Retiro diocesano de Cuaresma: una llamada a la humildad, la comunión y la fraternidad20/02/2026
Retiro diocesano de Cuaresma: una llamada a la humildad, la comunión y la fraternidad
En la mañana de ayer, la Diócesis de Zamora vivió un momento significativo de reflexión y oración con la celebración del retiro de Cuaresma, presidido por el obispo Fernando Valera en la iglesia de San Andrés de la capital. En este tiempo fuerte de la Iglesia que nos conduce hacia la Pascua del Señor, el obispo invitó a los fieles a profundizar en el sentido más hondo de la conversión desde el corazón de la Palabra y la experiencia comunitaria de fe.
La meditación del prelado se centró en el himno cristológico de la carta a los Filipenses (Flp 2, 1-11), un texto que el obispo propuso como brújula para el camino cuaresmal: «no obréis por rivalidad ni por ostentación, sino considerad por humildad a los demás superiores a vosotros». Este himno fue presentado no como una idea abstracta, sino como un estilo de vida cristiana que configura al creyente según los sentimientos de Cristo Jesús, que se despojó a sí mismo y se hizo siervo por amor.
Durante la reflexión, Mons. Valera subrayó que la Cuaresma es un tiempo para «volver a respirar, para volver a amar», y señaló que el camino de la humildad —entendido como apertura al otro y liberación del propio ego— es fundamental para construir comunidades eclesiales vivas y fraternales. En su alocución, destacó también la importancia del silencio, del cuidado de nuestras palabras y de la mirada compasiva hacia la realidad y las personas que nos rodean, porque «la Iglesia no se sostiene por la fuerza, sino por la entrega».
El retiro concluyó como una invitación a avanzar hacia la Pascua conscientes de que la Cuaresma no es solo un periodo de penitencia, sino una experiencia de crecimiento espiritual en la que la comunión, la fraternidad y el servicio mutuo son huellas visibles del amor de Cristo en medio de su pueblo.
Este retiro se inserta en la llamada más amplia del obispo de Zamora a vivir la Cuaresma desde la interioridad y la autenticidad: un tiempo para dejar que Dios toque el centro de nuestro ser, cultivando un corazón abierto y compasivo, y caminando juntos hacia la plenitud de la vida pascual








