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La Diócesis de Zamora celebra la Jornada Mundial del Enfermo el 11 de febrero
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06/02/2026

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La Diócesis de Zamora celebra la Jornada Mundial del Enfermo el 11 de febrero

La Iglesia celebra el próximo 11 de febrero la Jornada Mundial del Enfermo, una convocatoria anual que invita a la comunidad cristiana a reflexionar sobre el valor del acompañamiento, el cuidado y la cercanía a las personas que sufren la enfermedad.

Este año, el lema propuesto es «La compasión del Samaritano: amar llevando el dolor del otro», inspirado en la parábola evangélica del Buen Samaritano. El mensaje pone el acento en una compasión que se traduce en gestos concretos de atención, presencia y servicio, especialmente hacia quienes atraviesan situaciones de fragilidad o soledad.

Con este motivo, la Diócesis de Zamora celebrará una eucaristía a las 12:30 horas en la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, un espacio especialmente significativo para la pastoral de la salud. La celebración estará dedicada de manera especial a los enfermos, a sus familias y a quienes los acompañan en su labor sanitaria, asistencial y pastoral.

Esta jornada ofrece, además, una oportunidad para renovar el compromiso cristiano con la atención integral a los enfermos, reconociendo en ellos el rostro de Cristo y promoviendo una cultura del cuidado basada en la cercanía y la esperanza.

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  La Diócesis de Zamora celebra este sábado, 26 de septiembre, en el colegio Medalla Milagrosa de Zamora una nueva Asamblea Diocesana. El encuentro reunirá a sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y fieles laicos procedentes de los distintos arciprestazgos, parroquias, delegaciones y realidades eclesiales para compartir las orientaciones del curso pastoral 2026-2027. La Asamblea dará continuidad al proceso de escucha, discernimiento y participación desarrollado por la Iglesia zamorana durante los últimos cursos. Las anteriores convocatorias han permitido avanzar hacia una diócesis más sinodal, corresponsable y misionera, con la participación de representantes de los diferentes territorios y ámbitos pastorales. El obispo, Fernando Valera, presentará la carta pastoral titulada La Eucaristía, epifanía del Espíritu que transforma el corazón. En ella propone a la comunidad diocesana recorrer un itinerario espiritual inspirado en el relato evangélico de la pesca en el lago de Tiberíades, pasando de la oscuridad y el cansancio de las “redes vacías” a la confianza renovada en la palabra de Cristo. La Eucaristía será el eje del nuevo Plan Pastoral Diocesano, concebido como un camino de tres años. Su objetivo general es renovar la vida de la diócesis desde el encuentro personal con Jesucristo, la construcción de comunidades evangelizadoras y el compromiso con los más pobres. El primero de estos tres cursos estará marcado por el lema «Permaneced en mí» (Jn 15,4) y se centrará en la Eucaristía como encuentro con Cristo que transforma la vida. Entre las líneas de acción propuestas se encuentran la formación sobre el misterio eucarístico, el cuidado de las celebraciones litúrgicas, la preparación de los agentes pastorales, el fortalecimiento de los centros eucarísticos y la promoción de espacios de oración, adoración y acompañamiento espiritual. El segundo pondrá el acento en la Eucaristía como fundamento de la comunidad cristiana, especialmente en el contexto de las unidades pastorales y de la colaboración entre parroquias. El tercer curso estará orientado a traducir la celebración eucarística en misión, caridad y servicio, recordando que la comunión con Cristo conduce necesariamente al encuentro con las personas más vulnerables. Durante la Asamblea también se dará a conocer la programación elaborada por las delegaciones episcopales de Comunión Fraterna; Evangelización; Cultura, Patrimonio y Sociedad; y Misión Samaritana. El documento recoge los objetivos de las diferentes áreas pastorales, las propuestas de formación y el calendario de actividades previsto para todo el curso. La nueva planificación incorpora las orientaciones nacidas de las asambleas diocesanas celebradas desde 2023, del camino sinodal de la Iglesia, del Congreso de Vocaciones y de la Asamblea de la Iglesia en Castilla. Entre sus prioridades aparecen la corresponsabilidad del laicado, la atención pastoral al mundo rural, la renovación de la catequesis, el acompañamiento de jóvenes y familias, la cultura vocacional, la comunicación, la conservación del patrimonio y la atención a las personas que sufren situaciones de pobreza, enfermedad, soledad o exclusión. La Asamblea Diocesana vuelve a convertirse así en el punto de encuentro de las distintas vocaciones, territorios y sensibilidades de la Iglesia de Zamora. Una jornada para comenzar el nuevo curso desde la oración, la comunión y la responsabilidad compartida, con la Eucaristía como fuente de la vida eclesial y punto de partida para la misión.   PROGRAMA 9:45 h. Acogida en el Colegio Medalla Milagrosa de Zamora 10:00 h. Hora Intermedia 10:15 h. Intervención de nuestro obispo D. Fernando 10:45 h. Intervención de José Alberto Sutil 11:10 h. Intervención de Narciso-Lorenzo Leal  11:30 h. Descanso 12:00 h. Oración 12:20 h. Conversación en el Espíritu por grupos 13:30 h. Celebrar la Eucaristía 14:15 h. Comida
21/09/2026más info
La Pastoral Familiar de Zamora prepara un nuevo curso de encuentros y formación
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El Área de Pastoral Familiar de la Diócesis de Zamora prepara un nuevo curso de actividades dirigidas a novios, matrimonios y familias. La propuesta reúne espacios de preparación para el matrimonio, oración y convivencia, con el propósito de acompañar a las familias en las distintas etapas de su vida.  Los cursos prematrimoniales, ofrecidos en distintos formatos, ayudarán a las parejas a prepararse para la celebración del sacramento del matrimonio. El área pastoral prevé también un encuentro anual de matrimonios recién casados: una jornada de acción de gracias y convivencia que busca favorecer su participación en la vida parroquial y en los movimientos familiares de la Iglesia.  A estas iniciativas se suma Betania, un encuentro diocesano de familias que se celebrará trimestralmente en distintas parroquias. Será un espacio abierto a todas las familias para compartir la oración, la formación y la convivencia en un ambiente festivo. El programa incluirá asimismo actividades con motivo de la Semana de la Familia y la Jornada por la Vida, en sintonía con las propuestas de la Conferencia Episcopal Española. 
