30/05/2026
Sesenta años despertando Zamora con el Rosario de la Aurora
El Rosario de la Aurora ha celebrado este sábado su 60 aniversario en Zamora. Cientos de personas participaron desde primeras horas de la mañana en esta tradicional manifestación de piedad popular que, un año más, recorrió las calles de la ciudad entre la Plaza Mayor y la parroquia de María Auxiliadora, acompañando a la imagen de Nuestra Señora de Fátima.
La procesión estuvo encabezada por una pancarta con el lema «María guardaba todas estas cosas en su corazón». A lo largo del recorrido se fueron meditando los cinco misterios del Rosario, alternando las reflexiones con el rezo y el canto de las avemarías que acompañaron el caminar de los fieles por las calles todavía silenciosas de la ciudad.
La celebración concluyó en la parroquia de María Auxiliadora con la eucaristía presidida por el obispo, Fernando Valera. En su homilía, el prelado agradeció a la Comunidad de Cruzados de la Iglesia, organizadora del Rosario de la Aurora, así como a los numerosos colaboradores que hacen posible esta convocatoria año tras año.
Fernando Valera destacó el significado espiritual de esta peregrinación al amanecer, recordando que «caminar de madrugada tiene un sentido profundo» porque expresa la condición de una Iglesia que avanza en busca de la luz de Cristo. «Somos un pueblo que camina, una Iglesia peregrina que no se acomoda, sino que busca constantemente la luz del Salvador», señaló.
El obispo invitó a los participantes a fijar la mirada en María, a quien definió como modelo de escucha, cercanía y servicio. Recordando el pasaje evangélico de la Visitación, subrayó que la Virgen «sale a prisa a la montaña» para servir a su prima Isabel y se convierte así en ejemplo para todos los cristianos.
Durante su reflexión, además afirmó que cada avemaría rezado durante el recorrido había sido «como un eco del sí de la Virgen», un sí que, según explicó, la Iglesia está llamada a renovar hoy a través de la fidelidad, el cuidado mutuo, la atención a los mayores, la honestidad y la entrega generosa al prójimo.
Asimismo, animó a los fieles a convertirse en «auroras de esperanza» para quienes viven situaciones de soledad, sufrimiento o exclusión. «Que llevemos la luz de la concordia allí donde hay división o discordia familiar; que cuidemos la fragilidad porque en el rostro de los más vulnerables se esconde el mismo Cristo», exhortó.
La celebración mantuvo algunos de sus gestos más entrañables y característicos. Al finalizar la eucaristía, muchos asistentes se llevaron una de las rosas que adornaban la imagen de la Virgen de Fátima, una tradición especialmente apreciada por quienes participan cada año en esta cita mariana. También volvió a destacar el esmero con el que las clarisas de la Laboral preparan el adorno floral de la imagen para la procesión.
Entre los participantes pudo apreciarse la presencia de personas de distintas edades, reflejo de una devoción que continúa reuniendo a generaciones diferentes en torno al rezo del Rosario y a la figura de la Virgen María.
La jornada concluyó con el tradicional chocolate con churros en la Residencia Fernando III, un momento de convivencia fraterna que permitió compartir experiencias y prolongar el ambiente de oración vivido durante toda la mañana.
Sesenta años después de aquella primera convocatoria, el Rosario de la Aurora continúa formando parte del patrimonio espiritual de Zamora, reuniendo cada primavera a centenares de fieles que encuentran en esta tradición una ocasión para comenzar el día poniendo su mirada en Cristo de la mano de María.








