30/06/2026
Zamora recibe a Miguel Ángel y José Ramón como nuevos diáconos permanentes
La iglesia de Cristo Rey acogió ayer, lunes 29 de junio, la ordenación diaconal de Miguel Ángel Conejor y José Ramón Pérez, en una celebración presidida por el obispo, Fernando Valera, y arropada por toda la comunidad cristiana. Familiares, sacerdotes, diáconos, amigos y fieles de distintas realidades diocesanas acompañaron este momento significativo para la Iglesia en Zamora, vivido en el marco de la solemnidad de San Pedro y San Pablo.
La celebración tuvo un marcado sentido eclesial y comunitario. La ordenación de dos nuevos diáconos permanentes supone un signo de esperanza para la diócesis y una llamada renovada a vivir el ministerio desde la cercanía, la humildad y el servicio, especialmente en aquellas realidades donde la Iglesia está llamada a hacerse más presente.
En su homilía, Fernando Valera situó la ordenación en la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo, dos hombres profundamente distintos y llamados por Dios para una misma misión. Pedro, “pescador de manos curtidas por el lago”, y Pablo, “de mente formada en la cultura rabínica del maestro Gamaliel y en la filosofía griega”, muestran —recordó el obispo— que Dios llama desde historias, sensibilidades y caminos diversos para edificar una misma comunidad y anunciar un mismo Evangelio.
Desde esa mirada, Valera recordó que el ministerio ordenado no nace de la perfección personal, sino de la gracia de Dios. “Dios no elige a los perfectos, sino que capacita a los que se reconocen necesitados de misericordia”, afirmó, subrayando que la fragilidad, acogida desde la fe, puede convertirse en lugar de encuentro con Cristo y de entrega a los demás.
Dirigiéndose directamente a Miguel Ángel y José Ramón, el obispo expresó el sentido profundo de su nueva misión: “Vosotros sois el rostro vivo de Cristo servidor”. Y añadió que ser diácono significa “ser pequeño, arrodillarse al modo de Jesús ante los pies de los demás”, haciendo visible el rostro de una Iglesia que no se entiende desde el poder, sino desde el amor que se entrega.
Valera insistió en que el diaconado une de manera inseparable la liturgia y la caridad. En este sentido, recordó unas palabras del Papa: “No podemos comulgar con Cristo si al mismo tiempo damos la espalda al hermano que sufre”. El diácono, señaló, está llamado a servir en el altar y, al mismo tiempo, a reconocer a Cristo en quienes viven situaciones de dolor, pobreza, soledad o abandono.
El obispo destacó también la importancia de este ministerio en una diócesis marcada por la dispersión territorial, el envejecimiento y la soledad de muchos pueblos. “Sois un cauce fundamental de esperanza: sois presencia en la dispersión”, afirmó, invitando a los nuevos diáconos a ser vínculo de una Iglesia que acompaña, escucha y “no se olvida de nadie”.
La homilía tuvo también una llamada a la solidaridad concreta, con un recuerdo especial para Venezuela y para quienes han sufrido las consecuencias de las recientes inundaciones. Desde ahí, Valera invitó a toda la comunidad a vivir una fe que se traduce en cuidado del hermano, servicio y compromiso real con quienes más sufren.
En la parte final, Fernando Valera pidió para Miguel Ángel y José Ramón “la gracia de una fe viva, sincera y comprometida”, y les animó a vivir su ministerio como testigos alegres de esperanza en Zamora. “Que sepáis acoger nuestras diferencias para tejer una auténtica comunión”, señaló, antes de concluir con una bendición expresa para el nuevo camino que ahora comienzan al servicio de la Iglesia.
La comunidad diocesana celebra con gratitud esta ordenación diaconal y acompaña con su oración a Miguel Ángel y José Ramón, llamados desde ahora a servir al pueblo de Dios como signo vivo de Cristo servidor.