14/09/2026más info
Fernando Valera culmina en Alba cinco días de visita pastoral, escucha y esperanza
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Cinco días, 22 parroquias y decenas de encuentros han permitido al obispo, Fernando Valera, acercarse a la realidad humana, social y eclesial de la comarca de Alba. Desde Olmillos de Castro, primera parada en la mañana del miércoles, hasta la celebración conjunta que este domingo ha reunido en Carbajales de Alba las cruces procesionales de todas las comunidades, la visita pastoral ha dejado una misma imagen: la de una Iglesia rural pequeña en número, pero sostenida por la fidelidad de quienes continúan rezando, celebrando y cuidando la vida de sus pueblos. La visita pastoral regresaba a esta zona doce años después. No ha sido únicamente un recorrido por templos ni una revisión de necesidades materiales. En cada localidad se ha repetido, con las peculiaridades propias de cada comunidad, un esquema sencillo: acogida del obispo, oración, presentación de la historia y de la realidad actual de la parroquia, diálogo con los fieles y una palabra de Fernando Valera mirando hacia el futuro. Así, junto a la despoblación, el envejecimiento o la dificultad para conservar un patrimonio que supera muchas veces las posibilidades de comunidades muy pequeñas, han aparecido también la fidelidad de los mayores, el trabajo silencioso de quienes mantienen abiertas y cuidadas las iglesias, la riqueza de las devociones populares y, sobre todo, la necesidad de avanzar hacia una Iglesia en la que cada bautizado asuma su responsabilidad. Miércoles, 2 de septiembre | Alba Norte: comenzar escuchando La visita comenzó en Olmillos de Castro y continuó durante la mañana por Navianos de Alba y Perilla de Castro, donde el obispo presidió la Eucaristía. Por la tarde, el recorrido llevó a Fernando Valera hasta Santa Eufemia del Barco, Losilla de Alba y Marquiz de Alba. Era la primera de las seis jornadas previstas en esta fase de Alba. El repique de las campanas acompañó la llegada del obispo a unos pueblos en los que vecinos, responsables parroquiales y, en varios casos, alcaldes y concejales quisieron participar en la acogida. En Olmillos hubo tiempo también para acercarse a quienes representan la memoria viva de estas comunidades, como Manuela, de 96 años, y Teresa, de 100. A lo largo del día fueron apareciendo algunas de las cuestiones que atravesarían después toda la visita: la pérdida de población, el envejecimiento, la ausencia de relevo generacional y la preocupación por conservar los templos y sus bienes. Fernando Valera invitó a contemplar esta realidad sin resignación y recurrió a la imagen de la naturaleza que, después de un incendio, vuelve lentamente a regenerarse: también las comunidades cristianas están llamadas a buscar caminos nuevos sin renunciar a sus raíces. En cada templo, la presentación de la parroquia permitió mirar al pasado para comprender el presente y preguntarse por el futuro. En Losilla de Alba, por ejemplo, la atención se detuvo también en la riqueza de su patrimonio, con su retablo del siglo XVI y su cruz parroquial de platería zamorana. En Marquiz de Alba, última parada del día, la acogida adquirió un carácter especialmente expresivo, con alfombras rojas a la entrada y obras de temática religiosa preparadas para recibir al obispo. La primera jornada dejaba ya una de las enseñanzas que Fernando Valera repetiría durante los días siguientes: el valor de una comunidad cristiana no se mide exclusivamente por el número de personas que la integran. En cada pequeño pueblo permanece una parte de la Iglesia diocesana y, con ella, una historia de fe que merece ser escuchada, acompañada y cuidada.   Jueves, 3 de septiembre | Patrimonio, mayores y corresponsabilidad La segunda jornada fue una de las más intensas. El itinerario comenzó en Losacio, siguió por Vegalatrave y Losacinoy, ya por la tarde, condujo al obispo hasta Muga de Alba, Carbajales de Alba y Manzanal del Barco. En Losacio, Fernando Valera fue recibido por numerosos vecinos, junto al alcalde, Manuel Fernández Caballero, y los mayordomos vinculados a la Virgen del Puerto, una devoción profundamente arraigada en la localidad. Allí volvió a hacerse visible el contraste demográfico que afecta a la comarca: de una población que superaba ampliamente el medio millar de habitantes a mediados del siglo XX a una comunidad hoy muy reducida. El obispo recordó además el incendio de 2022, que llegó muy cerca de la ermita de la Virgen del Puerto sin alcanzarla, y agradeció el esfuerzo de quienes continúan manteniendo viva la parroquia. En Vegalatrave, historia y patrimonio ocuparon buena parte de la conversación. La fachada de inspiración neogótica del templo contrasta con el retablo barroco dedicado a San Lorenzo, cuya conservación continúa siendo uno de los retos de la parroquia. También se habló de las campanas y de la necesidad de seguir buscando fórmulas que hagan posible preservar un patrimonio que pertenece a la memoria religiosa y cultural del pueblo.La iglesia de Losacino estaba prácticamente llena para