzo de la celebración, recordando que la patrona de Benavente es también la Madre que permanece firme junto a la Cruz y acompaña la esperanza del pueblo creyente. A partir del evangelio proclamado, Fernando Valera ha subrayado que las palabras de Jesús —“Mujer, ahí tienes a tu hijo”— abren un horizonte de cuidado, consuelo y fraternidad. Por eso, ha invitado a contemplar a María como amparo para quienes atraviesan la dificultad y ha recordado que “nadie en Benavente, ninguna familia que lo esté pasando mal, ningún enfermo en el hospital, ningún joven sin horizonte, debe sentirse huérfano”. El obispo ha presentado a la Virgen de la Vega como “la respuesta de Dios a toda soledad” y ha animado a los fieles a aprender de ella ese modo discreto y valiente de permanecer junto a las cruces de los demás. En este sentido, ha insistido en que la devoción a la patrona se traduce también en una forma concreta de vivir el Evangelio, con un corazón abierto a la caridad, a la entrega y a la esperanza. En el tramo final de su homilía, el prelado ha pedido que la patrona ayude a la comunidad cristiana a “pasar del dolor de la Cruz al gozo de la Resurrección”, siendo “bálsamo y esperanza para los que sufren”. En un día especialmente querido por Benavente, la mirada se dirige de nuevo a la Virgen de la Vega como madre, protectora y signo de esperanza para todo su pueblo.   Homilía completa del obispo
13/04/2026más info
El obispo, Fernando Valera llama a Zamora a entrar en la Semana Santa con esperanza y caridad
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La Diócesis de Zamora ha iniciado este domingo 29 de marzo la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos, la puerta de entrada a los días centrales del año litúrgico, en sintonía con la celebración de toda la Iglesia universal. La Santa Sede sitúa precisamente esta jornada como comienzo de la Semana Santa y antesala inmediata del Triduo Pascual. En su homilía, pronunciada en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso, el obispo, Fernando Valera, invitó a contemplar el sentido profundo de esta jornada, marcada por la entrada de Jesús en Jerusalén entre ramos y aclamaciones, pero orientada ya hacia la Pasión. “No nos engañemos: el triunfo de Dios no es el del poder humano, sino el del amor que se entrega hasta la muerte”, afirmó el prelado, subrayando que Cristo entra “humilde y sencillo” como “el Rey de la paz, el que viene a servir y no ser servido”. El obispo situó esa escena evangélica en el corazón mismo de la realidad zamorana, aludiendo a unas calles que, en estos días, se preparan para el sonido del tambor y el recogimiento de las procesiones. “Hoy Jesús entra en nuestra ciudad, en nuestros pueblos para abrirnos las puertas de la esperanza”, señaló. Y añadió una imagen especialmente unida a la sensibilidad espiritual de la Semana Santa zamorana: “En Zamora, sabemos mucho de silencios; nuestros desfiles procesionales son oraciones del corazón que recorren el empedrado de nuestras calles”. Fernando Valera recordó además que la Pasión del Señor no es solo memoria de un acontecimiento del pasado, sino una llamada a reconocer hoy el sufrimiento de tantos hermanos. En este sentido, se refirió a “nuestros mayores que sufren la soledad en los pueblos que se vacían”, a “las familias que no llegan a fin de mes” y a quienes “han perdido la esperanza y no encuentran sentido”. Ante esa realidad, animó a los fieles