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El Seminario ofrecerá a sus alumnos matricularse en el Colegio Medalla Milagrosa
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24/02/2022

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El Seminario ofrecerá a sus alumnos matricularse en el Colegio Medalla Milagrosa

El Seminario Menor San Atilano es un centro de Educación Secundaria Obligatoria dirigido a la formación integral de adolescentes y jóvenes y a su acompañamiento personal para el adecuado discernimiento en clave vocacional. Desde su fundación en 1797, miles de alumnos han crecido en torno a esta institución que ha generado extraordinarios resultados, tanto en la promoción de centenares de sacerdotes como en la formación de cristianos comprometidos con el ideario de la Iglesia Católica.

Dada la situación que experimenta nuestra provincia y las grandes transformaciones sociales, culturales y religiosas acaecidas en la actualidad, especialmente en el ámbito de la enseñanza, percibimos que ha llegado el momento de que el Seminario opte por una apuesta educativa renovada. Es por eso que, siguiendo las indicaciones del papa Francisco en su propuesta de Pacto Educativo Global, desde la diócesis, en orden a continuar con la labor educativa a la que nos sentimos llamados, queremos replantear el modelo de Seminario iniciando un proceso transformador que permita la mejor consecución de sus fines. Por este motivo, a partir del próximo curso, el Seminario mantendrá su identidad canónica, pastoral y vocacional, pero ofreciendo a los alumnos la posibilidad de incorporarse al Colegio “Medalla Milagrosa” para continuar sus estudios.

Desde su fundación en 1903, el Colegio “Medalla Milagrosa” ha demostrado ser una escuela católica de calidad contrastada, un centro de referencia social y un proyecto educativo basado en la excelencia. Nos gustaría que las familias de nuestros alumnos confiasen en este colegio para dar continuidad a la educación de sus hijos, convencidos de que esta opción les permitirá crecer en un ambiente académico más enriquecedor, así como en una propuesta perfectamente alineada con los valores del Evangelio.

En estos días se está trabajando para que algunos profesores del Seminario se puedan insertar en el claustro del Colegio “Medalla Milagrosa”. Así mismo, la capellanía será atendida por uno de los sacerdotes del Seminario. El centro ha comunicado esta decisión a los padres indicando que el reducido número de alumnos, la insostenible situación económica y la inminente entrada de la LOMLOE hacen inviable la continuidad del Seminario en el formato académico actual.

El Seminario Menor San Atilano ha prestado un servicio notable a la cultura de esta diócesis y lo seguirá haciendo desde la colaboración con el Colegio “Medalla Milagrosa”. El Seminario seguirá siendo la institución diocesana dedicada a la promoción de la vocación sacerdotal, para ello ofrecerá la posibilidad de residencia y formación no reglada a aquellos alumnos que opten por un acompañamiento personal en clave vocacional.

Fernando Valera Sánchez, como obispo de la diócesis, lamenta esta decisión y se muestra preocupado por el futuro de algunos de sus trabajadores. Del mismo modo, quiere agradecer la confianza a los centenares de familias que optaron por educar a sus hijos en el Seminario, la extraordinaria dedicación de su personal y la inestimable ayuda de tantos benefactores que han hecho posible esta obra educativa.

Por último, el obispo quiere expresar su más sincero agradecimiento a las Hijas de la Caridad por acoger a los alumnos del Seminario en un colegio tan emblemático para la diócesis y la ciudad como la “Medalla Milagrosa”.  

En Zamora, a 24 de febrero de 2022.