recibir al obispo. Allí se recordó la transformación experimentada por el pueblo con la construcción del salto de Ricobayo y el traslado de su ubicación durante el siglo XX. El cuidado del templo de San Pelayo mereció la felicitación de Fernando Valera, que volvió a animar a vivir el futuro desde la fe, la esperanza, el compromiso y la alegría. Uno de los encuentros patrimonialmente más significativos tuvo lugar en Muga de Alba. La iglesia de Santa Eulalia conserva unas singulares pinturas murales y decoraciones renacentistas recuperadas parcialmente a partir de 2018. El obispo pudo conocer también el sistema de conservación preventiva instalado para controlar parámetros como la temperatura, la humedad o la luminosidad. La comunidad aprovechó su presencia para invitar formalmente a Fernando Valera a regresar en mayo de 2027, cuando se conmemorarán los 75 años de la cofradía de la Virgen de Fátima. Pero la visita pastoral quiso salir también de los templos. En Carbajales de Alba, Fernando Valera visitó la residencia de mayores, donde saludó personalmente a los residentes, compartió un momento de oración y bendijo a la comunidad. Entre ellos estaba Antonio, de 102 años. Después se acercó al centro de salud y a las instalaciones de Fundación Personas, donde usuarios y trabajadores lo recibieron con especial cariño y le mostraron parte del trabajo que realizan diariamente. Ya en la parroquia de Carbajales, la historia de la Virgen de Árboles, el patrimonio religioso, el bordado tradicional y la propia evolución demográfica de la localidad sirvieron para poner palabras a una realidad compartida por toda Alba. Ante ella, el obispo insistió en una de las principales claves pastorales de estos días: la disminución del número de sacerdotes no puede conducir a la desaparición de la vida comunitaria, sino que exige avanzar hacia nuevas formas de presencia y acompañamiento, con una participación creciente de los laicos, los diáconos permanentes, los futuros ministerios laicales y las comunidades evangelizadoras. La jornada concluyó en Manzanal del Barco, con el templo lleno para celebrar la Eucaristía. La memoria del antiguo pueblo, el río Esla, la histórica barca que dio nombre a la localidad y la evolución de su comunidad volvieron a unir pasado y presente. Después de la celebración hubo tiempo para el encuentro directo con los vecinos. Viernes, 4 de septiembre | Alba Sur: cada comunidad cuenta El viernes comenzó la visita a Alba Sur. Siete pueblos formaron parte del recorrido: Vide de Alba, El Castillo de Alba, Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro, Bermillo de Alba y Fonfría, donde la jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía. Si durante los días anteriores la despoblación había estado presente en muchas conversaciones, esta jornada permitió verla todavía con mayor claridad. En Vide de Alba, en torno a una docena de vecinos, algunos de ellos hijos del pueblo desplazados expresamente para la ocasión, esperaban al obispo junto al alcalde. El reducido número de asistentes no restó intensidad al encuentro. Los niños presentes preguntaron directamente a Fernando Valera por la misión de un obispo y por el sentido de la visita, mientras algunos de los mayores recuperaban fotografías antiguas que permitieron recorrer la memoria del pueblo y de su comunidad cristiana. La siguiente parada, El Castillo de Alba, hizo todavía más visible esa realidad. Apenas tres o cuatro personas mantienen allí su residencia habitual durante todo el año. La acogida fue, precisamente por ello, especialmente sencilla y significativa: el pequeño grupo se reunió en el templo para rezar y compartir un tiempo con el pastor de la diócesis. El recorrido prosiguió por Videmala, Cerezal de Aliste, Pino del Oro y Bermillo de Alba. En cada una de estas comunidades volvió a repetirse el diálogo entre raíces, realidad actual y futuro: la historia de las parroquias y sus devociones, el esfuerzo de los vecinos por conservar las iglesias y la pregunta inevitable sobre cómo mantener una presencia eclesial estable cuando las comunidades son cada vez más pequeñas. La Eucaristía celebrada en Fonfría cerró la jornada. No se trataba simplemente del último acto del día. La celebración eucarística ha sido uno de los hilos conductores de toda la visita y enlaza además con el objetivo pastoral que la diócesis quiere trabajar especialmente durante el próximo curso. En torno a la mesa del altar, comunidades diferentes se reconocen formando una misma Iglesia, más allá del tamaño de cada pueblo o de la frecuencia con la que un sacerdote pueda estar presente. Sábado, 5 de septiembre | De la devoción a la caridad y de la caridad a la Eucaristía La tarde del sábado estuvo dedicada a Carbajosa de Alba y Villalcampo. En Carbajosa, los vecinos acogieron con sencillez a Fernando Valera y compartieron con él su interés y preocupación por la recuperación del retablo parroquial, un proyecto en el que la propia comunidad viene trabajando. Una vez más, el patrimonio apareció durante la visita no únicamente como una cuestión económica o artística, sino