La Iglesia de Zamora culmina el Triduo Pascual con la alegría de la ResurrecciónLa Diócesis de Zamora ha culminado la celebración del Triduo Pascual con la Vigilia Pascual celebrada en la noche del Sábado Santo en la iglesia de San Pedro y San Ildefonso, después de recorrer, durante tres días, el corazón de la fe cristiana: la entrega de Cristo en la Cena del Señor, su Pasión y muerte en la Cruz, y la victoria definitiva de la vida en la Resurrección.
El itinerario litúrgico comenzó el Jueves Santo con la Misa de la Cena del Señor, en la que la Iglesia volvió a contemplar el gesto de Jesús que se entrega por amor y se queda para siempre en la Eucaristía. En su homilía, el obispo, Fernando Valera, recordó entonces que lo que la Iglesia celebra en estos días no es un simple recuerdo del pasado, sino la actualización viva del amor de Dios en medio de su pueblo. A la luz del evangelio del lavatorio de los pies, invitó a reconocer en los más frágiles el rostro concreto de Cristo y a vivir unidos la Eucaristía y la caridad, en una existencia marcada por el servicio, la entrega y la comunión.
La celebración del Jueves Santo concluyó con el traslado del Santísimo al monumento y con la invitación a velar en oración junto al Señor, en el umbral de la noche de Getsemaní. Así, la diócesis se adentraba en los días santos con una llamada clara a acompañar a Cristo, a permanecer con Él y a dejar que su amor se traduzca en obras concretas de fraternidad.
Ese camino continuó el Viernes Santo con la celebración de la Pasión del Señor, marcada por el silencio, la sobriedad litúrgica y la adoración de la Cruz. En una jornada de profundo recogimiento, la Iglesia de Zamora volvió la mirada hacia Cristo crucificado, reconociendo en su entrega la manifestación suprema del amor de Dios por la humanidad.
Durante su predicación, el prelado subrayó que “no celebramos una derrota, sino el refulgente misterio de la cruz”, e invitó a contemplar al Señor como aquel que asume en su propia carne las heridas del mundo. Presentó a Cristo como el Siervo herido que carga con el dolor humano, como el Sumo Sacerdote que ofrece su propia vida y como el Rey cuya soberanía se manifiesta desde la Cruz. Al mismo tiempo, exhortó a la Iglesia diocesana a permanecer junto a las cruces de los hombres y mujeres de hoy, también en la realidad concreta de Zamora, marcada tantas veces por la soledad, la enfermedad, el sufrimiento y el olvido.
Y en la noche del Sábado Santo, la Iglesia ha proclamado con gozo la noticia que da sentido a todo el Triduo: Cristo ha resucitado. La Vigilia Pascual, celebrada en San Pedro y San Ildefonso, ha culminado este itinerario sagrado con la liturgia de la luz, la proclamación de la Palabra, la liturgia bautismal y la eucaristía, en la noche santa en la que la comunidad cristiana celebra la victoria de la vida sobre la muerte.
“¡Qué noche tan hermosa!”, exclamó el obispo al comienzo de su homilía. A partir de ahí, invitó a los fieles a contemplar la Pascua como una irrupción real de Dios en la vida concreta de las personas. “La luz del Cirio Pascual no es solo una llama en la oscuridad, es el grito de la victoria de Dios en nuestra vida”, afirmó, antes de animar a toda la asamblea a mirar la realidad con una esperanza nueva, capaz de descubrir que el amor de Dios sigue actuando incluso en medio de la fragilidad.
Don Fernando evocó también el “temblor fuerte de la tierra” del evangelio como signo de un Dios que despierta al hombre de sus miedos y pesimismos. “Es el Señor diciéndonos: ‘¡Levántate, que tu vida es preciosa a mis ojos!’”, expresó. Y añadió: “No importan tus caídas, ni tus fallos, hoy comienza el tiempo de la misericordia infinita”. La celebración estuvo marcada además por la iniciación cristiana de un catecúmeno, signo elocuente de esa vida nueva que brota de la Pascua.
La celebración estuvo marcada además por la iniciación cristiana del catecúmeno Víctor, que recibió los sacramentos de la iniciación cristiana en una noche especialmente elocuente para expresar la vida nueva que brota de la Pascua. Junto a ello, el acompañamiento musical del grupo Capella Ocellum Durii contribuyó a realzar la hondura espiritual de la liturgia y el clima de oración con el que la comunidad diocesana celebró la Resurrección del Señor.
De este modo, la Iglesia de Zamora ha recorrido en estos días el camino completo del Triduo Pascual: del pan partido y el mandamiento del amor a la contemplación de la Cruz, y de ahí a la alegría desbordante de la Resurrección. Lo que comenzó el Jueves Santo como llamada al servicio y a la fraternidad, pasó el Viernes por el silencio elocuente del amor entregado hasta el extremo y ha desembocado ahora en la proclamación jubilosa de la Pascua, donde la esperanza tiene la última palabra.
Con la celebración de la Vigilia Pascual, la diócesis entra en el tiempo de Pascua con la certeza de que Cristo vive y sigue abriendo caminos de misericordia, consuelo y vida nueva para todos.
Homilia Jueves Santo. Cena del Señor
Homilía Viernes Santo. Pasión de Ntro. Señor Jesucristo
Homilía Sábado Santo. Vigilia Pascual
05/04/2026más info