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27/09/2026más info
La Diócesis de Zamora inicia un nuevo curso pastoral con la Eucaristía como centro de su misión
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Un centenar de representantes del clero, la vida consagrada y el laicado han participado en la Asamblea Diocesana, una jornada de reflexión y discernimiento que invita a construir una Iglesia viva, eucarística y samaritana. La diócesis de Zamora ha celebrado este sábado, 26 de septiembre, su Asamblea Diocesana, una jornada de encuentro, reflexión y discernimiento que marca el inicio del nuevo curso pastoral. La convocatoria ha reunido en el Colegio Medalla Milagrosa a cerca de un centenar de representantes de sacerdotes, religiosos y laicos, procedentes de las diferentes realidades territoriales y sectoriales de la Iglesia zamorana. La Asamblea ha dado continuidad al proceso sinodal que viene desarrollando la diócesis, situando este año la Eucaristía en el centro de su reflexión pastoral. El encuentro ha combinado tres comunicaciones, momentos de oración, espacios para el diálogo y una celebración eucarística presidida por el obispo de Zamora, Fernando Valera Sánchez. Una Iglesia que vuelve a echar las redes Tras la oración inicial, el obispo presentó su carta pastoral, titulada “La Eucaristía, epifanía del Espíritu que transforma el corazón”, en la que propone redescubrir este sacramento como fuente de renovación personal, comunitaria y misionera. Inspirándose en el capítulo 21 del Evangelio de san Juan, que relata el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos después de una noche de pesca infructuosa, Fernando Valera invitó a la comunidad diocesana a superar el cansancio, el desaliento y la tentación de contemplar el futuro desde el pesimismo. Como aquellos discípulos, también la Iglesia está llamada a escuchar nuevamente la voz del Señor y a echar las redes desde la confianza en su palabra. El obispo insistió en que la fragilidad y las dificultades no constituyen necesariamente un obstáculo para la misión, sino que pueden convertirse en oportunidades para renovar el encuentro con Cristo. En este sentido, animó a los participantes a recuperar la pasión por el Evangelio y a comprender que la transformación pastoral comienza por la conversión personal. La Eucaristía ocupó el centro de su intervención, presentada no solamente como celebración litúrgica, sino como una experiencia transformadora que debe prolongarse en la vida cotidiana. Celebrarla con dignidad, vivirla con profundidad y prolongarla en la caridad constituye el horizonte pastoral propuesto para este curso. Fernando Valera subrayó especialmente la dimensión social de la Eucaristía y recordó que la comunión con Cristo resulta inseparable del compromiso con quienes sufren. Desde esta perspectiva, invitó a construir comunidades capaces de reconocer a Cristo en los pobres, los enfermos, los ancianos y las personas que experimentan la soledad o el abandono. El obispo recordó que la Eucaristía no termina cuando los fieles abandonan el templo. Es precisamente entonces cuando comienza a hacerse visible en el servicio, la fraternidad y la entrega a los demás. La Iglesia zamorana está llamada, por tanto, a convertirse en una comunidad que, alimentada por el mismo pan, sea también pan partido para el mundo. Presencia, comunión y servicio: un itinerario para renovar la vida diocesana La segunda intervención estuvo a cargo del sacerdote José Alberto Sutil Lorenzo. Sutil ofreció una reflexión teológico-pastoral para profundizar en la carta del obispo a partir de tres dimensiones inseparables del misterio eucarístico: la presencia que se cree, la comunión que se celebra y el servicio que se vive. Sutil recordó que la Eucaristía constituye, ante todo, una experiencia de fe y de encuentro personal con Cristo. Desde esta perspectiva, insistió en la necesidad de recuperar la adoración y la capacidad de asombro ante un misterio que no depende de la iniciativa humana, sino del don gratuito de Dios. En relación con la dimensión comunitaria, explicó que la Eucaristía no solo alimenta individualmente a los creyentes, sino que construye la propia Iglesia. Esta realidad debe inspirar también la renovación de las estructuras diocesanas y la configuración de las unidades pastorales-eucarísticas, entendidas no como una mera respuesta administrativa a la despoblación, sino como una oportunidad para fortalecer la comunión y la corresponsabilidad. El sacerdote dedicó especial atención a la relación entre la Eucaristía y el servicio a los más