como parte de la historia de fe recibida de las generaciones anteriores y que corresponde transmitir a las siguientes. Antes de llegar a Villalcampo, la comitiva realizó una parada en la ermita de la Virgen de la Encarnación, situada entre ambas localidades. Las mayordomas recibieron allí al obispo y le explicaron la profunda devoción que existe en la zona hacia esta advocación mariana, una de las conocidas popularmente como las «Siete Hermanas». El encuentro concluyó con el rezo de la Salve. Desde la ermita, Fernando Valera se dirigió a la residencia de mayores Virgen de la Encarnación, donde saludó a los residentes y compartió con ellos unos momentos antes de trasladarse a la parroquia de San Lorenzo de Villalcampopara presidir la Eucaristía. Ermita, residencia y parroquia dibujaron así, casi sin pretenderlo, una síntesis de la vida cristiana que ha atravesado toda la visita: la devoción que alimenta la fe, la atención a las personas —especialmente a los mayores— que la convierte en caridad y la Eucaristía que reúne de nuevo a la comunidad. Domingo, 6 de septiembre | Veintidós cruces para una sola Iglesia La última jornada comenzó en San Pedro de las Cuevas, una de las parroquias más pequeñas de la diócesis. El pueblo cuenta con apenas una decena de habitantes censados y todavía menos permanecen en él durante el invierno. Sin embargo, alrededor de una docena de personas se reunió para recibir al obispo, algunas llegadas expresamente desde fuera. Fue un encuentro sencillo en una localidad enclavada junto al Esla y rodeada por un paisaje que forma parte inseparable de su identidad. En el interior del pequeño templo, Fernando Valera compartió la oración con los vecinos, contempló algunos de sus bienes religiosos y volvió a explicar el sentido de la visita pastoral: encontrarse personalmente con el Pueblo de Dios, también —y quizá especialmente— allí donde ese pueblo está formado por muy pocas personas. Desde San Pedro de las Cuevas, la jornada regresó a Carbajales de Alba, convertida esta vez en punto de encuentro de las 22 parroquias visitadas durante estos días. Antes de la celebración, Fernando Valera fue recibido en el Ayuntamiento por el alcalde, Roberto Fuentes Gervás, y miembros de la corporación municipal. Tras unas palabras de bienvenida y la bendición del obispo, comenzó el recorrido hacia la iglesia. Una flauta y un tamboril, interpretados por un vecino ataviado con el traje tradicional, encabezaron el camino de autoridades y representantes eclesiales. En el templo esperaba la imagen que resumiría toda la visita: las 22 cruces procesionales de las parroquias de Alba Norte y Alba Sur. Una a una entraron en procesión mientras la iglesia, completamente llena, recibía a fieles llegados desde los distintos pueblos. Las cruces ocuparon los primeros bancos formando lo que el párroco, Ángel Carretero, describió como un auténtico «bosque de cruces», signo de esperanza para la Iglesia que peregrina en esta tierra. Ángel Carretero y el vicario parroquial, Agustín Crespo Casado, fueron nombrando una a una las comunidades. Al escuchar el nombre de cada parroquia, su cruz era levantada. Comunidades de diez, treinta, cien o varios centenares de habitantes quedaban así situadas en un mismo plano: distintas en su historia y en su realidad, pero pertenecientes a una única Iglesia. Fernando Valera resumió en la homilía lo vivido durante estos cinco días. Visiblemente emocionado en algún momento, explicó que la visita pastoral constituye uno de los momentos más importantes y hermosos del ministerio de un obispo. Desde la Palabra de Dios proclamada este domingo volvió a insistir en la corresponsabilidad en la vida de las comunidades cristianas, en la corrección fraterna y, por encima de todo, en el amor como signo distintivo del discípulo de Cristo. Hubo también palabras de agradecimiento para los sacerdotes, para quienes colaboran diariamente en las parroquias, para los representantes municipales y para todos los que han abierto las puertas de sus pueblos durante estas jornadas. El encuentro continuó después de la Eucaristía con un tiempo de convivencia. El salón cedido por el Ayuntamiento y la propia plaza acogieron a numerosos asistentes antes de despedir al obispo con un nuevo aplauso. Una visita que no termina al marcharse el obispo Con la celebración de Carbajales concluye la visita pastoral a las 22 parroquias de Alba, pero no el camino abierto durante estos días ni la visita al conjunto del arciprestazgo de Aliste-Alba, que continuará posteriormente por las comunidades de Aliste. Lo sucedido desde el miércoles deja preguntas que no terminan con la marcha del obispo. Cómo transmitir la fe cuando apenas quedan niños; cómo acompañar comunidades muy dispersas; cómo conservar un patrimonio construido para pueblos que tuvieron muchos más habitantes; cómo afrontar la reducción del número de sacerdotes; y, especialmente, cómo hacer efectiva la responsabilidad que nace del Bautismo para que la vida de la Iglesia no dependa exclusivamente del sacerdote. Pero la visita ha dejado también respuestas. Están en quienes siguen abriendo cada semana las puertas de una iglesia aunque sean pocos; en quienes limpian, preparan las flores, leen, cantan o custodian las llaves; en las mayordomas y cofradías que mantienen las devociones recibidas; en quienes regresaron estos días a sus pueblos para encontrarse con el obispo; en los mayores que conservan la memoria y en los niños que todavía preguntan. Alba ha mostrado durante cinco días sus dificultades, pero también una fe que permanece. Y las 22 cruces reunidas este domingo en Carbajales han ofrecido quizá la mejor catequesis de toda la visita: ninguna de estas pequeñas parroquias camina sola.   