Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes11/05/2026
Zamora celebra San Juan de Ávila agradeciendo la vida de sus sacerdotes
La Diócesis de Zamora ha celebrado hoy la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero español, con una jornada de fraternidad sacerdotal, oración y formación permanente. La Eucaristía, presidida por el obispo, Fernando Valera, tuvo lugar en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso, en el marco de una convocatoria dirigida a sacerdotes y diáconos de la diócesis.
Durante la homilía, el obispo invitó al presbiterio zamorano a poner el acento en una palabra central para la vida sacerdotal: “cuidado”. “Antes que gestores de lo sagrado, somos hijos de Dios. No podemos dar de beber si nuestro pozo está seco”, señaló don Fernando, animando a los sacerdotes a cuidar la vida interior y a no reducir el ministerio “a una función administrativa o a un proyecto ideológico”.
Valera subrayó también la importancia de la fraternidad sacerdotal, especialmente en una diócesis marcada por la dispersión territorial y por el riesgo del aislamiento pastoral. “El contrario del cuidado es la soledad y la indiferencia”, afirmó. En este sentido, recordó que “la fraternidad no es un eslogan, es una forma de ser”, y pidió buscar “formas posibles de vida común, de apoyo mutuo, de comer juntos, de rezar juntos, de sostenernos cuando el otro flaquea”.
La celebración tuvo un carácter especialmente agradecido por el homenaje a los sacerdotes que cumplen aniversario de ordenación. En sus bodas de oro sacerdotales, 50 años, fueron recordados D. Lorenzo López y D. José Miguel Rodríguez. En sus bodas de diamante, 60 años, D. Santiago Alonso y D. Agustín Montalvo. Y en sus 70 años de ministerio, D. Luis Esteban, D. Benito García, D. Juan Manuel Martín y D. Emilio Santiago.
El obispo quiso situar estos aniversarios como una memoria viva de entrega a la Iglesia de Zamora. “Estamos dentro de una historia de amor que nos precede”, afirmó, antes de concluir con una llamada a la esperanza: “No tengáis miedo. Estáis ungidos por el Espíritu, la gracia nos sostiene. Somos sembradores de esperanza. Cristo camina a nuestro lado. Gracias por vuestra entrega sacerdotal”.
La jornada continuó en la Casa de la Iglesia-Seminario con la ponencia de formación permanente del clero titulada “Fragilidad y santificación sacerdotal”, ofrecida por el padre Emilio Lavaniegos, sacerdote operario diocesano. La reflexión partió de una idea central: la fragilidad no es un accidente pasajero, sino una condición de la vida humana y también del ministerio. Desde ahí, el ponente invitó a los sacerdotes a reconocer los propios límites como lugar de apertura a la gracia, recordando que “el enemigo de la vida espiritual no es la fragilidad, sino el orgullo”.
La charla insistió también en la necesidad de comprender la santidad no como una meta individual de perfección, sino como un camino compartido. En esta línea, la formación propuso vivir el ministerio desde una actitud más humilde, fraterna y reconciliada con la propia vulnerabilidad, capaz de generar también mayor comprensión ante las fragilidades de los demás.
La fiesta de San Juan de Ávila concluyó con la comida fraterna, como signo de comunión del presbiterio diocesano en torno a su patrono.












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