necesitados, recordando que el misterio celebrado debe prolongarse necesariamente en la caridad. En este sentido, destacó que el desafío pastoral consiste en pasar de una fe centrada exclusivamente en el cumplimiento religioso a una experiencia cristiana que transforme la vida y genere comunidades abiertas, acogedoras y misioneras. Sutil también recurrió a la historia y al patrimonio religioso zamorano, con referencias a las Sagradas Formas de Cabañales y a la custodia procesional de la Catedral, para mostrar cómo la fe eucarística ha configurado durante siglos la identidad espiritual y cultural de la diócesis. Su intervención permitió situar el horizonte del plan pastoral trienal. El primer año, que ahora comienza, estará centrado especialmente en la relación personal con Cristo, bajo la invitación evangélica «Permaneced en mí». Los siguientes profundizarán en la comunión eclesial y en el servicio. Tres dimensiones de un mismo misterio que no pueden separarse: creer, celebrar y vivir la Eucaristía. Recuperar el asombro ante la celebración eucarística La tercera comunicación estuvo a cargo del sacerdote Narciso Jesús Lorenzo, quien centró su intervención en la celebración de la Eucaristía y en las actitudes que deben acompañar a quienes participan en ella. Su reflexión se dirigió especialmente a tres destinatarios: los ministros que presiden la Eucaristía, quienes desempeñan los diferentes ministerios litúrgicos y el conjunto de los fieles que integran la asamblea celebrante. Narciso Jesús Lorenzo invitó a regresar a las celebraciones eucarísticas desde el asombro, recuperando la conciencia del misterio que se celebra y evitando tanto la autorreferencialidad como el clericalismo, actitudes sobre las que advirtió reiteradamente el papa Francisco. Insistió también en la necesidad de cuidar la liturgia, recordando que nada debería quedar a merced de la improvisación o la arbitrariedad, puesto que en ella se manifiestan la fe y el lenguaje orante de toda la Iglesia. Asimismo, destacó que quienes desempeñan ministerios como el lectorado o el acolitado deben hacerlo con una actitud de auténtica piedad. La intervención puso de manifiesto la importancia de redescubrir el protagonismo de Cristo en la celebración eucarística. En relación con los presbíteros, recordó que, al revestirse y disponerse para presidir la celebración, están llamados a experimentar una identificación profunda con Cristo, expresada en las palabras de san Pablo: «No soy yo, es Cristo quien vive en mí». En cuanto a los fieles, subrayó que es el propio Cristo quien sale a su encuentro y los convoca a participar en el misterio eucarístico. Escuchar al Espíritu para caminar juntos Finalizadas las tres comunicaciones, los asistentes compartieron un tiempo de descanso y encuentro fraterno. A las doce del mediodía se retomó el programa con una oración animada por sor Concha, religiosa del Amor de Dios de Toro, que sirvió de preparación para uno de los momentos centrales de la jornada: la conversación en el Espíritu. Esta dinámica, característica del proceso sinodal, ofreció a los participantes la oportunidad de compartir sus reflexiones desde la escucha, la oración y el discernimiento comunitario. El objetivo fue favorecer un diálogo en el que las distintas sensibilidades y realidades de la diócesis pudieran reconocerse partícipes de una misma misión. Más allá de las reflexiones teológicas y pastorales desarrolladas durante la mañana, este espacio permitió trasladar a la experiencia concreta de los participantes la invitación a construir una Iglesia en la que la comunión, la participación y la corresponsabilidad sean elementos esenciales de su vida y de su acción evangelizadora. Una comunidad viva, eucarística y samaritana La Asamblea culminó con la celebración de la Eucaristía en la iglesia de San Torcuato, presidida por el obispo de Zamora. Durante su homilía, Fernando Valera recordó que es el corazón de Dios el que convoca a los creyentes, los abraza por medio del Espíritu y los invita a convertirse en una comunidad viva, eucarística y samaritana. 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La jornada finalizó con una comida de fraternidad en el Seminario San Atilano, que permitió prolongar el encuentro y fortalecer los vínculos entre los participantes. Con esta Asamblea, la Diócesis de Zamora abre un nuevo curso pastoral con el propósito de seguir avanzando en la conversión personal y comunitaria, situando la Eucaristía como fuente de comunión, principio de renovación e impulso para una Iglesia comprometida con las necesidades de la sociedad.