HOMILÍA DEL OBISPO EN LA MISA ESTACIONAL DE LA VISITA PASTORAL A LA COMARCA DE ALBA   Hermanos y hermanas de la querida zona de Alba, ¡paz y bien en el Señor! Concluir esta visita pastoral es, ante todo, dar gracias a Dios por el latido vivo de nuestras comunidades, por vuestra fe sencilla, por vuestras manos abiertas y acogedoras. Al caminar por vuestros pueblos, por vuestros caminos de arraigo y esperanza, he palpado esa Iglesia cercana que no teme mostrar el rostro amoroso de Dios. La Palabra que hoy nos regala el Señor nos muestra la belleza y el desafío de la caridad fraterna, esa que brota directamente del misterio insondable de la Trinidad: un Dios que es comunión, amor entregado y derramado. San Pablo nos lo recuerda con la fuerza de la verdad: toda la Ley encuentra su plenitud en un solo mandamiento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El amor no es una teoría bonita para los días de fiesta; es el suelo sagrado donde pisa nuestra convivencia diaria en los pueblos de esta tierra de Alba. Y Jesús, en el Evangelio de Mateo, nos lleva de la mano a lo concreto, a la carne de nuestras relaciones. Nos habla de la corrección fraterna. ¡Qué fácil es hablar por detrás y qué difícil es mirar a los ojos con amor! El Señor nos enseña un camino limpio y valiente: si tu hermano falla, ve y habla con él a solas. No para ajustar cuentas, no para alimentar el orgullo herido, sino movidos por la urgencia del amor. Como nos recordaba san Agustín con tanta agudeza: “el que ofende ya se ha hecho una herida grave a sí mismo”. ¿Cómo vamos a mirar hacia otro lado? Tú puedes olvidar la ofensa que te hicieron, pero jamás puedes ser indiferente ante la herida que desgarra el alma de tu hermano. Esta responsabilidad recíproca es el termómetro de nuestra madurez cristiana. La corrección fraterna, vivida con esa gradualidad que nos marca Jesús —primero a solas, después con testigos, finalmente en el corazón de la comunidad—, no es exclusión, es el grito desesperado y tierno de la misericordia que busca rescatar al que se pierde. Requiere, es verdad, una inmensa humildad, la misma sencillez de corazón que caracteriza a esta tierra noble y trabajadora. Nadie está libre de caer; por eso todos necesitamos ser corregidos y todos estamos llamados a ser custodios de la fe y de la vida del otro. A este tejido fino de la caridad se une el milagro de la oración en común. «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». La oración en la intimidad del hogar es indispensable, sí, pero el Señor nos pide que nos ejercitemos en la sinfonía de la concordia. Una comunidad desunida es una contradicción viva del Dios Trinitario. Ejercitarnos en la oración comunitaria es afinar nuestros corazones para que suenen al unísono, formando un solo acorde de alabanza y súplica que sube al cielo. La visita pastoral ha sido, ante todo, un ejercicio de cercanía y de escucha. No se trata únicamente de conocer templos, estructuras o necesidades materiales, sino de entrar en contacto con la vida concreta de cada comunidad: rezar juntos, celebrar la fe, escuchar vuestras dificultades y esperanzas y animar a quienes, muchas veces en poblaciones pequeñas y envejecidas, continúan sosteniendo con fidelidad la vida cristiana. Durante estas jornadas ha habido momentos de oración y celebración de la eucaristía, encuentros con las comunidades parroquiales, con sus responsables y con los alcaldes. Muy entrañable han sido las visitas a personas mayores o enfermas que no pueden participar habitualmente en la vida de la parroquia. Para mí este tiempo ha supuesto la experiencia del pastor que se acerca, escucha y acompaña. También la oportunidad para agradecer el compromiso de sacerdotes, diáconos permanentes, laicos y comunidades que, en medio de las dificultades propias del mundo rural, siguen buscando nuevas formas de vivir, compartir y transmitir la fe. Esta visita pastoral a la comarca de Alba es el soplo fresco del Espíritu que enciende de nuevo el compromiso en vuestras parroquias y nos invita a vivir la Eucaristía como “fuente y culmen de la vida cristiana”. Que María santísima, Madre de la Iglesia, aquí Ntra. Sra. de Árboles y en tantas advocaciones de la zona, interceda por nosotros. Que ella nos enseñe a corregir con amor, a orar con un solo corazón y a caminar juntos por los senderos de la historia sabiendo que, en medio de nuestras fragilidades, Él está aquí, habitando nuestra comunión. Que Dios os bendiga.    