a vivir esta Semana Santa desde una fe concreta y comprometida: “Ser seguidor de Jesús hoy en esta Iglesia que peregrina en Zamora significa ser cireneos”. En el inicio de estos días santos, el obispo exhortó a la comunidad diocesana a no dejar que esta celebración pase de largo como una costumbre más, sino a vivirla como un tiempo de conversión, compañía y caridad. “Os invito a que esta Semana Santa no pase de largo por nuestra vida. Acompañad al Señor en su entrega”, expresó. Una invitación que culminó con una mirada abierta a la Pascua: “Después del Viernes Santo, nos espera la luz inmensa de la Resurrección”.   Homilia completa  
29/03/2026más info
EsperanZa amplía su apertura hasta el 3 de mayo
EsperanZa amplía su apertura hasta el 3 de mayo
La exposición ‘EsperanZa’, que acoge Zamora en el marco de Las Edades del Hombre, permanecerá abierta hasta el próximo 3 de mayo, tras la ampliación anunciada este lunes por el presidente de la Fundación Las Edades del Hombre, Mons. Jesús Vidal, y el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco. La muestra, instalada en la Catedral de Zamora y las iglesias de San Cipriano y El Carmen, tenía previsto cerrar el 5 de abril, pero el obispo de Zamora, Fernando Valera, haciéndose eco del sentir mayoritario de las diferentes administraciones y de los agentes sociales, culturales y económicos de la provincia, solicitó su ampliación para que la muestra siga siendo un espacio de diálogo fe-cultura y de desarrollo de Zamora. La decisión llega en un momento de notable afluencia de público. Según los datos dados a conocer durante la visita institucional, más de 130.000 personas han recorrido ya esta edición desde su apertura, el pasado 16 de octubre, y solo en las últimas semanas la exposición ha mantenido un ritmo de visitas especialmente intenso, favorecido también por la cercanía de la Semana Santa de Zamora y el volumen actual de reservas. Durante su intervención, Mañueco subrayó que el respaldo de la Junta a esta edición de Las Edades del Hombre expresa el compromiso del Ejecutivo autonómico con la conservación, gestión y difusión del patrimonio cultural y religioso de Castilla y León. Asimismo, destacó que esta ampliación supondrá un nuevo impulso para el desarrollo económico y social de la provincia. Por su parte, Mons. Jesús Vidal puso de relieve la excelente acogida de la exposición y agradeció la implicación de quienes han hecho posible esta prórroga, en una decisión que no ha resultado sencilla por las condiciones vinculadas al préstamo de las obras. En este contexto, reconoció expresamente la colaboración del Obispado de Zamora, junto a la de las demás instituciones y entidades implicadas en el desarrollo de la muestra. La ampliación de ‘Esperanza’ vuelve a poner de manifiesto la relevancia de esta edición para la ciudad y para la vida diocesana. También subraya el papel del Obispado de Zamora en una cita que está proyectando, desde el patrimonio, una imagen de Zamora estrechamente vinculada a su identidad histórica, artística y eclesial. En el acto por compromisos previamente adquiridos no ha podido estar el obispo, Fernando Valera, pero sí han asistido en representación diocesana el vicario general, Pedro Faúndez; el deán de la Catedral, Juan Luis Martín; el guionista de la exposición y gerente, José Manuel Chillón, y el delegado de Patrimonio de la diócesis, comisario institucional de la muestra, Juan Carlos López.