26/09/2026más info
La Asamblea Diocesana abre este sábado un nuevo camino pastoral centrado en la Eucaristía
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  La Diócesis de Zamora celebra este sábado, 26 de septiembre, en el colegio Medalla Milagrosa de Zamora una nueva Asamblea Diocesana. El encuentro reunirá a sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos procedentes de los distintos arciprestazgos, parroquias, delegaciones y realidades eclesiales para compartir las orientaciones del curso pastoral 2026-2027. La Asamblea dará continuidad al proceso de escucha, discernimiento y participación desarrollado por la Iglesia zamorana durante los últimos cursos. Las anteriores convocatorias han permitido avanzar hacia una diócesis más sinodal, corresponsable y misionera, con la participación de representantes de los diferentes territorios y ámbitos pastorales. El obispo, Fernando Valera, presentará la carta pastoral titulada La Eucaristía, epifanía del Espíritu que transforma el corazón. En ella propone a la comunidad diocesana recorrer un itinerario espiritual inspirado en el relato evangélico de la pesca en el lago de Tiberíades, pasando de la oscuridad y el cansancio de las “redes vacías” a la confianza renovada en la palabra de Cristo. La Eucaristía será el eje del nuevo Plan Pastoral Diocesano, concebido como un camino de tres años. Su objetivo general es renovar la vida de la diócesis desde el encuentro personal con Jesucristo, la construcción de comunidades evangelizadoras y el compromiso con los más pobres. El primero de estos tres cursos estará marcado por el lema «Permaneced en mí» (Jn 15,4) y se centrará en la Eucaristía como encuentro con Cristo que transforma la vida. Entre las líneas de acción propuestas se encuentran la formación sobre el misterio eucarístico, el cuidado de las celebraciones litúrgicas, la preparación de los agentes pastorales, el fortalecimiento de los centros eucarísticos y la promoción de espacios de oración, adoración y acompañamiento espiritual. El segundo pondrá el acento en la Eucaristía como fundamento de la comunidad cristiana, especialmente en el contexto de las unidades pastorales y de la colaboración entre parroquias. El tercer curso estará orientado a traducir la celebración eucarística en misión, caridad y servicio, recordando que la comunión con Cristo conduce necesariamente al encuentro con las personas más vulnerables. Durante la Asamblea también se dará a conocer la programación elaborada por las delegaciones episcopales de Comunión Fraterna; Evangelización; Cultura, Patrimonio y Sociedad; y Misión Samaritana. El documento recoge los objetivos de las diferentes áreas pastorales, las propuestas de formación y el calendario de actividades previsto para todo el curso. La nueva planificación incorpora las orientaciones nacidas de las asambleas diocesanas celebradas desde 2023, del camino sinodal de la Iglesia, del Congreso de Vocaciones y de la Asamblea de la Iglesia en Castilla. Entre sus prioridades aparecen la corresponsabilidad del laicado, la atención pastoral al mundo rural, la renovación de la catequesis, el acompañamiento de jóvenes y familias, la cultura vocacional, la comunicación, la conservación del patrimonio y la atención a las personas que sufren situaciones de pobreza, enfermedad, soledad o exclusión. La Asamblea Diocesana vuelve a convertirse así en el punto de encuentro de las distintas vocaciones, territorios y sensibilidades de la Iglesia de Zamora. Una jornada para comenzar el nuevo curso desde la oración, la comunión y la responsabilidad compartida, con la Eucaristía como fuente de la vida eclesial y punto de partida para la misión.   PROGRAMA 9:45 h. Acogida en el Colegio Medalla Milagrosa de Zamora 10:00 h. Hora Intermedia 10:15 h. Intervención de nuestro obispo D. Fernando 10:45 h. Intervención de José Alberto Sutil 11:10 h. Intervención de Narciso-Lorenzo Leal  11:30 h. Descanso 12:00 h. Oración 12:20 h. Conversación en el Espíritu por grupos 13:30 h. Celebrar la Eucaristía 14:15 h. Comida
21/09/2026más info
La Diócesis premia a quienes abren sus templos y a Héctor David Pulido