07/09/2026más info
Visita pastoral al arciprestazgo de Aliste Alba
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El obispo de Zamora, Fernando Valera, inicia este miércoles, 2 de septiembre, una nueva etapa de su visita pastoral a la diócesis, que durante los próximos meses estará centrada en el arciprestazgo de Aliste-Alba, comenzando por las comunidades cristianas de la zona de Alba.  Fue hace doce años cuando se produjo la última visita pastoral a este arciprestazgo que, a lo largo de este primer trimestre, será recorrido por el obispo para conocer de primera mano su realidad, compartir tiempo con sus sacerdotes y agentes de pastoral y, sobre todo, encontrarse con las personas que mantienen viva la presencia de la Iglesia en estos pueblos. La visita pastoral es, ante todo, un ejercicio de cercanía y de escucha. No se trata únicamente de conocer templos, estructuras o necesidades materiales, sino de entrar en contacto con la vida concreta de cada comunidad: rezar juntos, celebrar la fe, escuchar sus dificultades y esperanzas y animar a quienes, muchas veces en poblaciones pequeñas y envejecidas, continúan sosteniendo con fidelidad la vida cristiana. Durante estas jornadas habrá momentos de oración y celebración de la eucaristía, encuentros con las comunidades parroquiales y con sus responsables y, siempre que sea posible, visitas a personas mayores o enfermas que no pueden participar habitualmente en la vida de la parroquia. Fernando Valera quiere que su presencia en Alba y posteriormente en Aliste sea, especialmente, la presencia de un pastor que se acerca, escucha y acompaña. Una oportunidad también para agradecer el compromiso de sacerdotes, diáconos permanentes, laicos y comunidades que, en medio de las dificultades propias del mundo rural, siguen buscando nuevas formas de vivir, compartir y transmitir la fe. La visita permitirá además al obispo conocer mejor esta parte de la diócesis y compartir con sus habitantes sus inquietudes, sus necesidades y también la riqueza humana y cristiana que permanece viva en cada uno de sus pueblos.
02/09/2026más info
Nuevos nombramientos pastorales en la diócesis de Zamora
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El obispo, Fernando Valera, ha realizado una serie de nombramientos pastorales que afectan a los siete arciprestazgos de la diócesis, a diferentes parroquias, a varias cofradías y hermandades de la ciudad de Zamora y al Cabildo Catedral. Los nombramientos responden al objetivo de continuar avanzando hacia «una Iglesia de escucha recíproca, en la cual cada uno tiene algo que aprender», donde unos escuchan a otros y todos permanecen atentos al Espíritu Santo, como recoge la constitución apostólica Praedicate Evangelium.   Responsables de los siete arciprestazgos El obispo ha nombrado a José Alberto Sutil Lorenzo, arcipreste de Aliste-Alba; Francisco Ortega Vicente Rodríguez, arcipreste de Benavente-Tierra de Campos; César Salvador Gallego, arcipreste de El Pan; Juan José Carbajo Cobos, arcipreste de Sayago; Manuel Iglesias Martín, arcipreste de Toro-La Guareña; José Luis Miranda Domínguez, arcipreste de El Vino; y Héctor Galán Calvo, arcipreste de Zamora-Ciudad.   Arciprestazgo de Aliste-Alba José Alberto Sutil Lorenzo ha sido nombrado párroco de las parroquias que conforman la UAP de Valer: Bercianos de Aliste, Domez, Flores, Fradellos, Gallegos del Río y Puercas. Teófilo Nieto Vicente cesa como párroco de estas comunidades. Asimismo, José Alberto Sutil será moderador de la cura pastoral de las parroquias de Fornillos de Aliste, Arcillera, Brandilanes, Castro de Alcañices, Ceadea, Moveros y Samir de los Caños, donde cesa como párroco Pablo Cisneros Cisneros. El diácono permanente José Ramón Pérez Diego ha sido nombrado cooperador, responsable pastoral y administrador parroquial de las parroquias de Fornillos de Aliste, Arcillera, Brandilanes, Castro de Alcañices, Ceadea, Moveros y Samir de los Caños.   Arciprestazgo de El Pan César Salvador Gallego ha sido nombrado párroco in solidum y moderador de las parroquias de Arquillinos, Pajares de Lampreana, Montamarta, Fontanillas de Castro, Piedrahita de Castro y San Cebrián de Castro. Matías Pérez Diego cesa como párroco de estas comunidades. Enrique Alonso Silván ejercerá como párroco in solidum Párroco de las parroquias de Arquillinos, Pajares de Lampreana, Montamarta, Fontanillas de Castro, Piedrahita de Castro y San Cebrián de Castro. Por otra parte, Charles Ifeanyi Anene será moderador de la cura pastoral de la parroquia de Monfarracinos, donde cesa como párroco Fernando Toribio Viñuela, y de las parroquias de Cubillos y Torres del Carrizal, en las que cesa Manuel San Miguel Salvador. El diácono permanente Miguel Ángel Conejo Gutiérrez ha sido nombrado cooperador, responsable pastoral y administrador parroquial de Monfarracinos, Moreruela de los Infanzones, Cubillos y Torres del Carrizal. Asimismo, Fernando Toribio Viñuela ha sido nombrado colaborador de la parroquia de Monfarracinos.   