23/03/2026más info
La Diócesis de Zamora lleva el musical
La Diócesis de Zamora lleva el musical "Más Allá" al Ramos Carrión
El Obispado de Zamora promoverá próximamente la representación de Más Allá, el musical, una producción de inspiración cristiana escrita por Rogelio Cabado que, desde un lenguaje artístico actual, plantea al espectador una reflexión sobre las grandes preguntas de la vida, la vocación y la esperanza cristiana. La iniciativa se presenta como una propuesta especialmente dirigida al mundo juvenil, aunque abierta a todos los públicos. La obra nació con motivo del centenario del Instituto Secular Alianza en Jesús por María, fundado por el sacerdote Antonio Amundarain, y fue concebida con el propósito de mostrar “la belleza de la vocación a la que Dios llama a cada persona”. Desde ese punto de partida, el musical propone una lectura creyente de la existencia a través de una puesta en escena dinámica, actual y visualmente cuidada. Estructurada en cinco actos y diez escenas, la historia sitúa al público en una cafetería llamada Más Allá, lugar simbólico de encuentro en el que varios jóvenes artistas comparten inquietudes, búsquedas y experiencias. A partir de ese marco, la trama aborda cuestiones muy presentes en la sociedad contemporánea, como la incertidumbre, el escepticismo, el mal, la tristeza o la necesidad de encontrar un horizonte de verdad, amistad y sentido. La propuesta escénica combina interpretación, música, baile, proyecciones, escenografía y banda sonora en directo, con una factura ágil y coral. El equipo está integrado por alrededor de una treintena de personas entre actores, cantantes, músicos, bailarines y personal técnico, con presencia mayoritaria de jóvenes.     La obra, Más Allá quiere presentar a Jesucristo como respuesta a las preguntas más hondas del corazón humano, mostrando al mismo tiempo la vocación como camino de plenitud frente a la oscuridad y el desánimo. En ese itinerario ocupa también un lugar significativo la figura de una joven consagrada, cuya presencia ilumina el recorrido interior de los demás personajes. Desde su estreno, el musical ha pasado ya por distintos escenarios y ha sido representado en ciudades como Zamora, Valladolid, Madrid y Toledo. Además, ha recibido un reconocimiento de la Conferencia Episcopal Española como iniciativa de carácter espiritual, solidario y evangelizador. A este respaldo se suma el Primer Premio SPERA de la Música Católica en la categoría de Mejor Iniciativa Espiritual y Solidaria, lo que confirma la acogida y relevancia que está alcanzando este proyecto en distintos ámbitos eclesiales y culturales. Con esta propuesta, el Obispado de Zamora respalda una iniciativa cultural y evangelizadora que une creación artística, testimonio cristiano y diálogo con las inquietudes de los jóvenes de hoy, ofreciendo una experiencia escénica pensada para interpelar, emocionar y abrir caminos de fe. La representación tendrá lugar el próximo 11 de abril en el Teatro Ramos Carrión. La entrada será libre mediante invitación, que podrá recogerse a partir del martes 24 de marzo en las oficinas del Obispado de Zamora (calle Ramos Carrión, 18) hasta completar aforo.
17/03/2026más info
Fernando Valera proclama en Vigo una Semana Santa iluminada por la esperanza
Fernando Valera proclama en Vigo una Semana Santa iluminada por la esperanza
En la tarde de ayer el obispo, Fernando Valera, pronunciaba en Vigo el pregón de la Semana Santa con una invitación clara a contemplar la Pasión, la muerte y la Resurrección de Cristo desde la esperanza, subrayando que “la cruz de Jesucristo es nuestra gloria”, que “el Señor muerto ha resucitado” y que “el Gólgota no es la última palabra”. En un discurso de hondo contenido espiritual y marcado acento pastoral, el prelado presentaba la Semana Santa como una experiencia de fe capaz de iluminar también el sufrimiento humano. En este sentido, afirmaba que “el sufrimiento, el dolor, la opresión, el sinsentido, la injusticia… son estaciones penúltimas” y recordó que “la esperanza está en el Señor”. A lo largo de su intervención, don Fernando evocaba asimismo la identidad espiritual y cultural de Zamora, una tierra que vive con singular intensidad el misterio pascual y que, según expresó, quiere ofrecer “una palabra de esperanza” desde la experiencia creyente de su Semana Santa. “La historia de nuestra fe es la experiencia de la resurrección”, proclamó ante los asistentes. Dirigía además una palabra directa a quienes atraviesan el dolor, la enfermedad o la soledad, con una de las llamadas más intensas del pregón: “A tí te hablo. A tí te habla nuestro Señor. No estás solo”. En otro de los pasajes más significativos, señalaba que “las heridas permanecen”, pero que la cruz de Cristo abre “un horizonte” y “un sentido” para la vida del creyente. En la parte final de su pregón, el obispo reafirmaba que la Resurrección es el fundamento último de la esperanza cristiana y también de la mirada sobre Zamora: “Por la resurrección que celebráis y procesionáis, nuestra Zamora tiene motivos para revivir y esperar”.   Pregón completo
15/03/2026más info
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