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La Diócesis de Zamora celebrará el próximo sábado 3 de octubre la sexta edición de los Premios San Atilano, unos galardones con los que reconoce públicamente la trayectoria y el servicio de personas y colectivos que contribuyen al bien de la Iglesia y de la sociedad zamorana.   El acto tendrá lugar a las 12 horas en el salón de actos del Seminario San Atilano y estará presidido por el obispo de Zamora, Fernando Valera. En esta edición, el Premio San Atilano en la categoría eclesial ha sido concedido a los trabajadores y trabajadoras del Programa de Apertura de Monumentos de la Diócesis de Zamora. En la categoría social, el reconocimiento ha recaído en Héctor David Pulido García, anterior jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Zamora. Las personas que mantienen abiertas las puertas del patrimonio El premio de la categoría eclesial reconoce de manera colectiva a quienes hacen posible que numerosas iglesias y ermitas de la diócesis, muchas de ellas situadas en pequeñas localidades del medio rural, puedan permanecer abiertas y ser conocidas por vecinos y visitantes. Su labor va más allá de abrir y cerrar las puertas de los templos. Estas personas acogen, orientan y ayudan a descubrir unos espacios que conservan siglos de arte, historia, fe y memoria compartida. Su presencia permite acercar el patrimonio religioso a la sociedad y contribuye a custodiarlo y mantenerlo vivo. La Diócesis quiere poner así en valor un trabajo discreto, pero imprescindible. Detrás de cada templo abierto hay personas que lo cuidan, lo muestran y reciben a quienes desean conocerlo. Gracias a su dedicación, estas iglesias continúan siendo lugares vivos y accesibles, especialmente en pueblos afectados por la despoblación. Héctor David Pulido, un servicio cercano a la provincia El Premio San Atilano en la categoría social ha sido concedido al teniente coronel Héctor David Pulido García por su servicio a la provincia, su cercanía a la población y su atención particular a las necesidades del medio rural durante su etapa al frente de la Comandancia de la Guardia Civil de Zamora. Pulido asumió esta responsabilidad en 2020, después de más de veinte años de trayectoria profesional en el cuerpo y de haber desempeñado distintos puestos de responsabilidad. Tras concluir su etapa en Zamora, se ha incorporado a la Escuela de Tráfico de la Guardia Civil en Mérida. Durante sus años en la provincia promovió una forma de trabajo atenta a la realidad de un territorio extenso, envejecido y disperso. Entre las iniciativas desarrolladas destaca la mejora de la formación y la coordinación de los dispositivos de búsqueda de personas desaparecidas en el medio rural, así como la celebración de jornadas especializadas en este ámbito. También se reforzó la atención a las personas mayores y vulnerables mediante iniciativas como el Plan IDOSO, orientado a prevenir riesgos y facilitar una respuesta más rápida ante posibles situaciones de emergencia. El reconocimiento valora igualmente su presencia constante en la vida institucional y social de Zamora y una manera de entender el servicio público basada en la proximidad, la escucha y el compromiso con las personas. Con estos dos galardones, la Diócesis de Zamora agradece dos formas complementarias de servicio: la de quienes mantienen abiertas las puertas de un patrimonio que pertenece a la memoria de todos y la de quien ha trabajado por la seguridad, la protección y el cuidado de la población zamorana. Los Premios San Atilano quieren ofrecer referentes concretos de entrega, responsabilidad y compromiso con el bien común, en sintonía con los valores del Evangelio. Tras la ceremonia de entrega de los galardones, se ofrecerá un ágape a los asistentes en las dependencias del Seminario San Atilano.
19/09/2026más info
La Diócesis de Zamora felicita al papa León XIV en su 71.º cumpleaños
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La Diócesis de Zamora felicita hoy, 14 de septiembre, al papa León XIV con motivo de su 71.º cumpleaños. En esta jornada, invita a los fieles a unirse en oración por el Santo Padre y a pedir al Señor que le conceda salud y fortaleza para continuar su servicio a la Iglesia.  La fotografía que acompaña esta felicitación recoge el encuentro del obispo de Zamora, Fernando Valera, con León XIV durante la visita del Santo Padre a Madrid el pasado mes de junio. Aquellos días, don Fernando participó en los actos celebrados en la capital y en el encuentro del Papa con los obispos españoles.  Desde Zamora, expresamos al Santo Padre nuestro afecto y nuestra cercanía. ¡Feliz cumpleaños, papa León XIV!