Arciprestazgo de Toro-La Guareña Magno Alfonzo Villacrés Vallejo ha sido nombrado administrador parroquial de Fuentesaúco, Cañizal, El Maderal, Olmo de la Guareña, Vallesa de la Guareña, Villaescusa y Villamor de los Escuderos.   Arciprestazgo de El Vino Jean Jacques Ngeleji Fumiathu ha sido nombrado moderador de la cura pastoral de las parroquias de Jambrina y Peleas de Abajo. Agustín Chillón Calvo cesa como párroco de ambas comunidades. Sor Rosario Rodríguez Martínez, religiosa del Amor de Dios, será cooperadora, responsable pastoral y administradora parroquial de estas dos parroquias.   Arciprestazgo de Zamora-Ciudad Millán Núñez Ossorio ha sido nombrado párroco de San José Obrero, responsabilidad que compaginará con sus demás cargos. Manuel San Miguel Salvador cesa como párroco de esta comunidad. José María Diego Pascual será párroco in solidum y moderador de las parroquias de San Frontis y Carrascal. Manuel San Miguel Salvador ha sido nombrado párroco de María Auxiliadora y de Nuestra Señora del Pilar de Villagodio, y continuará como párroco de Moreruela. José María Diego Pascual cesa como párroco de María Auxiliadora y Nuestra Señora del Pilar. Además, Enrique Alonso Silván será colaborador de las parroquias de San Juan y Santa María de la Horta, mientras que Agustín Chillón Calvo ejercerá como colaborador en San Torcuato.   Capellanes de cofradías y hermandades Los nombramientos afectan también al acompañamiento pastoral de varias cofradías y hermandades de la ciudad de Zamora. Florencio Gago Rodríguez ha sido nombrado capellán de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída; César Salvador Gallego, de la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras; Esteban Vicente Hernández, de la Real Cofradía del Santo Entierro; José María Diego Pascual, de la Cofradía de Jesús del Vía Crucis; y Enrique Alonso Silván, de la Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo del Amparo.   Nuevo canónigo de la Catedral El prelado ha nombrado también a Millán Núñez Ossorio canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Zamora. Las personas designadas asumirán las atribuciones y facultades propias de sus respectivos oficios pastorales, de acuerdo con lo establecido en el Código de Derecho Canónico. La toma de posesión tendrá lugar durante la primera quincena de septiembre de 2026.  
15/07/2026más info
La Catedral de Zamora retoma el culto tras la celebración de EsperanZa
La Catedral de Zamora retoma el culto tras la celebración de EsperanZa
La Catedral de Zamora ha acogido este domingo 28 de junio la primera Eucaristía tras la celebración de EsperanZa, la muestra de Las Edades del Hombre que durante los últimos meses ha tenido como sede el principal templo diocesano. La celebración, presidida por el obispo, Fernando Valera, ha supuesto la vuelta de las celebraciones litúrgicas a la Santa Iglesia Catedral del Salvador, en una Eucaristía retransmitida en directo por Televisión Castilla y León y acompañada musicalmente por el Coro Sacro Jerónimo Aguado. Al inicio de su homilía, Valera ha dirigido un saludo especial a quienes seguían la celebración a través de la televisión, “especialmente los mayores y los enfermos”, y ha subrayado el significado de este regreso: “Hoy retomamos las celebraciones litúrgicas de esta Santa Iglesia Catedral del Salvador de Zamora, este lugar donde late el corazón de esta Diócesis”. A partir del Evangelio de san Mateo, el obispo ha invitado a redescubrir la centralidad de Cristo en la vida cristiana, recordando que el Señor no pide frialdad ni distancia respecto a los afectos humanos, sino ponerlo a Él en el centro del corazón. “Solo cuando Jesús ocupa el centro del corazón, nuestros amores humanos se purifican y se vuelven más verdaderos”, ha señalado. En este sentido, el prelado ha insistido en la necesidad de vivir una fe sencilla, honesta y unificada, alejada de toda doblez. “No es perfección absoluta lo que nos pide el Señor, Él conoce nuestra debilidad, sabe que somos una Iglesia de barro y límites. Lo que Jesús nos pide es humildad para reconocer el error y un corazón sencillo”, ha expresado. La homilía ha puesto también el acento en la dimensión misionera de toda la comunidad cristiana. El obispo ha recordado que anunciar el Evangelio no es tarea reservada a unos pocos, sino misión compartida por todo el pueblo de Dios: “Cuanto más cerca estamos de Jesús, más amamos a nuestro pueblo; y cuanto más