14/09/2026más info
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La S. I. Catedral acogerá el próximo martes, 15 de septiembre, a las 10:00 horas, la celebración de la Santa Misa con motivo del aniversario de su dedicación. La Diócesis de Zamora invita a los fieles a participar en esta celebración en la iglesia madre de la comunidad diocesana. La Catedral del Salvador comenzó a construirse en el año 1151 sobre los restos de un templo anterior de menores dimensiones. Aunque las obras todavía no habían concluido, fue consagrada por el obispo Esteban el 15 de septiembre de 1174. Se cumplen, por tanto, 852 años de aquella dedicación. Esta celebración va más allá del recuerdo de un acontecimiento histórico o de la relevancia artística y patrimonial del principal templo de la diócesis. La catedral es la iglesia madre de la Iglesia particular de Zamora y el lugar en el que el obispo convoca a las distintas comunidades cristianas como una única familia. Su nombre procede precisamente de la cátedra del obispo, signo de su misión de enseñar, santificar y acompañar pastoralmente al Pueblo de Dios. La catedral se convierte así en expresión visible de la comunión de toda la diócesis y de la fe que une a quienes forman parte de ella. La Dedicación de la Santa Iglesia Catedral tiene la categoría litúrgica de solemnidad en el propio templo y de fiesta en el conjunto de la diócesis. La Eucaristía comenzará a las 10:00 horas y esta abierta a la participación de todos los fieles.
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Fallece el sacerdote diocesano D. Francisco Serrano Llamas a los 94 años
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La Diócesis de Zamora comunica con pesar el fallecimiento de D. Francisco Serrano Llamas, sacerdote diocesano, a los 94 años de edad y después de casi 69 años de ministerio sacerdotal. En la actualidad residía en el Hogar Reina de la Paz de Zamora y era capellán emérito del Hospital Recoletas. D. Francisco nació en Zamora, en la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes, el 23 de noviembre de 1931. Fue ordenado presbítero el 21 de septiembre de 1957 y, apenas unos días después, recibió sus primeros encargos pastorales como ecónomo de Palazuelo de las Cuevas y encargado de San Vicente de la Cabeza. Poco después asumió también la atención pastoral de Villarino de Cebal. El 25 de octubre de 1973 comenzó la etapa más extensa de su ministerio al ser nombrado ecónomo de San Cebrián de Castro y encargado de Piedrahita. En 1986 fue nombrado párroco de estas comunidades, responsabilidad que continuó desempeñando durante más de tres décadas mediante las sucesivas renovaciones de sus encargos pastorales. Su prolongada vinculación con San Cebrián de Castro marcó especialmente su vida sacerdotal. Allí acompañó durante años a varias generaciones de fieles y permaneció al servicio de la comunidad hasta que, el 3 de julio de 2007, fue nombrado párroco emérito. Tras esta larga etapa en el ámbito rural, D. Francisco continuó su ministerio en Zamora, especialmente cerca de las personas mayores y de los enfermos. En septiembre de 2009 fue nombrado capellán de la Residencia San Gregorio y, en enero de 2011, capellán del Hospital Recoletas. Durante sus últimos años residió en el Hogar Reina de la Paz. La Diócesis de Zamora agradece su extensa trayectoria sacerdotal, marcada por la fidelidad al ministerio recibido, el servicio constante a las comunidades que le fueron encomendadas y el acompañamiento espiritual de las personas mayores y enfermas. Asimismo, encomienda su alma a la misericordia de Dios y expresa su cercanía y oración por su familia, por el presbiterio diocesano, por las comunidades en las que desarrolló su ministerio y por todas las personas que lo conocieron y acompañaron. La capilla ardiente ha quedado instalada en la funeraria El Tránsito, en Zamora. El funeral por su eterno descanso se celebrará mañana, sábado 29 de agosto, a las 12:00 horas, en la parroquia de Nuestra Señora de Lourdes. Descanse en paz, descanse en Dios.
28/08/2026más info
Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados celebran en Zamora la fiesta de su fundadora
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La comunidad de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados de Zamora celebra este miércoles la fiesta de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars, fundadora de la congregación y patrona de la ancianidad. El obispo, Fernando Valera, ha presidido la eucaristía en el Hogar Reina de la Paz, acompañado por las religiosas, sacerdotes, residentes, trabajadores, familiares y personas vinculadas a esta casa. La celebración ha reunido a la gran familia de las Hermanitas en una jornada especialmente significativa para una congregación cuya misión está ligada, desde sus orígenes, a la acogida y el cuidado de las personas mayores, especialmente de aquellas que viven situaciones de mayor vulnerabilidad. Precisamente, la dignidad de los mayores y el valor cristiano del cuidado han ocupado buena parte de la homilía de Fernando Valera. El obispo ha presentado a santa Teresa Jornet como una mujer que supo convertir su fe en entrega concreta y descubrir la presencia de Dios en las personas más frágiles. «¿Qué fue la vida de santa Teresa de Jesús Jornet sino una gran vigilia de amor?», se ha preguntado. Para el obispo, la fundadora mantuvo «la lámpara de la fe encendida a través del aceite generoso de la caridad concreta» y supo reconocer al Señor «en el rostro del necesitado y del frágil». Desde esta imagen evangélica, Valera ha dejado una de las claves de la celebración: «Cuidar de un anciano es mantener la lámpara de la humanidad encendida en medio de las oscuridades del mundo». Los mayores, «raíces que sostienen el presente» El obispo se ha dirigido especialmente a los residentes del Hogar Reina de la Paz para reivindicar el valor de la ancianidad y rechazar cualquier mirada que sitúe a las personas mayores en los márgenes de la sociedad. «No sois pasado que se apura; sois memoria viva, sois raíces que sostienen el presente», ha afirmado. Fernando Valera ha recordado que toda vida, independientemente de la etapa en la que se encuentre, «merece ser vivida con plenitud, con respeto y con dignidad». Una afirmación que enlaza con el propio carisma de santa Teresa Jornet y con la misión que las Hermanitas continúan desarrollando hoy en Zamora: acompañar la fragilidad desde la cercanía, el cuidado y el reconocimiento de la dignidad de cada persona. «La prolongación de las manos de Teresa» Fernando Valera ha tenido también palabras de agradecimiento para las religiosas y para los trabajadores de la residencia. Su labor, ha señalado, no puede entenderse únicamente desde una dimensión asistencial, sino como una forma concreta de entrega al otro. «Vuestra vocación no es una mera tarea asistencial; es una respuesta de fe», ha afirmado, una respuesta que se concreta «en el otro que necesita una palabra de aliento, en la mano temblorosa que busca apoyo y en la fragilidad acogida como sagrario vivo». El obispo ha agradecido a las Hermanitas que continúen siendo «la prolongación de las manos de Teresa en nuestra tierra zamorana» y que custodien diariamente la dignidad de quienes encuentran en esta casa su hogar. Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados mantienen su presencia en Zamora desde 1973, dando continuidad al carisma iniciado por santa Teresa de Jesús Jornet en el siglo XIX. Nacida en Aitona (Lleida) en 1843, Teresa Jornet dedicó su vida al servicio de los ancianos desamparados y, junto al sacerdote Saturnino López Novoa, puso en marcha la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Falleció el 26 de agosto de 1897 en Llíria (Valencia). Fue canonizada por Pablo VI en 1974 y proclamada patrona de la ancianidad en España en 1977. Al término de su homilía, Fernando Valera ha encomendado a santa Teresa Jornet a los residentes de la casa y ha pedido para ellos «paz en el alma, fortaleza en el cuerpo y la alegría serena de saberos infinitamente amados». Su oración se ha extendido también a las familias, trabajadores, voluntarios y religiosas que sostienen diariamente la vida del Hogar Reina de la Paz, para que este «oasis de misericordia siga latiendo en Zamora».
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