cerca estamos de nuestro pueblo, más tocamos las llagas abiertas de Jesús”. Durante la celebración, la Catedral de Zamora ha tenido además presentes a las víctimas y afectados por el terremoto de Venezuela. Fernando Valera ha pedido poner ante el Señor “a los que han muerto, los desaparecidos, los heridos, todos los que buscan a sus seres queridos”, calificando esta tragedia como “una llaga que sangra en la solidaridad de todos”. La celebración ha concluido con una mirada a María, evocando la imagen de la Virgen de la Majestad, esculpida en piedra en la Catedral. A ella ha encomendado el obispo el camino de la Iglesia diocesana, pidiendo la gracia de ser “libres, alegres y auténticos misioneros del Evangelio” en la vida cotidiana y en el servicio a los demás. Homilía completa
28/06/2026más info
El Consejo Pastoral Diocesano inicia su andadura al servicio de la misión en Zamora
El Consejo Pastoral Diocesano inicia su andadura al servicio de la misión en Zamora
La diócesis de Zamora ha constituido oficialmente el Consejo Pastoral Diocesano, un órgano llamado a convertirse en espacio de escucha, discernimiento y corresponsabilidad para toda la Iglesia diocesana. La creación de este consejo es fruto del proceso de participación desarrollado durante los últimos años a través de las asambleas diocesanas, las consultas realizadas en los arciprestazgos y el trabajo del Consejo Presbiteral. Su finalidad es favorecer la escucha mutua entre laicos, consagrados y ministros ordenados para discernir juntos los caminos que el Espíritu Santo señala a la Iglesia que peregrina en Zamora. Durante el acto de constitución, el obispo, Fernando Valera, subrayó que el Consejo Pastoral Diocesano «no es algo estructural o burocrático, sino un acontecimiento espiritual», llamado a ser expresión concreta de una Iglesia que camina unida y busca responder con fidelidad a los desafíos de la evangelización. El obispo recordó que el Espíritu Santo es quien impulsa el «caminar juntos», edificando la comunión entre los creyentes y haciendo posible que cada vocación y ministerio encuentre su lugar dentro de la unidad del Pueblo de Dios. En este sentido, destacó la importancia de cultivar actitudes de escucha, comprensión y reconciliación, evitando aquellas formas de división que debilitan la vida eclesial. Asimismo, señaló que este nuevo órgano debe convertirse en una auténtica «caja de resonancia» del sentir de todos los bautizados de la diócesis, capaz de tejer redes entre los distintos arciprestazgos, realidades pastorales y ámbitos de acción evangelizadora. Su misión será favorecer la comunión y la coordinación pastoral para que las iniciativas diocesanas respondan a un proyecto común inspirado por el Espíritu. Entre sus tareas estará también la reflexión y evaluación de la acción pastoral de la diócesis, revisando estructuras, métodos y actividades para que continúen respondiendo a una Iglesia eucarística, sinodal, orante y misionera. Con la constitución del Consejo Pastoral Diocesano, la diócesis de Zamora da un nuevo paso en el camino de la sinodalidad, fortaleciendo los cauces de participación y discernimiento comunitario al servicio de la misión evangelizadora.
19/06/2026más info
La Pastoral Vocacional convoca Ejercicios Espirituales del 22 al 24 de mayo en Toro
La Pastoral Vocacional convoca Ejercicios Espirituales del 22 al 24 de mayo en Toro
El Área de Pastoral Vocacional de la Diócesis de Zamora ha abierto la inscripción para una nueva tanda de Ejercicios Espirituales, dirigida a jóvenes, adultos y matrimonios mayores de 18 años que deseen hacer un alto en medio de la vida cotidiana para dedicar un fin de semana a la oración, renovar la fe y disponerse a escuchar la voz de Dios. La convocatoria se celebrará del 22 al 24 de mayo en la Casa Fundacional del Amor de Dios, en Toro, con plazas limitadas y una aportación de 120 euros en régimen de pensión completa. La propuesta se sitúa en continuidad con la labor de la Pastoral Vocacional diocesana, que contempla experiencias de oración y discernimiento para ayudar a descubrir la vida como vocación. Además, la Casa Fundacional del Amor de Dios viene acogiendo de forma habitual distintos retiros y ejercicios espirituales promovidos en la diócesis. Los ejercicios estarán dirigidos por Juan Carlos García Domene, sacerdote de la Diócesis de Cartagena, director del Instituto Teológico San Fulgencio y de la Biblioteca de Autores Cristianos, además de doctor en Teología Pastoral. Las personas interesadas pueden formalizar su inscripción a través del código QR del cartel o solicitar más información en el correo vocacionesdiocesiszamora@gmail.com
19/04/2026más info
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